La Odisea de Troya [Trojan Odyssey - es]
- Автор: Касслер Клайв
- Серия: Dirk Pitt (es) #17
- Язык: испанский
- Переводчик: Alberto Coscarelli
- Жанр: Боевики
Электронная книга - «La Odisea de Troya [Trojan Odyssey - es]». Краткое содержание книги:
En su camino se encuentra un barco de cruceros, de dimensiones nunca vistas. La muerte amenaza a un número incalculable de personas. Dirk Pitt, su hijo y Al Giordano acuden a rescatarles, pero cuando lo han hecho descubren algo aterrador, que supone una amenaza para toda la humanidad. Dispondrán de pocos días para detener una catástrofe que puede cambiar el mundo para siempre.
La odisea de Troya es una aventura grandiosa, una muestra más del talento excepcional de un maestro del género.
– Esperaba que lo mencionaras -reconoció Parks. Exhaló un suspiro-. Los egiptólogos todavía están intentando desentrañar el misterio.
– ¿Las respuestas podrían estar en estas habitaciones? -preguntó Summer pensativamente.
– Quizá -dijo Parks-. Los biólogos marinos están realizando pruebas de las incrustaciones encontradas en las paredes, y los fitoquímicos analizan los restos de la vida vegetal para tratar de determinar cuánto tiempo lleva cubierto por el agua el edificio.
Summer se abstrajo en sus pensamientos durante unos instantes.
– ¿Podría haber alguna inscripción debajo de las incrustraciones, algo que los arqueólogos hubieran pasado por alto?
Parks se echó a reír.
– Los primitivos celtas no dejaron ninguna representación artística ni escritos que hablaran de su cultura. Encontrar inscripciones talladas es del todo imposible, a menos que estemos equivocados al datar la construcción de Navinia.
– ¿Navinia?
Parks miró la ilustración que reproducía el edificio sumergido según la representación virtual hecha por el ordenador.
– Es un nombre tan bueno como cualquier otro.
– Un nombre tan bueno como cualquier otro -repitió Dirk. Miró a su hermana-. ¿Qué te parece si tú y yo bajamos mañana a primera hora y buscamos inscripciones en las paredes? Creo que debemos presentarle nuestros últimos respetos a la suma sacerdotisa.
– No os demoréis demasiado -dijo Parks-. El capitán ha ordenado levar anclas al mediodía. Quiere llevar los objetos a Fort Lauderdale lo antes posible.
Cuando salieron del laboratorio, Summer miró a Dirk sin disimular la curiosidad.
– ¿Desde cuándo te dejas llevar por la nostalgia?
– Hay una razón práctica para mi nostalgia.
– ¿Sí? ¿Se puede saber cuál es? -preguntó Summer con tono desabrido.
Dirk le devolvió la mirada con otra donde brillaba la picardía.
– Tengo la impresión de que han pasado por alto algo muy importante.
Sabiendo ya dónde continuar la búsqueda, nadaron directamente a la antesala. Las antiguas habitaciones habían quedado vacías. Hasta el día anterior habían tenido el aspecto de la sala de espera de un aeropuerto. Los científicos del barco habían buscado en todas las grietas y rincones y, tras recoger los objetos y muestras y guardarlos adecuadamente a bordo del Sea Yesteryear, comenzaban a evaluar los hallazgos. Dirk y Summer tenían las habitaciones para ellos solos. Sin la presencia de los arqueólogos que los vigilaran, no tenían ningún motivo para tratar las paredes con guantes de terciopelo.
Tal como habían planeado, iniciaron la búsqueda en la cámara de entrada. Summer se encargó de una pared y Dirk de la otra. Rasparon las incrustaciones con cuchillos hasta dejar la piedra desnuda, conscientes de que estaban cometiendo un sacrilegio a los ojos de los arqueólogos. Fueron recorriendo todas las paredes, en largas franjas horizontales, a una altura entre el metro veinte y el metro cincuenta. Como la estatura media de los seres humanos tres mil años atrás era unos cuantos centímetros menor, el nivel de sus ojos tenía que ser más bajo. Dirk y Summer se basaron en este hecho histórico para delimitar el área de búsqueda.
Era un trabajo lento. Después de una hora de esfuerzos inútiles, volvieron al Sea Yesteryear para cambiar las botellas de aire. Si bien todos los barcos de apoyo a las operaciones submarinas de la NUMA contaban con cámaras hiperbáricas, Dirk comprobaba meticulosamente las tablas de inmersión en el ordenador para evitarse los problemas de la descompresión.
Llevaban ya veinte minutos en la segunda inmersión, y habían pasado de la antecámara al largo pasillo, cuando Summer golpeó en la pared con el mango del cuchillo para llamar la atención de Dirk, que se acercó rápidamente y miró la sección de la pared que había raspado y que ahora le señalaba, presa de la más viva excitación.
Summer había escrito la palabra PICTOGRAMAS en las incrustaciones.
Dirk asintió al tiempo que levantaba el pulgar, entusiasmado. Juntos, se pusieron a limpiar febrilmente las piedras frotándolas con los guantes, aunque con la cautela necesaria para no estropear la preciosa reliquia que comenzaba a aparecer lentamente en la penumbra. Al cabo de unos pocos minutos, las figuras talladas en la piedra quedaron al descubierto. Los hermanos se sentían orgullosos de haber aventajado a los profesionales y saber que estaban mirando lo que nadie había visto en tres mil años.
Los pictogramas ofrecían la tan buscada pista para resolver el enigma de la casa sumergida. Dirk alumbró las figuras desde un lado, para resaltar los detalles. Las investigaciones posteriores revelarían que las imágenes recorrían ambos lados del pasillo en dos franjas de sesenta centímetros de ancho y a un metro cincuenta del suelo. El patrón era similar al tapiz de Bayona, que representaba la batalla de Hastings librada en el año 1066.
Dirk y Summer flotaron en el agua mientras contemplaban con admiración y respeto las figuras, que mostraban hombres a bordo de naves. Eran de apariencia extraña, con grandes ojos redondos y luengas barbas. Sus armas consistían en dagas de hoja larga, espadas cortas y hachas de combate con el filo curvo. Había soldados que conducían carros, pero la mayoría eran infantes.
Las escenas de batalla mostraban grandes carnicerías. Parecían representar diversos combates de una guerra lejana. También había imágenes de mujeres con los pechos desnudos que arrojaban lanzas contra el enemigo.
Summer pasó delicadamente una mano sobre las figuras de las guerreras. Miró a Dirk y le sonrió con una expresión de superioridad femenina.
Las escenas comenzaban con la partida de unas naves que abandonaban una ciudad incendiada. Más allá, aparecían azotadas por una tormenta, y luego una serie de batallas terrestres contra unas criaturas de extraño aspecto. Muy cerca de la parte inferior estaba la única nave de la flota que se había salvado, tras la destrucción de todas las demás. A continuación aparecía la misma nave, que se hundía en mitad de una tempestad. En uno de los últimos cuadros, un hombre y una mujer se abrazaban antes de que él partiera en lo que parecía ser una balsa con una vela.
Habían encontrado una crónica clásica tallada en la piedra por un antiguo artesano, que había permanecido oculta a los ojos de los hombres debajo del mar durante miles de años. Dirk y Summer se miraron a través de las máscaras con profundo entusiasmo, porque nunca habían imaginado que llegarían a descubrir algo tan increíble y extraordinario.
Dirk señaló el portal que daba al arrecife. Apagó la linterna y nadaron hacia la superficie. Atrás quedaba un precioso tesoro para quienes fueran a fotografiarlo y así exhibir al resto del mundo la fabulosa historia que contaban los pictogramas.
25
El Poco Bonito atravesó la boca del río Colorado a primera hora de la tarde. El agua, libre ya del légamo marrón, mostraba un color verde alga. Unos nubarrones blancos salpicaban el azul del cielo, y dejaban caer algún ligero chubasco cuando tapaban el sol. La tripulación de la NUMA saludaba desde la cubierta a la flotilla de pequeñas embarcaciones pesqueras que pasaban junto a ellos con los motores fuera de borda zumbando como abejorros, y los pescadores exhibían orgullosos los tarpones, los róbalos y las barracudas que habían capturado. Los tripulantes de una de las lanchas los saludaron levantando botellas de cerveza. Dos de ellos levantaron un tarpón que debía de pesar más de cincuenta kilos.
Gunn avanzó a poca velocidad y se mantuvo a un lado del río, fuera del camino de las lanchas de fibra de vidrio, aunque sin alejarse de las boyas que señalaban los límites practicables del canal. Pasada una curva, puso rumbo a un punto más allá del puerto del río Colorado, hacia un embarcadero que daba a una pasarela cubierta con tiestos de flores a ambos lados. La pasarela conducía a una gran casa en medio de un palmar.