Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Fases De Gravedad
Fases De Gravedad - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Fases De Gravedad

Электронная книга - «Fases De Gravedad». Краткое содержание книги:

Su protagonista es Richard Baedecker, un antiguo astronauta del proyecto Apolo y uno de los hombre que caminaron por la Luna. Lo que se cuenta es su relación con sus antiguos compañeros de misión, uno convertido en evangelista y otro en senador, con su hijo, seguidor de un gurú hindú, y con la antigua novia de éste. Pero ante todo es la historia de un hombre que se busca a sí mismo después de su momento de gloria, el relato de su búsqueda de la trascendencia, de un sentido para el resto de la vida. No es una novela de acción, sino una historia de personajes y, como dice Spinrad, la resolución final no es física sino espiritual.
Hay mucho en esta novela (además de sobre vuelo y montañismo) sobre la vida entendida como una obra de arte, de intentar hacer que cada momento tenga sentido por sí mismo, de la búsqueda del ser propio. Hay una imagen recurrente: dos astronautas jugando al frisbee en la Luna. Y tenemos también a Richard, que se lanza, arriesgando la vida, en ala delta desde una montaña por el simple propósito de celebrar la naturaleza.
La novela es ciertamente mística, pero se trata de un misticismo real que jamás se manifiesta o se hace explícito en cosas tangibles. Permea la novela esa sensación de que el mundo es algo más de lo que vemos, esa incomodidad que sentimos al vivir día a día, que nos obliga a buscar nuevas metas en la vida. Hay cierta religiosidad en la actitud del personaje, una búsqueda de un lugar sagrado. Pero no es más que la reacción de una persona de mediana edad que se encuentra ejerciendo un trabajo que no le gusta, una simple manifestación psicológica. No se asuste el lector, no hay ningún elemento fantástico en la novela. Pero la mirada y la voz de Simmons sí que son fantásticas.
Dan Simmons es un escritor sorprendente, ya que en ningún momento renuncia a la tradición literaria de la lengua en la que escribe. Hay mucho en esta novela de lo mejor de la actual novelística americana. Un punto obvio de conexión es John Updike, pero donde Updike es irónico, Simmons es comprensivo: no aspira a juzgar a su personaje sino a entenderlo.
1 ... 47 48 49 50 51 52 53 54 55 ... 68
Перейти на страницу:

Dave se sacó la hoja de hierba de la boca y la tiró.

– Fue uno de los momentos más felices de mi vida. Papá dijo que estaba furioso conmigo y me amenazó con darme una tunda si me zambullía de nuevo… pero yo sabía que estaba orgulloso. Una vez, cuando fuimos a Condon en el camión, oí que le contaba la historia a un par de amigos, y supe que estaba orgulloso de mí. Sabes, Richard, pensaba en ello cuando pilotaba helicópteros de evacuación médica en Vietnam, y supe que era algo más que complacer a papá. Odiaba estar en Vietnam. Me moría de miedo todo el tiempo y sabía que me iba a estropear la carrera cuando se enterasen de lo que estaba haciendo. Odiaba el clima, la guerra, los insectos, todo. Y era feliz. Lo pensé entonces y comprendí que me hacía muy feliz salvar cosas, salvar a la gente. Era como si todo en el universo conspirara para hundir a esos hijos de perra, para engullirlos, y yo aparecía en ese condenado helicóptero y aguantaba porque nos negábamos a dejar que se hundieran.

Regresaron a la casa, instalaron la parrilla cerca del jeep y cocinaron la cena. El frío de la noche llegó en cuanto se borró la luz del sol. Baedecker vio dos picos volcánicos que reflejaban los últimos destellos al norte y al este. Esperaron a que las brasas estuvieran listas, pusieron las hamburguesas, añadieron gruesas rodajas de cebolla y comieron vorazmente, con cervezas.

– ¿Has pensado alguna vez en comprar el rancho y reconstruirlo? -preguntó Baedecker.

Dave negó con la cabeza.

– Demasiados fantasmas.

– Aun así, has venido a vivir en las cercanías.

– Sí.

– Una amiga mía dice que podría haber lugares de poder -dijo Baedecker-. Que no está mal que pasemos la vida buscándolos. ¿Qué opinas?

– Lugares de poder -dijo Dave-. Como las líneas magnéticas de fuerza de la señora Callahan, ¿eh?

Baedecker asintió. La idea sonaba absurda, desde luego.

– Creo que tu amiga tiene razón -dijo Dave. Sacó otra cerveza de la nevera portátil y le sacudió el hielo-. Pero apuesto a que la cosa es más complicada. Hay lugares de poder, sin duda. Pero es como decíamos anoche. Hay que contribuir a crearlos. Tienes que estar en el sitio indicado en el momento indicado y saberlo.

– ¿Y cómo lo sabes? -preguntó Baedecker.

– Porque sueñas con él pero no piensas en él -dijo Dave.

Baedecker abrió otra cerveza y apoyó los pies en el salpicadero. La casa era sólo una silueta contra un cielo desleído. Baedecker se cerró la cazadora.

– Sueñas con él pero no piensas en él.

– Correcto. ¿Has practicado alguna vez meditación zen?

– No.

– Yo la practiqué durante varios años -dijo Dave-. La idea es liberarte de los pensamientos, para que no haya nada entre tú y la cosa. Se supone que al no mirar ves con claridad.

– ¿Funcionó?

– No -contestó Dave-, no para mí. Me ponía a cantar mi mantra o lo que fuese y pensaba en todas las cosas del universo. La mitad del tiempo tenía sueños eróticos que me provocaban una erección. Pero encontré algo que sí funcionaba.

– ¿Qué?

– Nuestro entrenamiento para la misión -dijo Dave-. Las interminables simulaciones dieron el resultado que supuestamente debía dar la meditación.

Baedecker sacudió la cabeza.

– No estoy de acuerdo. Fue todo lo contrario. Toda la maldita cosa, cuando al fin ocurrió, era igual que las simulaciones. Yo no experimenté nada especial por toda la preprogramación que me habían inculcado las simulaciones.

– Sí -dijo Dave, dando un último mordisco a su hamburguesa-, eso creía yo. Luego comprendí que no era así. Lo que hicimos fue transformar esos dos días en la Luna en un sacramento.

– ¿Un sacramento? -Baedecker se caló la gorra sobre las cejas y frunció el ceño-. ¿Un sacramento?

– Joan era católica, ¿verdad? -preguntó Dave-. Recuerdo que ibas a misa con ella en Houston.

– Sí.

– Bien, entonces entiendes a que me refiero, aunque actualmente no se hace tan bien como cuando yo era niño e iba con mamá. El latín contribuía.

– ¿Contribuía a qué?

– Contribuía al ritual. Y en la misión contribuyeron las simulaciones. Cuanto más ritualizado está, menos pensamientos se interponen. ¿Recuerdas los primero que hizo Buzz Aldrin cuando tuvieron unos pocos minutos de tiempo libre después del aterrizaje del Apollo 13.

– Celebrar la comunión -dijo Baedecker-. Se llevó el vino y todo lo demás en su botiquín personal. El era… ¿qué…? ¿presbiteriano?

– No importa -dijo Dave-. Pero lo que Buzz no comprendió es que la misión misma ya era el ritual, el sacramento ya estaba allí, esperando a que alguien lo celebrara.

– ¿Cómo? -preguntó Baedecker, aunque la verdad de lo que decía Dave ya le había afectado por dentro.

– Vi la fotografía que dejaste allá -dijo Dave-. Esa foto de ti, Joan y Scott. Junto al paquete de experimentos sísmicos.

Baedecker no dijo nada. Se recordaba arrodillado en el crepúsculo lunar ante la fotografía, bajo las capas del traje presurizado, bajo la bendición de la cruda luz del sol.

– Yo dejé una vieja hebilla de mi padre -dijo Dave-. La dejé al lado de los espejos de reflexión láser.

– ¿De veras? -preguntó Baedecker, realmente sorprendido-. ¿Cuándo?

– Cuando tú preparabas el Rover para el viaje a Rill 2 en la primera actividad extravehicular. Demonios, me sorprendería que alguno de los doce que caminamos allá arriba no hubiera hecho algo así.

– Nunca pensé en ello -dijo Baedecker.

– El resto fue un mero preparativo para desechar lo intrascendente. Incluso los lugares de poder son inútiles a menos que estés dispuesto a llevar algo a ellos. Y no me refiero sólo a las cosas que llevamos: son al verdadero sacramento lo que ese trozo de pan es a la Eucaristía. Luego, si al regresar eres igual que antes, sabes que no era un lugar de poder.

– Ahí está, ése es el problema -dijo Baedecker-. Nada ha cambiado.

Dave rió y cogió el brazo de Baedecker.

– ¿Hablas en serio, Richard? -murmuró-. ¿Recuerdas quién eras? ¿Tienes idea de quién eres ahora?

Baedecker meneó la cabeza.

Dave no dijo nada. Se levantó para arrojar las brasas, enterrarlas en la arena y guardar los bártulos en la parte trasera del jeep. Se acercó a Baedecker.

– Muévete -dijo-. Tú conduces. Yo estoy demasiado ebrio.

Baedecker, que había bebido a la par de Dave durante la tarde y el anochecer, movió la cabeza y ocupó el asiento del conductor.

1 ... 47 48 49 50 51 52 53 54 55 ... 68
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)