Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Merlin Y Familia». Краткое содержание книги:

El viejo Merlín de las historias de Bretaña hace posada en Galicia. Allí llegan las gentes en procura de sus saberes mágicos. Un conjunto de historias y presencias que surgen de las crónicas del medievo, de las leyendas gallegas y bretonas, creando un retablo de gentes hermanadas en el gozo vital con la carga de humor que conviene el hecho de vivir.
1 ... 3 4 5 6 7 8 9 10 11 ... 30
Перейти на страницу:

– En lo que toca a doña Simona, te dejó muchos saludos y este pañuelo bordado y media onza de oro, y quería limpiarte el chaquetón de ribetes, pero yo le dije que había que dejar secar el barro. Pasó la mano por tu pelo y dijo riéndose: "¡Le llega el lodo aquí!". Y ahora duerme otro poco, hasta que te llamen para misa, y has de saber que esta noche fuiste bautizado de segundas, que a las doce de San Juan, cada siete años bisiestos como éste, todas las fuentes del mundo echan por un instante agua del río Jordán, con la que San Juan Bautista bautizó a Nuestro Señor.

Me sonrió, y antes de salir de mi camarote contempló mi chaquetón de ribetes todo lleno de barro, colgado junto a la ventana para que más pronto secase, y con aquel aire amigo que ponía, y que yo sé que le venía de su saber del corazón de las gentes y de los sueños y soledades que cada uno lleva en la cartera de su espíritu, recuerdo que me dijo:

– ¡Muy galán te pusiste para ir al desencanto! Y la montera nueva te la encontré en el barrizal, pero tendrás que ponerle este otoño otra pluma.

Las Historias Del Algaribo

Andaba yo por aquel verano haciéndome el melancólico, como enamorado de doña Simona, que aunque no la viera me contentaba con resonar sus ojos azules, y bien la olía, suspirando, cuando el pañuelo bordado que me dejó por regalo llevaba a la nariz, y no me apetecían las fiestas, ni el San Bernabé de Quintas, que es tan sonado, ni Nuestra Señora de Meira, ni el San Bartolo de Belvís… Andaba, pues, solo y algo vagabundo, descuidado de trabajos, cuantimás que doña Ginebra iba en los baños calientes en Lugo, con Manueliña de

doncella, y mi amo se pusiera a leer nuevos libros que le mandaran de Roma, y fue el mandadero un extranjero llamado Elimos, que parece que es entre los de su casta señal de gente maga llamarse así, desde un tal Elimas que riñó con San Pablo. No era cristiano ni tampoco probaba tocino ni vino, pero en cambio le gustaba el café, y fumaba continuo en una pipa larga muy trabajada. Mientras mi amo escogía los libros que iba a comprar, y que el Elimas trajera a lomos de una burra leonesa en una cesta forrada, pasaron dos días y yo amisté algo con el algaribo, que le portaba a la cama el chocolate con bizcocho, le llevé la burra a herrar al Villar, y claveteé de nuevas sus zuecos. Lo que más gracia me hacía del señor Elimas eran los calzones bombachos de paño verde, y la cortesía que tenía de descalzarse al entrar en casa.

– Llevo -me dijo- más de veinte años viajando libros secretos y de arte alquímica, talismanes, amuletos, vasos de ámbar y anteojos buenos y baratos, y puedo decir que corrí las nueve partes del mundo y aun quizá más, y ésta de Miranda me cae a trasmano, pero le tengo mucho amor a tu amo don Merlín; si non fuera por tu amo, estaba ahora paseando por Roma, o llegando a la China, o a La Habana, donde tengo un medio cortejo.

No deshacía el señor Elimas el azúcar en el café, y después de beber el líquido, lamía a cucharaditas aquel almíbar que quedaba en el fondo del pocillo.

– También -prosiguió- me gano algo de vida contando historias por las posadas, y ahora mismo llevo un catálogo de siete muy preparadas, y todas tienen una punta de verdaderas. Te digo que por mucho que saques de ti una historia, siempre pones cuatro o cinco hilos de verdad, que quizá sin darte cuenta llevas en la memoria.

– Esto es cierto -dijo mi amo, que nos oía la conversación-. Y esta tarde podías adelantarnos siquiera el asunto de alguna historia.

– Pláceme, mi señor -respondió el algaribo, que trataba a mi amo con mucho respeto-, y puedo comenzar ahora mismo si el paje me trae, con licencia, otra tacita de café.

Fui en un vuelo a buscarla, y sentados al abrigo de la higuera ramona, el señor Merlín en su mecedora, el algaribo en el suelo a su costumbre de morería, y yo a caballo de la rama grande, comenzó Elimas con sus historias. Pero antes bebió el café, y lamió el almíbar demoradamente.

La Bañera Y El Demonio

– Esto pasó, ahora va a hacer un año, en el "reame" de Nápoles, en una quinta que llaman Prato Nuovo, y que es de una nipota del Gran Inquisidor, y en esta historia se ve que ni las grandezas humanas se libran del maligno. Parió esta señora nipota, que se llama doña Eleonora, un niño, y lo fueron a bañar en aquella bañera de cristal, que la estrenaban tal día. Y no bien echaron al niño al agua, se disolvió en ella como si fuera de sal o de azúcar. Todo fue un gran grito de pasmo en la quinta, y nadie daba crédito a lo acontecido, pero lo que pasó pasó, y el niñito desapareciera. Hubo que echar aquella agua en el camposanto, y al botellón en que iba le hicieron un entierro a ocho, con música, responsos floreados y el Gran Inquisidor de capa magna. Hace quince días parió de segundas la nipota, y como al que nace hay que bañarlo, volvieron a poner la bañera de cristal, que es una obra antigua de mucho precio, en la cámara de la parida, y estaba el Gran Inquisidor presente, y también el exorcista de Palermo, que es quien les quita el demonio del cuerpo a los Borbones de Nápoles cuando hace falta, que es casi siempre por años bisiestos, y también estaba todo el protomedicato de las Dos Sicilias, y ya iban a bañar al recién, cuando se le pasó a la madre por la imaginación que tenía su señor tío que bendecir la bañera, y aún el Gran Inquisidor no dijera: "In nomine Patris", ya se quebrara la bañera en mil pedazos, y saliera de ella un mal olor a azufre, y el exorcista de Palermo con el puño curvo de su paraguas tuvo tiempo de coger por el pescuezo al demonio que huía, pero éste se le pudo escurrir, y se perdió por la chimenea. Se supo que la bañera fuera comprada en una abadía muy conocida y de monjas, que llaman Fossano, y que era la bañera que tenían las abadesas para bañarse por Pascua y por San Martín, y las monjas por San Pedro, y que no era tal bañera, sino un demonio que se trocó en ella, para ver a su tiempo a las señoras monjas en cueros vivos.

El Heredero De La China

– El heredero de la China, que es un mozalbete algo corto, se quería casar, y su padre, contra costumbre, le dejó escoger mujer. Amén de algo corto tenía poca salud entonces, pintaba flores y pájaros, y todas las noches, en su cámara del palacio de las Cien Veletas, soñaba que acariciaba limones redondos. Mandó el heredero que de todo el Imperio le enviasen los retratos, pintados en largas bandas de seda, de las más hermosas doncellas, y se pasaba las mañanas y las tardes contemplándolos, y ninguno encontraba a su sabor, y por las noches seguía soñando que sus manos se posaban en un cestillo de pluma, en el que alguien, en secreto, había puesto dos limones redondos… Llegó un correo de la más lejana de todas las provincias, y traía al señor príncipe heredero setenta retratos, y todas las retratadas eran mocitas que sonreían, inclinando tímidamente las gentiles cabecitas. Y desenrollando el volumen en que venían las muchachas retratadas, con su nombre y su condición estofada al margen, se encontró el príncipe delante de la gracia de una niña que levantó para él el rostro, abrió los verdes ojos, y sus pestañas eran tan largas y negras como los pelos del pincel con que se pinta la primera letra del nombre del Dragón. Ambos se miraron largamente, y la mocita, volviendo a la quietud de la pintada seda, se ruborizó. Mandó el príncipe heredero, hace ahora once semanas, que se la trajeran, y casó con ella, y las bodas se hacen allí con una linterna de papel y están los novios esperando a que se consuma la velita, y cuando la linterna se apaga, la boda está hecha. Regaló a la niña el heredero con dos sombrillas, un collar de perlas, un caracol de plata y diez uñas de oro, y cuando terminadas las reverencias se quedaron solos en la cámara del palacio de las Cien Veletas, el príncipe le preguntó a la esposa por qué se pusiera colorada en la tela pintada. "Pues, dijo la recién casada, es que yo soy esos limones redondos que tus manos acariciaban en la noche." Y el príncipe, que en tan poco tiempo ya engordó cuatro libras cantonesas, le cambió el nombre a su mujer, con consejo de los mandarines, y todos pusieron por escritos en aquellas sus letras tan alineadas, que la señora princesa se llama "El limón que sonríe en la noche".

1 ... 3 4 5 6 7 8 9 10 11 ... 30
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)