Cartas Para Claudia
- Автор: Bucay Jorge
- Язык: испанский
- Жанр: Психология
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Plantéatelo de otra manera: las fronteras… ¿nos unen o nos separan de los países vecinos?
Ahora surge la claridad de la paradójica respuesta: los límites nos unen y nos separan.
Recuerdo ahora mi sorpresa cuando descubrí que en castellano una misma palabra: la palabra “cerca”, definía “proximidad” y también un elemento de “separación”, de “diferenciación”.
Pues bien, cuando soy capaz de poner claros límites en mi relación con el otro, cuando mi intención no es mimetizarme con vos, sino acercarme desde nuestras diferencias. Cuando no tengo intención de invadirte y mucho menos, de permitirte que me invadas.
Cuando sé hasta dónde.
Entonces, y recién entonces, creo estar en condiciones de comunicarme con vos.
CARTA 54
Amorosa: Hoy recordaba: hace tres años desde aquella primera carta que te mandé, donde te hablaba de mi bisabuelo. ¡Cuántas cosas han pasado en tu vida, en la mía, en nuestra vida!
Desde mí, me veo creciendo. Me doy cuenta de los cientos de cosas que he aprendido, los miles de cosas que he reaprendido (porque las había olvidado) y, sobre todo, los millones de cosas que he desaprendido (porque las había aprendido mal).
¿Sabés? eso es crecer: aprender, reaprender y desaprender.
Hace algunos meses, leyendo a Vitus Dresler, el biólogo, me encontré con una exposición que me aclaró un montón de cosas. Explica Dresler que todos los seres vivos crecen desde su nacimiento a un ritmo vertiginoso, luego ese ritmo se lentifica, hasta que el crecimiento se detiene. Lo novedoso para mí fue enterarme de que estaba claro para la ciencia de hoy que, en el mismo instante en que se deja de crecer, en ese mismo momento se comienza a envejecer.
Muy lentamente primero y vertiginosamente sobre el final de su vida natural, hasta su muerte.
¡En el mismo instante!
Esto significa que la famosa madurez o plenitud de la vida, no existe en el tiempo.
Significa que todos los seres vivos estamos creciendo o envejeciendo, ¡y este último proceso es irreversible!
El ser humano termina con su crecimiento entre los 25 y 28 años y desde allí en más, ¡ENVEJECE!
¡Qué viejo estoy! Llevo ya por lo menos ocho años envejeciendo. Lo maravilloso de haber leído esto fue darme cuenta de que, si esto sucede en el aspecto físico-orgánico, no es menos cierto que en el aspecto psíquico, mental o espiritual, pasa exactamente lo mismo. Cuando dejamos de crecer, empezamos a envejecer.
Por fortuna, hay una diferencia.
En el área espiritual, el proceso es reversible o por lo menos, detenible.
Un viejo chiste dice: ”Cuando esté en un callejón sin salida, salga por donde entró”..
Entramos en nuestro envejecimiento espiritual dejando de crecer, dejando de aprender, reaprender y desaprender, dejando de vibrar con las cosas nuevas, dejando de arriesgar.
Pues bien, estamos envejeciendo. ¡Pero la fuente de la juventud está en nuestras manos!!
No hay envejecimiento durante el crecimiento.
Por lo tanto, si seguimos creciendo, si a lo largo de nuestra vida no dejamos de crecer, ¡entonces nuestro espíritu no envejecerá jamás!
Estoy sentado, escribiendo frente a la ventana. Llueve. Veo caer el agua, jugar y salpicar… cierro los ojos.
Me gustaría ser agua…
Soy el agua de la lluvia. Caigo sobre los sembrados. Me aman las plantas a las que calmo la sed. Me ama la tierra a la cual mantengo viva y fértil; me aman los hombres que viven en esa tierra y de esa tierra. Me odian los veraneantes de la playa, me odian los animales desamparados que vagan por las calles…