Lo que hice por amor
- Автор: Филлипс Сьюзен Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Lo que hice por amor». Краткое содержание книги:
¿Qué debería hacer una actriz para mejorar su suerte? Desde luego, NO sería ir a Las Vegas, NO sería escaparse con su detestable pareja televisiva, el macizo tío bueno, Bramwell Shepard… y NO debería verse envuelta en medio de un ridículo incidente que la lleva a ser la protagonista de una desastrosa huída. Antes de saber cómo, Georgie disfruta de un matrimonio falso, de un marido falso, y tal vez (o quizá no) de sexo falso.
Es una lucha a muerte contra los paparazzi y Georgie no tiene la suerte de su lado. Ahí están la terrorífica ama de llaves de Bram; el insistente padre de Georgie; el agente más pelota del mundo; ese frío directivo de los estudios; ¡y la nueva esposa de su ex marido, una pacifista internacional que bien podría ser merecedora de ese estúpido premio, el Nobel de la Paz!
Por lo que respecta al hombre de Georgie… Bram, es su ángel de ojos azules y retorcido corazón negro, que jamás se ha preocupado de nadie más que de sí mismo. Bueno, da el pego como hombre enamorado… gracias al medio millón de dólares que ella le paga.
Es oficial. Se ha casado con el diablo. ¿O no?
Son dos enemigos trabajando sin guión bajo los brillantes focos del plató… allí donde las emociones más fuertes pueden llevar sorprendentes disfraces.
«Visto de esa manera…»
Aun así, su prepotencia le recordaba demasiado a su padre.
– No te correspondía a ti tomar la decisión.
– Pero tú no ibas a tomarla. -Bram se desabotonó la camisa blanca y húmeda-. Estoy harto de ver cómo te encoges cada vez que oyes su nombre. ¿Dónde está tu orgullo? Deja de pensar que ella es mejor que tú.
– Yo no…
– Sí, tú sí. Puede que Jade sea mejor que tú en algunas cosas. Sin duda es mejor atrayendo a los maridos de otras mujeres, pero lo que Jade sea o deje de ser no tiene nada que ver contigo. Madura de una vez y sé feliz viviendo en tu propia piel.
– ¿Tú me hablas de madurar?
Bram no había acabado de vapulearla.
– Jade y Lance están hechos el uno para el otro. Él no era el hombre adecuado para ti, igual que…
– ¿Igual que tú?
– Exacto.
Bram bebió un trago largo de su copa.
– Gracias por tu percepción.
Georgie agarró el pijama y la bata que había cogido antes de su dormitorio y entró furiosa en el lavabo. Sin embargo, mientras se lavaba la cara, tuvo que admitir que la intención de Bram había sido buena. Invitar a Jade a entrar en la casa había sido su retorcida versión de mostrarse protector con ella. Además, no podía haber previsto las consecuencias.
Cuando salió del lavabo, Georgie vio que estaba reclinado en los almohadones, vestido sólo con sus calzoncillos bóxer, cuya blancura resaltaba contra su morena piel. Había apartado las sábanas y tenía un libro abierto sobre el pecho. Ver a Bram Shepard leyendo un libro ya era suficientemente raro, pero no tanto como las gafas de montura metálica que reposaban en el puente de su nariz. Ella se quedó de una pieza.
– ¿Qué es eso?
– ¿El qué?
– ¿Usas gafas?
– Sólo para leer.
– ¿Usas gafas para leer?
– ¿Qué hay de malo en eso?
– La gente que está tatuada no debería usar gafas para leer.
– Cuando me hice el tatuaje, no las usaba. -Se quitó las gafas y contempló el pijama azul de Georgie-. Esperaba que te pusieras uno de esos conjuntos de Provocativa.
– Aunque estuviera de humor para eso, que no lo estoy, no lo haría con ellos al otro lado de esa pared.
– Comprendo.
Se levantó de la cama y tiró de Georgie hacia el lavabo. Una vez dentro, cerró la puerta.
– Se acabó el problema.
– Sigo estando enfadada contigo.
– Lo comprendo. Lo estás porque no me he disculpado con la suficiente sinceridad.
Y empezó a besarla.
Capítulo 18
Georgie odiaba las películas en las que lo único que tenía que hacer el héroe para que la heroína se olvidara de que estaba enfadada con él era besarla hasta hacerle perder el sentido. Ella no tenía intención de dejar a un lado sus quejas con tanta facilidad. De la misma manera que tampoco tenía la intención de renunciar a aquel agradable entretenimiento. Así que descargó su frustración en el beso. Hincó las uñas en la espalda desnuda de Bram y le clavó los dientes en el labio. A continuación, empujó su rodilla contra…
– ¡Eh, cuidado! -murmuró él.
– Cállate y gánate el sustento.
A Bram no le gustó aquel comentario y lo siguiente que supo Georgie era que tenía los pantalones del pijama en los tobillos. Volvió a levantar la rodilla, pero él se la cogió y, en un rápido movimiento, la separó de la otra y la sentó en la larga encimera de granito.
Para eso Bram sí era bueno. Georgie cogió la cinturilla de sus bóxers, pero no pudo quitárselos. Él la soltó para ayudarla y ella resbaló de la encimera. Bram se libró de los calzoncillos de una patada y volvió a subirla a la encimera. Georgie se desembarazó de él y se dirigió a la ducha de chorros múltiples y paredes de granito de color cobre. Convertir la práctica sexual en una lucha de poder no era la forma más madura de manejar una relación difícil, pero era lo único que tenía a mano en aquel momento.
– Pensándolo bien…
Bram entró en la ducha con ella.
Georgie se quitó la camiseta del pijama.
– Abre el grifo a tope.
No tuvo que pedírselo dos veces y, en cuestión de segundos, el agua caliente golpeaba sus cuerpos.
Dos personas. Una ducha. Quería que Lance se enterara.
Entonces él empezó a enjabonarle el cuerpo y Georgie se olvidó de Lance. Pechos, nalgas, muslos… Bram prestó atención a todas sus partes. Georgie le quitó el jabón y le correspondió.
– Me estás matando -gruñó él.
– Ojalá. -Georgie desplazó la mano al lugar donde produciría mayor efecto.
El agua resbaló por sus cuerpos. Bram se arrodilló y la tomó con su boca. Cuando ella estaba a punto de estallar, él se levantó, la apoyó en la mojada pared y la montó sobre él. Georgie se agarró a sus hombros y hundió la cara en su cuello. Juntos jadearon y se contorsionaron cabalgando en la riada hasta el clímax.
– No me hables -dijo Georgie después-. He pagado una buena cantidad de dinero por esto y no quiero que lo estropees.
Bram le mordió el lateral del cuello.
– Lo que tú digas, mami.
A pesar de su anterior decisión, ella acabó durmiendo en la cama de su marido, dando vueltas y más vueltas mientras él dormía tranquilamente, salvo durante otro combate de sexo que posiblemente inició ella, pero sólo para remediar su insomnio. Cuando terminaron, a Bram no le costó volver a dormirse, pero ella no tuvo tanta suerte. Bajó de la cama y se llevó el inacabado vaso de whisky de él a la torrecita. Se sentó en uno de los mullidos y cómodos sillones y contempló las sombras en las paredes. Los licores no le gustaban, pero el hielo hacía rato que debía de haber licuado el whisky, así que bebió un trago largo y se preparó para recibirlo en el estómago.
Y recibió algo… que no era whisky.
Georgie olisqueó el vaso y lo agitó a la luz de la lámpara de la mesa. El resto del líquido tenía el suave color meloso del alcohol diluido, pero el sabor era distinto. Poco a poco, la explicación acudió a su mente… Bram y sus interminables vasos de whisky… No le extrañaba que nunca pareciera borracho. ¡Durante todo aquel tiempo había estado tomando té helado! Él ya se lo había dicho, pero a ella no le había pasado por la cabeza creerlo.
Apoyó la barbilla en las manos. Otro vicio que se iba por el retrete. Y no le gustó. Se suponía que Bram era un hombre de excesos. Sin sus vicios, ¿quién era él? La respuesta tardó en llegar: una versión sutilmente más peligrosa del hombre que siempre había sido. Un hombre que seguía demostrándole que no podía confiar en nada de lo que decía ni hacía.
Chaz no podía dormir. ¡Tenía tanto que hacer! ¡Tantas personas de las que ocuparse! Las mujeres de la limpieza no podían ir a causa de la cuarentena, así que ella tenía que hacerlo todo. Preparar comidas, hacer camas, lavar toallas… Georgie intentaría ayudarla, pero Chaz dudaba que supiera el aspecto que tenía una lavadora y, mucho menos, cómo funcionaba.
Se levantó para hacer pipí. Solía dormir vestida con una camiseta y unas bragas, pero aquella noche también se había puesto unos pantalones de deporte. Cuando acabó en el váter, fue a ver cómo estaba Aaron. Normalmente, tener a un tío durmiendo en su apartamento la habría sacado de quicio, pero con Aaron era distinto. A Chaz le gustaba que él le tuviera un poco de miedo, sobre todo porque era mayor que ella y muy inteligente. La vida le habría resultado más fácil si hubiera tenido un hermano como Aaron. Ella siempre había querido tener un hermano mayor, alguien que se preocupara por ella.
Últimamente, Chaz había estado demasiado ocupada para pensar en todo lo que le había contado a Georgie, pero mientras estaba en el umbral de la puerta rodeada de un silencio absoluto, se dio cuenta de que no se sentía tan alterada como era de esperar. Consideraba a Georgie su peor enemigo, pero Georgie no la había considerado una persona horrible. Y si su peor enemigo no la había mirado como si estuviera sucia, quizás ella misma no debería mirarse de ese modo. Una cosa estaba clara: Chaz ya no podía mentir acerca de su pasado o fingir que no había ocurrido, pues había soltado la verdad frente a la cámara. Además, por lo que ella sabía de Georgie, seguro que lo colgaría en YouTube.