Un Puerto Seguro
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Un Puerto Seguro». Краткое содержание книги:
Desde las sombras ha emergido una vengativa figura que acecha a la belleza con un espeluznante propósito: despojarla de todo cuanto es y destruirla. Sólo un hombre está destinado a ser su protector. Ahora Jonas deberá ayudar a la mujer que ama a salir del remolino de siniestra oscuridad que amenaza no sólo a Hannah, sino también a toda la familia Drake
– Quizás fue el comentario de “muñeca Barbie”. O la acusación de “quitarse la ropa para que lo viera el mundo entero”, o el millón de pullas que te gusta arrojarme. -Ella se frotó la garganta de nuevo, dando un pequeño respingo cuando la yema de su dedo se deslizó sobre los profundos cortes, todavía en carne viva.
Jonas le cogió la mano y se la llevó hacia su pecho, capturándola ahí mientras se inclinaba a rozar los cortes con besos.
– No lo toques. ¿Te duele la garganta? -Su voz era incluso más un susurro que un sonido.
– Por dentro. La siento rasgada y ardiente.
– Entonces no discutas conmigo. Tengo toda la razón y lo sabes. Deberías haberme escuchado. -Jonas presionó besos ligeros como plumas por su garganta y por la curva de su mandíbula-. Dilo, Hannah. Di que deberías haberme escuchado.
Ella no podía pensar muy bien con su cuerpo tan cerca, pegado al suyo, y su boca deslizándose por su piel. Había estado decidida a mantenerlo a un brazo de distancia. A pesar de lo que los otros pensaran, ella supo instintivamente que el peligro la rodeaba. No venía de una dirección particular, pero el viento se lo dijo. Permaneció al margen tanto como le fue posible, esperando localizar a su enemigo, pero la identidad de la persona la eludió. Sólo podía intentar proteger a la gente que amaba. Y ella amaba a Jonas. No podía recordar un tiempo en que no lo hubiera hecho.
– Jonas… -Insertó ambas manos entre ella y su pecho, intentando conseguir un poco de espacio-. Sabes que esto no puede funcionar. -El solo pensamiento de perderlo la hacía helarse por dentro, pero incluso Jonas necesitaba protección. Él no lo creía, pero ella lo había visto vulnerable y dolido. Mejor que se enfadara con ella y supiera la verdad completa, aunque después la despreciara.
La impaciencia cruzó rápidamente su cara.
– No empieces, Hannah. Ya me has fastidiado bastante por un día.
– No puede funcionar, Jonas. Tú crees que has visto quién soy, pero ves lo que quieres ver, igual que mis hermanas.
– Tus hermanas ven lo que proyectas deliberadamente para ellas -la corrigió él-. Yo te veo.
– Soy una cobarde, Jonas -admitió ella, desesperada por salvarlo-. Me amarías un tiempo, y después cuando te dieras cuenta de lo que soy realmente, se convertiría en desprecio.
Él estalló en risas, inclinándose para besarle la punta de la nariz.
– Quizás fueras una cobarde para admitir que me amabas, pero no eres una cobarde, pequeña.
– Sin embargo, lo soy. -El pánico estaba regresando como siempre lo hacía. A gran escala, atacando como lo había hecho el hombre que la había apuñalado. Agarrándola apretando los dedos, hasta que tuvo que luchar por su aliento, hasta que no pudo pensar claramente. Había ido a peor desde que fue apuñalada. Las paredes se cerraban sobre ella, y atrapada como estaba ahora, con el cuerpo de Jonas impidiéndole salir corriendo, tuvo que esforzarse profundamente para mantener el control.
– ¿Porque prefieres quedarte en Sea Haven antes que viajar por el mundo? ¿Porque eres un poco tímida en público? ¿O porque tartamudeas un rato cuando estás entre personas que no conoces? Si fueras una cobarde, Hannah, no habrías intentado complacer a tu familia saliendo a perseguir una carrera que ni siquiera quieres, una carrera muy pública.
– Tenía que defenderme por mí misma.
– Si, tenías, pero intentar agradar a la gente que quieres no te convierte en una cobarde. Exasperante quizás, pero no cobarde. Y nunca has tenido problemas para enfrentarte a mí.
Ella bajó la mirada hacia la evidencia de los cortes en las manos y los brazos.
– Sí los tengo.
– No, quieres complacerme, de la misma forma que quieres complacer a tus hermanas, pero te mantienes firme y haces cualquier maldita cosa que quieres hacer y cuando quieres hacerlo. Me están saliendo canas, deberías saberlo.
Hannah frunció el ceño. ¿Lo hacía? Ya no sabía nada. Su vida había cambiado dramáticamente en segundos. Se tocó las terribles heridas en su cara y cuello, pero evitó tocar sus pechos. Todavía veía cada imperfección de su cuerpo, cada gramo extra, y ahora estaban las terribles heridas abiertas en su carne. Jonas había acunado sus pechos, la había mirado como si fuera la mujer más hermosa del mundo. No podía soportar los recuerdos de él mirándola tan reverentemente, tan amorosamente.
Abruptamente, cogió la manta y se refugió en el balcón. Aunque el sol ya se había puesto y sería difícil para un fotógrafo conseguir una foto clara de ella, se deslizó la manta como una capucha sobre la cabeza para mantener la cara en las sombras.
Jonas la siguió con un pequeño ceño. Nunca había sido bueno con las palabras cuando tenía que ver con Hannah. Estaba seguro de poder encantar a los pájaros de los árboles cuando se refería a otros, pero Hannah le volvía del revés y le convertía en un idiota. Odiaba que ella estuviera herida. Cada instinto, cuerpo y mente, quería protegerla, quería hacérselo todo más fácil, pero no tenía idea de cómo. Estaba desorientado, cometiendo errores y perdiendo la calma.
Impacientemente, se acercó a la barandilla para tener una mejor vista de lo que los rodeaba. No había construcciones cercanas en las que alguien pudiera apostarse con rifles, pero alguien podría conseguir un ángulo desde los riscos. Los fuertes vientos cambiando sobre los acantilados podían hacer el disparo extremadamente difícil, de todas formas. Probablemente sólo había una docena de hombres en el mundo que pudieran hacer ese disparo y dudaba que ninguno de ellos tuviera resentimiento contra Hannah.
– Estoy segura aquí. El viento me avisará.
Jonas inspeccionó el agua, tomando nota de las rocas. Los barcos no podrían acercase lo suficiente y las olas eran demasiado fuertes y variables. De nuevo, sería difícil conseguir un buen disparo.
Apoyó una cadera contra la barandilla y miró hacia la cabeza inclinada de Hannah. Todavía no lo estaba mirando realmente, ocultándole la cara con la manta. No quería que se escondiera de él. Había permanecido abiertamente enfrente de Ilya Prakenskii, las heridas severas y en carne viva en la cara y el pálido cuello, pero se escondía de él. El nudo en la garganta estaba estrangulándolo y el viento que traía sal marina, le quemaba en los ojos.
– Sabes que no voy a permitirte que te alejes con esto. ¿Qué estabas haciendo preparando una bolsa? -Mantuvo la mirada fija en su rostro. Nunca había sido buena escondiéndole sus emociones.
Hannah se envolvió más en la manta, tratando obviamente de esconderle más su expresión.
– Sólo necesitaba un poco de espacio.
Jonas se sentó en la baranda y columpió un pie de aquí para allá, permitiendo que el silencio se alargara y creciera. Las aves marinas se llamaban entre ellas mientras sobrevolaban en círculos perezosos, alguna se lanzaba, ocasionalmente, hacia abajo para desaparecer en el mar antes de remontar de nuevo con un pez hacia la roca en la que se encaramaría durante la noche. El océano se agitaba y giraba como una música atronadora que disminuía y aumentaba en lontananza.
Él dejó escapar un suspiro.
– Estás mintiéndome otra vez, Hannah. -Se inclinó hacia delante para captar su mirada esquiva-. ¿Crees que voy a dejarte salirte con la tuya sólo porque tienes una cicatriz o dos?
Ella se tocó las feas líneas feas de su cara otra vez con las puntas de los dedos.
– No te lo estoy preguntando. No es tu problema, Jonas.
Él levantó una ceja.
– ¿De verdad? ¿Tú no eres mi problema? -Bufó él burlonamente-. Tú has sido mi problema desde el jardín de la infancia. ¿Por qué preparabas una bolsa, Hannah?
Las chispas estallaron en sus ojos y sus blancos dientes se apretaron en un arranque de genio.
– Estoy protegiendo a mis hermanas, y a ti. -Furiosa con él, se le escapó la verdad sin querer y se arrepintió al instante.