Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]
- Автор: Андерсон Пол Уильям
- Год: 1990
- Язык: испанский
- Год: EDAF
- ISBN: 84-7640-448-4
- Переводчик: Rafael Lassaletta Cano
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]». Краткое содержание книги:
Holger tuvo la impresión de que los miembros de esa raza estaban ofendidos por los desaires que les habían hecho tanto los hombres como los habitantes del Mundo Medio. Con cierta vacilación, le dijo:
—Lo que me habéis dicho me da poca seguridad. Si la Madre Gerd no hace las cosas bien, ¿por qué debo seguir su consejo e ir a Faerie?
—¿Qué por qué? —preguntó Hugi encogiéndose de hombros—. Tampoco dije que siempre lo haga mal. Si no le guarda rencor, puede ayudarle de verdad. Hasta el duque Alfric puede ayudar, sólo para divertirse con los nuevos misterios que le ofrezcáis. Nadie sabe lo que las gentes de Faerie van a hacer. No lo dicen, ni les importa. Viven en lo salvaje, y por eso están en esta guerra del lado del Caos oscuro.
Tampoco aquello le ayudó mucho a Holger. Faerie era la única esperanza que le habían dado de regresar a casa, y lo podían estar dirigiendo hacia una trampa. ¿Pero, por qué razón alguien iba a molestarse en tenderle una trampa a un extranjero que no tenía ni una sola moneda?
—Hugi —le pregunto—. ¿No me estarás llevando a una trampa?
—Nanay, viendo que no es enemigo mío, que es un buen tipo, no como otros que podría decir —el enano dejó de hablar para escupir—. No sé lo que está pensando la Madre Gerd, ni mucho que me importa. Le he dicho lo que sé. Si sigue queriendo ir a Faerie, le llevaré.
—Y lo que pase luego no es asunto tuyo, ¿no?
—So es. Los pequeños nos metemos en nuestros asuntos.
Había amargura en esa voz baja que sonaba como una sirena. Holger pensó que podría aprovecharse de eso. Las personas con complejos de inferioridad compensados no le resultaban totalmente extrañas. Y seguramente Hugi podría ayudarle más, en lugar de limitarse a guiarle hacia donde no sabía qué pasaría.
—Tengo sed —dijo—. ¿Paramos a tomar un pequeño bufido?
—¿Un pequeño qué? —preguntó a Hugi arrugando el rostro correoso.
—Bufido. Ya sabes, un trago.
Bufido… bebida… Jacomajacomaja! —se echó a reír Hugi, dándose un palmada en el muslo—. Qué bueno es eso. Un pequeño bufido. Pos me d’acordar para usarlo en las madrigueras del bosque. ¡Un pequeño bufido!
—Bueno, ¿qué te parece? Creo haber oído el ruidito de un frasco en ese hatillo.
Hugi se relamió los labios. Detuvieron el caballo tirando de la rienda y desataron el regalo de la bruja. Sí, había un par de frascos de arcilla. Holger abrió uno y ofreció a Hugi el primer trago, lo que sorprendió al enano. Pero se aprovechó bien de ello, y su nuez comenzó a agitarse gozosamente bajo la barba blanca hasta que eructó y le devolvió la botella. Cuando se pusieron a cabalgar de nuevo parecía confuso.
—Si que sois raro, sir Holger. No debéis ser un caballero del imperio, ni un sarraceno.
—No —contestó Holger—. Vengo de lejísimos. De donde yo vengo, un hombre vale tanto como otro.
Los ojos diminutos del enano, bajo las cejas enarcadas, le contemplaron atentamente.
—Rara idea —dijo Hugi—. ¿Cómo vas a guiar el reino si los comunes pueden estar por arriba de los nobles?
—Lo hacemos. Todo el mundo tiene voz en el gobierno.
— ¡Pero eso no pue ser! Cualquier hijo de vecino se pue poner a farfullar lo que quiera y hacer las cosas malamente.
—Lo intentamos de otro modo durante mucho tiempo, pero los que nacían como jefes eran a menudo tan débiles, locos o crueles que pensamos que difícilmente podría resultar peor. Hoy en mi país el rey apenas si hace algo más que presidir. Y la mayor parte de las naciones han prescindido totalmente de los reyes.
—Uhm, uhm, si que parlas raro, aunque la verdad… bueno eso me hace pensar que podéis ser de las fuerza de Caos.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Holger respetuosamente—. Ignoro los asuntos que tenéis por aquí. ¿Podrías explicarlo?
Dejó que el enano gruñera durante mucho tiempo sin aprender nada de eso. Hugi no era muy brillante, y sí bastante rústico. Holger se hizo a la idea de qué perpetuamente se estaba librando una batalla entre las fuerzas primigenias de la Ley y el Caos. No, exactamente no eran fuerzas. ¿Modos de existencia? ¿Un reflejo terrestre del conflicto espiritual entre el cielo y el infierno? En cualquier caso, los seres humanos eran los principales agentes de la Ley en la tierra, aunque muchos de ellos lo fueran sólo inconscientemente, y algunos, como brujas, practicantes de la magia negra y malhechores, se hubieran vendido a Caos. Pero también algunos seres que no eran humanos estaban del lado de la Ley. Frente a ellos estaba casi la totalidad del Mundo Medio, que parecía incluir reinos como Faene, Trollheim y los gigantes, una verdadera creación de Caos. Las guerras que libraban los hombres entre ellos, como la prolongada lucha entre los sarracenos y el Sacro Imperio, ayudaban a Caos; bajo la Ley todos los hombres vivirían en paz y orden y en esa libertad a la que sólo la Ley podía dar significado. Pero ésa era tan ajena a los mundomedianos que siempre estaban actuando para impedirlo y para extender su sombrío dominio.
Todo aquello le resultaba tan vago que Holger desvió la discusión a la política práctica. Tampoco en eso Hugi le fue de mucha ayuda. Holger entendió que las tierras de los hombres, en las que predominaba la Ley, caían hacia el oeste. Estaban divididas en el Sacro Imperio de los cristianos, los países sarracenos meridionales y diversos reinos menores.
Faerie, la parte del Mundo Medio más cercana, no estaba muy al este. La sección inmediata era una tierra fronteriza disputada en la que cualquier cosa podía suceder.
—Antiguamente —dijo Hugi—, na más la Caída, to era Caos. Pero poco a poco ha ido echándose patrás. Lo más gordo fue cuando el Salvador vivió en la Tierra, y la oscuridad no podía quedarse y murió hasta el mismo gran Pan. Pero ahora Caos se ha unido y está listo a recuperarlo. No sabría qué decir.
Bueno, de momento no había posibilidades de separar los hechos de la fantasía. Pero este mundo era en tantos aspectos paralelo al de Holger que tenía que existir alguna conexión. ¿Se habría producido de tiempo en tiempo un contacto pasajero mediante náufragos como él mismo que habrían regresado con historias que se convertirían en la materia de la leyenda? ¿Es que aquí existían realmente las criaturas de los mitos? Recordando algunas de ellas, Holger esperó que no fuera así. Especialmente le preocupaba no encontrarse con un dragón que arrojara fuego por la boca ni con un gigante de tres cabezas, aunque pudieran resultar muy interesantes desde el punto de vista zoológico.
—Ah, dicho sea de paso, tendréis que dejar en las puertas el crucifijo, si lleváis uno, y los hierros. Dentro tampoco se puen pronunciar palabras sagradas. Los de Faerie no puen enfrentarse a esas cosas, pero si la usáis allí encontrarán la manera de enviaros mala suerte.
Holger se preguntó que cuál sería el estatus local de un agnóstico. Se había criado inevitablemente como luterano, pero hacía muchos años que no había entrado en una iglesia. Si tal cosa podría sucederle a alguien, ¿por qué no habría sido un buen católico?
Hugi siguió hablando, sin parar. Incesantemente. Holger trató de prestarle atención, amigablemente, sin pasarse. Luego se contaron historias. Holger extrajo de la memoria todo chiste fuerte que conocía. Hugi lanzaba gritos de entusiasmo.
Se detuvieron a comer junto a un torrente cuyas orillas estaban cubiertas de musgo, y de pronto el enano se inclinó hacia adelante poniendo una mano en el brazo de Holger.
—Sir caballero —le dijo mirando el suelo—. Me complasería ayudaros.
Holger, con un esfuerzo, se mantuvo quieto.
—Os lo agradecería, si fuera posible.
—No sé cuál será la mejor dirección. A lo mejor lo de buscar Faerie, como dijo la bruja, a lo mejor dar la vuelta ahora mismo. No lo sé. Pero conozco a alguien del bosque, amigo de todos sus habitantes, que sabe cosas de fuera de la Tierra, y podría daros una explicación.