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Электронная книга - «Merlin Y Familia». Краткое содержание книги:

El viejo Merlín de las historias de Bretaña hace posada en Galicia. Allí llegan las gentes en procura de sus saberes mágicos. Un conjunto de historias y presencias que surgen de las crónicas del medievo, de las leyendas gallegas y bretonas, creando un retablo de gentes hermanadas en el gozo vital con la carga de humor que conviene el hecho de vivir.
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Dijo esto muy natural y sosegado y con respeto, y mientras se levantaba, y yo salía con él para llevarlo al catre del desván nuevo y decirle dónde estaba el retrete.

– ¡Siempre fui un apetecido de farinada con torreznos! -dijo mestre Flute desde la puerta, volviéndose a sonreírle a la señora Marcelina.

Por la mañana bajé a hacer mis obligaciones, y todavía roncaba mestre Flute muy acompasado. Adiviné pronto que mi amo no se acostara, que pasara la noche leyendo en el don Raimundo Lulio y en el Comelius, y tenía abierta en el atril la doctrina de don Gabir Arábigo, donde habla del peso de las partes del cuerpo en comparación con los cuerpos simples, según la tabla de micer Dioscórides. Nombres y libros todos éstos que a mí mucho me gustaba sacar encima del celemín de las conversaciones, y que me hacían pasar por literato. El señor Merlín, amén de leer, tuviera el horno encendido, que aún quedaba el barrido de un brasero en la boca.

– No barras y siéntate -me dijo el señor amo-, y atiende, que estoy en un caso de muchas albóndigas, y quiero cumplir como debo con aquel noble anciano que me trajo en procesión esta caja. En ella está, en cuarenta pedazos y el mayor como un dedal, una señora princesa de Inglaterra, del título del pazo de Marduffe, llamada doña Tear, que quiere decir "lágrima" en nuestro hablar. Y te digo yo que no es fácil la soldadura de estas princesas, y no sé por dónde voy a principiar a añadir las partes, si por la cabeza o por los pies, perdonando. La hicieron de plata, esta hermosa niña, y por huesos iba envasada de cristal, y fue que la encontró el señor de Marduffe en un desmonte, y lo enamoró la gracia de aquella muñeca, y pensaron todos que era de arte de cuerda, y llamaron al relojero mayor de Suiza para revisarle la máquina, y don Omega, que así se llama, fue a Marduffe, y dijo que no tenía ni cuerda, ni pelo ni segundero aquella muñeca, y que no era cosa de arte, sino nacida humana criatura. Pasmó lord Sweet, que era muy enamoradizo, y ya pasó, en el tiempo de un relámpago, a imaginar que era una princesa encantada, y que le había de enamorar y llevarla a casorio. Por consejo de don Omega llamaron a un médico de San Andrés de Edimburgo, por nombre maese Hairy, y es aquella escuela de medicina muy famosa, y aprenden allí los médicos a recetar en latín por el Donatus, la anatomía por el señor Vesalius, los purgantes por Paracelso, las dolencias venéreas por don Fracastoro, y en lo que toca a las sangrías y a las sanguijuelas, siguen el parecer de Salerno, que postula "ad majores" y también "secundum libidine". Maese Hairy puso con mucho tiento la muñeca en agua caliente, le vertió en la boquita tres gotas de ruda, y por un serpentín la alimentó con un lectuario de diacitrón, y mandó que la secaran bien y la acostaran en una cama con dos canecos, y aguardaran una noche, y al amanecer que una camarera la vistiese con ropa de seda blanca, y ya verían cómo tenían en el palacio, por lo imaginativo y enamorado que andaba mylord Sweet, nueva princesa. Y que el verse así de plata aquella mocilla era, y no encontraba otro texto maese Hairy para salir de dudas, que estando la madre a parirla, vino un airado con espada o cuchillo de plata y le dio muerte en el instante en que librara, y pasó la ira del metal a la sangre, y se le mudaron las carnes a la recién. Quizá fuese el airado un marido que despertó cornudo, o un amante despechado, que ya sabemos por las historias, en lo que toca a este último caso, que el amor no se para en preñadas. Dígalo si no César Augusto, que casó con la señora Livia cuando de cinco meses estaba preñada de otro. ¿Qué cosa es amor, que no sabe ni cuándo nace ni cuándo muere?

Cerró mi amo el libro de don Gabir Arábigo, y era un gran tomo con hierros de llave, que parecían sierpes entrelazadas. Tomó rapé, se sonó por dos veces, e iba a seguir con la historia cuando pidió permiso para entrar mestre Flute, que llegaba con la flauta en la mano muy descansado.

– Le estaba contando a mi paje -dijo don Merlín-, cómo volvió a la vida en el palacio de Marduffe mylady Sweet, que ahora está en esa caja esmigajada.

– Fue todo -dijo mestre Flute- como tenía avisado maese Hairy, y al amanecer estaba la camarera más vieja con la ropa blanca de seda, y vistió la muñeca, y ésta pasó del color de la plata al color de la carne, y abrió los ojos y comenzó a hablar muy graciosa, y como tenía hambre pidió requesón y huevos hilados. Y sabido el suceso vinieron de la Corte, que está a treinta leguas Windsor de Marduffe, los príncipes y más de la mitad de los pares y señorías, y por la tarde, en el salón de los espejos, yendo yo delante con mi flauta floreando una marcha de honra, entró lady Tear del brazo de mylord Sweet, y nadie vio nunca cosa más hermosa que aquella dulce niña. La Corte no sabía qué decir, y el señor duque de Lancaster preguntóle a mylady si sabía su estirpe y ella, con aquel hablar sosegado y tan alegre que tenía, que parecía mismo que te rozaba con plumas las orejas, dijo que excepto de que venía de los reyes godos y era algo sobrina de Galván Sin Tierra, y que naciera en París por San Lucas, otra cosa no sabía, aunque algo hacía de memoria de haber pasado, siendo niña, un verano en Roma, en un jardín que tenía una fuente y dos limoneros. Y esta memoria, mi señor Merlín, fue la causa de esta desgracia, y el velo que descubrió el pecado.

Mestre Flute lloriqueó un poco, y el señor Merlín le mandó que bebiese un chiquito de tostado y se consolase.

– Consolar me consuelo, y aun vengo confesado en Santiago con el canónigo de lengua ánglica. Iba diciendo como pasmó la Corte de aquel encanto, y los pares querían bailar todos con ella, y las mujeres le tocaban el pelo y le preguntaban qué perfumes usaba, que tan suavemente olían frescas rosas. Y lord Sweet de Marduffe se vistió de capa bermeja, y anunció que iba a casar con lady Tear de Gotia, de Sin Tierra, de París, del Jardín de Roma. Hubo enhorabuenas, y el duque de Gales quería que la boda fuese en el palacio de Windsor, y que había que presentarle la novia al Rey, y lord Sweet no quiso, que la Graciosa Majestad está ciega, y había de querer conocer a tiento si lady Tear era tan hecha como decían y tenía tantas dulzuras de presente. ¡Ay si las tenía!

Se consoló por dos veces mestre Flute con el tostado que le serví, y que era un foro que le pagaban a mi amo los sanjuanistas de Ribadavia. Afinó la flauta, y silbó una pieza muy gentil.

– Esta danza hice por papel para el baile de las bodas de mis señores, y se llama "swan's pavane", que quiere decir "pavana de los cisnes", y ahora la baila toda Inglaterra, y la viuda del señor obispo de Liverpool, que cada año pone en coplas el calendario, le hizo una letra muy sentida. Casaron mis señores y estaban muy dichosos en Marduffe, y eran tan visitados de la grandeza que la casa parecía un teatro, cuando una noche llegó un procurador de Calais de Francia, mosiú Vermeil llamado.

– Viejo debe de ir-cortó mi amo-, que va para sesenta años que lo conocí en Rúan de Normandía, y ya por entonces peinaba canas. Estaba allí por mor de un pleito mayor con una sirena, y él estaba de la parte de la anabolena, y vestía un gabán de pardomonte deslustrado por los temporales. Es perito "in utroque iurís", eso sí, pero también en mañas atravesadas.

– Pues el mismo gabán de pardomonte gasta ahora, aunque lo lució con solapas de terciopelo de astracán, y en tocante a los años, tantos como vuesa merced le echa, no los da. Venía a Marduffe por albacea de un testante que se decía padrino de mylady Tear, y que le dejaba en Roma el jardín donde nuestra señora se criara, con aguas corrientes doce días cada mes, un escaño en San Lorenzo fueramuros y un lorito que decía "Je suis le beau perroquet", y que estaba depositado en casa de un familiar del Santo Oficio por sospechoso de herejía, y este familiar ya había adelantado de alimentos cuatro libras inglesas. Lord Sweet leyó el codicilo, pasó por los gastos, y allá se fueron mylord y mylady con el procurador a Roma, que se le antojó a la señora cortar por aquel mayo, que fue este pasado, una rosa en el jardín de los juegos de su niñez. Lord Sweet era de la Protesta Reformada, pero lady Tear estaba bautizada, según ella recordó y el testamento del padrino confirmaba, en la Santa Iglesia Romana. En llegando al jardín vieron que estaba muy abandonado, los caños de las fuentes tupidos, los fresales comidos de los caracoles, la parra sin esparaveles, derribada en el suelo, y sólo un rosal tenía rosas, dos solamente, una blanca y otra colorada, y para eso en el tejado del cenador. Quiso mylady subir a cortarlas, y el procurador Vermeil tenía cuenta de la escalera de mano; las cortó mi señora y ya descendía, y para tenerse bien con ambas manos en la escalera puso las rosas en la boca, cuando salió del cenador un hombre alto, vestido a la florentina, y la cara tapada, que en el cenador debía de llevar dos horas escondido, y con triste voz le dijo a mi ama, que suspensa quedara en lo alto de la escalera:

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