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Asesinato en Bardsley Mews

Электронная книга - «Asesinato en Bardsley Mews». Краткое содержание книги:

Cuatro relatos, a cual más interesante, protagonizados por el infalible Poirot. Asesinato en Bardsley Mews: En la noche de Guy Fawkes, el estallido de los petardos oculta el sonido de un disparo y el cuerpo de Miss Allen aparece sin vida. Asesinato en Bardsley Mews: En la noche de Guy Fawkes, el estallido de los petardos oculta el sonido de un disparo y el cuerpo de Miss Allen aparece sin vida. Un robo increíble: En una reunión de alta sociedad, desaparecen los planos de una nueva y secreta bomba. El espejo del muerto: Sir Gervas Chevenix-Gore, conocido como el último barón, ha muerto en circunstancias extrañas. Poirot deberá demostrar que no se trata de un suicidio. Triángulo en rodas: Triángulo en rodas: Un clásico triángulo amoroso deviene en un complejo asesinato.
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—«Gasper». Hay algunos en esa caja.

Japp la abrió y sacando uno hizo un gesto de asentimiento antes de guardárselo en el bolsillo.

—¿Y usted, mademoiselle? —preguntó Poirot.

—Los mismos.

—¿No fuma turcos?

—Nunca.

—¿Y la señora Alien?

—Tampoco. No le gustaban.

—¿Y el señor Laverton-West? —quiso saber Poirot—. ¿Cuáles fumaba?

La joven le miró de hito en hito.

—¿Carlos? ¿Qué importancia tiene lo que él fume? ¿No pretenderá usted que fue él quien la mató?

Poirot alzóse de hombros.

—Muchos hombres han matado antes de ahora a la mujer que amaban, mademoiselle.

Jane hizo un gesto impaciente.

—Carlos no mataría a nadie. Es muy discreto.

—De todas formas, señorita, los hombres cuidadosos son los que cometen los crímenes más inteligentes.

—Pero no por el motivo que usted ha señalado, señor Poirot —repuso la joven mirándole fijamente.

—No, es cierto.

—Bien —Japp se puso en pie—. Creo que aún me queda mucho que hacer aquí. Me gustaría echar otro vistazo.

—¿Por si el dinero se encuentra escondido en alguna parte? Desde luego. Mire cuanto guste. Y también en mi habitación... aunque no es probable que Bárbara lo escondiera allí.

El registro de Japp fue rápido, pero eficiente, y a los pocos minutos el saloncito no tenía secretos para él. Luego subió a inspeccionar los dormitorios, y Jane Plenderleith quedó sentada sobre el brazo de un sillón, fumando un cigarrillo mientras Poirot la observaba.

Al cabo de algunos minutos, éste dijo tranquilamente:

—¿Sabe usted si el señor Laverton-West se encuentra en Londres?

—Lo ignoro. Pero más bien supongo que debe estar en Hampshire con su familia. Debía haberle telegrafiado. Es terrible... pero lo olvidé.

—No es fácil acordarse de todo cuando sucede una catástrofe, mademoiselle, y de todas maneras no hay que apresurarse a dar malas noticias. Siempre se saben.

—Sí, es cierto —repuso la muchacha, distraída.

Se oyeron los pasos de Japp, que bajaba la escalera, y Jane salió a su encuentro.

—¿Y bien?

Japp movió la cabeza.

—Nada, señorita Plenderleith. Ahora he registrado ya toda al casa. Oh, creo que será mejor que mire en ese armario que hay debajo de la escalera.

Y al pronunciar estas palabras tiró del pomo.

Jane Plenderleith dijo:

—Está cerrado.

Y el tono de su voz hizo que los dos hombres la miraran extrañados.

—Sí —replicó Japp—. Ya veo que está cerrado. ¿Tiene usted la llave?

La joven permanecía como petrificada.

—No... no estoy segura de -dónde pueda estar.

Japp le dirigió una rápida mirada y continuó en tono indiferente:

—Dios mío, ¡qué lástima...! No quisiera estropearlo abriéndolo por la fuerza. Enviaré a Jameson a buscar un manojo de llaves bien surtido.

Jane se adelantó rápidamente.

—Oh —dijo—. Espere un momento. Puede que esté...

Fuese hasta el saloncito, reapareciendo momentos más tarde con una llave de tamaño regular.

—Lo tenemos siempre cerrado —explicó—, porque nuestros paraguas y otras cosas desaparecían con mucha frecuencia.

—Una precaución muy prudente —dijo Japp aceptando la llave.

La hizo girar en la cerradura y abrió el armario. Su interior estaba oscuro, y tuvo que sacar una linterna de su bolsillo para iluminarlo.

Poirot observó que la joven contenía el aliento y sus ojos siguieron el haz de luz de la linterna de Japp.

No había gran cosa dentro del armario. Tres paraguas... uno de ellos roto; cuatro bastones; un juego de palos de golf, dos raquetas de tenis, una alfombra cuidadosamente doblada y varios almohadones deteriorados y sobre ellos un pequeño neceser muy elegante.

Cuando Japp alargó la mano para cogerlo, Jane Plenderleith dijo precipitadamente:

—Es mío. Lo... lo traje conmigo esta mañana, de modo que no puede haber nada de lo que busca.

—Nada pierdo en asegurarme —replicó Japp con creciente regocijo.

Abrió el neceser, que no estaba cerrado con llave. En su interior había gran variedad de cepillos y botellas para la toilette..., dos revistas, pero nada más.

Japp lo fue examinando todo con meticulosa atención. Cuando al fin cerró la tapa y se dispuso a examinar los almohadones, la joven exhaló un suspiro de alivio.

En el armario no había más que lo que saltaba a la vista, y Japp no tardó en dar por terminado el registro.

Volviendo a cerrar la puerta, tendió la llave a Jane Plenderleith.

—Bien —le dijo—. Esto deja terminado el asunto. ¿Puede darme la dirección del señor Laverton-West?

—Farlescombe Hall, Little Ledbury, Hampshire.

—Gracias, señorita Plenderleith. Eso es todo por el momento. Es posible que vuelva más tarde. A propósito, no diga nada. Deje que todos crean que se trata de un suicidio.

—Desde luego.

Les estrechó las manos a los dos.

Y cuando caminaban por la avenida, Japp exclamó:

—¿Qué diablos había en ese armario? Algo había.

—Sí, algo había.

—¡Y apuesto diez contra uno a que era algo relacionado con el neceser! Pero debo ser un estúpido, puesto que no he conseguido dar con ello. He revisado todas las botellas... el forro... ¿qué diablos podía ser?

Poirot meneó la cabeza pensativo.

—Esa chica lo sabe —continuó Japp—. ¿Dijo que había traído el neceser esta mañana? ¡No es cierto! ¿Se fijó en que había dos revistas dentro?

—Sí.

—Bien, ¡pues una de ellas era del mes de julio!

Capítulo VII

Al día siguiente Japp penetraba en el piso de Poirot y arrojaba el sombrero con disgusto sobre la mesa. Luego se dejó caer en una butaca.

—Bueno —gruñó—. ¡Está libre de sospechas!

—¿Quién?

—La Plenderleith. Estuvo jugando al bridge hasta medianoche. Lo han asegurado el anfitrión, la anfitriona, un invitado que es comandante de Marina y dos criados. No existe la menor duda de que hemos de descartar la idea de que tenga algo que ver con el crimen. De todas formas me gustaría saber por qué se violentó tanto cuando cogí el neceser que había debajo de la escalera. Eso le corresponde a usted, Poirot, puesto que le agrada desentrañar esas trivialidades. ¡El Misterio del Neceser! ¡Resulta muy prometedor!

—Voy a darle otro título: El Misterio del Aroma a Humo de Cigarrillo.

—Un poco largo y complicado. ¿Aroma... eh? ¿Era eso lo que olfateaba cuando examinábamos el cadáver por primera vez? Le vi... ¡y le olí! Pensé que estaba constipado.

—Pues se equivocó.

—Siempre creí que utilizaba las células grises de su cerebro —Japp suspiró—. No me diga que su nariz es superior a la de los demás mortales.

—No, no, tranquilícese.

—Yo no olí a humo de cigarrillo —prosiguió Japp receloso.

—Ni yo tampoco, amigo mío.

Japp extrajo un cigarrillo de su bolsillo sin dejar de mirarle.

—Éstos son los que fumaba la señora Alien... Seis de las colillas eran suyas. Las otras tres eran de cigarrillos turcos.

—Exacto.

—¡Supongo que su maravillosa nariz lo descubrió sin necesidad de que las viera!

—Le aseguro que mi nariz no interviene para nada en este momento... puesto que no registro nada.

—Pero, ¿sus células grises sí?

—Pues... hubo ciertas indicaciones..., ¿no lo cree?

Japp le miró de reojo.

—¿Como, por ejemplo?

Eh bien, en aquella habitación faltaba algo. Creo que además habían agregado algo... y luego, en el escritorio...

—¡Lo sabía! ¡Ya vamos llegando a esa maldita pluma!

Du tout. Esa pluma juega un papel puramente negativo.

Japp retrocedió a un terreno más firme.

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