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Los Pájaros De Bangkok

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Los Pájaros De Bangkok
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– Hágalo como usted quiera o sepa, pero que no todo sea mujol.

– Allá usted.

Retomó Carvalho el coche, desanduvo lo andado y empezó el recorrido por los hoteles que permanecían abiertos en busca de Teresa y Archit. Por fin, en el Galúa asumieron que allí se hospedaba una señora con un acompañante japonés y que ella respondía al nombre de Teresa Marsé, pero no estaban en aquel momento en el hotel. Habían salido de mañana, muy temprano, para ver la subasta de pescado en Palos y luego, quién sabía, aunque habían pedido toallas de baño, si no con la esperanza de bañarse, sí con la de tomar el sol hacia el mediodía, porque aquí el sol pica, incluso en invierno si el día está claro.

– ¿Adónde pueden haber ido para tomar el sol?

– Vaya usted por la Manga hacia adelante hasta que deje de ver urbanizaciones y edificios altos, más allá del puente y de la casa con jardín y embarcadero que verá a su izquierda. La gente que quiere tomar el sol en solitario suele ir más allá y en esta época del año no le será difícil encontrarles. No son muchos los que se atreven. Por cierto que no es usted el primero en preguntarme por ellos.

El recepcionista no se explicó el porqué de la alarma que había aparecido en el rostro de aquel hombre.

– ¿Alguien le ha preguntado por ellos?

– Sí. Otro japonés y no hace mucho. Me ha preguntado por el señor y por la señora y le he dicho lo mismo que le he dicho a usted.

– ¿Puede describirme al que ha preguntado por ellos?

– Era un hombre fuerte, con bigote, chino o japonés desde luego, bueno también puede ser mongol porque por aquella parte todos son iguales y llevaba un sombrero negro.

– ¿Un sombrero normal?

– Sí, un sombrero de ala, normal, un sombrero, en fin.

Luego Carvalho, en la soledad de su coche zumbante entre las dunas y las urbanizaciones, se reprocharía la pregunta del sombrero. Le recordaba la que había hecho cuando había comprado la casa de Vallvidrera. Después del inventario de todo lo que entraba en la operación de venta, desde los muebles hasta el tejado, le entró una extraña angustia, una sensación de que algo faltaba y preguntó:

– ¿Y las bombillas?

– ¿Cómo dice usted?

– Las bombillas, ¿el precio también incluye las bombillas?

Aunque fue tomado como una humorada, era una pregunta cargada de ansiedad objetiva. Carvalho no dejaba respirar el pedal del acelerador. El coche se aprovechaba de la soledad de la carretera, panceaba sobre los badenes, ignoraba las señales de precaución y, aunque el instinto de conservación le incitaba a negar la posibilidad de que la sombra de "Jungle Kid" cruzara las tierras y los mares para proyectarse en aquel remanso del cabo de Palos, lo cierto es que hizo caer la tapa de la guantera y se tranquilizó cuando comprobó que allí seguía la pistola Luger. Se cumplía la descripción del paisaje hecha por el recepcionista. De pronto reaparecían las dunas, se acercaban los dos mares, se cruzaba un puente al lado de una suficiente villa con embarcadero y jardín y la soledad de la playa invitaba a detener la lógica de la máquina, a echar pie a tierra y surcar las arenas.

Les vio sobre una duna en declive, a pocos metros del vaivén de las aguas frías del Mediterráneo abierto, de espaldas a las aguas tibias del mar Menor cerrado. Ella estaba recostada en la arena, con blusa, pero sin faldas y la cabeza del hombre reposaba sobre su regazo para ser acariciada por una mano femenina al ritmo del oleaje. Pero desde la perspectiva de Carvalho se veía que no estaban solos. Hacia su duna avanzaba el corpachón poderoso e irremediable de un hombre cubierto con un sombrero. Carvalho bajó del coche, pero volvió hacia él para sacar de la guantera la pistola, quitarle el seguro y empuñarla antes de iniciar una carrera hacia la escena que se avecinaba. Vio al ralentí como el hombre del sombrero detenía su marcha y levantaba los brazos apuntando a la pareja con un fusil y Carvalho gritó el nombre de Teresa con todas sus fuerzas, un nombre que se convirtió en una piedra de palabras que descompuso el equilibrio humano del paisaje. Teresa se recogió sobre sí misma, Archit se puso de pie de un salto, el hombre del sombrero se volvió hacia Carvalho para enseñarle por un momento su rostro de "Jungle Kid" con los ojos fruncidos por la decisión y luego volverse de nuevo hacia la pareja y apuntarla. Archit abrió los brazos y cubrió con su delgado cuerpo de muchacho el de Teresa, para recibir un balazo que le hizo encogerse, doblarse hacia adelante, caer desarticulado. Carvalho disparó y la bala levantó arena de duna unos metros más allá de "Jungle Kid", que se revolvió y disparó contra Carvalho para luego echar a correr en dirección a un coche que le esperaba. Carvalho se dio a sí mismo la orden de pasarse una mano por la frente y luego la contempló llena de sangre. No le dolía, pero sabía que le habían dado. Echó a correr hacia la Piedad compuesta por una estridente Teresa Marsé que lloraba e insultaba acunando el cuerpo de Archit sobre la arena y, cuando vio llegar a Carvalho, tardó en reconocerle por encima de una barrera de odio y de temor. Carvalho estaba marcado. Se arrodilló junto a Archit, le tumbó sobre la arena, se enfrentó al espectáculo de sus ojos que divagaban por el cielo en busca de un asidero para no caer en el pozo de la muerte. Carvalho miró hacia el cielo en la esperanza de poder ayudar a Archit a encontrar el asidero, desentendidos los dos de los sabios sollozos desgarradores de la mujer. Pero en el cielo sólo había bandadas de pájaros fugitivos por los disparos de los hombres y Carvalho se creyó en la obligación de sacar de dudas a Archit.

– "Swallows". Son golondrinas.

Los labios de Archit trataron de decir algo antes de entregarse a la rigidez de la muerte. Carvalho quedó convencido de que habían tratado de repetir el nombre de los pájaros, el reconocimiento de los pájaros y, con ellos, de la gran patria de los cielos.

FIN

UN HISTORIAL DE PEPE CARVALHO

Bangkok es el destino más exótico que por ahora los seguidores de Pepe Carvalho le conocen, a la espera de que próximas aventuras abran nuevos mundos todavía no muy explorados ni explotados por las agencias de viajes especializadas en turistas japoneses. El detective viajó en octubre de 1982 a Thailandia persiguiendo el fantasma de una mujer, la vieja amiga Teresa Marsé, que quería perderse en los mares del Sur para encontrarse a sí misma, paradoja también masculina como demostraron Antonio Jaumá ("La soledad del manager"), Carlos Stuart Pedrell ("Los mares del Sur") e incluso el propio Carvalho en los años 60, tras su marcha de España a Estados Unidos.

Después de cumplir con unos supuestos e inaplazables deberes ciudadanos -sorprendentemente Pepe Carvalho votó por correo en octubre de 1982, aunque no es probable que él creyese en la consigna del cambio como sí hicieron diez millones de españoles-, embarcó rumbo al sur de Asia en un avión que más parecía un autocar de excursión de domingo con destino a Montserrat o al Escorial que un Jumbo747 con atributos transcontinentales.

No fue aquélla la primera vez que Carvalho iba al sur de Asia. Ni probablemente será la última, si cumple sus propósitos confesados durante una cena con su amigo y vecino Enric Fuster. En una fecha poco precisa -Montalbán y el detective se refieren a ella de forma vaga, aunque muy probablemente fuese a finales del año 1969 o comienzos de 1970, pocos meses antes de volver definitivamente a Barcelona-, Pepe Carvalho estaba moviéndose por el sur de Asia todavía por cuenta de la CIA. "(…) Estaba en Bangkok para ayudar a preparar la retaguardia de la presumiblemente perdida batalla del sudeste asiático á…ú. En su ánimo, una intuición de despedida, de último servicio, que no quería clarificarse a sí mismo".

La consulta del historial de José Carvalho Tourón

en la CIA no dejaría lugar a tantas especulaciones: el agente gallego operaba en el sudeste asiático como uno más de los miles de asesores civiles y militares que Estados Unidos había desembarcado en Thailandia en aquella época, en especial desde la intensificación de las acciones de las guerrillas comunistas con base en Camboya, acciones especialmente duras entre los años 1968 y 1970.

Hacía pocos meses que Richard Nixon había anunciado la escalonada reducción de efectivos militares norteamericanos en el área pero, de hecho, la CIA mantenía una activa presencia en la zona a fin de detectar cualquier signo de infiltración o radicalización de la actividad guerrillera en Thailandia. Estados Unidos daba prácticamente por perdido Vietnam pero no Thailandia, a pesar del revés diplomático que sufrió Nixon quince meses más tarde, en noviembre de 1971, cuando el gobierno militar del país asiático le exigió la total retirada de las tropas acantonadas en el país. Carvalho cumplía en Thailandia funciones de espionaje, aunque no hubiera mucho que espiar o la información que obtuviese fuera apenas relevante para el curso de la guerra.

Bangkok era la base de operaciones de muchos espías occidentales, y hasta allí volvió quince años después en un viaje absurdo en busca de Teresa Marsé.

La vuelta a Thailandia -esos pájaros de Bangkok, los mismos en todos los cielos- fue para el detective un nuevo reencuentro con su pasado, tal y como le había sucedido en Amsterdam en 1974 ("Tatuaje"), en Madrid en 1980 ("Asesinato en el Comité Central") o incluso como le sucede cada vez que sale de su casa y desciende las rampas del Tibidabo para ir a buscar refugio a su despacho de las Ramblas, el punto más cercano a la geografía de su infancia.

La etapa en la CIA

Pepe Carvalho ha recorrido prácticamente medio mundo por cuenta del Tío Sam. Durante los años 60 viajó de Norte a Sur y de Este a Oeste, y en muchas ocasiones se le pudo ver -aunque quizá sólo fuera un doble, o un sustituto, o una maniobra más de la Compañía para acrecentar la leyenda que acompañaba los movimientos de este falso agente gallego- en casi todos los puntos calientes del planeta. "Ninguna descripción de Carvalho coincide con la anterior y ya no queda ninguna esperanza de que pueda coincidir con la ulterior. En la Paz, tras el atentado contra Paz Estenssoro, carvalho era un hombre alto, aquilino, muy moreno, de ojos magnéticos. En Siria, después de la última intentona del Baas, Carvalho es un oscuro, pequeño hombre calvo con lentes bifocales. En Kenya sería un tragasables rubio panocha. ¿Quién es Pepe Carvalho?" ("Yo maté a Kennedy"). En Bolivia estuvo entre 1963 y 1964, poco antes de la definitiva caída de Víctor Paz Estenssoro; en Siria, en 1963, tras el golpe del Baas y la instauración del régimen autocrático del general Hafez; en Kenya formó parte de una leyenda fomentada hasta el infinito, la de la supuesta actividad del presunto doble o triple agente Pepe Carvalho.

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