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Los asesinos ocultos

Электронная книга - «Los asesinos ocultos». Краткое содержание книги:

Una terrible explosión en un edificio de Sevilla ha causado la muerte de varios ciudadanos. Cuando se descubre que los bajos de la edificación alojaban una mezquita, los temores que apuntan a un atentado terrorista se imponen. El miedo se apodera de la ciudad: bares y restaurantes se vacían, se multiplican las falsas alarmas y las evacuaciones.
Sometido a la presión tanto de los medios En Escocia en pleno siglo XIV, el clan de los Fitzhugh asesina a toda la familia de Morganna Kil Creggar, la protagonista de esta novela pasional, humorística y llena de fuerza. Alta, delgada y atractiva, Morganna jura venganza por este acto al clan enemigo y, para llevar a cabo su cometido, se viste de chico y se hace llamar Morgan. Ello le brinda la oportunidad de trabajar como escudero para Zander Fitzhugh, un miembro del clan y caballero empeñado en unificar su tierra y liberarla del dominio inglés, como del sector político, el inspector Javier Falcón descubre que el terrible suceso no es lo que parece. Y cuando todo apunta a que se trata de una conspiración, Falcón descubre algo que le obligará a dedicarse en cuerpo y alma a evitar que se produzca una catástrofe aún mayor más allá de las fronteras españolas.
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– Tampoco estoy convencido de que Miguel Botín fuera un agente doble -dijo Del Rey-. Su hermano quedó mutilado por un atentado terrorista islámico, por amor de Dios. ¿Se imaginan a alguien que le ha pasado algo así pasándose al otro bando?

– Era un converso -dijo Falcón-. Se tomaba su religión muy en serio. Es difícil saber qué clase de impresión puede causar un clérigo carismático y radical en alguien así. Tenemos el ejemplo de Mohammed Sidique Khan, uno de los terroristas del atentado de Londres, que pasó de ser profesor de educación especial a militante radical.

– Tampoco sabemos qué relación mantenía Miguel Botín con su hermano -dijo Ramírez.

– También me preocupan los electricistas y los falsos inspectores del ayuntamiento. No me trago la hipótesis del CNI de que se trataba de una célula terrorista. Me parece que el CNI intenta encajar información cuadrada en un agujero redondo.

Llamaron a la puerta. Un policía asomó la cabeza.

– La policía científica ha conseguido abrirse paso entre los escombros que hay encima de la despensa de la mezquita -dijo-. Han encontrado una caja metálica ignífuga y a prueba de golpes. La han llevado a su tienda de campaña y han pensado que a lo mejor les gustaría estar presentes cuando la abran.

28

Sevilla. Jueves, 8 de junio de 2.006, 12:18 horas

Fuera de la guardería todo el mundo llevaba mascarillas a causa del hedor, y Falcón, Ramírez y Del Rey caminaron con la mano apretada contra la boca y la nariz. En la tienda de campaña de la policía científica había una antesala, en la que todos se pusieron un mono blanco con capucha y mascarilla. En el interior de la tienda la temperatura se mantenía a 22o. Cinco equipos de la policía científica trabajaban en el lugar del atentado. Todos ellos habían interrumpido el trabajo para abrir la caja. Hay algo dentro de la psique humana que hace imposible que ni siquiera la policía científica pueda resistir el misterio de un recipiente cerrado a cal y canto.

Probaron un dictáfono y lo colocaron en mitad de la mesa. El jefe del equipo de la policía científica les hizo seña con la cabeza al juez y a los detectives reunidos en la tienda. Junto a él había una caja de cartón de poca profundidad para meter pruebas, con fecha y con la dirección del apartamento del imán en la tapa. Dentro había tres bolsitas de plástico con llaves. Una figura de traje blanco le dio un suave codazo a Falcón. Era Gregorio.

– Si estas llaves abrieran la caja la cosa se pondría interesante -dijo-. Dos de esos juegos de llaves estaban en el escritorio del apartamento del imán, y el otro en la cocina.

– ¿Estamos preparados? -preguntó el jefe del equipo de la policía científica-. Hoy es jueves, 8 de junio de 2006, y son las 12:24 horas. Tenemos una caja de metal cerrada, que ha sufrido leves daños en la tapa a causa de la explosión, aunque la cerradura parece haber aguantado perfectamente. Vamos a intentar abrir esta caja utilizando las llaves encontradas en el apartamento del imán durante un registro llevado a cabo en ese lugar el miércoles, 7 de junio de 2006.

Rechazó la primera bolsa de llaves, pero seleccionó la siguiente y dejó resbalar las llaves hasta su mano. Encajó en la cerradura una de dos que eran idénticas, la giró y la tapa saltó.

– Se ha conseguido abrir la caja gracias a una llave encontrada en el cajón de la cocina del apartamento del imán.

Abrió la tapa y sacó tres carpetas de plástico de color, llenas de papeles doblados. Con eso la caja quedó vacía, y la trasladaron a otra mesa. El jefe del equipo abrió la primera carpeta.

– Tenemos una hoja con escritura árabe, sujeta con un clip a lo que parece ser una serie de planos de arquitecto.

Desplegó los dibujos, que resultaron ser un plano detallado del instituto de secundaria de San Bernardo. Los otros eran el plano de una escuela primaria de Triana y la facultad de biología de la avenida de la Reina Mercedes.

Silencio mientras los hombres y mujeres de la policía científica contemplaban su hallazgo. Falcón sentía cómo las mentes de todos los que estaban allí dentro avanzaban hacia conclusiones más y más inquietantes. Cada atrocidad terrorista islámica había desatado nuevas cepas víricas de horror dentro del organismo de Occidente. En cuanto Occidente se hacía a la idea de que los hombres podían ser bombas, tenía que aceptar que también lo podían ser las mujeres, e incluso los niños. Ahora parecía espantosamente obvio que de los coches bombas se había pasado a utilizar los barcos y luego los aviones. Al final las atrocidades ya no se circunscribían al Oriente Próximo o Lejano o Estados Unidos, sino que habían llegado a Madrid y Londres. Y luego estaba lo inimaginable. Cosas que harían temblar a un autor de novelas de horror: ejecuciones retransmitidas a todo el mundo en las que hombres y mujeres eran decapitados con cuchillos de cocina. Y por fin Beslan: niños tomados como rehenes, sin agua ni comida, explosivos colgando sobre sus cabezas. ¿Cómo va a pensar una mente normal bajo estas condiciones de fácil contagio?

– ¿Pensaban volar esos lugares? -preguntó una voz.

– Iban a tomar rehenes -dijo una mujer-. Van a por chavales de entre cinco y veinticinco años.

– Cabrones.

– ¿Es que esta gente es capaz de todo? Cojones, ¿es que no tienen límites?

– Creo -dijo el juez Del Rey, presto a poner fin a la creciente histeria- que deberíamos esperar a tener las traducciones del texto en árabe antes de sacar ninguna conclusión.

Pero no era la voz de la razón lo que la gente quería oír. Al menos no en ese momento. Habían esperado mucho tiempo para echar mano a pruebas sólidas, y ahora que habían encontrado algo espectacular querían dar rienda suelta a parte de su cólera. Del Rey lo intuyó. Una vez más tomó la iniciativa.

– Como precaución, que se registren esos tres edificios. Si existe un plan para asaltarlos es posible que haya armas escondidas.

Todo el mundo asintió, satisfechos al ver que incluso el hombre venido de Madrid sufría la misma paranoia, tenía los mismos circuitos cerebrales corruptos.

– Que la policía científica examine estos dibujos y los textos en árabe lo antes posible. Necesitamos esas traducciones enseguida -dijo Del Rey.

– Hay algo más -dijo el jefe del equipo de la policía científica-. Los artificieros encontraron algo interesante relativo a los explosivos.

Un oficial del ejército con un mono blanco y un brazalete verde se abrió paso hasta la mesa.

– Hasta ahora sólo hemos tenido acceso a la zona que queda encima de la despensa, pues no hay restos de cadáveres ni tejido humano. Seguimos creyendo que la principal explosión fue causada por la detonación de una gran cantidad de hexógeno, pero hemos encontrado rastros de Goma 2 Eco, que es el explosivo de minería que fue utilizado en los atentados de Madrid.

– ¿Uno hizo detonar el otro?

– Desde luego es posible, pero no hay manera de probarlo.

– ¿Existe alguna razón para utilizar dos tipos de explosivos?

– Goma 2 Eco es de calidad industrial, mientras que el hexógeno es militar. Si tienes una gran cantidad de hexógeno, de mayor poder destructor que el Goma 2 Eco, no veo por qué utilizar un explosivo más flojo, a no ser que tengas intención de provocar otras explosiones de distracción, o tener a la gente atemorizada.

– Según sus cálculos, había unos ioo kilos de hexógeno almacenados en el edificio -dijo Del Rey.

– Tirando por lo bajo.

– ¿Qué daños causarían esos 100 kilos a las escuelas y a la facultad?

– Un auténtico experto, que entendiera la arquitectura de los edificios, probablemente podría arrasarlos por completo -dijo el artificiero-. Pero tendría que hacer un trabajo de demolición. Tendría que taladrar el esqueleto reforzado del edificio y conectar las cargas para una explosión simultánea.

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