Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Космическая фантастика » El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]
El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]

Электронная книга - «El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]». Краткое содержание книги:

La primera aventura de Miles Vorkosigan, un genio de la estrategia dotado de gran inteligencia pero encerrado en un cuerpo defectuoso. Un personaje entrañable e inolvidable, protagonista de la serie de mayor éxito de la moderna space opera. Sus azañas son un agradable retorno a los temas y al tono ameno de la ciencia ficción campbelliana, y componen la más famosa creación de una de las mejores escritoras de la ciencia ficción de aventuras que ha aparecido en los últimos años.
1 ... 75 76 77 78 79 80 81 82 83 ... 85
Перейти на страницу:

— Está bien.

— Cuando gustes — añadió Ivan.

El vértigo de la caída libre… Abrió las puertas y descendió hasta el pavimento.

Avanzaron hacia un cuarteto de guardias armados, vestidos con la librea imperial, que custodiaban la puerta del castillo. Al verlos acercarse, uno de ellos, pegando la mano al cuerpo, formó cuernos con los dedos; tenía el rostro de campesino. Miles suspiró para sí. Bienvenido a casa. Inclinó incisivamente la cabeza, a manera de saludo.

— Buenos días, señores. Soy lord Vorkosigan. Tengo entendido que el emperador me ha ordenado presentarme aquí.

— Maldito bromista — dijo uno de los guardias, desatando su porra.

Un segundo guardia le aferró el brazo, mirando impresionado a Miles.

— ¡No, Dub… realmente lo es!

Soportaron un nuevo registro en el vestíbulo de la gran cámara. Ivan seguía tratando de espiar por la puerta, ante el fastidio del guardia encargado de realizar el control final para impedir cualquier arma ante la presencia del emperador. Algunas voces llegaban de la cámara a los oídos de Miles, quien se esforzaba por distinguirlas. Reconoció la del conde Vordrozda, de sostenida nasalidad, rítmica en las cadencias del debate.

— ¿Cuánto hace que vienen reuniéndose? — le preguntó Miles a un guardia.

— Hace una semana. Hoy debía ser el último día. En este momento están presentando los alegatos. Llega justo a tiempo, mi señor. — El guardia le dirigió a Miles un gesto de aliento.

— ¿Estás seguro de que no preferirías estar en terapia en Colonia Beta? — murmuró Ivan.

Miles sonrió sombríamente.

— Ahora es demasiado tarde. ¿No sería divertido que llegáramos justo para la sentencia?

— Histérico. Morirás riendo, sin duda — gruñó Ivan.

Ivan, con el visto bueno del guardia, se encaminó hacia la puerta. Miles le detuvo.

— ¡Shh, espera! Escucha.

Otra voz identificable: el almirante Hessman.

— ¿Qué está haciendo él aquí? — preguntó Ivan en voz baja —. Creí que este sitio era reservado para los condes solamente.

— Testigo, te apuesto; exactamente igual que tú. ¡Shh!

— … Si nuestro ilustre primer ministro no sabía nada de esta conjura, entonces permítasele presentarnos a ese sobrino «perdido» — la voz de Vordrozda estaba cargada de sarcasmo —. Dice que no puede. ¿Y por qué no? Yo me permito opinar que no puede porque lord Vorpatril fue avisado con algún mensaje secreto. ¿Qué mensaje? Obviamente, alguna variante de «¡sálvese quien pueda, se descubrió todo!». Y yo les pregunto, ¿es razonable que un complot de esta magnitud pueda haber sido llevado tan lejos por un hijo sin que su padre lo supiera? ¿Adónde fueron esos 275.000 marcos desaparecidos, cuyo destino tan firmemente se niega a revelar, sino a financiar secretamente la operación? Esas repetidas demandas de postergación son sencillamente una pantalla de humo. Si lord Vorkosigan es tan inocente, ¿por qué no está aquí? — Vordrozda se interrumpió con estudiado dramatismo.

Ivan tiró de la manga de Miles.

— Vamos. Nunca tendrás mejor línea de entrada que ésta, aunque esperes todo el día.

— Tienes razón. Vamos.

Ventanas de vidrios coloreados en la pared que daba al este salpicaban el piso de roble de la cámara con manchas de luz. Vordrozda estaba de pie en el círculo de los oradores. Detrás de él, en el banco de testigos, estaba sentado el almirante Hessman. La galería superior, con sus barandas finamente labradas, estaba, por cierto, vacía; pero las filas de simples bancos de madera y los pupitres que rodeaban la sala estaban atestados de hombres.

Libreas de etiqueta en una estrafalaria variedad de matices se dejaban ver bajo sus togas de oficio, rojas y plata, con la excepción de algunos hombres diseminados, sin toga, que llevaban el uniforme de gala rojo y azul de servicio imperial activo. El emperador Gregor, en su estrado elevado a la izquierda del salón, vestía también el uniforme del servicio imperial. Miles sofocó un espasmo agudo de miedo a entrar en escena. Deseó haber pasado por la residencia Vorkosigan para cambiarse; todavía llevaba la camisa lisa oscura, los pantalones y las botas que tenía puestos al dejar Tau Verde. Estimó la distancia al centro de la cámara en, aproximadamente, un año luz.

Su padre estaba sentado detrás de su escritorio en la primera fila, no lejos de Vordrozda, y con la misma apariencia que en casa, con sus colores rojo y azul. El conde Vorkosigan estaba reclinado hacia atrás, con las piernas estiradas y cruzadas a la altura de los tobillos, los brazos plegados en el respaldo, pero tan indiferente como un tigre acechando a su presa. Su rostro estaba irritado, con aire asesino, concentrado en Vordrozda; Miles se preguntó si el antiguo apodo infamante de «El Carnicero de Komarr», que alguna vez se le asignó a su padre, no tendría cierta base real, después de todo.

Vordrozda, en el círculo de oradores, era el único que enfrentaba directamente el oscurecido arco de la entrada. Fue el primero en ver a Miles y a Ivan. Acababa de abrir la boca para continuar; se quedó así, con la mandíbula floja.

— Ésa es exactamente la pregunta que propongo que usted responda, conde Vordrozda…, y usted, almirante Hessman — gritó Miles.

Dos años luz, pensó, y cojeó hacia adelante.

La cámara se agitó con murmullos y gritos de perplejidad. De todas las reacciones, Miles quería ver una sola en especial.

El conde Vorkosigan giró de golpe la cabeza y vio a Miles. Tomó aire y recogió los brazos y las piernas. Se sentó por un instante con los codos sobre el pupitre, ocultando la cara entre las manos. Se frotó el rostro, con fuerza; cuando volvió a levantarlo, estaba enrojecido y arrugado, pestañeaba.

¿Cuándo comenzó a parecer tan viejo?, se preguntó Miles con dolor. ¿Era así de gris su cabello? ¿Ha cambiado tanto, o soy yo? ¿O ambos?

La mirada del conde Vorkosigan recayó sobre Ivan, y su rostro se aclaró hasta la exasperación.

— ¡Ivan, idiota!, ¿dónde has estado?

Ivan miró a Miles y aprovechó la ocasión, haciendo una reverencia hacia el banco de teestigos.

— El almirante Hessman me envió para que encontrara a Miles, señor. Lo hice. Aunque, por ciertos motivos, no creo que fuera eso lo que el almirante tenía planeado, en realidad.

Vordrozda giró en círculo para echarle una furiosa mirada a Hessman, quien había abierto enormemente los ojos al ver a Ivan.

— Tú… — le susurró Vordrozda, con la voz envenenada por la ira. Casi instantáneamente refrenó el impulso de saltarle encima y relajó sus manos haciendo que, de rastrillos con garras, volvieran a parecer elegantemente combadas otra vez.

Miles hizo una reverencia a los presentes, inclinándose sobre una rodilla en dirección al emperador.

— Mi señor, mis lores. Habría llegado antes aquí, pero mi invitación se perdió en el correo. Para dar fe de ello, quisiera llamar a lord Vorpatril como mi testigo.

El joven rostro de Gregor le observó, rígido, los ojos oscuros afligidos y distantes. La mirada del emperador se volvió con perplejidad hacia su nuevo consejero, de pie en el círculo de los oradores. Su antiguo consejero, el conde Vorkosigan, parecía milagrosamente renacido; sus labios se estiraban hacia atrás en una sonrisa felina.

También Miles miró a Vordrozda por el rabillo del ojo. Ahora, pensó, es el momento de atropellar, en este instante. Para cuando el Lord Guardián del Círculo admita a Ivan con toda la ceremonia debida, se habrán recuperado. Dales sesenta segundos para conferenciar en el banco y habrán fraguado nuevas mentiras de lo más razonable, poniendo su palabra contra la nuestra en el espantoso juego de un voto que ya ha sido condicionado. Hessman, sí, era a Hessman a quien debía atacar; Vordrozda era demasiado ágil para huir asustado. Golpea ahora, y parte por la mitad la conspiración. Tragó saliva, se aclaró la garganta y declaró de golpe.

1 ... 75 76 77 78 79 80 81 82 83 ... 85
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)