Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Las fuerzas del mal
Las fuerzas del mal - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Las fuerzas del mal

Электронная книга - «Las fuerzas del mal». Краткое содержание книги:

En el bello paisaje de la campiña inglesa, una adinerada familia debe enfrentarse a un destino que parece condenarla a la extinción. El viejo ha perdido a su mujer, mientras sus hijos Leo, un ludópata redomado, y Elizabeth, una promiscua alcohólica condenada al fracaso, apenas son una mácula dentro de la genealogía familiar. Deprimido y con el único apoyo de su fiel abogado Mark Ankerton, Lockyer-Fox también debe hacer frente a las habladurías de sus convecinos, que le acusan del supuesto asesinato de su esposa. Se avecinan tiempos difíciles para el coronel quien, además, ha decidido destapar un viejo secreto y encomendar a Mark la tarea de encontrar a una nieta entregada en adopción apenas nacer. Una lejana vergüenza que la familia Lockyer-Fox ocultó a cal y canto, para proteger la ya maltrecha reputación de Elizabeth.
En tanto, en las tierras que lindan con la propiedad del coronel se instala un grupo de nómadas con el objetivo de asentarse por un tiempo indefinido. A la cabeza del movimiento se encuentra un siniestro personaje a quien todos conocen como Fox Evil, un individuo capaz de hundir aún más si cabe los ánimos del coronel. Sólo la providencial visita de su nieta, convertida por los avatares de la vida en una joven capitana del ejército inglés, le ayudará a encarar el avispero emocional en el que vive su agotado corazón.
1 ... 54 55 56 57 58 59 60 61 62 ... 99
Перейти на страницу:

– ¿Y a Elizabeth?

El anciano negó con la cabeza.

– Está bien. -Volvió a inclinarse hacia delante-. Bien, estoy totalmente seguro de que Leo lo sabe, James, y quizá la culpa sea mía. Si no lo sabe, ha apostado porque ése sería el camino más probable que seguiría usted. Creo que se trata de eliminar de la ecuación al otro heredero a fin de forzarlo a rehacer su testamento anterior.

– Pero Nancy lleva meses fuera de la ecuación.

– Umm… Leo no lo sabe… ni siquiera se lo podría imaginar. Nosotros tampoco. Es como dije antes: pensábamos que sería un clon de Elizabeth… y no creo que Leo pudiera esperar otra cosa. Uno basa sus juicios en lo que conoce, y por la ley de probabilidades la hija de Elizabeth debería haber dado saltos de alegría ante la oportunidad de heredar una fortuna.

– ¿Y qué sugiere usted? ¿Que esas llamadas cesarán si dejo claro que ella no es mi heredera?

Mark movió la cabeza.

– Creo que serían peores.

– ¿Por qué?

– Porque Leo quiere el dinero y no le importa mucho cómo conseguirlo. Cuanto antes muera usted, ya sea por depresión o agotamiento, mejor.

– ¿Qué puede hacer si los principales beneficiarios son organizaciones caritativas? Arruinar mi reputación no les impedirá aceptar los legados. Ahora está del todo claro que la propiedad se dividirá. No hay nada que pueda hacer al respecto.

– Pero usted no ha firmado el testamento, James -le recordó Mark-, y si Leo lo sabe, entonces también sabe que su testamento anterior en el que le dejaba la mayoría de las propiedades aún tiene validez.

– ¿Cómo podría saber eso?

– ¿Vera? -sugirió Mark.

– Está senil. En cualquier caso, yo cierro la biblioteca cada vez que ella entra en la casa.

Mark se encogió de hombros.

– Eso no significa nada. Incluso si usted lo hubiera firmado, el testamento puede ser invalidado y revocado en cualquier momento… de la misma manera que los poderes a nombre de su abogado. -Se inclinó con rapidez hacia delante y dio unos golpecitos en el contestador-. Me ha estado diciendo que esas llamadas son una forma de chantaje… pero yo lo describiría mejor usando la palabra coerción. Usted está bailando a la música que le tocan… aislándose… deprimiéndose… impidiendo que la gente se acerque. El mayor éxito de los autores de las llamadas es intimidarlo para que haga exactamente lo que ha estado haciendo: crear una barrera entre usted y Nancy. Seguramente no sabrá qué es lo que ha conseguido, pero el efecto que eso causa en usted es el mismo. Más depresión… más aislamiento.

James no lo negó.

– Antes estuve aislado en una ocasión y eso no me hizo cambiar de idea -dijo-. Esta vez tampoco.

– ¿Está hablando del campo de prisioneros de guerra en Corea?

– Sí -dijo el anciano, sorprendido-. ¿Cómo lo sabe?

– Nancy me lo dijo. Ella buscó su nombre… dice que es una leyenda.

Una sonrisa de placer iluminó el rostro del anciano.

– ¡Qué extraordinario! Pensaba que habían olvidado esa guerra hace tiempo.

– Al parecer no.

El retorno de la autoestima era casi palpable.

– Bien, al menos usted sabe que no me pueden derrotar con facilidad… y menos los matones.

Mark movió la cabeza a modo de disculpa.

– Aquél fue un aislamiento de otro tipo, James. Defendía un principio… sus hombres lo apoyaban… y usted salió de aquello como un héroe. Esto no es lo mismo. ¿No ve que no tiene amigos? Se niega a ir a la policía porque tiene miedo de involucrar a Nancy. -Señaló hacia la ventana con un dedo-. Por la misma razón, no tiene idea de lo que piensan allá fuera porque no piensa salir a retar a nadie. Además -giró el pulgar para señalar la carta sobre la mesa-, está dispuesto a echarme porque duda de mi entrega… y la razón por la que mi entrega no fue tan firme fue porque no me dijo nada.

James suspiró.

– Esperaba que todo cesara si yo no reaccionaba.

– Eso fue probablemente lo que pensó Ailsa, y mire lo que le ocurrió.

El anciano sacó un pañuelo del bolsillo y se lo llevó a los ojos.

– ¡Oh, por Dios! -dijo Mark, contrito-. Escúcheme, no quiero volver a alterarlo pero al menos considere que Ailsa se sintió tan aislada como usted. Me dijo que ella tenía miedo de las profecías que se cumplían… ¿No cree entonces que también estaba sometida a esas mentiras? Esa zorra de Bartlett habla y habla sobre cómo debió de sentirse Ailsa cuando lo descubrió. Quienquiera que le diera la información a la señora Bartlett, seguramente sabía que Ailsa estaba impresionada por eso. Es fácil decir que debió contárselo, creo que ella estaba intentando protegerlo de la misma manera que usted protege a Nancy, pero el efecto es el mismo. Mientras más se obstina en mantener algo en secreto, más fácil es hacerlo público. -Volvió a inclinarse hacia delante y su tono se tornó más insistente-. No puede dejar que sigan esas acusaciones, James. Debe oponerse a ellas.

El anciano arrugó el pañuelo entre los dedos.

– ¿Cómo? -preguntó con cansancio-. Nada ha cambiado.

– Vaya, no podía estar usted más errado. Todo ha cambiado. Nancy ya no es un producto de su imaginación… ella es real, James… y una persona real puede echar por tierra todo lo que Leo está diciendo.

– Ella siempre ha sido real.

– Sí, pero no quería verse involucrada. Ahora sí quiere. Si no, no habría venido aquí, y aún menos habría pedido que la invitaran a volver si no estuviera dispuesta a apoyarlo a usted. Confíe en ella, se lo suplico. Explíquele lo que ha estado ocurriendo, déjele oír las cintas y después pregúntele si estaría dispuesta a someterse a una prueba de ADN. También puede hacer sólo la de grupos sanguíneos… Lo que sea, no importa… Apostaría hasta mi último penique a que ella dice que sí, y entonces tendrá pruebas de coerción y amenazas que podrá llevar a la policía. ¿No ve cuánto se ha fortalecido su posición desde la aparición de Nancy esta mañana? Finalmente cuenta con un defensor honesto. Si usted no quiere hacerlo, yo hablaría en su nombre. -Hizo una mueca de complicidad-. Además, le permitiría echar a Fitolaca y Belladona a la basura. Estoy seguro de que Ailsa lo aprobaría.

No debió mencionar a Ailsa. El pañuelo regresó de nuevo a los ojos de James.

– Todos sus zorros están muertos, ¿sabe? -dijo con serena desesperación-. Los atrapa en las trampas y les destroza los hocicos antes de tirarlos en la terraza. He tenido que dispararles para poner fin a sus sufrimientos. Le hizo lo mismo a Henry… lo dejó donde cayó Ailsa, con una pierna rota y el hocico destrozado. El pobrecíllo gruñó cuando me acerqué, y cuando le puse el cañón en la cabeza supe que pensaba que yo era el responsable de que le hubieran hecho daño. Ese hombre oculta una locura inmensa. Estoy seguro de que Ailsa fue víctima de ella. Creo que la obligaron a observar mientras aplastaban el cráneo de algún pobre animalito, y creo que Prue Weldon oyó cómo ocurría. Estoy seguro de que eso fue lo que la mató. No podía soportar la crueldad. Si el animal vivía aún, ella debió de permanecer sentada a su lado hasta que murió.

Eso explicaría muchas cosas, pensó Mark. Las manchas de sangre junto a su cuerpo. La acusación de locura lanzada por Ailsa. El sonido de un golpe.

– Debió informar sobre eso, James -dijo, de manera poco adecuada.

– Lo intenté. Al menos, la primera vez. A nadie le interesó un zorro muerto en mi terraza.

– ¿Y las pruebas de crueldad?

James suspiró y volvió a apretar el pañuelo en el puño.

– ¿Tiene idea del destrozo que causa el disparo de una escopeta en la cabeza de un animal? Quizá debí dejarlo morir de dolor mientras esperaba a que apareciera un agente. Asumiendo, por supuesto, que tuvieran algún remoto interés en un animal lleno de pulgas al que cazan y envenenan todos los días del año… y por supuesto, no lo tenían. Me dijeron que llamara a la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales.

1 ... 54 55 56 57 58 59 60 61 62 ... 99
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)