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Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:

Walter Pettibone llegó a su casa a las 7:30 p.m. para encontrarse con su familia y un centenar de amigos que le recibieron con el grito de <<¡Sorpresa!>>. Era su fiesta de cumpleaños. Y, aunque no tenía idea de la fiesta que le habían organizado, la verdadera sorpresa estaba por llegar. A las 8:45 p.m., una mujer con ojos del color de las esmeraldas y cabello rojo le entregó una copa de champán. Y un sorbo del burbujeante líquido después… Walter estaba muerto.
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
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– Yo no creo que fuera amistosa. -La camarera, Lydia, sorbió de una botella de agua. Ya estaba vestida para su vuelo, perfectamente arreglada en su traje de uniforme con un toque militar de trenzas doradas.

– Y que cree que era? -contrarrestó Eve.

– Una snob. No es que no fuera agradable, pero era una fachada. Tenía un tono, de señora a sirvienta, cuando hablaba conmigo. Ofrecemos caviar y champagne con un plato de frutas y quesos para nuestros pasajeros de primer nivel. Hizo una pequeña cuestión por la marca del champagne. Dijo que nunca íbamos a subir a Platino o Cinco estrellas en el índice si no modernizábamos nuestro servicio.

– Vió si hizo o recibió alguna transmisión durante el vuelo?

– No. Trabajó un poco en su computadora, volviéndola para yo no pudiera ver la pantalla, como si importara, cuando volví a la cabina a ofrecerle café antes de aterrizar. Me llamaba por mi nombre cada vez que me hablaba. Lydia esto, Lydia aquello. En la forma que lo hace la gente cuando quieren que pienses que son cálidos y amistosos, pero es de alguna forma insultante.

– Ella me pareció perfectamente agradable a mi. -Cortó Riggs.

– Tú eres hombre. -Lydia hizo el comentario calmado y bajo. Y Eve decidió que debía ser un as en su trabajo.

– Como fue el regreso esta mañana? De que humor estaba?

– Realmente despierta. Feliz, radiante, relajada. Me imaginé que había ligado la noche anterior.

– Lydia!

– Oh, Mason, sabes que pensaste lo mismo. Tomó el desayuno completo: huevos Benedict, medialunas, mermelada, frambuesas, café. Comió como un atleta y lo bajó con dos mimosas. Seleccionó música clásica, y mantuvo la luz de privacidad apagada. Yo puse la pantalla con los reportes matutinos de los medios, pero ordenó que la apagara. Un poco molesta, también. Ahora sabemos porque. Ese pobre hombre.

– Cuando ella dejó la nave, tenía un transporte esperando?

– Entró en la terminal. Me palmeó alegremente en ese momento. -Lydia sacudió la cabeza. -Alguien tan presuntuoso como ella usualmente tiene un auto esperando en el área de transporte privado. Pero fue adentro.

Y atravesó la terminal, pensó Eve, donde podía salir y tomar un buen número de opciones de transporte. Taxi, autobús, tranvía, auto privado, incluso el maldito subterráneo. Y en efecto, desaparecer.

– Gracias. Si recuerdan algo más, contáctenme en la Comisaría Central.

– Espero que la pesque. -Lydia le dio a Eve una mirada comprensiva mientras observaba su rostro. -Eso duele?

Otra vez afuera, Eve se masajeó la nuca dolorida. -Vamos a volver a la Central, ver lo que los policías de Denver levantaron. Ya que verificamos que es Dunne, y tenemos homicidios en múltiples estados, esto se vuelve de alcance federal.

– No podemos dejar que ellos se hagan cargo.

– Desearía poder decir que se la entrego en una bandeja si ellos pueden agarrarla, pero estaría mintiendo. La quiero yo. -Dio un largo suspiro. -Estoy contando con que Denver esté dispuesto a ocultar la identificación por unos pocos días.

Eve pescó los anteojos de sol de su bolsillo y se los puso. Inmediatamente se sintió mejor. -Porque no conduces, Peabody? Quiero descansar un poco.

Frunciendo los labios, Peabody se deslizó detrás del volante. -Sí, porque no?

– Es engreimiento lo que veo en tu cara?

– Maldición. -Peabody se frotó la mejilla. -Pensé que lo había disimulado.

– Busca un delivery en el camino. Quiero un sandwich de albóndiga. -Eve empujó el asiento hacia atrás, cerró los ojos, y cayó derecho en el sueño.

Carne no era la palabra operativa en el sandwich de albóndiga. Consistía en par de trozos de pan duro ablandado por un océano de rústica salsa roja y entre los cuales nadaban un trío de bolas de alguna sustancia, la cual era, tal vez alguna lejana prima de la familia de la carne. Para disfrazar esta muy lejana conexión, estaban revestidas con hilos de sustituto de queso y condimentadas tan generosamente que regularmente convertían la boca en fuego, y despejaban exitosamente los senos nasales.

Eran a la vez asquerosas y deliciosas. El olor despertó a Eve de un sueño de muerto.

– Traje el gigante y lo hice partir por la mitad. -Peabody ya estaba conduciendo, saliendo del delivery en la tranquila y cautelosa forma que normalmente enloquecía a Eve. -Pensé que te haría falta un tubo de Pepsi en este momento del día.

– Que? Sí. -Su mente estaba pesada como música de cámara. -Jesús. Cuando dormí?

– Alrededor de veinte minutos, pero como una piedra. Esperaba que roncaras, pero duermes como un cadáver. Creo que tienes un poco más de color.

– Es el olor de las albóndigas. -Eve abrió el tubo, y tomó un largo trago de Pepsi antes de hacer inventario mental. El dolor de cabeza había retrocedido, y ahora tenía la vaga impresión de haber estado en otro mundo espeluznante. -Adonde vamos, Peabody, y en que siglo llegaramos manteniendo este paso de caracol?

– Estoy simplemente obedeciendo las leyes de tráfico de la ciudad mientras demuestro cortesía y respeto por mis compañeros conductores. Pero me alegro de que te sientas mejor, y me imagino que una vez que estemos en el centro y ya que es un hermoso día, podemos comer esto en la plaza Rockefeller. Tomar combustible, burlarnos de los turistas, y tomar un poco de sol.

Eso no sonaba medio loco. -Nada de compras de ningún tipo.

– El pensamiento nunca cruzó por mi mente. Por más de un minuto.

Peabody se acercó al camino para peatones que salía de la Quinta, deslizó las ruedas de adelante sobre el bordilo, estacionó y puso la señal de policía en misión.

– Como era eso de obedecer las leyes de tráfico de la ciudad?

– Eso era conduciendo, esto es estacionando. No te pongas obsesiva con eso.

Salieron, y se abrieron camino a través del paquete de turistas, gente que almorzaba, mensajeros, y los ladrones callejeros que los adoraban, y se dejaron caer en un banco en la plaza con la pista de hielo a sus espaldas.

Peabody dividió la torre de servilletas y le alcanzó a Eve su mitad del sandwich. Y ambas se dedicaron a la seria cuestión de comer.

Eve no podía recordar la última vez un verdadero tiempo para almorzar, uno donde hubiera verdadera comida en vez de la que tomaba en su escritorio o en el vehículo.

El lugar era ruidoso y estaba apiñado, y la temperatura estaba decidiendo si asentarse en realmente cálido o subir hacia el caliente. El sol reververaba sobre los vidrios de los frentes de las tiendas y un vendedor que manejaba un mini carro deslizante cantaba en voz alta un aria de opera italiana.

– La Traviata. -Peabody lanzó un fuerte suspiro. -Estuve en la opera con Charles. El realmente lo disfruta. En general está bien, pero suena mejor aquí afuera. Esta es la mejor parte de New York. Poder estar sentado aquí afuera y comer este sandwich de albóndiga realmente superior en un mediodía de verano y ver todos esos diferentes tipos de personas mientras un tipo despacha perros de soja y canta en italiano.

– Um – fue lo mejor que Eve pudo decir con la boca llena mientras trataba de salvar su camisa del camino de un chorro de salsa.

– A veces olvidas de mirar alrededor y darte cuenta y apreciarlo. Tú sabes, la diversidad y todo eso. Cuando me mudé aquí, al principio, pasaba un montón de tiempo caminando y mirando, pero eso pasó. Cuanto tiempo llevas aquí? En la ciudad?

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