Los asesinos ocultos
- Автор: Уилсон Роберт
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Los asesinos ocultos». Краткое содержание книги:
Sometido a la presión tanto de los medios En Escocia en pleno siglo XIV, el clan de los Fitzhugh asesina a toda la familia de Morganna Kil Creggar, la protagonista de esta novela pasional, humorística y llena de fuerza. Alta, delgada y atractiva, Morganna jura venganza por este acto al clan enemigo y, para llevar a cabo su cometido, se viste de chico y se hace llamar Morgan. Ello le brinda la oportunidad de trabajar como escudero para Zander Fitzhugh, un miembro del clan y caballero empeñado en unificar su tierra y liberarla del dominio inglés, como del sector político, el inspector Javier Falcón descubre que el terrible suceso no es lo que parece. Y cuando todo apunta a que se trata de una conspiración, Falcón descubre algo que le obligará a dedicarse en cuerpo y alma a evitar que se produzca una catástrofe aún mayor más allá de las fronteras españolas.
– No sólo eso; tras maltratarlo brutalmente para ocultar la identidad de la víctima, introdujeron el cuerpo en un sudario. Mi impresión es que se hizo por respeto y por motivos religiosos. El cadáver también tiene lo que se llama el marcador genético beréber, lo que significa que o había nacido en la Península Ibérica o en el norte de África.
– Dijo que fue envenenado.
– Él mismo ingirió el veneno -dijo Falcón-, lo que podría implicar que no sabía que lo estaban «ejecutando». Luego le arrancaron todo lo que pudiera ayudar a identificarlo, pero lo trataron con respeto.
– ¿Y en qué nos ayudará esto a la hora de identificar a los falsos inspectores y a los electricistas?
– No lo sabré hasta que no identifique al hombre asesinado -dijo Falcón-. Espero poder hacerlo ahora que cuento con una imagen de la cara de la víctima y una serie de radiografías dentales que he enviado a los servicios de inteligencia de todo el mundo, incluyendo la Interpol y el FBI.
Del Rey asintió y garabateó algunas notas.
– No estamos llegando a ninguna parte al buscar a esos electricistas a través de los canales convencionales -dijo Ramírez.
– Mientras el artificiero hablaba -dijo Falcón-, se me ha ocurrido que un experto en explosivos tendría que saber electrónica, y por tanto de instalaciones eléctricas. Goma 2 Eco es un explosivo utilizado en minería, de modo que quizá deberíamos sentar a nuestros testigos delante de fotografías de todos los que poseen licencia para manejar explosivos en España.
– ¿Sus testigos le han descrito a los electricistas?
– El más fiable es un converso español llamado José Duran, pero no creo que pueda describirlos muy bien. No le llamaron la atención por ningún motivo.
– Pero ha dicho testigos, en plural.
– Hay un anciano marroquí, pero ni siquiera se dio cuenta de que los ayudantes del electricista no eran españoles.
– Quizá deberíamos enviar a un artista para que trabaje con José Duran mientras mira las fotos -dijo Ramírez-. Me pondré a ello.
Falcón le entregó su móvil para que apuntara el número de Duran. Ramírez se fue.
– Me preocupa que el CNI o bien esté viendo las cosas de manera sesgada o no nos esté diciendo todo lo que deberíamos saber -dijo Del Rey-. No entiendo por qué todavía no le han dejado entrar en el piso del imán.
– Ya no les interesa lo que ha pasado aquí -dijo Falcón-. Esta explosión fue un error o un señuelo, y en cualquiera de los dos casos no tiene sentido desperdiciar energía para averiguar muy poco cuando en otra parte posiblemente se esté planeando otro ataque aún más devastador.
– ¿Pero usted no está de acuerdo con el punto de vista del CNI?
– Creo que aquí operan dos fuerzas -dijo Falcón-. Una es un grupo terrorista islámico, que al parecer estaba planeando un atentado con hexógeno, que trajeron hasta aquí en la Peugeot Partner y almacenaron en la mezquita…
– ¿Un atentado contra esas escuelas y la Facultad de Biología?
– Veamos lo que nos dice la policía científica, si nos dice algo, de los dibujos y los textos -dijo Falcón-. Y veamos también las traducciones de los textos.
– ¿Y la otra fuerza?
– No sé cuál es.
– Pero ¿cómo se manifiesta?
– Desbaratando la lógica de nuestra hipótesis -dijo Falcón-. En ella no encajan los inspectores del ayuntamiento ni los electricistas, ni podemos explicar la presencia de Goma z Eco.
– ¿Quién cree que puede ser esa fuerza?
– ¿Por qué luchan esos grupos terroristas islámicos, o contra quién cree que luchan? -preguntó Falcón.
– Es difícil decirlo. No parecen tener un programa o una estrategia coherentes. Da la impresión de que van imponiendo una serie de castigos. Lo de Londres y Madrid fue de forma aparente a causa de Irak. Nairobi, el barco estadounidense Colé y las Torres Gemelas porque creen que Estados Unidos es el imperio del mal. Bali a causa de la intervención de Australia en Timor Oriental contra la nación islámica de Indonesia. Casablanca supuestamente contra objetivos españoles y judíos. Karachi… no lo sé; ¿fue el Sheraton, verdad?
– Ese es nuestro problema -dijo Falcón-. No tenemos ni idea de quién es su enemigo. Quizás esa otra fuerza no sea más que un grupo de gente que se ha hartado y ha decidido que ya no quieren seguir aceptando que se les aterrorice de manera pasiva. Quieren devolver el golpe. Quieren preservar su modo de vida, se considere decadente o no. Podrían ser los que están detrás de la página web VOMIT. Podría tratarse de un desconocido grupo andaluz que ha oído hablar del MILA y ha percibido que se trataba de una amenaza para sus familias. Quizá sea un grupo religioso que desea mantener la santidad de la fe católica en España y devolver el Islam al norte de África. O a lo mejor somos incluso más decadentes y sabemos que esto es un puro juego de poder. Alguien ha divisado el potencial político o económico que tiene aterrorizar a la población. Cuando esos aviones impactaron en las Torres Gemelas todo cambió. La gente ahora ve las cosas de otra manera: tanto las buenas personas como las malas. Una vez se abre un nuevo capítulo en la historia humana del terror, todo tipo de gente aplica su creatividad a escribir los siguientes párrafos.
29
Sevilla. Jueves, 8 de junio de 2006, 13:10 horas
– ¿Ha conseguido hablar con su antiguo mentor de Informaticalidad, Marco Barreda? -preguntó Falcón.
– Hice algo mejor -dijo David Curado-. Fui a verle.
– ¿Cómo se le ocurrió?
– Bueno, lo llamé y comencé a decirle que usted y yo habíamos hablado, y me interrumpió, y me dijo que era una lástima que no nos hubiéramos visto desde que dejé la empresa, y que por qué no quedábamos para tomar una cerveza y una tapa.
– ¿Habían quedado alguna vez?
– Qué va, sólo hablábamos por teléfono -dijo Curado-. Me quedé sorprendido; se supone que ni siquiera debes hablar con los antiguos empleados, por no hablar de ir a tomar una cerveza con ellos.
– ¿Estuvieron los dos solos?
– Sí, y fue raro -dijo Curado-. Por teléfono se había mostrado muy entusiasta, pero cuando nos vimos fue como si hubiera cambiado de opinión. Parecía ausente, pero me di cuenta de que estaba actuando.
– ¿Cómo?
– Le hablé de nuestra conversación y apenas me prestó atención -dijo Curado-. Pero cuando le pregunté por Ricardo Gamero se quedó estupefacto. Le pregunté quién era y me dijo que era un feligrés de su misma iglesia que se había suicidado esa tarde. Como sabe, yo también solía ir a San Marcos, y nunca me topé con Ricardo Gamero, de modo que le pregunté si se mató porque la poli le buscaba y Marco me dijo que el tipo era un poli.
– ¿Cómo cree que se había tomado la noticia del suicidio de Ricardo Gamero?
– Muy mal, eso lo noté. Estaba muy afectado.
– ¿Eran amigos?
– Supongo, pero no me lo dijo.
Falcón sabía que tenía que hablar directamente con Marco Barreda. Curado le dio su número. Colgaron. Falcón se reclinó en el asiento de su coche, dando golpecitos en el volante con el móvil. El suicidio de Gamero, ¿había hecho vulnerable a Marco Barreda? ¿Y si eso fuera una debilidad y Falcón pudiera apretarle por ahí, revelaría algo importante? ¿Revelaría algo?
No tenía ni idea de en qué se estaba metiendo. Le había hablado al juez Del Rey de esas dos fuerzas -el terrorismo islámico y otra, aún desconocida- que habían actuado de manera implacable, pero no sabía nada de su estructura, ni de sus objetivos, aparte de que estaban dispuestas a matar. ¿Acaso un movimiento había aprendido del otro: a no declarar ningún programa coherente, a operar como una estructura de comando individual, a crear células autónomas sin relación entre sí, las cuales, al ser activadas desde otro país, llevaban a cabo su misión destructiva?