El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-349-7
- Переводчик: Jordi Fibla Feito
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:
Nunca había tenido dificultades para dormir en la montaña, cuando acampaba. En cuanto oscurecía, se metía en el saco de dormir y lo hacía a pierna suelta toda la noche. Solamente en la ciudad sufría de insomnio. Durante años había tratado de combatir aquel problema yaciendo rígidamente boca arriba. En las noches de insomnio se levantaba y permanecía en estado de vigilia todo el tiempo necesario, hasta que empezaba a rondarle el sueño. El miércoles era el único día en que no solía tener dificultades para dormir. Era el día en que hacía el amor con Loretta. Una vez, muchos años atrás, Harvey había tratado de alterar aquella costumbre. Sí, Loretta acudía a su cama un lunes por la noche, pero no siempre y nunca por la tarde, cuando había luz. Por otra parte, en martes o sábado no resultaba tan agradable, porque sabían que el miércoles era su día amoroso, el día en que estaban dispuestos... Y con el tiempo la costumbre se había afirmado como cemento armado.
Harvey desechó estos pensamientos y se concentró en su buena suerte. Hamner había hablado en serio. Haría el documental. Reflexionó en los problemas que surgirían. Necesitarían un experto en fotografía con luz insuficiente; probablemente fotografiar al cometa requeriría largo tiempo. Sería divertido. Tendría que darle las gracias a Maureen Jellison por haberle puesto en contacto con Hamner. Buena chica. Era más auténtica que la mayoría de mujeres que Harvey había conocido. Qué pena que Loretta estuviera presente cuando conversaban...
Apenas fue consciente de este último pensamiento, puesto que lo rechazó rápidamente. Era un hábito que había desarrollado tiempo atrás. Conocía a demasiados hombres que estaban convencidos de que detestaban a sus esposas, cuando lo cierto era que no les desagradaban en absoluto. La hierba no siempre era más verde al otro lado de la valla. Aquella era una lección que había aprendido de sus padres y que nunca había olvidado. Su padre fue arquitecto y constructor, siempre cercano a la alta sociedad de Hollywood, pero nunca pudo lograr los grandes contratos que le hubieran enriquecido. Sin embargo había asistido a muchísimas fiestas de Hollywood. Bert Randall también tuvo tiempo para llevarse a Harvey a las montañas, y en aquellas largas acampadas hablaba a su hijo de productores, estrellas y guionistas que gastaban más de lo que ganaban y se fabricaban ilusiones que nunca podrían satisfacer.
—No pueden ser felices —decía Bert Randall—. Siempre están pensando en que la mujer de otro es mejor en la cama, o que luce más en las fiestas, y se convencen a sí mismos de que lo creen. Toda esta maldita ciudad ha llegado a creer en sus propios corresponsales de prensa, y nadie puede vivir con arreglo a esos sueños.
Y todo ello era cierto. Los sueños podían ser peligrosos. Era mejor concentrarse en lo que uno tenía. Y lo que él tenía, pensó Harvey, era mucho. Un buen trabajo, una gran casa, una piscina...
Nada de eso te ha salido gratis, le dijo una maliciosa vocecita interior, y en cuanto a tu trabajo, no puedes hacer en él lo que te parezca.
Harvey no quiso escucharla.
Los cometas no estaban solos en el halo.
Remolinos locales cercanos al centro del torbellino —aquella amalgama de gases que giraba velozmente y que al fin se contrajo para formar el sol— se hablan condensado y constituido los planetas. El inmenso calor de la estrella recién formada había desgarrado las cubiertas gaseosas de los más próximos, dejando trozos de roca fundida y hierro. Otros mundos más alejados hablan permanecido como grandes bolas de gas a las que los hombres, al cabo de mil millones de años, darían los nombres de sus dioses. También hablan existido remolinos muy distantes del eje del remolino.
Uno de ellos había formado un planeta del tamaño de Saturno, y todavía estaba haciendo acopio de masa. Sus anillos eran anchos y hermosos bajo la luz estelar. Las tormentas agitaban su superficie, pues la energía de su contracción mantenía al centro extremadamente caliente. Su enorme órbita estaba inclinada casi verticalmente con respecto al plano del sistema interno, y su imponente recorrido a través del halo de cometas tardó millares de años en completarse.
En ocasiones un cometa se desviaba, acercándose demasiado al gigantesco planeta negro, y desaparecía entre los anillos o la atmósfera cuyo espesor era de millares de kilómetros. A veces, aquella tremenda masa arrancaba un cometa de su órbita y lo lanzaba al espacio interestelar, donde se perdía para siempre. Y otras veces el planeta negro hacia caer un cometa en el torbellino y el fuego infernal de su sistema interno.
Las miríadas de cometas que hablan sobrevivido a la ignición del sol se movían en órbitas lentas y estables. Pero cuando pasó el gigante negro, las órbitas se convirtieron en un caos. Los cometas que calan en el torbellino podían retornar parcialmente vaporizados y caer de nuevo, una y otra vez, hasta que no quedaba nada más que una nube de piedras. Pero muchos no regresaron jamás.
ENERO: INTERLUDIO
Sé el primero en tu manzana que ayude a paralizar la red de energía eléctrica del nordeste.
El Otro East Village se enorgullece en anunciar el primer apagón anual de los Hombres Lobo, jijado para las tres de la tarde del miércoles, 19 de agosto de 1970. Pongamos a prueba el sistema una vez más. Conecta todos los aparatos eléctricos que estén a tu alcance. Ayuda a las compañías que producen y distribuyen la energía eléctrica a mejorar sus balances consumiendo tanto como puedas. E incluso entonces busca la manera de consumir un poco más. Conecta, en especial, calentadores eléctricos, tostadores, aparatos de aire acondicionado y cualquier otro aparato de un consumo elevado. Si los refrigeradores se conectan al máximo, dejando las puertas abiertas, pueden enfriar un piso grande con facilidad. Tras toda una tarde de alegre consumo a tope, nos reuniremos.