Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]
- Автор: Шеффилд Чарльз
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 978-84-406-6480-8
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]». Краткое содержание книги:
Mientras investiga proyectos de apariencia siniestra, Wolf encuentra pistas que lo conducen al mensaje legado hace millones de años por una especie extraterrestre. Más tarde, la recurrente imagen mental de un misterioso Bailarín le llevará a enfrentarse con los rebeldes que, desde el espacio exterior, se oponen al poder de la Tierra. Razones más que suficientes para replantear lo que significa ser humano precisamente en una época en la cual los humanos adquieren cualquier forma física si lo desean y cuando el nuevo Test de Humanidad resulta esencial para identificar a los miembros de la propia especie.
—No. —La garganta de Bey se tensaba. Tenía poco tiempo para hablar—. Usted es el loco, Ransome. Usted es el que no comprende la realidad. Está acabado. Hace unos minutos enviamos un mensaje, por todos los circuitos, a los Sistemas Interior y Exterior. La gente sabe dónde está, lo que es, con cuántas acciones ha matado. Está acabado, Ransome, aunque no lo admita. No importa adonde huya, dónde se oculte, le encontrarán y lo llevarán a juicio.
La imagen del rostro de Ransome destelló de furia y asombro.
—Un acto verdaderamente intolerable. Y bastante fútil. No estoy acabado… ¡no he hecho más que empezar! Y tengo a mi alcance herramientas que están más allá de su imaginación. Le diría que espere y verá, pero no vivirá lo suficiente para eso. Muera ahora, Wolf, se le ha acabado el tiempo.
¿Era cierto? ¿Tenía Ransome más fortalezas secretas, otros recursos? Bey no lo sabía y ya no podía analizar nada. Si había que librar otras batallas contra Ransome, otros tendrían que librarlas.
Black Ransome. Ya todo se oscurecía a su alrededor. ¿O era que se estaba quedando inconsciente?
—Deja a este idiota ignorante, Mary, y sigúeme —dijo una voz cortante. Y entonces incluso la sombra oscura desapareció.
Bey luchó por mantenerse en pie, por apartarse de Mary. Ella le miraba, sujetándolo, los ojos como platos, el rostro junto al suyo.
—¡Bey! ¿Puedes oírme?
«Sombrío, sonriente rey. Ransome se ha ido. Ransome se ha ido.» Su cabeza se disolvía, fundido en negro. «Piérdete muy lejos, disuélvete, y olvida…» Bey trató de asentir, fracasó, sintió que las piernas se le doblaban.
—¡Bey! —La voz era de Mary, de su Mary, infinitamente triste y lejana—. Estoy aquí.
Él ya no podía verla. Intentó agarrarle la mano, pero al hacerlo toda sensación escapó de sus yemas.
Mary, vestida con un traje blanco de flores: «Esto es romero, para recordar.» Mientras la miraba, creció, adelgazó, palideció, se convirtió en Sylvia, le miró con desaprobación. «Demasiado pequeño, Bey Wolf, demasiado peludo. Horrible.» Sin previo aviso sus rasgos fluyeron, se convirtieron en los de Andrómeda Diconis. Tenía el labio inferior hinchado, la cara arrebolada de pasión, el pelo rojo (¿pelo rojo?), el pelo de Mary, la ronca voz de Mary diciendo: «Hay peticiones en el amor que pueden ser cumplidas.» Una cara pálida bajo el negro cabello suelto y el rebuscado sombrero. El ya había visto ese vestido muchas veces.
La mente de Bey era un caos de estados cuánticos, transiciones sin advertencia o control, palabras e imágenes fragmentadas y entrelazadas.
«Estoy muriendo, Egipto, muriendo: sólo yo importuno a la muerte aquí, deposito los últimos de muchos miles de besos sobre tus labios.» Oyó a Mary hablando en su mente, vio de nuevo la ropa de algodón, el pelo trenzado, el alto sombrero, luchó contra su ibrazo. «Pero tú no estás muriendo, Mary. Soy yo quien muere. Tengo una cita con la muerte, a medianoche, en alguna colina incendiada. Pero no era así, estoy recordando mal. Y esto no es la Tierra. Estoy muriendo aquí, lejos de la Tierra. Lejos de la noche y de la mañana, y más allá del cielo perlado.
»Siempre estuve seguro de morir en la Tierra. Por la noche, al final de un perfecto día de verano. Estrella del atardecer y de la noche, y una clara llamada para mí.»
Sintió que los brazos de Mary se tensaban en torno a él, sujetándolo al mundo. Luego también esa sensación desapareció. Al final no quedó nada, nada a lo que aferrarse. Todo el universo parpadeaba, borrándose de la existencia.
«Tu mano, gran Anarch, deja caer el telón. Y la oscuridad universal lo entierra todo.»
Bey se apagó.
29
Sólo el cambio es perdurable.