Электронная книга - «El traje del muerto». Краткое содержание книги:
«La primera y apasionante novela de Joe Hill está repleta de momentos tan espeluznantes que te hielan la sangre o tan escalofriantes como una llamada telefónica de un viejo amigo muerto».Entertainment Weekly.
«Inquietante… con tantos giros y sustos que los lectores al llegar al final se quedarán pálidos agarrando con fuerza los brazos de su sillón». Denver Post.
– Es verdaderamente hermosa, Jude -dijo Nan-. Y te ama. Se le nota en la manera que tiene de hablar de ti. Charlé con ella. Sólo un momento, pero…, pero una se da cuenta. Ella es Georgia, ¿no? -Los ojos de Nan eran ahora tímidos, dolientes y afectuosos, todo al mismo tiempo. Había hecho la pregunta como si no estuviera segura de querer realmente conocer la respuesta.
– Marybeth -dijo Jude con firmeza-. Su nombre es Marybeth.
Capítulo 52
Dos semanas después estaban en Nueva York para el servicio religioso en memoria de Danny. Marybeth llevaba un fular negro alrededor del cuello, que hacía juego con los oscuros guantes de encaje. La tarde se había presentado ventosa y fría, pero acudió mucha gente a pesar de ello. Parecía que todas las personas con las que Danny había conversado, chismorreado o hablado por teléfono alguna vez estaban allí. Eran muchas. Ninguna de ellas se apresuró para irse, ni siquiera cuando comenzó a llover.
Capítulo 53
Cuando llegó la primavera, Jude grabó un disco, muy despojado de cualquier adorno, casi completamente acústico. Cantaba a los muertos, a los caminos en la noche. Otros músicos tocaban los punteos de guitarra. Podía manejar el ritmo, pero eso era todo. Se había visto obligado a hacer de nuevo los acordes con la izquierda, como en su infancia. Y no se le daba tan bien con esa mano.
El nuevo CD se vendió bien. No realizó ninguna gira. En lugar de ello le hicieron un triple bypass.
Marybeth enseñaba danza en un gimnasio elegante de High Plains. Sus clases siempre estaban llenas de gente.
Capítulo 54
Marybeth encontró un Dodge Charger abandonado en un almacén de chatarra local, y lo compró por trescientos dólares. Jude pasó el verano siguiente sudando en el jardín, sin camisa, reconstruyéndolo. Él entraba en la casa tarde todas las noches, tostado por el sol, todo el cuerpo menos la brillante cicatriz plateada que tenía en el centro del pecho. Marybeth le esperaba siempre en la puerta, con un vaso de limonada casera en la mano. A veces intercambiaban un beso, que sabía a refresco y aceite de motor. Eran sus besos favoritos.
Capítulo 55
Una tarde, a finales de agosto, Jude entró en la casa, como siempre sudoroso y bronceado por el sol, y encontró un mensaje de Nan en el contestador. Le decía que tenía una información importante para él y que la llamara en cuanto pudiera. En ese momento podía, y la llamó a su oficina. Se sentó en el borde del viejo escritorio de Danny mientras la secretaria de Nan le ponía al habla con su jefa.
– Me temo que no tengo mucho que decirte sobre esa persona, George Ruger -informó Nan sin ningún preámbulo-. Querías saber si su nombre figura en algún proceso penal del año pasado, y la respuesta es que parece que no. Tal vez si me dieras más información, como cuál es exactamente la razón de tu interés por él…
– No. No te preocupes -dijo Jude.
Así que Ruger no había hecho ningún tipo de denuncia ante las autoridades; no le sorprendía. Si pensara acusarlo de algo o tratara de hacer que lo detuvieran, Jude ya se habría enterado a esas alturas. En realidad, no esperó en ningún momento que Nan consiguiera algo. Ruger no podía hablar sobre lo que él le había hecho sin arriesgarse a que se conociera lo de Marybeth, a que se supiera que él se había acostado con ella cuando todavía estaba en la escuela secundaria. El hombre era, recordó Jude, una figura importante de la política local. Era difícil seguir siéndolo, e incluso pertenecer al partido, después de ser acusado de estupro.
– He tenido un poco más de suerte en lo que se refiere a Jessica Price.
– Vaya -reaccionó Jude. El mero hecho de escuchar su nombre hizo que se le encogiera el estómago.
Cuando Nan habló otra vez, lo hizo en un tono falsamente informal, demasiado frío como para ser persuasivo.
– Esa tal Price está siendo investigada por poner en peligro a una niña, y por abuso sexual. Su propia hija, imagínate. Parece ser que la policía fue a su casa después de que alguien llamara para informar de un accidente. Price lanzó su coche, adrede, sobre el vehículo de otra persona, delante de su propia casa, a sesenta kilómetros por hora. Cuando la policía llegó al lugar, la encontraron inconsciente, todavía al volante. Su hija estaba dentro de la casa con un arma de fuego en la mano y un perro muerto en el suelo.
Nan hizo una pausa para dar a Jude la oportunidad de hacer algún comentario, pero él no tenía nada que decir.
La abogada continuó:
– Quienquiera que fuese la víctima de Price, huyó. Nunca fue hallada.
– ¿Price no lo dijo? ¿Qué es lo que ella cuenta?
– Nada. La policía logró calmar a la niña y quitarle el arma. Cuando registraron la casa encontraron un sobre escondido en el forro de terciopelo de la caja de la pistola. Contenía varias fotos Polaroid de la niña. Escenas que eran delictivas. Algo horrible. Aparentemente, pueden probar que fue la madre quien las tomó. Podrían encerrar a Jessica Price por lo menos unos diez años. Y tengo entendido que su hija sólo tiene trece años. Qué cosa más espantosa, ¿no?
– Espantosa -coincidió Jude-. Espantosa, efectivamente.
– ¿Puedes creer que todo esto, el accidente de coche de Jessica Price, lo del perro muerto, las fotos, ocurrió el mismo día en que tu padre murió en Luisiana?
Otra vez Jude decidió no responder… El silencio le hacía sentirse más seguro.
Nan continuó:
– Siguiendo el consejo de su abogado, Jessica Price ha decidido ejercer su derecho legal de permanecer en silencio. No ha dicho una palabra desde que fue arrestada. Lo cual es bueno para ella. Y también es un golpe de suerte para quien estuviera allí. Ya sabes…, con el perro.
Jude sostuvo el auricular en la oreja. Nan permaneció en silencio durante tanto tiempo que él empezó a preguntarse si la comunicación se había cortado.
Finalmente, sólo para ver si ella seguía en la línea, habló:
– ¿Eso es todo?
– No, hay otra cosa -dijo Nan. Su tono era perfectamente inexpresivo-. Un carpintero que trabajaba en la misma calle dijo que vio a un par de sospechosos en un coche negro escondido por allí, unas horas antes, ese mismo día. Dijo que el conductor era la viva imagen del vocalista de Metallica.
Jude tuvo que reírse.
Capítulo 56
El segundo fin de semana de noviembre, el Dodge Charger se alejó del atrio de la iglesia por un camino de polvo de arcilla roja, en Georgia, con latas repiqueteando en la parte trasera. Bammy se metió los dedos en la boca y silbó groseramente.
Capítulo 57
En otoño fueron a las islas Fiji. Y exactamente un año despues visitaron Grecia. En octubre viajaron a Hawai, donde pasaron diez horas diarias en una playa de arena negra. Nápoles, al año siguiente, fue todavía mejor. Su intención era estar una semana y se quedaron un mes.
En el otoño de su quinto aniversario no fueron a ninguna parte. Jude había comprado unos cachorros y no quería apartarse de ellos. Un día que se había presentado frío y lluvioso, el cantante fue con sus nuevos perros hasta la entrada de la casa, para recoger el correo. Mientras sacaba los sobres del buzón, al otro lado del portón de entrada, vio pasar una vieja y destartalada furgoneta. Marchaba ruidosamente por la autopista, lo cual hizo que a Jude le corriera un sudor frío por la espalda. Cuando se volvió para observarla alejarse, vio a Anna, que lo miraba desde el otro lado del camino. Sintió una aguda desazón en el pecho. Permaneció largo rato sin aliento.
Ella se apartó un mechón de pelo rubio de los ojos y vio que en realidad era una mujer más baja, con un cuerpo más atlético que el de Anna. Apenas una niña, de dieciocho años como máximo. Levantó la mano a modo de tímido saludo. El respondió haciendo un gesto para que se acercara.