Reunion in Death Traducido
- Автор: Робертс Нора
- Серия: Eve Dallas and husband Roarke #16
- Язык: испанский
- Жанр: Остросюжетные любовные романы
Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
– No lo sé. -Frunciendo el ceño, Eve dio otro mordisco. Ella había salido del hogar de acogida, fuera del sistema al segundo de haber tenido la edad legal. Y había entrado derecho en la Academia, en otra sección del sistema. -Alrededor de doce, trece años, supongo.
– Mucho tiempo. Ya te olvidaste de mirar alrededor.
– U-uh -Eve siguió comiendo pero su atención estaba en un grupò de turistas y en el tipo del aero patín que los rondaba. Hizo un robo limpio, hundiendo los hábiles dedos en dos bolsillos traseros sin perder el ritmo. Las carteras se desvanecieron mientras él daba una elegante vuelta y giraba para alejarse.
Eve simplemente estiró su pierna, golpeándolo en la espinilla y enviándolo en una corta pero graciosa zambullida de cabeza. Cuando terminó de rodar, ella le presionó su bota contra la garganta. Ella masticaba su sandwich mientras la visión de él se aclaraba, luego ondeó su placa frente a él y sacudió un pulgar hacia la uniformada Peabody.
– Sabes, as, no puedo imaginarme si eres estúpido o engreído, levantando billeteras con un par de policías en la audiencia. Peabody, quieres confiscar los contenidos de los bolsillos de este cretino?
– Sí, señor. -Ella se afanó, buscando en la media docena de bolsillos y rendijas de los pantalones sueltos, los tres en la camisa, y sacando diez billeteras.
– Las dos que sacaste de la rendija de la rodilla derecha vienen de ellos. -Señaló hacia los felizmente inconscientes turistas que estaban tomándose holo-fotos el uno al otro. -El tipo de cabello castaño con anteojos de sol, el tipo rubio con gorra de los Strikers. Porque no les evitas un skock y desmayo y se las devuelves antes de llamar a un policía para que se encargue del resto.
– Sí, señor. Teniente, nunca ví el movimiento.
Eve se lamió la salsa de sus dedos. -Nosotras vemos diferentes tipos de cosas, Peabody.
Cuando su ayudante se fue, el ladrón callejero decidió tratar de probar suerte. Pero cuando empezaba a levantarse, Eve lo apretó, cerrándole la tráquea por diez amenazantes segundos. -Ah, ah, ah. -Le negó con un dedo y vació su tubo de Pepsi.
– Dame un respiro, porque no me sueltas?
– Que, como vete y no peques más? Te parece que soy un cura?
– Maldita policía.
– Es cierto. -Ella escuchó a los asombrados turistas recuperar su propiedad con balbuceantes agradecimientos. -Soy una maldita policía. Bonito día, no?
– Yo conduzco. -Dijo Eve cuando esa pequeña parte del almuerzo de trabajo fue liquidada. -Me gustaría llegar a la Central antes que me llegue la jubilación. -Miró su unidad de muñeca. -Y tú podrías ir moviéndote si quieres pescar a Maureen Stibbs y traerla a entrevista.
– Pienso que puedo esperar un día o dos.
Eve la miró cuando se deslizó tras el volante. -Dijiste que estabas lista.
– Lo estoy. Pero, bueno… Tú estás realmente ocupada ahora, y no al ciento por ciento todavía. Necesito que me observes en caso de que me meta en problemas. Puedo esperar hasta que te levantes para eso.
– Estoy levantada hoy, así que no me uses como excusa.
El estòmago de Peabody se encogió. -Si estás segura.
– Tú eres la que debe estar segura. Si lo estás, llevata a Trueheart. Dos uniformes son más intimidatorios que uno en una pesca. Infórmale, y llévalo contigo, luego ponlo de respaldo en la puerta de Entrevistas. El debe decir lo menos posible y mostrarse severo. Tan severo como pueda v erse Trueheart. Toma una patrulla para el trasporte. Usa mi autorización.
– Debo manejar yo o él?
– Déjalo a él. Dile que debe darle a ella una ocasional mirada por el espejo retrovisor. Tú sabes todo el palabrerío. Trata de evitar que llame al abogado demasiado rápido. Sólo vas a hacerle unas pocas preguntas, necesitas aclarar unas cosas. Sabes que ella quiere cooperar como amiga de la víctima y este procedimiento puede traerle a su esposo algún alivio. Blah, blah. Métela adentro y luego empieza a jugar con ella.
– Sólo necesito un favor. Si la empiezo a perder, si me empiezo a equivocar, puedes entrar?
– Peabody…
– Me siento mejor, con más confianza, sabiendo que tengo una red.
– Okay. Si te caes, te atrapo.
– Gracias. -Peabody sacó su comunicador para llamar a Trueheart y ponerlo al tanto de su misión.
Eve fue derecho a su enlace para una conferencia con el primario a cargo del homicidio de Denver. El detective Green era seco e irritable.
A Eve le gustó inmediatamente.
– No sacamos una mierda de los ocupantes anteriores de la habitación. Un par de camareras, el tipo de mantenimiento que arregló el sistema de entretenimiento después una queja de los últimos pasajeros. Estos fueron identificados como Joshua y Rena Hathaway de Cincinnati. Tuvieron la habitación por tres días y la dejaron el mismo que día que nuestra chica llegó. Están limpios. Conseguimos a la víctima sólo en el área del living, en la mesa de café, cuchillo y tenedor, copa y plato, vaso de jugo. Y conseguimos a Julianna Dunne en cada puto lugar.
Hizo una pausa, bebió un poco de café. -Tenemos una identificación visual de ella de los discos del hotel, del recepcionista y del personal del lobby. Estamos corriendo una búsqueda de ADN con el cabello atrapado en la rejilla del baño, sólo para terminar de coserla.
– Coserla ahí no el problema. Es embolsarla primero. No se ha contactado con los federales todavía?
Green giraba, resoplaba, bebía. -No veo que sea un jodido asunto para los Feds.
– Usted está tocando mi canció. Tiene un montón de muestras para revisar, Detective. Me parece que puede tomarle algo de tiempo aclarar todo el exceso y determinar si es Dunne.
– Puede. Y esa mierda tiene el hábito de ir tomando casos inesperados de alrededor. Podría demorarse cuarenta y ocho horas de todas formas. Podrían ser setenta y dos si tenemos, digamos, un problemita de equipamiento. Especialmente si estamos siguiendo otras pistas.
– Hay un montón de datos de ella en IRCCA, pero tengo más. Estire ese tiempo todo lo que pueda, y le enviaré todo lo tengo, incluyendo mis notas personales.
– Sucede que soy un lector lento. Y usted sabe que quiere estar segura de tener todo en un bonito envoltorio con un lazo antes de ir a molestar a esos ocupados Feds con cosas superfluas como asesinatos. Cuando esté a punto de hacer esa llamada, la voy a contactar primero y darle algúnn tiempo de ventaja.
– Lo apreciaría.
– Campbell era uno de los buenos. Un artículo genuino. Embólsela, teniente, y puede contar con Denver para ayudarla a coserla para que no pueda rezumar su encanto otra vez.
Cuando completó la transmisión de datos a Green, Eve abandonó su escritorio, y caminó hacia la ventana. Se enfocó en la ventana del edificio cruzando la calle.
Horas de tiempo en disco, había dicho Julianna. Así que me observabas, reflexionó Eve, pero no me veías. No como tú piensas que veías. Hermanas, mi culo. El único lazo entre nosotras es el asesinato.
Amoldando una cadera en el estrecho borde, dejó que su mente se limpiara y vaciara mientras observaba el frenético tráfico aéreo. Y el borroso movimiento de los rumbosos condominios de la playa de Jersey.
Había ido a la playa de Jersey una vez con Mavis para un muy extraño, muy borracho fin de semana. Mavis tenía reminiscencias sentimentales sobre trabajar a los turistas un verano, levantar algo de dinero. Sólo un par de años antes Eve la había pescado por hacer lo mismo en Broadway.
Ese era un lazo, pensó Ëve. Si ella tenía alguna clase de hermana, esa era Mavis.
Mavis cambiaba su apariencia más a menudo que el adolescente masculino medio cambiaba su ropa interior. Julianna estaba haciendo lo mismo ahora, pero no por una cuestión de moda.