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Электронная книга - «Zapatos de caramelo». Краткое содержание книги:

Tras revolucionar un tradicional pueblo del sur desde el mostrador de su chocolatería, Vianne ha cambiado su nombre por el de Yanne y regenta una confitería en el barrio parisino de Montmatre, donde quiere pasar inadvertida.
Su vida en París es monótona y convencional, tanto como su novio Thierry, y cree que casándose con él aportará estabilidad y normalidad a su vida, a la de su hija Annie, que ahora tiene 10 años, y a la de la pequeña Rosette.
Yanne, sola en la gran ciudad, encuentra en la joven Zozie una buena amiga hasta que se ve obligada a despertar sus poderes dormidos en la víspera de su boda, momento en que su viejo amor Roux reaparece en su vida.
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Es gracioso lo que los adultos le dicen a los niños. No hay ningún problema. Todo se resolverá. No te responsabilizo, fue un Accidente…, pero mientras Thierry estuvo aquí pensé que cuando me había reunido con Roux en la tumba de Dalida estaba muy malcarado y que lo había señalado con la Mazorca de Maíz para proporcionarle riqueza y buena suerte…

Ahora me pregunto qué he hecho. Prácticamente lo veo con la imaginación: el último cheque que Thierry le extendió, Roux diciendo «tengo varias cosas que resolver» y añadiendo un cero a la cifra…

Es absurdo, por supuesto. Roux no es un ladrón. Tal vez un puñado de patatas del borde de un sembrado, algunas manzanas de un huerto, maíz a la vera de un camino, un pez de un estanque privado…, pero jamás cogería dinero y, menos aún, así.

Vuelvo a hacerme preguntas. ¿Y si se trata de una venganza? ¿Y si intentó desquitarse de Thierry? Por si eso fuera poco, ¿y si lo hizo por Rosette y por mí?

Para una persona como Roux, mil euros es un dineral. Tal vez con esa cifra se puede comprar un barco. También puedes asentarte, abrir una cuenta bancaria, ahorrar dinero para la familia…

En ese instante recordé lo que mamá había dicho: Roux hace lo que le da la gana, siempre lo ha hecho. Vive todo el año en el río, duerme al raso y ni siquiera se siente cómodo en una casa. Nosotras no podemos vivir así.

Entonces lo supe. Es culpa mía. Con los muñecos de pinza, los deseos, los símbolos y las señales he convertido a Roux en un delincuente. ¿Y si lo detienen? ¿Y si lo encierran en la cárcel?

Mamá solía contar un cuento sobre tres seres fantásticos llamados Pic Azul, Pic Rojo y Colégram. Pic Azul se ocupa del cielo, las estrellas, la lluvia, el sol y las aves del aire. Pic Rojo cuida la tierra y todo lo que en ella crece: plantas, árboles y animales. Colégram, el más joven, está presuntamente a cargo del corazón humano, pero siempre la pifia; cada vez que intenta que alguien satisfaga el deseo de su corazón, lo único que consigue es que esa persona se haga daño. En cierta ocasión intenta ayudar a un pobre viejo y convierte las hojas otoñales en oro; el anciano se entusiasma tanto al ver el dinero que intenta meterlo en su mochila y muere aplastado por el peso. No recuerdo el final de la historia; solo sé que me apené por Colégram, que hace muchos esfuerzos y siempre mete la pata. Tal vez yo también soy así; quizá no puedo alegrar a nadie.

¡Anda ya, tío! ¡Todo iba tan bien…! De todas maneras, en seis días pueden ocurrir muchas cosas y el viento aún no ha dejado de cambiar. Sea como fuere, es demasiado tarde. Ya no podemos detenernos. Hemos llegado demasiado lejos como para dar media vuelta y huir. Creo que será suficiente con una invocación más, con otra apelación al Viento del Cambio. Tal vez la última vez confundimos algún elemento: un color, una vela, un trazo en la arena. Esta vez Rosette y yo lo enderezaremos definitivamente.

11

Martes, 18 de diciembre

Thierry se presentó a primera hora de la mañana y volvió a preguntar por Roux. Por lo visto, cree que este asunto cambiará las cosas entre nosotros y que, al desacreditar a Roux, de alguna manera recuperaré mi confianza en él.

Está claro que las cosas no son tan fáciles. He intentado explicarle que no tiene nada que ver con Roux, pero Thierry no ceja en su empeño. Tiene varios amigos en la policía y ha utilizado su influencia para llamar la atención más de lo necesario sobre este caso de fraude, en realidad poco importante. Al igual que el flautista de Hamelín en la ladera de la colina, para no perder la costumbre Roux se ha esfumado.

Antes de irse, Thierry me lanzó una última y ponzoñosa información, probablemente obtenida a través de su amigo de la gendarmería:

– La cuenta que utilizó para cobrar el cheque está a nombre de una mujer -declaró, y me dirigió una sonrisa ladina y triunfal-. Por lo visto, tu amiguito no actúa solo.

Hoy volví a ponerme el vestido rojo. Ya sé que no es lo habitual, pero la escena con Thierry, la desaparición de Roux y el día gris y presagioso de nieve me llevaron a anhelar algo estimulante.

Tal vez tuvo que ver con el vestido o con un vestigio salvaje del viento pero, a pesar de mi ansiedad y a pesar de todo (las palabras de Thierry, el dolor de corazón cada vez que pienso en Roux, mis noches sin pegar ojo y mis temores), me percaté de que canturreaba mientras trabajaba.

Es como si hubiese pasado página. Creo que, por primera vez en años, me siento libre: libre de Thierry e incluso de Roux; libre para ser quien quiera…, aunque en realidad no sé quién quiero ser.

Zozie había salido y pasaría la mañana fuera. Me encontré sola por primera vez en semanas, si exceptuamos a Rosette, totalmente entregada a su caja de botones y a su cuaderno de dibujo. Casi había olvidado lo que significa estar detrás del mostrador de una chocolatería llena a rebosar, charlar con los clientes, averiguar cuáles son sus preferencias…

Hasta cierto punto, me sorprendió ver tantos habituales. Estoy al tanto de entradas y salidas mientras trabajo en el obrador de la trastienda pero, en realidad, no había reparado en que ahora vienen muchas personas: madame Luzeron, pese a que no es su día; Jean-Louis y Paupaul, atraídos por la promesa de un lugar caldeado en el que dibujar y por su creciente interés por mi pastel de café moca de varias capas; Nico, que ahora está a dieta, si bien su régimen parece incluir la ingesta de montones de macarrones; Alice, con una rama de acebo para el local y la petición de su favorito, el fudge de chocolate; madame Pinot, que pregunta por Zozie…

No fue la única. Todos nuestros clientes preguntaron por Zozie y Laurent Pinson, que se presentó limpito y brillante y me saludó con una reverencia desmedida, pareció marchitarse al reconocerme, como si el vestido rojo lo hubiese llevado a suponer que tras las caja registradora había otra persona.

– Me han dicho que celebrarán una fiesta -comentó Laurent.

Sonreí.

– Solo será una pequeña fiesta en Nochebuena.

Me dedicó su aduladora sonrisa, la misma que emplea cuando Zozie se encuentra cerca. Por ella sé que Laurent Pinson está solo, no tiene familia ni hijos con los que celebrar la Nochebuena. Aunque no me cae demasiado bien, lo compadezco y siento pena de su cuello amarillo almidonado y su sonrisa de perro famélico.

– Por supuesto, si le apetece puede reunirse con nosotras en Nochebuena, a no ser que tenga otros planes.

Pinson frunció ligeramente el ceño, como si intentase recordar los pormenores de sus cuantiosos compromisos sociales.

– Tal vez pueda asistir. Tengo mucho que hacer, pero…

Me tapé la boca con la mano para disimular la sonrisa. Laurent es la clase de hombre que necesita creer que te hace un gran favor cuando acepta que le eches una mano.

– Monsieur Pinson, nos encantaría que viniera.

Se encogió magnánimamente de hombros.

– Bueno, si insiste…

Sonreí.

– Así me gusta.

– Madame Charbonneau, si me lo permite, le diré que ese vestido le queda muy bien.

– Llámeme Yanne.

Volvió a hacer una reverencia. Percibí el aroma a gomina y a sudor. Me pregunté si eso es lo que Zozie hace cada día mientras yo confecciono bombones y si por ese motivo tenemos tantos clientes.

Entra una señora de abrigo esmeralda y compra regalos para Navidad. Sus preferidos son los bombones con capas de caramelo y se lo digo sin titubeos. Su marido disfrutará con mis corazones de albaricoque y a su hija le encantarán mis cuadrados de chocolate dorado con guindilla…

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