Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «El azul de la Virgen». Краткое содержание книги:

En esta obra Chevalier fundió la existencia de una norteamericana que comienza a residir en la Francia actual con la de una joven que padeció las consecuencias de la Noche de San Bartolomé.
La primera de estas historias comienza en el último tercio del siglo XVI. El mismo día en que, en un pequeño pueblo francés, pintan el nicho de la Virgen de un azul intenso, a Isabelle se le enrojece el pelo. Desde aquel día es llamada La Rousse, como la Virgen María (ya que se decía que también tenía el pelo rojo). Pero ese apodo deja de ser cariñoso cuando los hugonotes proclaman que la Virgen se interpone entre los creyentes y Dios.
La segunda historia transcurre a finales del siglo XX. Mientras busca un pueblo interesante para establecerse con Rick, su marido, un arquitecto también norteamericano aunque sin raíces francesas, Ella Turner piensa que Francia es un banquete del que está dispuesta a probar todos los platos. Todo parece ir bien… hasta que empieza a tener pesadillas cada vez que hace el amor con su marido con la intención de concebir un hijo. Ella Turner sueña en azul, se siente arrastrada hacia un lugar lleno de azul.
1 ... 48 49 50 51 52 53 54 55 56 ... 69
Перейти на страницу:

– ¿Lo sabe Jan?

– No -me contestó, secándose los ojos y las mejillas-. No estoy preparada para esto, Ella. Quiero hacer otras cosas. He trabajado muchísimo y empiezo ahora a abrirme camino -puso la mano en el teclado y tocó un acorde-. Un hijo en este momento arruinaría mi futuro.

– ¿Cuántos años tienes?

– Veintidós.

– ¿Y quieres tener hijos?

Se encogió de hombros.

– Algún día. Todavía no. Ahora no.

– ¿Y Jan?

– A él le encantaría tener hijos. Pero ya sabes, los hombres no piensan de la misma manera. No supondría ninguna diferencia para su música, para su carrera. Cuando habla de tener hijos es de manera tan abstracta que estoy segura de que seré yo quien se ocupe de ellos. Aquella queja me resultaba familiar.

– ¿No lo sabe nadie más?

– No.

Vacilé, poco acostumbrada a hablar a otras mujeres del aborto como opción: en mi trabajo, cuando las mujeres me consultaban, ya habían decidido tener el hijo. Además, ni siquiera conocía las palabras francesas para «aborto» o para «opción».

– ¿Qué posibilidades tendrías? -le pregunté por fin, titubeando, cuidando al menos el tiempo verbal. Contempló las teclas. Luego se encogió de hombros.

– Un avortement-dijo con voz apagada.

– ¿Qué piensas sobre… el aborto? -podría haberme dado de bofetadas por la torpeza de mi pregunta. Susanne no pareció darse cuenta.

– Lo preferiría, aunque no me gusta la idea. No soy una persona religiosa, no me preocuparía por eso. Pero Jan…

Esperé.

– Bueno, Jan es católico. Ahora no va a la iglesia y se considera liberal, pero… es diferente cuando se trata de elegir en la vida real. No sé lo que pensaría. Puede que se disguste mucho.

– Bueno, has de decírselo, tiene derecho a saberlo, pero no hace falta que sea una decisión común. Eres tú quien elige lo que se ha de hacer. Por supuesto es mejor que estéis de acuerdo, pero si no es así, la decisión ha de ser tuya porque eres tú quien lleva al bebé -traté de decírselo con la mayor firmeza posible.

Susanne me miró de reojo.

– ¿Has… has pasado por…?

– No.

– ¿Quieres tener hijos?

– Sí, pero… -no sabía qué explicarle primero. De manera absurda empecé a reír tontamente. Susanne me miró con fijeza, el blanco de los ojos brillándole a la luz del farol-. Lo siento. Tengo que sentarme -dije-. Ahora te lo cuento.

Ocupé uno de los sillones mientras Susanne encendía una lámpara pequeña situada sobre el piano. Luego se acurrucó en un extremo del sofá, las piernas debajo del cuerpo, la seda verde muy estirada sobre las rodillas, y me miró expectante. Creo que la tranquilizaba dejar de ser el centro de atención.

– Mi marido y yo hemos hablado de tener hijos -empecé-. Pensábamos que ahora sería un buen momento. Es decir, en realidad, lo sugerí yo y Rick estuvo de acuerdo. Así que empezamos a intentarlo. Pero hubo algo que… me perturbó. Una pesadilla. Y ahora, ahora creo…, bueno, ahora tenemos problemas. También había… algo más. Alguien más -me sentí humillada por decirlo de aquel modo, pero de todas formas era un alivio contárselo a alguien.

– ¿Quién?

– Un bibliotecario del pueblo donde vivo. Hemos estado… coqueteando algún tiempo. Y luego… -agité las manos en el aire-. Después me sentí mal y tuve que marcharme. De manera que vine aquí.

– ¿Es guapo?

– Sí. Creo que sí. Más bien… severo.

– Y te gusta.

– Sí -era extraño hablar de Jean-Paul; de hecho, me resultaba difícil imaginármelo. A aquella distancia, en aquella habitación, con Susanne acurrucada delante de mí, lo que me había sucedido con Jean-Paul parecía muy lejano y en absoluto tan trascendental como había imaginado. Era curioso: cuando cuentas tu historia a otros se acerca más a la ficción y se aleja de la verdad. Se le añade un componente de actuación, de representación, lo que hace que te distancies todavía un poco más.

– ¿Cuánto tiempo lleváis casados Rick y tú?

– Dos años.

– Y el otro, ¿cómo se llama?

– Jean-Paul -había algo tan definitivo en su nombre que decirlo me hizo sonreír-.Me ha ayudado a buscar datos de la historia familiar -continué-. Discute mucho conmigo, pero es porque le intereso yo y lo que hago… No, no, le interesa lo que soy, en realidad. Me escucha. Me ve a mí, no su idea de mí. ¿Sabes?

Susanne asintió.

– Con él sí que puedo hablar. Incluso le conté la pesadilla y se portó muy bien, hizo que se la describiera. Y eso me ayudó.

– ¿En qué consiste esa pesadilla?

– No lo sé. No tiene argumento. Sólo una sensación. Como si… me faltara la respiration -me di golpecitos en el pecho. Frank Sinatra, pensé. El cantante de los ojos azules.

– Y un azul, un color azul muy preciso -añadí-. Como en los cuadros del Renacimiento. El color que utilizaban para la túnica de la Virgen. Hay un pintor…, dime, ¿has oído hablar de Nicolas Tournier?

Susanne se incorporó y agarró con fuerza el brazo del sofá.

– Dime más sobre ese azul.

Por fin, una conexión con el pintor.

– Tiene dos partes: hay un azul claro, la capa superior, llena de luz y… -me esforcé por encontrar las palabras-. El color se mueve con la luz. Pero hay también una oscuridad por debajo de la luz, muy sombría. Los dos tonos luchan entre sí. Eso es lo que hace que el color resulte tan vivo y tan difícil de olvidar. Es un color muy hermoso, ¿te das cuenta?, pero también triste, tal vez para recordarnos que la Virgen está siempre llorando la muerte de su hijo, incluso cuando nace. Como si ya supiera lo que va a pasar. Pero luego, cuando Jesús ha muerto, el azul sigue siendo hermoso, todavía hay esperanza. Te hace pensar que nada es completamente una cosa u otra; el azul puede ser luminoso y feliz pero siempre subsiste esa oscuridad por debajo.

Me detuve. Las dos nos quedamos calladas.

Luego Susanne dijo:

– También yo he tenido ese sueño.

– Lo tuve sólo una vez, hace unas seis semanas, en Amsterdam. Me desperté aterrorizada y llorando. Creí que me ahogaban en azul, el azul que describes. Era extraño porque me sentía feliz y triste al mismo tiempo. Jan me explicó que además decía algo, que recitaba un fragmento de la Biblia. No pude dormir después. Tuve que levantarme y tocar, como esta noche.

– ¿Tienes whisky? -pregunté.

Fue a la librería, abrió el armario de la parte inferior y sacó una botella mediada y dos vasitos. Volvió a sentarse en la esquina del sofá y nos sirvió a las dos. Pensé en la conveniencia de decirle algo sobre las bebidas alcohólicas en su estado; pero no hizo falta: después de pasarme uno de los vasitos, olió el otro e hizo una mueca; luego destapó la botella y restituyó el whisky.

El mío me lo bebí de un trago. El licor se impuso a todo: la fondue, el vino, mi angustia por Rick y Jean-Paul. Y me dio lo que necesitaba para hacer preguntas incómodas.

– ¿Cuánto llevas de embarazo?

– No estoy segura -puso una mano en cada manga del quimono y se frotó los brazos.

– ¿Cuándo te faltó el…, el…? -traté de expresarme por señas.

– Hace cuatro semanas.

– ¿Cómo es que te has quedado embarazada? ¿No usabas nada? Lo siento, pero es importante.

Bajó la vista.

– Me olvidé un día de tomar la píldora. De ordinario la tomo antes de acostarme, pero me olvidé. No creí que tuviera importancia.

Empecé a decir algo pero Susanne me interrumpió.

– No pienses que soy estúpida o irresponsable. Es sólo que… -se tapó la boca con la mano-. A veces es difícil creer que existe un vínculo entre una pildorita y quedarse embarazada. Es como magia, dos cosas sin ninguna relación, que no deberían tener nada que ver la una con la otra, es absurdo. Intelectualmente lo entiendo, pero no con el corazón.

1 ... 48 49 50 51 52 53 54 55 56 ... 69
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)