La Casa De Riverton
- Автор: Morton Kate
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «La Casa De Riverton». Краткое содержание книги:
En el verano de 1924 todo es felicidad en la mansión de Riverton Manor… hasta la noche de la fiesta. Toda la alta sociedad se está divirtiendo entre el glamour y la elegancia del paraje. Pero en medio de la noche se escucha un disparo. El joven poeta Robbie Hunter se ha quitado la vida a orillas del lago de la mansión. Las hermanas Hartford, Hannah y Emmeline, serán las únicas testigos y se convertirán además en las protagonistas de toda la prensa del momento.
Unas cuantas décadas después, en 1999, Grace Bradley, la que fuera en su día doncella en Riverton Manor, recibe la visita de una joven directora de cine que está preparando una película sobre el suicidio del poeta. Tras años de silencio y olvido, los fantasmas del pasado empiezan a aflorar; y un terrible secreto intenta abrirse paso, un secreto que Grace no ha podido borrar jamás de su memoria. Los recuerdos siguen vivos en esta novela llena de amor, celos, odios y rivalidades, recuerdos que se gestaron en un verano de los decadentes años veinte.
– ¡Papá!
Hubo una pausa. Los resortes de la cama rechinaron. La voz del señor Frederick indicaba que había cambiado de posición. Supuse que se había sentado a los pies de la cama de Hannah.
– No te sientas obligada a hacerlo. Hay otras maneras.
– No sé de qué hablas…
Los resortes volvieron a rechinar. El estaba nuevamente de pie.
– La mera idea de que vivas entre esa gente me hace hervir la sangre. No, es imposible. Debí haber intervenido antes de que todo el asunto se me fuera de las manos.
– Pa…
– No supe detener a tiempo a David, pero no pienso cometer dos veces el mismo error.
– Pa…
– No voy a permitir que tú…
– Papá -logró articular Hannah con una firmeza desconocida-. He tomado mi decisión.
– Cámbiala -bramó su padre.
– No.
Temí por ella. El temperamento del señor Frederick era ya una leyenda en Riverton. Se había negado a cualquier tipo de comunicación con David cuando su hijo se atrevió a desobedecerlo. ¿Qué haría frente a la abierta rebeldía de Hannah?
– ¿Le dirías que no a tu padre? -preguntó con la voz temblorosa, lívido de furia.
– Sí, si creo que está equivocado.
– Eres una tonta empecinada.
– Como tú.
– Debido a tu insensatez, mi niña. Tu fuerza de voluntad siempre me ha llevado a ser indulgente, pero esto no lo toleraré.
– No es tu decisión, papá.
– Tú eres mi hija y harás lo que yo diga. -Tras una breve pausa, un involuntario matiz de desesperación coloreó su ira-. Te ordeno que no te cases con él.
– Papá…
– Cásate con él -el volumen de su voz se incrementó- y no serás bien recibida aquí.
Al otro lado de la puerta, me sentí horrorizada y asustada. Si bien comprendía los sentimientos del señor Frederick y compartía su deseo de conservar a Hannah en Riverton, también sabía que las amenazas no eran el modo de lograr que ella cambiara de idea.
– Buenas noches, papá -dijo por fin Hannah con absoluta firmeza.
– Tonta -le espetó su padre con el tono desconcertado de quien aún no puede creer que ha perdido la partida-. Niña obcecada y tonta.
Oí que sus pasos se acercaban y me apresuré a levantar la bandeja del suelo. Me disponía a alejarme de la puerta cuando Hannah dijo:
– Me llevaré a mi criada cuando me vaya. -Mi corazón dio un vuelco. Ella continuó-. Myra se ocupará de Emmeline.
Yo estaba increíblemente complacida y feliz. Apenas si oí la réplica del señor Frederick.
– Ella lo apreciará -declaró, y cerró la puerta con tanta furia que por poco se me cae la bandeja mientras corría hacia la escalera-. Dios sabe que no la necesito aquí.
¿Por qué Hannah se casó con Teddy? ¿Lo amaba? Tal vez. Era joven e inexperta. ¿Con qué podía comparar sus sentimientos?
¿Creería, tal vez, que el matrimonio era su billete a la libertad? Sin duda. Lady Clementine, con ayuda de Fanny, se había ocupado de que así fuera.
Algunos pensaron que abandonaba un barco que se hundía. Pero los que murmuraban no la conocían. Ella estaba salvando el barco. O al menos, así lo creía. ¿Pensaba también en Emmeline? Según me dijo, se lo había prometido a David el día que se fue a la guerra. Considerando la situación del señor Frederick, el matrimonio con Teddy era una forma de cuidar a Emmeline. De asegurarle un futuro de relaciones y comodidad.
Hannah veía en el matrimonio una solución y así fue. Pero la forma en que las cosas se resolvieron no se ajustó a lo que ella había previsto.
De todos modos, para los menos cercanos la unión era perfecta. Simion y Estella Luxton estaban encantados, y lo mismo ocurría con el personal de servicio de Riverton. Incluso yo estaba feliz, dado que sabía que los acompañaría. Lady Violet y lady Clementine lo habían aprobado. A pesar de toda su rebeldía juvenil, Hannah iba a casarse y sin duda Teddy era mejor que cualquier otro candidato.
La boda se celebró un lluvioso sábado de marzo de 1919 y una semana después partimos hacia Londres. Hannah y Teddy en el automóvil que iba delante. Yo viajé en el segundo con el mayordomo de Teddy y el ajuar de Hannah.
El señor Frederick permaneció de pie en la escalera, rígido y pálido. Desde mi asiento del coche, sin que él pudiera verme, tuve, por primera vez, la oportunidad de observar detenidamente su rostro. Era un hermoso rostro patricio, aunque el sufrimiento lo había privado de expresión.
A su izquierda estaba alineado el personal, en orden de jerarquía descendente. Incluso Nanny había sido desenterrada del cuarto de los niños y estaba de pie junto al señor Hamilton, que la doblaba en estatura, derramando silenciosas lágrimas en un pañuelo blanco.
Sólo Emmeline faltó. Se había negado a ver partir a su hermana. No obstante, la vi justo antes de nuestra partida. Distinguí su pálido rostro detrás de uno de los ventanales del cuarto de los niños. Al menos me pareció verla. Tal vez fuera un efecto de la luz. O el fantasma de alguno de los niños que vagaban eternamente por esa habitación.
Ya me había despedido de mis compañeros y de Alfred. Desde aquella noche en la escalera del jardín habíamos hecho tímidos intentos de reparar el daño que mutuamente nos habíamos causado. Por aquellos días ambos éramos cautos, Alfred me trataba con una amable prudencia, que casi le hacía tan distante como su irritación. No obstante, le prometí que le escribiría. Y había obtenido de él la promesa de que también lo haría. Me había despedido de mi madre la semana anterior a la boda, cuando me entregó un paquete con algunas cosas: un chal que había tejido unos años antes y una bolsa con agujas e hilos para que pudiera seguir con mi costura. Enternecida, le di las gracias efusivamente, pero ella se encogió de hombros alegando que ya no le servían. No tenía probabilidad de usarlas, sus dedos estaban agarrotados e inútiles. Durante esa última visita me había preguntado sobre la boda, la fábrica del señor Frederick y la muerte de lady Violet. Me sorprendió que no le afectara la muerte de su antigua ama, puesto que sí lo sintió cuando supo que la esposa del señor Frederick había muerto. Esta vez su frialdad, su falta de emoción, indicaba todo lo contrario.
Pero en ese momento no quise preguntar, en mi mente no había lugar más que para Londres.
A lo lejos retumban los tambores. Me pregunto si tú también los oyes.
Has sido paciente y ya no tendrás que esperar mucho. Porque Robbie Hunter está a punto de irrumpir de nuevo en el mundo de Hannah. Sabías que lo haría, por supuesto, porque tiene que desempeñar su papel. Esto no es un cuento de hadas, ni una historia romántica. La boda no es el final feliz de esta historia. Es simplemente otro comienzo, el interludio a un nuevo capítulo.
En un sombrío rincón de Londres, Robbie Hunter espera. Se sacude las pesadillas y saca de su bolsillo un pequeño paquete, que lleva oculto en el interior de su abrigo desde los últimos días de la guerra, cuando prometió a un amigo agonizante que lo entregaría.
PARTE 3
The Times
6 de junio de 1919
El Mercado de Bienes Raíces
la propiedad de lord sutherland
Como ya reseñara The Times en el día de ayer, la principal transacción de esta semana ha sido la venta privada, a cargo de los señores Mabbett y Edge. de la mansión Haberdeen. el hogar de los antepasados de lord Sutherland. La casa, situada en el número diecisiete de Grosvenor Square, fue vendida al empresario S. Luxton, y será ocupada por el señor T. Luxton y su flamante esposa, la honorable Hannah Hartford, hija mayor de lord Ashbury.