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Электронная книга - «Morir por ti». Краткое содержание книги:

Adria Nash ha regresado a Oregón para reclamar su vida y probar que es, realmente, London Danvers, la niña secuestrada hace veinte pos en la magnífica residencia familiar. El poderoso clan Danvers la rechaza, la toman por una cazafortunas. Una impostora. Pero el arrogante e irresistible Zachary Danvers no tardará mucho en cambiar le opinión… Una imparable atracción surge entre ambos, una pasión prohibida pues, si Adria es realmente quien dice ser, ambos son hermanastros. Y mientras la pasión les consume, ella descubre un secreto que puede sacudir su vida y poner en peligro su herencia, para conservar lo que es suyo, Adria tendrá que revelar sus secretos más íntimos, incluso si ello significa perder a Zach y el amor que ella valora por encima de todas las cosas…
Lisa Jackson nació en una pequeña ciudad al pie de las Cascades, en el noroeste de EE.UU., y no se dedicó por completo a la escritura [asta que su hermana la animó a ello y a llevar a un editor su primer libro. Desde entonces son más de cincuenta los libros publicados por esta autora, dama de la novela romántica de suspense y presente en las listas de best-sellers más prestigiosas.
Existen secretos que una mujer nunca debería revelar
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– ¿Y qué piensas que debemos hacer? -preguntó Zach incapaz de descifrar la expresión de su hermano menor. Zach nunca lo había entendido, ni siquiera cuando Nelson no era más que un muchacho.

– ¡Mierda, no tengo ni idea de lo que debemos hacer! Por eso estoy aquí.

– Pues tú eres quien pretende convertirse en un gran alcalde -dijo Zach antes de acercarse la botella de Coors a los labios.

– Gobernador -aclaró Nelson.

Trisha acercó un encendedor a su cigarrillo.

– ¿Y qué piensas tú que podemos hacer, Zach?

– Dejarla en paz. Y esperar a que el juego se le vaya de las manos.

Trisha se rió en medio de una nube de humo.

– El que a ti no te importe este asunto no quiere decir que a los demás nos traiga sin cuidado.

– ¿Tienes alguna idea mejor?

– Alquilar a un matón. -Trisha cruzó las piernas y se echó hacia atrás sobre los mullidos cojines del sofá.

– ¡Ni pensarlo! -le soltó Nelson.

– ¡Cielos! ¿Es que no sabes reconocer cuándo estoy bromeando? -Trisha miró hacia otro lado, pero Zach pudo ver una extraña sombra en su mirada, algo que ella disimuló al momento.

– Nadie es capaz de darse cuenta de cuándo estás bromeando, Trisha. Ni siquiera tú -dijo Nelson, enfrentándose a su hermana.

– Eres muy listo, Nelson. Muy listo.

Nelson se pasó ambas manos por el pelo.

– Lo mejor es que nos andemos todos con cuidado. La chica acaba de recibir dos anónimos amenazadores y cierto maldito paquete del que no me quiso contar nada -dijo Nelson.

– Qué bonito -ronroneó Trisha, pero Zach notó que todos los músculos de su cuerpo se ponían en tensión.

– ¿Qué quieres decir?

Mientras Nelson les relataba la conversación que había mantenido con Adria, a Zach se le heló el corazón. ¿Alguien estaba amenazando a Adria? Pero ¿quién? Solo las personas que había en aquella habitación, y su madre y la familia Polidori, sabían dónde estaba alojada. No, eso no era así; estaban también los criados que habían podido oír las llamadas telefónicas, y también el investigador privado que Jason había puesto tras sus huellas. Trisha, con una expresión indescifrable, aplastó su cigarrillo en un cenicero de cristal.

– ¿A alguno de vosotros se le ha ocurrido pensar que Adria podría ser quien dice que es? Puede que sea realmente London, y si es así todos nosotros estamos de mierda hasta las orejas y sin una pala con que recogerla.

– London está muerta-dijo Jason, dando por zanjado el asunto.

– ¿Cómo estás tan seguro? ¿Cómo podemos saberlo? -preguntó Trisha.

– Todos lo sabemos. Obviamente, murió hace muchos años y si no es así hay una posibilidad entre un millón de que todavía esté viva en alguna parte, inconsciente del hecho de que es una Danvers.

– O puede que ya haya descubierto quién es -dijo Zach, dirigiendo lentamente su mirada a cada uno de los miembros de la familia.

– Es como una mosca en el culo -dijo Trisha mientras se levantaba del sofá- Sabes una cosa, odio todo esto. No soporto cuando alguien se presenta aquí afirmando que es London, la princesita de Witt Danvers. Así es como él la llamaba, ¿sabéis? -Dirigió sus ojos sombríos hacia Zach-. Te acuerdas, ¿no es verdad? Ella era lo único que le interesaba. Cualquiera de nosotros podría haber desaparecido de la faz de la tierra y él ni siquiera habría parpadeado. Pero si se trataba de London… ah, entonces todo era muy importante.

– Tiene que estar muerta -dijo Jason.

– Puede que alguno de nosotros la matara -añadió Zach sin poder evitar morder el anzuelo.

– Por Dios, Zach, ¿sabes lo que estás diciendo? ¿Cómo te atreves ni siquiera a pensarlo? -Nelson se arremangó las mangas de su suéter mientras dirigía la mirada a cada uno de sus hermanos-. Mirad, discutir entre nosotros no nos va a llevar a nada bueno. Lo que tenemos que hacer es encontrar una manera de desacreditarla. Me ha asegurado que si descubrimos que de verdad ella no es London se marchará de aquí.

– ¿Y tú la has creído? -preguntó Trisha con una larga risita sofocada-. Cielos, Nelson, eres realmente un ingenuo, ¿lo sabías? Cuanto más pienso en ello, más convencida estoy de que eres el perfecto funcionario.

– Basta ya-le ordenó Jason-. Tengo a Sweeny investigando su historia y a un hombre que la sigue a todas partes. Si tiene un cómplice, nos enteraremos enseguida. -¿Sweeny? -dijo Zach enfadado. Había sospechado que Jason podría haber hecho que siguieran a Adria, pero Oswald Sweeny era un tipo tan poco de fiar que sería capaz de vender a su propia madre si el precio era lo suficientemente alto.

– Ha hecho muy bien su trabajo.

– Es un jodido lameculos -dijo Trisha. Por una vez, Zach estuvo de acuerdo con su hermana, pero ahora no tenía tiempo de discutir con Jason su manera de elegir a los detectives privados.

Zach se volvió hacia su hermano pequeño. Nelson parecía increíblemente nervioso, como si estuviera drogado.

– ¿Los anónimos que recibió eran auténticos? -preguntó Zach, forzándose a pensar con un poco de lógica. Por una parte, tenía ganas de despedazar uno a uno a todos sus hermanos por los despectivos comentarios que hacían sobre Adria, y por otra, se sentía como un tonto por confiar en ella, aunque fuera un poco.

– ¿Adonde quieres llegar? -preguntó Nelson, mirándole con expresión interrogante.

– Puede que los haya escrito ella misma.

– ¿Para qué? -preguntó Nelson. -Para ganarse la simpatía de la gente -contestó Zach mientras despegaba la etiqueta de su botella.

– Eres un poco retorcido, ¿no te parece? -dijo Trisha.

– Espera un momento. ¿Por qué no? -preguntó Jason, dándole vueltas a aquella idea-. Es lo suficientemente inteligente para haber escrito ella misma las notas. Mierda, es verdad, probablemente eso es lo que ha hecho. -En sus ojos se reflejaba una auténtica admiración.

– O de lo contrario puede que esté en peligro -pensó Zach en voz alta y aquella idea hizo que se estremeciera hasta los huesos-. ¿Por qué no me dices dónde se aloja?

– Ha alquilado una habitación en el Orion -le informó Nelson-. No sé el número de habitación.

«El Orion.» No había vuelto a estar en aquel hotel desde la noche del secuestro. Y jamás había podido pasar por delante de aquella fachada de cemento sin tener la sensación de que el tiempo corría hacia atrás, y le llevaba hasta aquella horrible noche en que le dieron una paliza -dejándolo casi muerto- que acabó por convertirle en sospechoso del secuestro de su hermana. -¿Quién más sabe que está allí? Nelson se mordió el labio inferior.

– Probablemente lo sepan ya la mitad de los habitantes de Portland. Demonios, Zach, ¿no me has oído? ¡Me dijo que estaba dispuesta a ir a la prensa y a la policía! ¿No sabes lo que podría pasar? Esto va a ser un circo…

– ¿Por qué te preocupas tanto? -le preguntó Trisha a Zach, mientras sacaba otro cigarrillo del paquete-. Como ya he dicho, nunca te ha importado una mierda lo que le pasara a la familia.

– Y sigue sin importarme.

– Pues parece que te haya picado el gusanillo, ¿no crees? -Golpeó el filtro de su cigarrillo en el encendedor-. Sabes una cosa, Zach, si no te conociera tan bien, pensaría que estás interesado en Adria. Románticamente hablando.

El no se molestó en contestar.

– Como con Kat. No pudiste apartar tus manos de ella, aunque sabías que aquello era un suicidio. -Trisha se quedó mirando el dorado filtro de su cigarrillo como si allí estuvieran todas las respuestas a todos los enigmas del universo-. No me gustaría pensar que esta copia de Kat haya puesto ya sus garras en ti.

Zach forzó una fría sonrisa.

– Por todos los demonios, Trisha, me parece que aquí la única que tiene garras eres tú.

Ella lo miró con el ceño fruncido a través de una nube de humo.

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