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Esclavos de la oscuridad

Электронная книга - «Esclavos de la oscuridad». Краткое содержание книги:

Una novela deslumbrante que explora el filo entre la vida y la muerte, lo divino y lo satánico.
Tras el intento de suicidio de su mejor amigo, un policía decide investigar las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. En el camino a la verdad descubrirá prácticas satánicas, drogas africanas y una serie de asesinatos horrendos sin explicación. Las víctimas comparten solo una cosa en común: experimentaron la muerte. ¿Cómo puede revivir alguien clínicamente muerto? ¿Qué ocurre si en vez de ver la luz, vio las tinieblas?
Una novela diabólica con todos los ingredientes para convertirse en un éxito y una referencia del género, por el maestro del thriller e indiscutible que nos acerca a una de las realidades más sorprendentes e intranquilizantes de la medicina moderna: las experiencias de muerte inminente.
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Encendí un cigarrillo y observé nuevamente las fotografías. Agostina, once años y medio, en la cama del hospital. Agostina sobre una silla de ruedas, rodeada por el comité de apoyo de Paterno. Agostina en Lourdes, formando parte de un gran cortejo de discapacitados.

Decididamente, la enfermera era un buen reclamo para los periodistas de L’Ora. Objeto de un milagro a los doce años, asesina a los treinta; una situación que no tenía nada de trivial. Mientras exhalaba una larga bocanada de humo, reflexioné. Presentía una lógica interna detrás de la contradicción de los hechos. Era imposible que acontecimientos tan antitéticos fueran solo fruto del azar.

Pasé al segundo sobre: abril de 1996.

L’Ora, 12 de abril de 1996

¡el milagro de agostina por fin reconocido!

Después de doce años de investigación, la diócesis de Catania y la Santa Sede reconocen que Agostina Gedda fue objeto de un auténtico milagro.

Una noticia que se esperaba desde hace casi doce años. En Sicilia, nadie ha olvidado la historia de Agostina Gedda, curada de una gangrena mortal en el espacio de una noche después de su peregrinación a Lourdes. Todo el mundo en Catania creía en el milagro, pero los miembros de la Iglesia católica expresaban sus reservas. Monseñor Corsi, arzobispo de Catania, había advertido: «Debemos ser muy prudentes. La Iglesia no desea dar falsas esperanzas a los creyentes. Y la medicina no es el terreno de la Iglesia. Para pronunciarnos, debemos llamar a otros especialistas, y sus exámenes llevarán años».

Doce años, nada menos, es lo que se ha necesitado para que un comité de expertos internacionales designado por la Santa Sede y, más tarde, una comisión del Vaticano, decidan finalmente sobre el milagro. En primer lugar, la curación ha sido ratificada no solo por un hospital de Catania sino también por la Oficina de Constataciones Médicas de Lourdes.

El doctor Ducholz, director de la Oficina, explica: «Antes de proclamar una “curación súbita e inexplicable”, debemos estar seguros del carácter incurable de la enfermedad y de la ausencia de tratamiento durante el proceso. Cuando la persona parece curada, esperamos varios años, de modo que podamos tener la seguridad de que la recuperación es definitiva. Solo entonces, en colaboración con la Iglesia, sometemos el expediente al Comité Médico Internacional, que reúne a una treintena de médicos, neurólogos y psiquiatras de todas las nacionalidades, sean católicos o no. Al término de un estudio en profundidad, esos especialistas aceptan o no el carácter inexplicable de la curación».

Una vez que los médicos han aceptado los hechos, la Santa Sede ha retomado el expediente y se ha encargado de la parte espiritual del mismo. Monseñor Perrier, obispo de Lourdes, comenta: «Para la Iglesia, la curación física es solo uno de los aspectos del milagro. Es el signo exterior de una curación más profunda sobre el plano espiritual. Es por ello por lo que siempre seguimos la evolución psicológica de la persona curada. Por ejemplo, rechazaríamos el caso de una persona que quisiera sacar dinero de su experiencia o que no manifestara ninguna fe después de su curación. En la mayoría de los casos, los que han sido objeto de un milagro tienen un itinerario espiritual sin fisuras, lo que demuestra que también han accedido a un estado superior».

Agostina Gedda responde a ese perfil. A lo largo de los años, la niña se ha convertido en enfermera y nunca ha dejado de ir a Lourdes para ayudar a los enfermos y a los peregrinos. Según la opinión general, Agostina es un ser lleno de dulzura, que no cesa de ayudar al prójimo.

Cuando la conoces te quedas asombrado por su discreción y su humildad. Hoy en día, con veinticuatro años, irradia una verdadera luz interior. Afincada en Paterno, comparte su vida con Salvatore, su marido, que trabaja de electricista. Ambos llevan una vida sencilla; viven de alquiler en un apartamento del CEP (Conzorzio Edilizia Popolare), una de las urbanizaciones de viviendas sociales de Paterno.

Hoy que su milagro ha sido reconocido oficialmente, ¿cómo vive Agostina sabiendo que es una elegida de Dios? Ella sonríe, algo confundida: «Mi curación no es una casualidad, pero al mismo tiempo, nada puede explicar esta intervención divina. Yo era una niña como cualquier otra. Apenas rezaba y tenía una visión muy ingenua de la religión. Después he pensado mucho en este misterio. Creo que, finalmente, mi historia es coherente con las Sagradas Escrituras. Yo era corriente, anónima entre los anónimos. Y es precisamente por eso, creo yo, por lo que la Virgen María me ha elegido. Una niña ha sido salvada, eso es todo».

La mujer de dos caras. Un título perfecto para una película. Mitad ángel, mitad demonio. ¿Cómo explicar que Agostina, elegida por Dios, se convirtiera en la zumbada torturadora de su marido? Otra vez, esa sensación extraña. Por un lado, los dos hechos no encajaban: eran completamente contradictorios. Por el otro, debía de existir un vínculo, todavía inconcebible, entre el milagro y el asesinato.

Por el momento, solo advertí un atisbo de respuesta a una pregunta pendiente: la unita16. ¿Por qué se interesaba Luc en esta asociación de peregrinaciones? Porque Agostina había viajado con la fundación. Hasta se había convertido en voluntaria asidua. ¿Qué buscaba Luc en el seno de esa organización?

Pasé a las fotos del sobre. Agostina a los quince o dieciséis años, haciendo una reverencia al papa Juan Pablo II. Agostina a los veinte años, empujando una silla de ruedas entre la multitud de Lourdes, llevando el velo azul de los voluntarios de la ciudad mariana. Finalmente, Agostina en su trabajo: tímida sonrisa y bata blanca. Una santa. Un ejemplo de humildad, que paseaba su bondad y su compasión por una vida cotidiana sin historia.

La una del mediodía.

Todavía sin novedades de Michele Geppu, el jefe de policía. Estaba solo en aquella gran sala, escondido en el pasado, al abrigo del presente: de la erupción, del estado de emergencia que chisporroteaba sobre mi cabeza.

Volví a los casilleros y di con el sobre «2000» de Agostina. Nada nuevo. El cuerpo de Salvatore encontrado en una obra. Agostina detenida en su casa. Su confesión completa pero sin una palabra sobre el móvil. Semejante sumario debería haberse concluido rápidamente. Sin embargo, Agostina seguía esperando el juicio. El procedimiento se dilataba. Intuí que sus defensores, los famosos abogados de la Santa Sede, habían puesto su grano de arena.

Había todavía más fotos del cuerpo tal como se había descubierto. Conocía las de Sylvie Simonis pero esas tampoco estaban nada mal. Miembros roídos hasta el hueso. Un hormiguero de larvas. Torso destrozado por las heridas. Crucifijo en la boca. Los equipos técnicos, todos con mascarilla, parecían titubear ante el cuerpo hediondo.

Alcé la vista; el archivero seguía la evolución del Etna, pegado a un pequeño televisor. Discretamente, deslicé las fotos bajo mi abrigo. En la guerra, como en la guerra. Una foto del cuerpo torturado, la foto antropométrica de Agostina y otra con su velo azul, en la que tenía un aire angelical. Clasifiqué los sobres nuevamente por orden cronológico y los coloqué sobre el mostrador. Saludé con la mano al amo del sótano.

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