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Perseguidas

Электронная книга - «Perseguidas». Краткое содержание книги:

Hay muchas formas de morir, pero unas son más aterradoras que otras… Un paseo por el bosque se convierte en algo siniestro para el jefe de policía Jeffrey Tolliver y la forense Sara Linton, cuando topan con el cuerpo de una joven. Las evidencias iniciales sugieren que ha sido asustada literalmente hasta la muerte. Pero cuando Sara comienza a hacer la autopsia, algo todavía más horripilante sale a la luz… Algo que incluso conmociona a Sara. La detective Lena Adams es llamada durante sus vacaciones para resolver el caso, y la pista pronto conduce al condado vecino, una comunidad aislada, y a un terrible secreto.
Aunque la policia lo ignora, no es la primera vez que ocurre, y quizá tampoco sea la última. Aquella desdichada joven, sepultada en vida no es sólo la víctima de un crimen atroz. Para su asesino es fruto de cumplir con su obligación. Abby Bennett merecía terminar así, y también las otras, perseguidas y condenadas a pagar el precio de sus actos.
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– ¿Quieres que Brad y yo vayamos a buscar a Cole? -propuso Lena.

– Dejemos eso de momento -contestó Jeffrey, y llamó a la puerta de su despacho.

Mark les hizo señas para que pasaran.

– Estoy preparando las cosas -dijo.

– Gracias por quedarte un día más, Mark. -Jeffrey le estrechó la mano-. Me he enterado de que le estás sacando partido al servicio de habitación del Dew Drop.

Mark se aclaró la garganta y siguió ajustando los botones de su aparato.

– Comisario -dijo Lev, todo lo cómodo que cabría esperar en alguien conectado a un polígrafo-. He recibido su mensaje esta mañana. Siento no haber podido venir ayer.

– Gracias por estar aquí -dijo Jeffrey. Sacó su bloc de notas y empezó a escribir mientras hablaba-. Le agradezco que le dedique su tiempo a esto.

– La familia va a reunirse dentro de unas horas en la iglesia para rendir homenaje a Abby. -Se volvió hacia Lena-. Buenos días, inspectora -saludó en voz baja, y luego se dirigió otra vez a Jeffrey-. Me gustaría disponer de todo el tiempo posible para preparar mi alocución. Corren tiempos difíciles para todos.

Jeffrey seguía escribiendo.

– Contaba con que Cole Connolly vendría con usted.

– Lo siento -se disculpó Lev-. Cole no me ha dicho nada. Estará en el homenaje. Le pediré que venga directamente aquí cuando acabe.

Jeffrey escribía aún en su cuaderno.

– ¿No habrá funeral?

– Por desgracia, tuvimos que incinerar el cadáver. Va a ser sólo una pequeña reunión de hermandad entre los miembros de la familia para hablar de la vida de Abby y lo mucho que la queríamos. Nos gustan las cosas sencillas.

Jeffrey acabó de escribir.

– ¿No asistirán personas ajenas a la familia?

– Bueno, no es un oficio corriente; es más bien una reunión familiar. Oiga…

Jeffrey arrancó el papel y se lo dio a Mark.

– Le dejaremos marcharse cuanto antes.

Lev miró la nota, sin disimular su curiosidad.

– Se lo agradezco. -Se reclinó en la silla-. Paul no estaba de acuerdo con que yo viniera, pero me ha parecido que era mejor cooperar.

– Mark -dijo Jeffrey mientras se sentaba detrás de su escritorio-, ¿crees que estamos demasiado apretados aquí dentro?

– Esto… -Mark vaciló por un instante. Normalmente se quedaba a solas en la habitación con el interrogado, pero los resultados poligráficos no se aceptaban como pruebas en los tribunales y Ward no estaba detenido. Lena sospechaba que los detectores de mentiras servían sobre todo para intimidar a la gente. No le habría extrañado encontrarse con ratones en su interior correteando sobre ruedas al abrir uno-. Claro que no -dijo Mark-. No hay ningún problema. -Ajustó más botones y luego quitó el capuchón de la estilográfica-. Reverendo Ward, ¿está listo para empezar?

– Llámeme Lev, por favor.

– De acuerdo. -Mark tenía un cuaderno al lado del polígrafo que Lev no veía porque lo tapaba el aparato. Lo abrió y puso dentro la nota de Jeffrey-. Le recuerdo que, en la medida de lo posible, debe limitarse a contestar con un sí o un no a las preguntas. En estos momentos no necesitamos que dé explicaciones. Si considera que algo necesita una aclaración, ya hablará de ello después con el comisario Tolliver. El aparato sólo registrará las respuestas afirmativas o negativas.

Lev echó una mirada al manguito para medir la presión sanguínea en el brazo.

– Entendido.

Mark accionó un interruptor y el papel empezó a desenrollarse lentamente en el aparato.

– Por favor, intente relajarse y mire al frente.

Las agujas de colores temblaron sobre el papel cuando Lev respondió:

– De acuerdo.

Con voz neutra, Mark leyó las preguntas:

– ¿Se llama Thomas Leviticus Ward?

– Sí.

Mark señaló algo en el papel.

– ¿Vive en el 63 de Plymouth Road?

– Sí.

Otra señal.

– ¿Tiene cuarenta y ocho años?

– Sí.

Otra.

– ¿Tiene un hijo, Ezequiel?

– Sí.

– ¿Su mujer ha muerto?

– Sí.

El interrogatorio siguió con preguntas de los detalles más triviales de la vida de Lev a fin de establecer unos parámetros para la veracidad de sus respuestas. Lena no tenía ni idea de qué indicaba el vaivén de las agujas, y las señales de Mark eran un jeroglífico para ella. Sin darse cuenta, se ensimismó hasta que empezaron a hablar de lo importante.

Mark mantuvo la voz neutra e indiferente, como si siguiera preguntando a Lev sobre sus estudios.

– ¿Conoce a alguien en la vida de su sobrina Abigail que podría desearle algún mal?

– No.

– ¿Alguien ha mostrado interés sexual en Abigail, que usted sepa?

– No.

– ¿Mató usted a su sobrina Abigail?

– No.

– ¿Mostró ella interés alguna vez en una persona que usted consideró inadecuada?

– No.

– ¿Alguna vez se enfadó con su sobrina?

– Sí.

– ¿Alguna vez le pegó?

– Una, en el trasero. Es decir, sí. -Sonrió, nervioso-. Disculpe.

Mark hizo caso omiso de la interrupción.

– ¿Mató usted a Abigail?

– No.

– ¿Tuvo alguna vez contacto sexual con ella?

– Nunca. O sea, no.

– ¿Tuvo alguna vez un contacto indebido con ella?

– No.

– ¿Conoce a un hombre que se llama Dale Stanley?

Lev pareció sorprenderse.

– Sí.

– ¿Ha entrado en su garaje con él?

– Sí.

– ¿Tiene usted un hermano que se llama Paul Ward?

– Sí.

– ¿Tiene más hermanos?

– No.

– ¿Sabe dónde está su sobrina Rebecca Bennett?

Lev, sorprendido, miró a Jeffrey.

– ¿Sabe dónde está su sobrina Rebecca Bennett? -repitió Mark.

Lev volvió a mirar al frente y contestó:

– No.

– ¿Se llevó usted algo del garaje de Dale Stanley?

– No.

– ¿Enterró usted a Abigail en el bosque?

– No.

– ¿Sabe usted de alguien que hubiera deseado hacerle daño a su sobrina?

– No.

– ¿Ha estado alguna vez en el Pink Kitty?

Apretó los labios, confuso.

– No.

– Dígame si alguna vez su sobrina le ha parecido sexualmente atractiva.

Lev vaciló.

– Sí, pero… -contestó por fin.

– Sí o no, por favor -lo interrumpió Mark.

Por primera vez, Lev pareció perder un poco la compostura. Meneó la cabeza, como si se reprendiera por su respuesta,

– Necesito explicarme. -Miró a Jeffrey-. Por favor, ¿podríamos detener esto?

Sin esperar respuesta, se quitó los sensores del pecho y los dedos.

– Permítame -se ofreció Mark, que obviamente deseaba proteger su equipo.

– Lo siento. Pero… Esto es demasiado para mí.

Jeffrey hizo una señal a Mark para que permitiera a Lev desconectarse él solo del aparato.

– Intentaba ser sincero -dijo Lev-. Dios santo, qué lío.

Mark cerró su cuaderno.

– Enseguida volvemos -dijo Jeffrey a Lev.

Lena le franqueó el paso y ocupó la silla de Jeffrey cuando los dos hombres salieron a hablar.

– Yo nunca le habría hecho daño a Abby -explicó Lev a Lena-. Qué lío, qué lío.

– No se preocupe -dijo Lena, reclinándose en la silla.

Esperaba que no se le notara la suficiencia. Desde el principio había tenido la corazonada de que Lev estaba involucrado. Era sólo cuestión de tiempo que Jeffrey le sonsacara la verdad.

Lev cruzó las manos entre las rodillas y se inclinó. Se quedó así hasta que Jeffrey volvió al despacho. Empezó a hablar antes de que Jeffrey se sentara en la silla de Mark.

– Intentaba ser sincero. No quería que una mentira sin importancia lo indujera a pensar… Dios mío, lo siento. ¡Cómo la he liado!

Jeffrey se encogió de hombros como si hubiera sido un simple malentendido.

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