Contacto
- Автор: Саган Карл Эдуард
- Год: 1989
- Язык: испанский
- Год: Plaza & Jan
- Переводчик: Raquel Albornoz
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Contacto». Краткое содержание книги:
Estaban situados en la mesa de siempre, junto a la ventana, en Chez Dieux. Soplaba un aire fresco, premonición del invierno. Un muchacho joven cuya única concesión al frío era una bufanda azul que llevaba anudada al cuello, pasó entre los barriles de ostras que se exhibían en la acera. Ellie pudo deducir por los cautelosos — y atípicos — comentarios de Lunacharsky, que las opiniones de los delegados soviéticos estaban divididas. Era obvio que les preocupaba la posibilidad de que la Máquina redundara en una ventaja estratégica para los Estados Unidos. Vaygay había quedado muy impresionado por la propuesta de Baruda de quemar la información y destruir los radiotelescopios puesto que no conocía de antemano su posición. Los soviéticos habían desempeñado un papel crucial en el registro de datos — era el país que cubría una mayor longitud, dijo —, y además eran los únicos que tenían buques equipados con radiotelescopios. Por lo tanto, esperaban que su actuación fuese preponderante en cualquiera que fuere el próximo paso a dar. Ellie le aseguró que, en lo que de ella dependiera, se les asignaría dicho rol.
— Mira, Vaygay, por nuestras transmisiones televisivas, ellos saben que la Tierra gira, y que existen muchas naciones. Lo deben de haber deducido con sólo mirar la propalación de las Olimpíadas, y seguramente lo confirmaron al recibir las imágenes procedentes de otros países. En consecuencia, si son tan avanzados como suponemos, podrían haber enviado la emisión de modo que la recibiera un solo país. Sin embargo, no lo hicieron porque su deseo es que el Mensaje llegue a todos los habitantes del planeta y que todos participen en la construcción de la Máquina. Esto no puede ser un proyecto enteramente norteamericano ni ruso.
No obstante, se vio en la necesidad de aclarar que no sabía qué papel jugaría ella en las decisiones respecto de la fabricación de la Máquina o la selección de los tripulantes. Al día siguiente regresaba a los Estados Unidos, más que nada para analizar la cantidad de datos recibidos en esas últimas semanas. La sesión plenaria del Consorcio parecía ser interminable y no se había fijado aún la fecha de cierre. A Vaygay los propios soviéticos le habían pedido que permaneciera unos días más puesto que acababa de arribar el ministro de Relaciones Exteriores, quien asumiría la titularidad de la delegación soviética.
— Mucho me temo que todo esto termine mal — vaticinó él —. Son tantas las cosas que pueden salir al revés. Fallas de orden tecnológico, político, humano. Y aun si superáramos todos los obstáculos, si la Máquina no nos llevara a una guerra, si la fabricáramos correctamente y no estalláramos por los aires, la situación me aflige de todas maneras.
— ¿Por qué? ¿A qué te refieres?
— En el mejor de los casos habremos quedado como unos tontos.
— ¿Quiénes?
— ¿Es que no entiendes, Arroway? — Se le hinchó una vena del cuello —. Me llama la atención que no lo percibas. La Tierra es… un gueto. Sí, un gueto donde estamos atrapados todos los seres humanos. Tenemos la vaga idea de que existen grandes ciudades fuera de nuestro gueto, con anchos bulevares por donde pasean carruajes y mujeres envueltas en pieles. Pero las ciudades están demasiado lejos y somos tan pobres que ni siquiera podemos llegar allí, ni aun los más ricos de nosotros. Además sabemos que ellos no nos quieren; por eso es que nos abandonaron en este sitio patético, en primer lugar.
«Y ahora nos llega una invitación, muy elegante, como dijera Xi. Una tarjeta con adornos y un carruaje vacío. Nosotros debemos elegir a cinco aldeanos para que el carruaje los lleve… ¿quién sabe adonde? A Varsovia, a Moscú o incluso a París. Por supuesto, a algunos los tienta la idea de ir. Siempre va a existir gente que se sienta halagada por una invitación, o que la tome como un medio para escapar de esta decrépita aldea.
«¿Y qué crees que va a ocurrir cuando lleguemos ahí? ¿Acaso supones que el gran duque nos invitará a cenar, que el presidente de la Academia nos formulará interesantes preguntas acerca de la vida cotidiana en esta inmunda comarca? ¿Crees que la Iglesia Ortodoxa rusa nos hará participar de un ilustre debate sobre temas religiosos?
«No, Arroway. Miraremos arrobados la gran ciudad, y ellos se reirán de nosotros. Nos exhibirán como objetos curiosos. Cuanto más atrasados seamos, más placer experimentarán.
«Es un sistema de cupos. Cada tantos siglos, cinco de nosotros pasarán un fin de semana en Vega. Los seres rústicos son dignos de compasión y es preciso demostrarles quiénes son los mejores.
Capítulo trece — Babilonia
Con los seres más despreciados por compañía, recorrí las calles de Babilonia…