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Pasos sobre cristal [Walking on Glass - es]

Электронная книга - «Pasos sobre cristal [Walking on Glass - es]». Краткое содержание книги:

La historia de Pasos sobre cristal, son tres historias en realidad. En la primera tenemos a Graham, un joven artista que se dirige a casa de su amiga Sarah, acompañado de una carpeta con varios dibujos de ella. En segundo lugar está Steven Grout, un tipo verdaderamente extraño, que acaba de renunciar a su puesto de trabajo y que siempre va con casco, huyendo de sus Atormentadores. Y por último tenemos a Quiss y Ajayi, un hombre y una mujer, respectivamente, ya mayores, que están encerrados en un extraño castillo, algunas de cuyas paredes son de cristal, detrás de las cuáles hay peces luminiscentes, y donde pasan los días jugando a estrambóticos juegos de mesa con el fin de poder obtener la opción de responder a un acertijo, y así poder salir libres.
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El doctor Shawcross asintió con la cabeza. Así era. Había examinado a Steven aquella misma mañana, y el hombre, aunque muy feliz y contento, no tenía perspectivas de poder abandonar la Unidad en un próximo futuro. Continuaba eufórico, si bien admitía cuando se le presionaba que su memoria no era la de antes. El doctor Shawcross le había preguntado si recordaba haber ido a alguna excursión con los otros miembros de la Unidad. Steven se quedó exageradamente pensativo y dijo que creía recordar haber estado en Bournemouth, ¿o se equivocaba? El doctor Shawcross sabía por el historial que Steven había ido un día de excursión, pero ésta fue a la cercana localidad de Canterbury.

Le contó una breve historia y le pidió que tratase de recordarla: un hombre pelirrojo con un abrigo de color verde salió a dar un paseo con su perro terrier en Nottingham. Luego le habló a Steven sobre sus adelantos desde su ingreso en la Unidad en el mes de enero.

Al cabo de cinco minutos le preguntó a Steven si recordaba la breve historia que él le había contado. Steven frunció el ceño y se quedó pensativo durante un rato. ¿Se trataba de un hombre calvo? le preguntó. El doctor Shawcross le dijo que si no se acordaba de ningún color que hubiera aparecido en la historia. Steven frunció nuevamente su frente. ¿El hombre no llevaba puesta una chaqueta marrón? había dicho. El doctor Shawcross le insinuó que eso más bien parecía una conjetura, lo cual Steven admitió con una tímida sonrisa.

El doctor Shawcross fumaba su pipa produciendo con la boca una serie de ruiditos amortiguados. Reclinándose contra el respaldo de su silla, volvió a mirar a través de la ventana. El cielo estaba cubierto de nubes grises bajas.

Se preguntó si nevaría, o llovería.

Steven se encontraba en su sitio favorito.

Era una especie de pequeño túnel situado debajo del terraplén de la línea de ferrocarril que pasaba a lo largo del parque del hospital. Estrictamente hablando estaba fuera del área del hospital, pero por muy poco. El túnel tenía tan sólo unos quince o veinte metros, pero era agradable, obscuro y se hallaba aislado ya que en ambos extremos crecían con exuberancia arbustos y árboles pequeños. En la dirección que se hallaba sentado mirando Grout, hacia los desnudos campos y las distantes hileras de árboles, en donde se veían unas bajas colinas que tapaban la línea del mar, el extremo del túnel estaba tapiado con un ladeado portón de madera invadido por las zarzas y pasto alto.

Steven estaba sentado en un asiento de hierro; un asiento en forma de montura apoyado sobre una vieja y herrumbrada cortadora de césped con la barra de remolque rota. La cortadora de césped era una de las muchas cosas interesantes que había en el obscuro y húmedo túnel de tierra. Había un viejo cubo de plástico de color rosado pálido con el fondo rajado, cuatro postes de valla carcomidos por los gusanos con tres clavos en espiga clavados en cada uno, una antigua batería de coche sin la parte de arriba, una bolsa de plástico rota de Woolworth, dos latas vacías y aplastadas de cerveza Skol, una lata intacta de Pepsi, envolturas de diversos dulces, una vieja y humedecida caja de fósforos con tres fósforos inservibles dentro, una página amarillenta del Daily Express con fecha del 18 de marzo de 1980 y docenas de colillas de cigarrillos en diversos estados de descomposición.

La cortadora de césped era lo mejor, sin embargo, porque uno se podía sentar sobre ella, bonita, seca y bastante cómoda, y desde donde podía verse la vegetación al extremo del túnel, y el cielo, los árboles y los campos. Alrededor de los árboles volaban los cuervos. Estas aves no dejaban de pronunciar su nombre con graznidos.

Steven era feliz. Hacía frío (llevaba puestas dos camisetas, dos jerseys y un abrigo con capucha), y podía sentir en las posaderas el gélido hierro del asiento; su aliento se convertía en nubes de vapor y como había perdido otra vez sus guantes debía mantener las manos dentro de sus bolsillos, pero era feliz. Si bien en el hospital se lo pasaba bien, le agradaba de tanto en tanto hacer sus escapadas. El señor Williams le hacía reír, por sus bromas y las cosas divertidas que decía.

A veces salían todos de excursión durante el día, aunque Steven jamás lograba recordar a qué sitio. Leía mucho. Libros importantes, si bien ahora no recordaba sus títulos.

Steven había sido feliz durante algún tiempo, luego fue infeliz (por lo visto parecía recordar) y estuvo buscando cosas, pero ahora era feliz nuevamente. Le había comentado esto al señor Williams, acerca de cuándo se había sentido infeliz y buscaba cosas, y el señor Williams le dio una vieja y grande llave herrumbrada y un letrero de plástico en donde ponía «Salida». Steven guardaba estos objetos en su armario y en ocasiones los sacaba para contemplarlos.

En su armario también tenía otras cosas; cosas del tiempo en que se había sentido infeliz. Ellos le dieron aquellas cosas… en ese momento no podía recordar en qué momento… pero él las había recibido… de todas formas, le habían entregado una radio y un atlas, algunos libros y una especie de escultura de metal de un león o tigre o algo parecido. Guardaba aquellas cosas porque no estaba bien tirar lo que otras personas nos han dado, pero en realidad no las quería.

El señor Williams también le había regalado partes y piezas de algunos juegos. Tenía una pieza de ajedrez que se parecía a un pequeño castillo y otra igual a un pequeño caballo, unas fichas de plástico con letras o diminutos números impresos y algunos trozos de plástico con puntos en uno de sus lados.

En la vieja casa de campo en torno a la cual había crecido y expandido el hospital desde su fundación después de la Segunda Guerra Mundial se encontraba la biblioteca de la Unidad de Asilo. Allí había siempre un hombre y una mujer de edad avanzada que jugaban a distintos juegos sobre una mesa de café. El señor Williams solía quitarles piezas cuando éstos no estaban mirando, simplemente por diversión. Naturalmente, más tarde se las devolvía, por lo que en realidad no se trataba de un robo, ¡pero vaya, era gracioso ver cómo ambos se enfadaban!

Steven pensaba que el señor Williams era un pícaro, pero le hacía reír y a Steven le gustaba gozar de su confianza, además de sus bromas y de sus secretos. Le hacía bien.

Los cuervos volvieron a gritar su nombre, mientras revoloteaban por encima de los campos arados, manchas negras recortadas sobre las brillantes nubes grises. Steven sonrió, mirando a su alrededor el suelo de tierra del túnel esparcido con objetos y papeles. Agachándose cogió la caja de fósforos con sus tres fósforos inservibles dentro. A lo lejos oyó el pitido de un tren.

De aquí a unos momentos pasaría por arriba de su cabeza un tren, por las vías que se encontraban sobre el terraplén que daba forma al túnel. A Steven le agradaba el ruido bullicioso y metálico que hacían los trenes sobre su cabeza. No era nada atemorizador. Miró de soslayo las palabras escritas en la casi difuminada cubierta de la caja de fósforos:

Fósforos

¡MARCA ZEN!

de McGuffin

contenido medio: √2

Steven no lo comprendió. Dio vuelta a la caja de fósforos y del otro lado se encontró escrito un acertijo. Tampoco comprendió aquello. Se leyó lentamente las palabras en voz alta: P: ¿Qué sucede cuando una fuerza imparable se encuentra con un objeto inmóvil? R: La fuerza imparable se detiene, el objeto inmóvil se mueve.

Steven sacudió su cabeza y volvió a dejar la caja de fósforos en el suelo. Se estremeció. Pronto sería la hora del té.

El doctor Shawcross se rascó detrás de su oreja izquierda con el dedo, la frente surcada de arrugas al igual que los campos arados de Kent. No sabía de qué otra manera expresarlo, por lo cual escribió, terminando la oración y también el informe, una frase extraída del historiaclass="underline" …eufórico, pero todavía con absoluta falta de discernimiento dentro de su incapacidad.

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