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Cincuenta Sombras Liberadas

Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:

La tercera entrega de la exitosa trilogía Cincuenta sombras
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
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Agito las pestañas y me retuerzo provocativamente bajo su cuerpo. Esto puede ser divertido.

– ¿En desventaja?

– Ya me tienes donde querías tenerme.

Sonríe burlón y aprieta su entrepierna contra la mía otra vez.

– Cierto, señora Grey -susurra y me da un beso en los labios.

De repente se mueve, arrastrándome con él, y rueda hasta que quedo a horcajadas sobre su cuerpo. Le agarro las manos, sujetándoselas a ambos lados de la cabeza, e ignoro el dolor de mi mano. Mi pelo cae formando un velo castaño a nuestro alrededor y yo muevo la cabeza para que las puntas le hagan cosquillas en la cara. Aparta la cara pero no intenta detenerme.

– Así que quieres jugar duro, ¿eh? -le pregunto rozando mi entrepierna contra la suya.

Abre la boca e inhala bruscamente.

– Sí -dice entre dientes y yo le suelto.

– Espera. -Extiendo la mano para coger el vaso de agua que hay junto a la cama. Christian debe de haberlo puesto allí. El agua aún está fresca y burbujeante, demasiado para llevar mucho tiempo ahí… Me pregunto cuándo habrá venido Christian a la cama.

Mientras le doy un largo trago, Christian va trazando pequeños círculos con el dedo por mis muslos, dejándome un hormigueo en la piel a su paso, antes de rodearme con las manos y apretarme el culo desnudo. Mmm…

Utilizando un truco de su impresionante repertorio, me inclino y le beso a la vez que vierto el agua fresca en su boca.

Él bebe.

– Muy rico, señora Grey -murmura y esboza una sonrisa juvenil y juguetona.

Vuelvo a poner el vaso en la mesita y le quito las manos de mi trasero para agarrárselas de nuevo junto a la cabeza.

– ¿Así que se supone que yo no quiero? -le digo con una sonrisa.

– Sí.

– No soy muy buena actriz.

Él sonríe.

– Inténtalo.

Me inclino y le doy un beso casto.

– Vale, entraré en el juego -le susurro mordisquiándole la mandíbula y sintiendo su incipiente barba bajo mis dientes y mi lengua.

Christian emite un sonido grave y sexy desde el fondo de su garganta y se revuelve, tirándome sobre la cama a su lado. Grito por la sorpresa. Ahora está encima de mí y yo empiezo a resistirme mientras él trata de cogerme las manos. Le planto las manos con brusquedad en el pecho y le empujo con todas mis fuerzas, intentando moverle, mientras él se esfuerza por separarme las piernas con su rodilla.

Sigo empujándole el pecho (Dios, ¡cómo pesa!), pero él ni se inmuta ni se queda petrificado como le pasaba antes. ¡Está disfrutando con esto! Sigue intentando cogerme las muñecas y por fin consigue atraparme una, a pesar de mis feroces esfuerzos por liberarla. Es la mano que me duele, así que no forcejeo, pero con la otra le cojo del pelo y tiro con fuerza.

– ¡Ah! -Mueve la cabeza bruscamente para liberarse y me lanza una mirada feroz y carnal-. Salvaje… -me susurra. Su voz tiene un tono de placer lujurioso.

Mi libido explota como reacción a esa palabra susurrada y dejo de fingir. Vuelvo a luchar en vano para que me suelte la mano y a la vez intento entrelazar los tobillos y tirarlo para que ya no esté encima de mí. Pero pesa demasiado. ¡Arrrggg! Es frustrante. Y excitante.

Con un gruñido, Christian me atrapa la otra mano. Me agarra las dos muñecas con su mano izquierda mientras la derecha desciende por mi cuerpo, lenta, casi insolentemente, acariciando y sintiendo según baja, dándole un pellizco a uno de mis pezones a su paso.

Chillo en respuesta y relámpagos de placer breves, agudos y calientes viajan desde mi pezón a mi entrepierna. Hago más intentos infructuosos de quitármelo de encima, pero él se mantiene demasiado firme sobre mí.

Cuando trata de besarme, giro la cabeza a un lado para que no pueda hacerlo. Su mano insolente pasa del dobladillo de mi camiseta a mi barbilla para sujetarme la cabeza mientras me mordisquea la mandíbula como yo he hecho antes con él.

– Oh, nena, sigue resistiéndote -murmura.

Me retuerzo y me revuelvo, intentando liberarme de su sujeción despiadada, pero no sirve de nada. Es mucho más fuerte que yo. Ahora me está mordiendo suavemente el labio inferior mientras su lengua trata de invadir mi boca. Y me doy cuenta de que no quiero resistirme. Le deseo… Ahora igual que siempre. Dejo de forcejear y le devuelvo el beso apasionadamente. No me importa no haberme lavado los dientes. Ni que se suponga que estamos jugando a algo. El deseo, caliente y duro, llena mi torrente sanguíneo y ya estoy perdida. Separo los tobillos y le rodeo la cadera con las piernas. Uso los talones para bajarle el pijama por el culo.

– Ana… -jadea y me besa por todas partes.

Y ya dejamos de pelear para ser todo manos y lenguas, sabor y contacto rápido, urgente.

– Piel -susurra con voz ronca y la respiración trabajosa.

Me levanta y tira de mi camiseta para quitármela en un solo movimiento rápido.

– Tú -le digo yo mientras estoy erguida.

Eso es todo lo que soy capaz de articular. Le cojo la parte delantera del pantalón del pijama y se la bajo de un tirón para liberar su erección. Se la agarro y se la aprieto. Está muy duro. Suelta el aire entre los dientes e inhala bruscamente y yo disfruto al ver su respuesta.

– Joder -susurra.

Se echa hacia atrás, alzándome los muslos e inclinándome un poco hacia la cama mientras yo tiro y le aprieto con fuerza, subiendo y bajando la mano. Noto una gotita de humedad en la punta y la esparzo con el pulgar. Cuando me baja hasta el colchón me meto el pulgar en la boca para saborearle mientras su mano asciende por mi cuerpo acariciándome las caderas, el estómago y los pechos.

– ¿Sabe bien? -me pregunta cuando se cierne sobre mí con los ojos en llamas.

– Sí, mira.

Le meto el pulgar en la boca y él lo chupa y me muerde la yema. Gimo, le cojo la cabeza y tiro de él hacia mí para poder besarle. Le envuelvo con las piernas y le bajo el pijama por las suyas empujando con los pies. Después vuelvo a rodearle la cintura con ellas. Sus labios pasan de mi mandíbula a mi barbilla y ahí me da un mordisco suave.

– Eres tan preciosa… -Baja la cabeza hasta la base de mi garganta-. Tienes una piel tan bonita…

Su respiración es suave y sus labios se deslizan hasta mis pechos.

¿Qué? Jadeo, confundida. Estoy necesitada, pero ahora me hace esperar. Creía que iba a ser rápido.

– Christian… -Oigo la suave súplica de mi voz y bajo las manos para enterrárselas entre el pelo.

– Chis… -me susurra y me rodea un pezón con la lengua antes de metérselo en la boca y tirar con fuerza.

– ¡Ah! -gimo y me retuerzo, inclinando un poco la pelvis para tentarle. Sonríe contra mi piel y pasa a centrarse en el otro pecho.

– ¿Impaciente, señora Grey? -Vuelve a chuparme el pezón con fuerza. Yo le tiro del pelo. Él gruñe y levanta la vista-. Te voy a atar -me amenaza.

– Tómame -le suplico.

– Todo a su tiempo -dice contra mi piel.

Su mano baja a una velocidad insultantemente lenta hasta mis caderas mientras sigue ocupándose del pezón con la boca. Gimo con fuerza, mi respiración es rápida y poco profunda e intento volver a animarle a entrar en mí moviendo la cadera y apretándome contra él. Él está duro, muy cerca y pesa, pero se está tomando su tiempo conmigo.

¡Que le den! Me pongo otra vez a pelear y me retuerzo, decidida a quitármelo de encima.

– Pero ¿qué…?

Christian me coge las manos y me las aprieta contra la cama con los brazos totalmente abiertos y apoya todo el peso de su cuerpo sobre mí, dominándome completamente. Estoy sin aliento y como loca.

– Querías resistencia -le digo jadeando.

Él se levanta sobre mí y me mira, con las manos todavía agarrándome las muñecas. Le coloco los talones en el culo y empujo. No se mueve. ¡Arrrggg!

– ¿No quieres que juguemos con calma? -me pregunta asombrado, con los ojos encendidos por la excitación.

– Solo quiero que me hagas el amor, Christian.

¿Cómo puede ser tan obtuso? Primero peleamos y luchamos y después todo es ternura y dulzura. Es confuso. Estoy en la cama con el señor Temperamental.

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