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Un Puerto Seguro

Электронная книга - «Un Puerto Seguro». Краткое содержание книги:

Hannah Drake, una de las siete hijas de un linaje de extraordinarias mujeres, ha sido el escurridizo objeto de los afectos de Jonas Harrington desde que el hombre tiene memoria. Ojalá la despampanante súper-modelo se dejara llevar por otra pasión que no fuera su carrera. Pero Jonas no es el único que desea a Hannah.
Desde las sombras ha emergido una vengativa figura que acecha a la belleza con un espeluznante propósito: despojarla de todo cuanto es y destruirla. Sólo un hombre está destinado a ser su protector. Ahora Jonas deberá ayudar a la mujer que ama a salir del remolino de siniestra oscuridad que amenaza no sólo a Hannah, sino también a toda la familia Drake
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Hannah estaba sacando ropa de su cómoda, con lágrimas cayéndole por la cara, mientras la lanzaba a una pequeña bolsa de deporte que había abierto encima de la cama. Pudo ver la fatiga y los oscuros círculos que rodeaban sus ojos. Se le encogió el corazón a pesar de su enfado. Hannah era una mujer de grandes contrastes. Parecía frágil y delicada, pero aún así tenía un corazón de hierro. Tenía ataques de pánico, pero defendía valerosamente a sus hermanas. Era tímida, pero se convirtió en un personaje público.

Nunca podría, mientras viviera, superar la visión de ella entrando en la habitación, la cabeza en alto, con la cara cortada profundamente y en carne viva, pero con la mirada firme mientras enfrentaba a Prakenskii con la dignidad de una reina. Se dio cuenta de que eso le estaba costando su orgullo. Sabía que no quería que la vieran. Pero permaneció de pie frente a todos e insistió en que la tratasen como a una adulta. Nunca había estado tan orgulloso de ella. Aún así, aquí estaba él, para reñirla. Otra vez. Suspiró.

Ella levantó la vista, sus húmedas pestañas de punta, casi le rompieron el corazón. Se llevó la mano defensivamente a la garganta, donde le habían hecho tres cortes deliberados, dañándole las cuerdas vocales para siempre. Quiso atraerla a sus brazos y apretarla fuerte.

– Sal -le dijo ella-. Tienes que salir y dejarme sola.

La furia lo atravesó. Demasiado para sus buenas intenciones. Volvió a cerrar la puerta de golpe, ésta vez contra Joley cuando ella intentó entrar, y cerró el pestillo, cruzando la habitación de tres grandes zancadas.

– ¿Qué demonios creías que estabas haciendo, Hannah? -Jonas la cogió por los hombros y le dio una pequeña sacudida-. ¿Te gusta jugar con fuego? Te dije que te mantuvieras alejada de Rudy Venturi. Puede parecer indefenso, pero está viviendo en una fantasía y no sabes qué puede pasar si su fantasía se interrumpe.

– ¡Jonas! -protestó Sarah, desde el otro lado de la puerta-. ¿Qué estás haciendo?

– Voy a sacudirla, eso es lo estoy haciendo -exclamó Jonas-. ¿Por qué no puedes, aunque sea por una vez, estar de acuerdo con algo de lo que digo, Hannah? ¡Ese hombre es un patán chiflado y le llevas una fotografía firmada personalmente! Sé de lo que te estoy hablando cuando nos referimos a seguridad, pero no, tú simplemente tenías que desafiarme. -Sus ojos se oscurecieron, brillando sobre su cara levantada, mientras le daba otra sacudida, con la furia recorriéndolo, creciendo y creciendo como las imágenes de un cuchillo apuñalándola, mientras él estaba a miles de millas de allí, danzaban por su cabeza-. Haces lo que todo el mundo te dice como una maldita mascota, pero conmigo, tienes que discutir y desafiarme en cada recodo. Incluso si estás arriesgando tu propia vida.

– Para, Jonas -lo llamó Joley, golpeando la puerta-. Para. Suenas como si fueras a hacerle daño.

– Nunca le haría daño -declaró Jonas, soltando a Hannah abruptamente-. Lárgate de una maldita vez, Joley. Tú también, Sarah. Esto es entre Hannah y yo.

– Estoy bien, Joley -le aseguró Hannah-. Déjanos.

– ¿Estás segura, Hannah? -preguntó Sarah-. No tienes por qué aguantarle que te grite.

– Yo no me entrometí entre tú y Damon, Sarah -siseó Jonas-. Concédenos la misma cortesía. Iros. -Se pasó ambas manos por el pelo, esperando a que el ruido de pasos se desvaneciese antes de mirar a Hannah-. Maldita sea. ¿Por qué arriesgaste así tu seguridad?

Retrocedió alejándose de ella, las manos le temblaban mientras cruzaba la habitación. Su pecho se hinchaba mientras intentaba llenarlo de aire, mientras intentaba alejar las imágenes que surgían en tropel. Había habido demasiada sangre. Su largo cabello estaba por todas partes, pero en vez de ser platino y dorado, los rizos eran rojos. Casi no podía respirar y de hecho se tambaleó, buscando ciegamente algo a lo que agarrarse.

Hannah lo cogió del brazo.

– Siéntate, Jonas. No has dormido en días.

– Semanas -la corrigió y se hundió en la silla grande junto a la chimenea. Él la abrazó por la cintura, enterrando la cara contra su estómago. Sus brazos ciñeron, dos bandas de acero, trabándola a él, manteniéndola tan cerca como pudiera conseguir. Un estremecimiento atravesó su cuerpo-. Maldita sea, Hannah. Me estás matando.

Los dedos de Hannah se enterraron en su pelo, haciendo pequeños círculos tranquilizadores contra su cuero cabelludo en un intento de calmarle.

– Todo está bien, Jonas. Estoy viva. Todo va a ir bien.

Arrodillándose, apoyó su cabeza contra la de él, sin estar segura de estar diciéndole la verdad. No estaba segura de haber sobrevivido. Estaba viviendo, pero vivía con el terror y la comprensión de que alguien la odiaba tanto como para destruirla. Ella no era fuerte como sus hermanas. Prefería el amparo de su hogar, de su pueblo, la familiaridad de las cosas con las que había crecido. Siempre se había sentido segura en Sea Haven. Ahora no sabía dónde estaría a salvo. Quienquiera que fuera el que la odiaba estaba aquí en Sea Haven y no podía arriesgarse a que hirieran a sus hermanas, o a Jonas. Tenía que marcharse y tenía que irse sola.

Jonas normalmente la protegía de la intensidad de sus emociones, pero justo ahora, estaba demasiado trastornado. Sentía en él la misma desesperación que ella recordaba de hacía tanto tiempo, cuando él había intentado mantener a su madre con él, de salvarla, de encontrar una forma de alejarla del dolor. El dolor de Jeanette Harrington había sido, como el de Hannah, de los dos tipos, físico y emocional. No quería morir y dejar a su hijo solo en el mundo. Hannah no sabía cómo vivir. Jonas se sentía responsable de ambas -siempre lo había hecho- y justo ahora, todo esto se mezclaba con la furia y el pesar.

En ese momento supo, con asombrosa claridad, que su propia incertidumbre no le importaba. Sintió el estremecimiento que recorrió el cuerpo de Jonas y sintió que tenía que encontrar una forma de alejarle del dolor. Captó las imágenes de su ataque en su mente. La desesperada necesidad de llegar a ella, la agonía del pensamiento de perderla. La furia contra sí mismo por no estar con ella para protegerla. No encontró compasión, ni horror por la visión de su cuerpo mutilado, y eso fue un don inesperado. Pero el amor que encontró ahí, fuerte -intenso, casi desperado- la sofocó. ¿Cómo podría dejarle si ella se sentía de la misma forma?

– Estoy enfadado contigo, Hannah -susurró él, manteniendo la cara enterrada en la calidez de su cuello-. Estoy realmente enfadado contigo.

– Lo sé. -Ella le sostuvo la cabeza entre sus brazos, manteniéndolo cerca-. Está bien. Lo conseguiremos. No sé cómo, pero lo haremos. -Estaba agradecida porque no hubiera testigos del pánico de Jonas. Era un hombre fuerte y orgulloso, y derrumbarse delante de cualquiera -especialmente de su familia, a quienes él creía que necesitaba proteger siempre- lo humillaría.

– Tienes que escucharme, Hannah, cuando se trata de un asunto de tu seguridad. No puedo funcionar así. El miedo es paralizante, desmoralizador, ni siquiera puedo respirar pensando en ti así. Tienes que hacer al menos esto por mí. Dame eso.

Ella le besó en la frente.

– No lo hago a propósito, Jonas. No es un desafío. No sentí una amenaza por parte de Rudy, sólo soledad. Yo sé lo que es eso. A veces, incluso rodeada por mis hermanas, me sentía sola.

– Porque crees que nadie conoce a tu verdadero yo -dijo él-. Pero yo sí. Yo te veo, Hannah. Nunca has estado sola. -Pero ella no lo había visto. No lo había podido leer en él y no había visto su pasada frustración e ira. Él la había protegido de conocer sus verdaderos sentimientos. Ella se las había arreglado durante tanto tiempo, bombardeada por la gente que la rodeaba, y él no había querido añadirle esa carga. Al final casi pierde su oportunidad con ella.

– Hannah. -Apretó su abrazo sobre ella-. Rudy Venturi es inestable. A ti te dio pena, pero no se te ocurrió que en su mente él no es una amenaza. No la sentiste en él porque no cree que esté haciendo nada malo. Si él decide que tiene que matarte para mantener a los hombres malos lejos de ti, no cree que esto sea incorrecto. No puede sentir maldad o incluso amenaza porque su intención es ayudarte. No todo es como tú crees que es.

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