Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Un asunto pendiente [A Day of Reckoning - es]
Un asunto pendiente [A Day of Reckoning - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Un asunto pendiente [A Day of Reckoning - es]

Электронная книга - «Un asunto pendiente [A Day of Reckoning - es]». Краткое содержание книги:

Megan y Duncan Richards son gente normal. Él es banquero; ella, agente inmobiliaria. Tienen dos hijas adolescentes y un hijo. Viven en una casa preciosa. Todo indica que sus días de activistas políticos, allá por 1968, han quedado muy atrás. Después de todo, cualquiera que fuera joven en 1968 tiene un pasado activista.
Pero Megan y Duncan son distintos. Ellos fueron un poco más lejos. Empujados por una hermosa mujer que se hacía llamar Tania y que dirigía un grupo radical llamado la Brigada de Phoenix, tomaron parte en un robo que, según Tania, sería sencillo y sin derramamiento de sangre, pero no fue así. Desde entonces han pasado 18 años.
Y ahora, cuando los Richards disfrutan de su tranquilidad familiar, Tania está a punto de salir de la cárcel. Lleva 18 años planeando cómo vengarse de las dos personas a las que culpa de lo que ocurrió aquel día. Su venganza será dulce, será perversa. Empezará por su hijo…
1 ... 52 53 54 55 56 57 58 59 60 ... 84
Перейти на страницу:

– Nada de eso.

– Claro que sí.

Lauren asintió por fin.

– Bien, tienes razón, ya me callo. Es sólo que me gustaría que pudiéramos hacer algo -suspiró-. Echo de menos a Tommy.

– Y yo.

– No, pero, quiero decir, de otra manera. Esta mañana cuando me levanté no podía creer que no estuviera allí intentando colarse en el cuarto de baño.

Karen rio.

– Y dejado la pasta de dientes sin tapar.

– Y las medias y calzoncillos en el suelo.

Karen negó con la cabeza.

– Tenemos que estar convencidas de que volverá. Mañana, eso es lo que ha dicho papá.

– ¿Y tú lo crees?

– Ni creo ni dejo de creer. Me limito a esperar.

– Llevo todo el día con ganas de llorar.

– Yo también, excepto en un par de momentos en que todo parecía normal y entonces me daba cuenta de que me había olvidado, y otra vez me entraron ganas.

– Te vi hablando otra vez con Will.

– Quiere que salgamos.

– ¿Y qué le has dicho?

– Que me llame la semana que viene.

Lauren sonrió.

– Es simpático.

– Sí -rio Karen-. Me gusta.

– Y sexy. Me han dicho que salió con Lucinda Smithson el año pasado.

– Ya, pero no me importa. ¿Y qué hay de Teddy Leonard, eh? Este verano se fue a París en un viaje de intercambio y me han dicho que hasta fue a un burdel.

– No lo creo.

Karen rio.

– Le habría dado miedo.

Las dos sonrieron.

– ¿Sabes por qué me gusta Teddy? -preguntó Lauren, y continuó sin esperar contestación-: Porque cuando vino a casa estuvo un rato jugando con Tommy. A veces me preocupa que Tommy nunca esté con chicos mayores, sólo nos ve a nosotras. ¿Te acuerdas que Teddy se lo llevó afuera y estuvieron jugando al rugby como media hora? Tommy estaba feliz. ¿Te conté lo que me dijo después, esa noche? Fui a llevarle un vaso de agua, después de que apagara la luz y me dijo: «Lauren, me gusta ese chico. Puedes casarte con él». ¿Lo puedes creer?

Karen soltó una carcajada uniéndose a la risa de su hermana, pero en cuestión de segundos su alegría se esfumó dando paso a un escalofrío.

– Si le hacen daño, aunque sea un poco… -empezó a decir Karen.

– Los mataremos -terminó su hermana. Ninguna de las dos se paró a pensar en cómo lo harían y en lugar de ello continuaron en silencio. Cuando Karen doblaba la esquina para entrar en su calle dijo:

– No lo puedo creer, mamá no está en casa todavía.

– Probablemente está de camino.

Karen estacionó en la rampa pero ninguna de las dos salió del coche; se quedaron mirando la casa, incómodas. Afuera estaba oscuro.

– Ojalá papá hubiera instalado el sistema ese de iluminación automática -se quejó Karen.

– Nunca imaginé que nuestra casa pudiera dar miedo -musitó Karen.

– ¡Basta! -la atajó Karen-. No hagas que parezca peor de lo que es. Odio cuando te pones cagona, como si fueras un bebé. Vamos.

Cerró de un golpe la puerta del coche y Lauren la siguió. Karen abrió la puerta delantera de la casa con su llave, entró y encendió la luz, rompiendo la penumbra gris del interior de la casa. Ambas se quitaron los abrigos y los colgaron en el armario de la entrada. Después Karen se volvió hacia su hermana y le dijo:

– ¿Ves? No pasa nada. Vamos a hacernos un té y a esperar a mamá. Estará a punto de llegar.

Lauren asintió, pero siguió sin salir del coche.

Karen miró a su hermana, que parecía estar escuchando algo.

– ¿Qué pasa? -susurró.

– No lo sé -contestó Lauren.

– Si me estás tomando el pelo…

– Chisss.

– ¡No pienso callarme! -dijo Karen-. ¡Me estás asustando! ¡No hay que ponerse histéricas!

Lauren ignoró a su hermana y preguntó:

– ¿Por qué hace tanto frío?

– ¡Y yo qué sé! -se apresuró a contestar Karen-. Deben haber bajado el termostato antes de salir esta mañana.

– ¿No sientes el frío? Es como si hubiera una ventana abierta.

Karen iba a responder pero cambió de opinión.

– Tal vez deberíamos esperar afuera -dijo abruptamente.

– Yo creo que deberíamos echar un vistazo.

Karen miró a su hermana.

– Se supone que yo soy la sensata aquí-susurró-. Y creo que deberíamos largarnos de aquí ahora mismo.

– Todavía no.

Lauren caminó unos pasos en dirección al cuarto de estar.

– Dame la mano -dijo, y su hermana obedeció.

– ¿Oyes algo?

– ¡No!

Con gran cautela entraron en la cocina.

– ¿Qué? -preguntó Karen.

– Nada, pero hace un frío helador.

De repente Karen dio un respingo.

– ¡Madre mía!

Lauren se sobresaltó.

– ¿Dónde? -¡Mira!

Karen señalaba a la despensa. Cuando vio lo que había Lauren también se sobresaltó.

Ambas permanecieron quietas mirando el pequeño espacio. Una ventana había sido forzada desde afuera y los vidrios rotos estaban esparcidos sobre el suelo de linóleo.

– ¡Tenemos que salir de aquí! -dijo Lauren.

– No, tenemos que inspeccionar la casa.

– ¿Crees que…?

– No lo sé.

– Bueno, podría ser…

– ¡No lo sé!

Karen caminó de puntillas a un cajón situado junto a la pileta y sacó un cuchillo de cocina de gran tamaño. Se lo pasó a su hermana y ella tomó un palo de amasar.

– Vamos -dijo-. Al piso de arriba.

Avanzaron por el pasillo y subieron las escaleras sin hacer ruido. Dos veces se pararon a escuchar y después siguieron; iban de la mano y con sus armas en alto. Al llegar arriba echaron un vistazo rápido al dormitorio de sus padres.

– Todo parece en orden -dijo Lauren, que empezaba a sentirse más tranquila-. Supongo que quienquiera que haya entrado se asustó al oírnos llegar.

– ¡Chisss! -dijo su hermana, asustándola otra vez-. Vamos a mirar en la habitación de Tommy. Seguro que vinieron a buscar algo suyo.

Caminaron en silencio hasta el dormitorio de su hermano.

– ¿Cómo vamos a saber si falta algo? -preguntó Karen-. Mira todo lo que hay.

Se deslizaron de nuevo por el pasillo, esta vez hasta su propio dormitorio; la puerta estaba entreabierta y Lauren la empujó con el pie.

– ¡Oh, no! -exclamó.

Karen dio un salto atrás y luego adelante, para ver la habitación.

– ¡Oh, no! -dijo también.

El dormitorio estaba patas arriba, ropa y sábanas mezcladas, los libros tirados por el suelo y objetos rotos por todas partes.

Lauren palideció y rompió a llorar. A Karen le temblaban las manos.

– ¡Fueron ellos! -exclamó.

– Pero, ¿por qué?

– No lo sé.

– Pero…

– No lo sé. -También Karen estaba a punto de llorar. Caminó hasta un montón de ropa y sacó una prenda: era un sujetador.

– ¡Oh, no! -gimió.

– ¿Qué? -preguntó Lauren.

– Mira -le respondió Karen mientras le corrían lágrimas por las mejillas. Alguien lo había rasgado con un cuchillo.

Lauren se llevó la mano a la boca.

– Creo que voy a vomitar -dijo.

Entonces ambas escucharon un ruido, irreconocible, pero aun así extraño. No habrían sabido decir si era cercano o no, si se trataba de algo peligroso o inocuo. Era simplemente un ruido que las llenó de terror, sustituyendo el miedo que ya sentían por otro, peor e indescriptible.

– ¡Están aquí! -dijo Karen.

Ambas se miraron.

– ¡Corre!

Echaron a correr escaleras abajo olvidando toda cautela y sólo pensando en salir a la oscuridad. Lauren tropezó en el último escalón y casi cayó, pero Karen la sostuvo y ambas siguieron corriendo. Karen fue la primera en llegar a la puerta; agarró el picaporte y la abrió.

Afuera estaba Megan.

Las chicas chillaron, primero de miedo y luego de alivio.

1 ... 52 53 54 55 56 57 58 59 60 ... 84
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)