El ojo del mundo
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #1
- Год: 2004
- Язык: испанский
- Переводчик: Maria Dolors Gallart
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «El ojo del mundo». Краткое содержание книги:
La huida sólo será el comienzo de sus problemas, ya que Moraine, miembro de la antiquísima orden de las Aes Sedai, cree que Rand Al’Thor está destinado a desempeñar un papel protagonista en los acontecimientos que se avecinan y de los que dependerá la supervivencia del mundo.
—Ya no hay nada que nos retenga aquí —dijo la Aes Sedai, como si nada extraordinario hubiera acontecido.
Después se alejó del muelle, llevando del ronzal a su yegua blanca.
Rand continuó observando la corriente oculta. «Puede que haya sido un azar. Él ha dicho que no hay remolinos, pero…» De pronto, advirtió que los otros se habían marchado y remontó apresuradamente la suave pendiente de la orilla.
Tres pasos más allá, la niebla se desvaneció por completo. Se detuvo, estupefacto, y volvió la cabeza. El río hacía las veces de una línea divisoria, sobre uno de cuyos márgenes se abatía una espesa neblina mientras en el otro relucía un cielo despejado, todavía oscuro, a pesar de la intensidad de la luna que auguraba la proximidad del alba.
El guardián y la Aes Sedai conversaban junto a sus caballos a corta distancia de la frontera de la niebla. Los demás se encontraban apiñados más allá; aún en la penumbra, su nerviosismo era patente. Todos los ojos estaban clavados en Lan y Moraine y, a excepción de Egwene, todos se inclinaban hacia atrás, como si se hallaran en la disyuntiva de perder a la pareja o de aproximarse demasiado. Rand trotó a zancadas para situarse junto a Egwene y ésta le ofreció una sonrisa. No parecía que el brillo de sus ojos se debiera únicamente al reflejo de la luna.
—Sigue el curso del río como si estuviera trazada con una pluma —decía Moraine con tono satisfecho—. No existen diez mujeres en Tar Valon que puedan hacerlo por sí mismas. Y mucho menos cabalgando al galope.
—No querría que lo interpretarais como una queja —intervino Thom, con insólita timidez en él—, pero ¿no habría sido mejor resguardarnos hasta llegar un poco más lejos? Si ese Draghkar escudriña este lado del río, perderemos cuanto hemos ganado.
—Los Draghkar no son muy inteligentes, maese Merrilin —respondió con sequedad la Aes Sedai—. Son temibles y en extremo peligrosos y tienen una vista penetrante, pero escaso discernimiento. Le dirá al Myrddraal que esta orilla está despejada, pero el propio cauce está encapotado durante kilómetros en ambos sentidos. El Myrddraal sabrá el esfuerzo suplementario que ello me ha costado y deberá considerar la posibilidad de que escapamos río abajo. Eso le hará perder tiempo, ya que habrá de dividir sus esfuerzos. La niebla persistirá lo suficiente como para que nunca llegue a saber si hemos navegado un trecho en barca. Hubiera podido ampliar las brumas hacia Baerlon, pero en ese caso el Draghkar habría podido escrutar el río en cuestión de horas y el Myrddraal sabría con exactitud qué rumbo hemos tomado.
Thom emitió una ruidosa bocanada, sacudiendo la cabeza.
—Disculpad, Aes Sedai. Espero no haberos ofendido.
—Ah, Mo… ah, Aes Sedai. —Mat se detuvo para tragar saliva audiblemente—. El trasbordador… ah…, habéis…, quiero decir… No comprendo por qué… —Sus palabras se apagaron débilmente, dando paso a un silencio tan profundo que el único sonido percibido por Rand era su propia respiración.
Finalmente Moraine habló y su voz pobló de aridez la tensa quietud.
—Todos queréis explicaciones, pero, si os refiriera el motivo de cada uno de mis actos, no tendría tiempo para hacer nada más. —A la luz de la luna, la Aes Sedai aparecía extrañamente más alta, casi proyectando su silueta sobre ellos—. Os diré una cosa: es mi intención llevaros sanos y salvos hasta Tar Valon. Esto es lo único que debéis saber.
—Si continuamos aquí parados —observó Lan—, el Draghkar no tendrá necesidad de buscar en el río. Si mal no recuerdo… —Hizo subir al caballo la cuesta de la ribera.
Como si el movimiento del Guardián lo hubiese liberado de un peso en el pecho, Rand inspiró profundamente. Al oír que los demás, incluso Thom, hacían lo mismo, recordó un viejo dicho: «Mejor escupir a un lobo en el ojo que inducir a una Aes Sedai a enojo». Con todo, la tensión se había relajado. Moraine ya no proyectaba una estatura extraordinaria, y otra vez apenas le llegaba al pecho.
—Supongo que no podríamos descansar un poco —dijo esperanzado Perrin, y remató sus palabras con un bostezo.
Egwene, apoyada contra Bela, suspiró fatigada.
Aquél fue el primer sonido remotamente semejante a una queja que Rand escuchó de sus labios. «Quizás ahora se dé cuenta de que, después de todo, esto no es una maravillosa aventura». Entonces recordó con sensación de culpa que, a diferencia de él, la muchacha no había pasado el día durmiendo.
—Necesitamos reposo, Moraine Sedai —apuntó—. No en vano hemos cabalgado toda la noche.
—En ese caso sugiero que veamos lo que nos ha preparado Lan —repuso Moraine—. Venid.
Los guió por la pendiente, hacia los bosques que se extendían más allá del margen. Las ramas desnudas intensificaban las sombras. A unos cien pasos del Taren llegaron a un oscuro montículo situado junto a un claro. En aquel punto, una remota crecida había socavado y derribado todo un bosquecillo de árboles, amontonándolos hasta formar una gran maraña espesa, un amasijo compacto de troncos, ramas y raíces. Al detenerse Moraine, apareció de súbito una luz en el suelo, procedente de debajo de la masa arbórea.
Con una antorcha en alto, Lan se deslizó afuera de la protuberancia y se enderezó.
—No ha venido ningún visitante inesperado —informó a Moraine—. Y la leña que dejé todavía está seca, de modo que he encendido una pequeña hoguera. Así descansaremos en un ambiente caldeado.
—¿Habíais previsto que efectuaríamos una parada aquí? —preguntó, sorprendida, Egwene.
—Parecía un lugar agradable —repuso Lan—. Me gusta ir prevenido, por si acaso.
Moraine tomó la tea de su mano.
—¿Os ocuparéis de los caballos? Cuando acabéis, haré lo posible por mitigar vuestra fatiga. Ahora deseo hablar con Egwene. ¿Vienes?
Rand vio cómo las dos mujeres se encorvaban y desaparecían bajo la gran pila de troncos. Tenía una boca muy baja, apenas lo bastante grande para entrar arrastrado. La luz de la antorcha se desvaneció.
Lan había incluido morrales y una pequeña cantidad de avena entre las provisiones, pero no los dejó desensillar los caballos, sacando en su lugar las trabas que había incorporado también a su equipaje.
—Descansarían mejor sin las sillas, pero, si hemos de marcharnos de forma apresurada, no tendríamos tiempo para volver a ponérselas.
—No tienen aspecto de precisar gran reposo —comentó Perrin mientras intentaba deslizar un morral sobre el hocico de su montura.
El caballo sacudió la cabeza antes de permitirle situar correctamente las correas. Rand también tenía dificultades con Nube y hubo de realizar tres intentos para pasar la bolsa de lona por encima del morro del rucio.
—Sí lo precisan —les dijo Lan, al tiempo que se incorporaba después de menear a su semental—. Oh, todavía pueden correr. Correrían a toda velocidad si los dejásemos hasta el mismo instante antes de caer muertos a causa de una extenuación que ni siquiera habrían advertido. Habría preferido que Moraine Sedai no hubiera tenido que hacer lo que ha hecho, pero era necesario. —Dio una palmada al cuello del semental, el cual sacudió la cabeza como si reconociese el contacto de la mano del Guardián—. Deberemos evitar forzar su marcha a lo largo de los próximos días, hasta que se recuperen. Mantendremos un ritmo más lento del que yo desearía, aunque con suerte, tal vez sea suficiente.
—¿Es eso…? —Mat tragó saliva—. ¿Es eso a lo que se refería ella con lo de mitigar nuestra fatiga?
Rand acarició el lomo de Nube y apartó la mirada. A pesar de lo que había hecho por Tam, era reacio a ser receptor del Poder. «Que la Luz me ampare, ¡si casi ha admitido ser ella la causante del hundimiento del barco…!»
—Algo parecido —respondió con ironía Lan—. Pero no tenéis que preocuparos de la perspectiva de echar a correr hasta caer reventados. No a menos que las cosas empeoren. Consideradlo simplemente como una dosis suplementaria de sueño reparador.