Donde Termina El Arco Iris
- Автор: Ahern Cecelia
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Donde Termina El Arco Iris». Краткое содержание книги:
Este curso te pasará volando, primero porque ya lo has hecho antes y segundo y más importante porque cuentas con los buenos deseos y el orgullo de tu padre. Ésa es la mejor motivación que una persona puede tener.
¿Te importa que te pregunte qué es lo que tanto te gusta de los hoteles?
De: Rosie
Para: Julie
Asunto: ¡Por qué me encantan los hoteles!
Es por la sensación que tengo cuando entro en un hotel de los buenos. Para mí representan todo lo lujoso y lleno de esplendor que hay en la vida. Me encanta que la gente te mime y te cuide. Todo está tan limpio y reluciente, tan completamente perfecto… No como en casa, al menos no en la mía.
Me encanta que la gente vaya para pasarlo bien; no es tanto un lugar donde simplemente se trabaja, sino más bien donde se es como una anfitriona en el paraíso.
Me entusiasman los cuartos de baño brillantes, los albornoces esponjosos, las zapatillas y la decoración. ¿En qué otro lugar encuentras un bombón en tu almohada? Es como el Ratoncito Pérez y Papá Noel todo a la vez. Hay servicio de habitaciones las veinticuatro horas del día y alfombras mullidas, camas abiertas y minibares, cuencos de fruta y champú gratis. Tienes a tu disposición todo cuanto desees. Lo único que tienes que hacer es descolgar el teléfono, marcar el número mágico y quienes te contestan están encantados de complacerte.
Alojarse en uno de esos hoteles es un placer sin igual; trabajar en uno sería un placer a diario.
Cuando termine este curso entraré automáticamente a trabajar en un hotel como directora en prácticas y algo me dice que hay un empleo para mí al final del arco iris.
Tiene un mensaje instantáneo de: RUBY
Ruby: Hola, desconocida.
Rosie: Hola, Ruby, perdona que haya pasado tanto tiempo; he tenido mucho que hacer últimamente.
Ruby: No tienes que disculparte, lo sabes de sobra. ¿Cómo está tu madre?
Rosie: Regular. El depósito de lágrimas aún no se le ha vaciado. Va a venir a pasar unos días conmigo.
Ruby: ¿En el piso?
Rosie: Sí.
Ruby: ¿Cómo os lo vais a montar? No tienes habitación de invitados.
Rosie: Ay, Dios, hacía siglos que no hablaba contigo. Tras muchos días de deliberaciones con Brian el Llorica, finalmente di mi brazo a torcer y he decidido dejar que Katie pase el verano con él en Ibiza. Debo de estar loca porque por más que Brian me asegure que es un padre responsable que vigilará a su hija, no consigo dejar de pensar en el hecho de que salió pitando cuando supo que estaba embarazada y que no regresó hasta que Katie tenía trece años. No acaba de convencerme esta definición de «responsable». Además, trabajará de noche, así que ya me contarás cómo hará para saber lo que Katie anda haciendo.
Ruby: Lo bueno de que Brian sea su padre es que es propietario de una discoteca de mala muerte en una parte de la isla donde ha tenido ocasión de ver lo que suelen hacer los chicos de dieciséis años. No querrá que su hija se divierta de esa manera. Te lo aseguro. Además, estará sola, y ¿cuánto puede desmadrarse una chica que esté sola?
Rosie: ¿De verdad quieres que te conteste a eso? De todos modos, John estará con ella unas semanas y Toby y Monica también pasarán allí unas vacaciones. Además, tampoco puedo ponerme muy farruca porque Brian el Llorica se lo ha organizado para pasar casi todo el año en Dublín por Katie y tiene que estar allí durante el verano. Tiene que haber un poco de toma y daca, y Katie todavía no conoce el hogar de su padre. Además, Brian dijo que se aseguraría de que adquiriera un poco de experiencia como DJ mientras esté allí, cosa que a ella le parece genial.
Ruby: ¿Ya te has convencido lo suficiente?
Rosie: Caray, ¿ésa es la impresión que doy?
Ruby: Sí.
Rosie: Bueno, aun a riesgo de parecer una quejica (porque todos sabemos que no tengo un pelo de quejica), este verano voy a estar muy sola. Hasta mi madre pasará sólo una temporadita conmigo antes de volver a marcharse. Una gente que ella y mi padre conocieron durante el crucero se ha puesto en contacto con mamá. Están planeando un viaje a Suráfrica, donde tienen previsto pasar un mes. Ese era el próximo sitio al que mi padre deseaba ir. Siempre veía los documentales de National Geographic y juraba que un día se iría de safari. Y ahora podrá cumplir su palabra, porque mi madre se llevará con ella sus cenizas y las esparcirá entre los tigres y los elefantes. Está muy contenta con la idea, así que no pienso interferir. Kevin, en cambio, está un poco molesto: quiere tener un sitio al que podamos ir a visitar a papá, pero mamá insiste en que esto es lo que papá hubiese querido. No entiendo por qué arma tanto alboroto Kev. Casi nunca visitaba a papá cuando vivía. Aunque ahora que lo pienso, quizá su problema sea precisamente ése.
Sea como fuere, mamá no quiere seguir sola en Connemara ni un minuto más, así que se viene a pasar dos semanas conmigo antes de partir. Pero, después de eso, todos se habrán ido. Mamá, papá, Katie, Steph, Kev y Alex. Estoy más sola que la una y, como es verano y la escuela está cerrada, lo único que tengo que hacer es estudiar.
Ruby: ¿No crees que igual sea una señal de que tienes que conocer a más gente?
Rosie: Ya lo sé, ya lo sé. Estoy sola por decisión propia. Cuando tenía dieciocho años la gente de mi edad quería hablar de chicos, no de bebés; a los veintidós querían hablar de la universidad, no de niños pequeños, a los treinta y dos querían hablar de bodas, no de divorcios, y ahora que tengo treinta y cinco y por fin tengo ganas de hablar de hombres y estudios, la gente sólo quiere hablar de bebés. He probado suerte en esas reuniones matinales en cafeterías; he intentado charlar con otras madres mientras esperábamos a nuestros hijos a la puerta del colegio. No dio resultado. Nadie me comprende como tú, Ruby.
Ruby: Y hasta a mí me cuesta lograrlo. Eres única, Rosie Dunne, no hay dos como tú. Pero estoy a tu lado y, a no ser que ocurra un milagro y Gary y yo nos convirtamos en los campeones de salsa de Irlanda y volemos a Madrid para el Campeonato Europeo, no voy a irme a ninguna parte.
Rosie: Gracias.
Ruby: De nada. Pero, siguiendo con el tema «conocer a gente nueva», ¿cuándo empezarás a salir con hombres otra vez? ¡Hace unos cuantos años que estás inactiva!
Rosie: Perdona, ¿acaso no salí con Adam, cita que por cierto me montaste tú? De todas formas, aparte de esa noche tan agradable que pasé con él, tampoco es que mis aventuras amorosas hayan sido tan apasionantes como para echarlas de menos.
Ruby: ¿De veras?
Rosie: Oh, por favor, el sexo con Comosellame era de lo más mecánico. Se movía al compás de un maldito despertador que hacía tanto ruido que no me dejaba dormir (durante la noche, se entiende, no durante el sexo). El sexo con Brian el Llorica fue un mero toqueteo de borrachos en la oscuridad, de modo que apenas me acuerdo. Supongo que la noche con Adam fue especial; desde luego él fue muy diferente de los otros dos, pero me parece que nunca conoceré a mi Don Juan. Y la verdad es que tampoco me importa demasiado. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Ruby: Pero ¿no te pica la curiosidad ni siquiera un poquito por eso que no han visto tus ojos?
Rosie: No. Tengo un trabajo de mierda con un salario de mierda, un piso de mierda con un alquiler de mierda. No tengo tiempo para dedicarme al sexo con un hombre de mierda.
Ruby: ¡Rosie!
Rosie: ¿Qué? Lo digo en serio.
Ruby: No doy crédito a mis oídos. Me dejas estupefacta. Muy bien, este fin de semana te llevo a una disco.
Rosie: ¿Una disco? ¿De verdad crees que llevarme a un sitio donde tendré diez años más que todo el mundo hará que me sienta mejor? ¿Piensas que los jóvenes ardientes se interesan por las madres solteras de treinta y cinco años hoy en día? Algo me dice que no. Creo que más bien se interesan por las mujeres a las que los pechos no les llegan al ombligo.
Ruby: Vamos, no exageres. ¡Tienes treinta y cinco, no noventa y cinco! Yo conocí a mi Teddy en una discoteca, y puede que no sea Brad Pitt, pero lo que le falta de apariencia lo suple con creces en la alcoba.
Rosie: ¿En serio? ¿Intentas decirme que Teddy y tú funcionáis bien en la cama?
Ruby: Bueno, ¿acaso estoy con él por sus dotes de conversador?
Rosie: Claro que no. Pero el sexo es lo último que se me hubiese ocurrido.
Ruby: Bien, pues ahora todo eso va a cambiar, así que espabila, salgamos y pasémoslo bien.
Rosie: Francamente, Ruby, gracias, pero no. De verdad que no tengo el menor interés en conocer a nadie. Y si conociera a alguien, ¿qué haría, traérmelo a casa para presentarle a mi desconsolada madre que duerme en la habitación de al lado?
Ruby: Supongo que en eso llevas razón, pero tarde o temprano tendrás que empezar a disfrutar de la vida otra vez. ¿Reconoces esa palabra, Rosie? Disfrutar. Divertirse.
Rosie: No la había oído nunca.
Ruby: De acuerdo, este fin de semana volveremos a ir al cine, pero después de eso pienso ponerte en el mercado otra vez.
Rosie: Vale, pero créeme cuando te digo que sólo me interesa quien se lleve el lote completo. Y si nadie está interesado en comprar, no voy a aceptar inquilinos.
Ruby: ¿Y qué tal unos okupas?
Rosie: Ja, ja, ja. Prohibido el paso, propiedad privada.
Ruby: Ya te veo, armada con una escopeta, ordenando a los intrusos que salgan de tus tierras.
Rosie: Ahora empiezas a captarlo.
Capítulo 44
Querida mamá:
Perdona que no haya escrito antes, pero es que he estado tan liada desde que aterricé que no he tenido ocasión de coger un bolígrafo. Aquí hace mucho calor en estos momentos, así que me estoy currando un buen bronceado para cuando venga John. ¡Quiero parecer una auténtica belleza playera cuando vaya a recibirlo al aeropuerto!