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Perseguidas

Электронная книга - «Perseguidas». Краткое содержание книги:

Hay muchas formas de morir, pero unas son más aterradoras que otras… Un paseo por el bosque se convierte en algo siniestro para el jefe de policía Jeffrey Tolliver y la forense Sara Linton, cuando topan con el cuerpo de una joven. Las evidencias iniciales sugieren que ha sido asustada literalmente hasta la muerte. Pero cuando Sara comienza a hacer la autopsia, algo todavía más horripilante sale a la luz… Algo que incluso conmociona a Sara. La detective Lena Adams es llamada durante sus vacaciones para resolver el caso, y la pista pronto conduce al condado vecino, una comunidad aislada, y a un terrible secreto.
Aunque la policia lo ignora, no es la primera vez que ocurre, y quizá tampoco sea la última. Aquella desdichada joven, sepultada en vida no es sólo la víctima de un crimen atroz. Para su asesino es fruto de cumplir con su obligación. Abby Bennett merecía terminar así, y también las otras, perseguidas y condenadas a pagar el precio de sus actos.
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– No se puede ayudar a una persona que no quiere que la ayuden -repitió él.

Lena asintió.

– Es verdad.

Jeffrey la miró fijamente un momento.

– Hablaré con Pat cuando venga, le diré lo que ocurre.

– ¿Crees que hará algo?

– Creo que lo intentará -contestó Jeffrey-. Quiere a su hermano. Eso es lo que la gente no entiende.

– ¿Qué gente?

– La gente que no sabe de qué va -respondió él, y se tomó su tiempo antes de explicarse-. Es difícil odiar a alguien a quien se quiere.

Ella asintió, mordiéndose el labio, sin poder hablar.

Jeffrey se puso en pie.

– Buddy está aquí -y preguntó-: ¿Estás bien?

– Esto… -empezó a decir Lena-. Sí.

– Bien -dijo él, adoptando de nuevo una actitud profesional mientras abría la puerta.

Salió del despacho y Lena lo siguió, todavía sin saber qué decir. Jeffrey se comportó como si no hubiera sucedido nada entre ellos: coqueteó con Marla, diciéndole algo de su vestido nuevo, y se inclinó para pulsar el botón y dejar entrar a Buddy en la sala de revista.

El abogado entró cojeando con una sola muleta, sin la pierna ortopédica.

A Lena el tono de voz de Jeffrey le pareció forzado, como si intentara por todos los medios fingir que no pasaba nada. Bromeó con Buddy:

– ¿Tu mujer ha vuelto a quitarte la pierna?

Buddy no estaba tan afable como de costumbre.

– Acabemos con esto de una vez.

Jeffrey se detuvo y dejó que Buddy lo precediera. Cuando empezaron a caminar, Lena vio que Jeffrey renqueaba casi a la par de Buddy. Éste también se dio cuenta, y le lanzó una mirada penetrante.

Jeffrey parecía abochornado.

– Anoche me corté en el pie.

Buddy enarcó las cejas.

– Ojo no se te infecte.

Se tocó el muñón para subrayar la advertencia.

Jeffrey palideció.

– Le he pedido a Brad que llevara a Patty a la sala del fondo.

Lena encabezó la marcha camino de la sala de interrogatorios, procurando no pensar en lo que había dicho Jeffrey en su despacho. Se obligó a concentrarse en la conversación con Buddy sobre el equipo de fútbol del instituto. A los Rebels les esperaba una temporada dura, y los dos hombres recitaron estadísticas como predicadores que leen una Biblia.

Lena oyó a Patty O'Ryan aun antes de abrir la puerta. La chica chillaba como una parca en celo.

– ¡Sacadme de aquí, coño! ¡Quitadme estas cadenas, joder, hijos de puta!

Lena se detuvo ante la puerta mientras esperaba a los otros dos. Tenía que anular la parte del cerebro que repetía una y otra vez las palabras de Jeffrey. No podía dejar que sus sentimientos siguieran interfiriendo en su trabajo. Ya la había pifiado en el interrogatorio a Terri Stanley. No podía volver a fallar. Su amor propio no se lo permitiría.

Como si le adivinara el pensamiento, Jeffrey miró a Lena con una ceja enarcada, queriendo saber si estaba en condiciones de seguir adelante. Lena movió la cabeza en un ligero gesto de asentimiento, y él, tras echar un vistazo por la ventana de la puerta, dijo a Buddy:

– Esta mañana tiene un pequeño problema con el síndrome de abstinencia.

– ¡Sacadme de aquí de una puta vez! -gritó O'Ryan a pleno pulmón, o al menos Lena confiaba en que no fuera capaz de gritar más alto; por de pronto, el cristal de la puerta temblaba.

– ¿Quieres entrar y hablar con ella a solas antes de empezar? -propuso Jeffrey a Buddy.

– Ni hablar -contestó él horrorizado-. Ni se te ocurra dejarme solo con ella, joder.

– Papá -dijo la chica, ronca de tanto gritar-. Tengo que salir de aquí. Tengo una cita, una entrevista para un trabajo. Tengo que ir o llegaré tarde.

– Tal vez antes quieras pasar por casa a cambiarte -propuso Lena al advertir que O'Ryan se había rasgado el escueto atuendo de bailarina de striptease.

– ¡Y tú cierra la puta boca, chicana de mierda! -exclamó O'Ryan, volcando toda su rabia en Lena.

– Tranquila -dijo Jeffrey, sentándose frente a ella a la mesa.

Buddy solía colocarse al otro lado con su cliente, pero esta vez tomó asiento junto a Jeffrey. Lena, que tenía muy claro que no volvería a ponerse al alcance de la chica, se quedó observando al lado del espejo, cruzada de brazos.

– Háblame de Chip -dijo Jeffrey.

– ¿Qué pasa con Chip?

– ¿Sales con él?

O'Ryan miró a Buddy en busca de la respuesta. Éste, dicho sea en su honor, no cedió ni un ápice.

– Teníamos un rollo -contestó O'Ryan.

Echó la cabeza atrás para apartarse el pelo de los ojos. Bajo la mesa, movía el pie arriba y abajo como un conejo en celo. Tenía tensos todos los músculos del cuerpo, y Lena supuso que la chica estaba en pleno mono. Había visto a suficientes yonquis con el síndrome de abstinencia en las celdas para saber que aquello debía de ser tremendamente doloroso. Si O'Ryan no fuera tan mal bicho, le habría dado lástima.

– ¿Qué quieres decir exactamente con eso de «rollo»? -preguntó Jeffrey-. ¿Os acostabais, os poníais ciegos juntos?

O'Ryan no apartaba la mirada de Buddy, como si quisiera castigarlo.

– Algo así.

– ¿Conoces a Rebecca Bennett?

– ¿A quién?

– ¿Y a Abigail Bennett?

Soltó tal resoplido de desagrado que le temblaron los orificios de la nariz.

– Es una de esas fanáticas religiosas de la granja.

– ¿Chip tuvo una relación con ella?

Se encogió de hombros, y la esposa en su muñeca tintineó contra la argolla de metal en la mesa.

– ¿Chip tuvo una relación con ella? -repitió Jeffrey.

No contestó. En lugar de eso, empezó a golpetear la argolla con la esposa.

Jeffrey se reclinó con un suspiro, como si no quisiera hacer lo que se disponía a hacer. Era obvio que Buddy se dio cuenta de la jugada y, aunque se preparó para lo que se avecinaba, no hizo nada para evitarlo.

– ¿Reconoces a Chip? -preguntó Jeffrey, y lanzó una fotografía a la mesa.

Lena alargó el cuello para ver cuál de las fotos de Chip Donner en el lugar del crimen había elegido. Eran todas espantosas, pero ésa en particular -un primer plano de la cara donde se veían los labios prácticamente arrancados- era horrenda.

– Ése no es Chip -dijo O'Ryan con una sonrisa.

Jeffrey echó otra foto.

– ¿Y éste?

Ella bajó la vista y la desvió enseguida. Lena vio que Buddy miraba fijamente la única puerta de la habitación, probablemente deseando salir de allí cuanto antes.

– ¿Y qué me dices de ésta? -preguntó Jeffrey, enseñándole otra más.

O'Ryan empezaba a admitirlo. Lena vio que le temblaba el labio inferior. Aunque la chica había llorado varias veces desde su detención, ésa era la primera que sus lágrimas le parecieron sinceras.

Estaba inmóvil.

– ¿Qué ha pasado? -susurró.

– Obviamente -contestó Jeffrey, dejando las demás fotos en la mesa-, alguien se cabreó con él.

O'Ryan subió las piernas y las encogió contra el pecho.

– Chip -susurró, meciéndose hacia delante y hacia atrás.

Lena había visto a más de un sospechoso moverse así. Era una manera de consolarse, como si con los años se hubieran dado cuenta de que no podían esperar consuelo de nadie más.

– ¿Alguien se la tenía jurada? -preguntó Jeffrey.

Ella negó con la cabeza.

– Todo el mundo apreciaba a Chip.

– A juzgar por estas fotos, yo diría que alguien no piensa lo mismo que tú. -Jeffrey esperó a que ella asimilara sus palabras-. ¿Quién sería capaz de hacerle una cosa así, Patty?

– Intentaba reformarse -dijo ella, todavía en voz baja-. Quería desengancharse.

– ¿Quería dejar las drogas?

La chica tenía la mirada clavada en las fotografías, sin tocarlas, y Jeffrey las apiló y volvió a metérselas en el bolsillo.

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