Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]
La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]

Электронная книга - «La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]». Краткое содержание книги:

En el año 3159, la humanidad ha conquistado las estrellas, y los otrora despreciados gitanos son hoy mimados y respetados, porque solo ellos pueden llevar a buen puerto las astronaves en sus largos saltos estelares.
Pero los gitanos tienen también otros talentos,. Arrastrados por su tradición errante, siguen vagando, pero hoy no solo a través del espacio, sino también del tiempo: su facultad de espectrar les permite trasladarse a las más remotas épocas, y volver al viejo y ya desaparecido planeta Tierra para contemplar su vida pasada, desde el esplendor de la antigua ciudad de Atlantis hasta el horror de los campos de exterminio nazis.
Y los gitanos mantienen un antiguo sueño: volver a su mundo de origen. Porque ellos nunca fueron nativos de la Tierra. Y así, contemplan desde el cielo de los mil mundos por los que se hallan ahora dispersos la Estrella Romani, de la que tuvieron que huir precipitadamente para salvar sus vidas, y anhelan el día en que podrán regresar a su hogar. Y quien mas lo anhela es Yakoub, el Rey de los Gitanos, un personaje mezcla de Falstaff y Ricardo Corazón de León, que abdicó de su trono para poner las cosas en su sitio y ahora tiene que volver a él para cumplir con el último destino de la raza rom.
1 ... 46 47 48 49 50 51 52 53 54 ... 117
Перейти на страницу:

—¿Y Shandor? —pregunté, y contuve el aliento.

Polarca me miró. Sus ardientes ojos orlados de rojo se mantuvieron fijos en los míos por unos instantes. Luego se echó a reír suavemente y agitó la cabeza y la mano, apartando a un lado mi preocupación del mismo modo que apartarías un mosquito.

—¡Shandor! —exclamó, riendo como si hallara divertido incluso el nombre. Para él, parecía estar diciendo, Shandor era un tema que apenas merecía discusión, una bagatela, un absurdo —. No es nada, Yakoub. ¡Nada! —Tendió la mano hacia el coñac. La botella estaba vacía. La acarició ligeramente —. Este coñac no está nada mal, ¿sabes?

6

Durante los siguientes días se dejaron ver todos los demás. Mis queridos amigos, aquellos que habían sido mi apoyo y mis colaboradores en los tiempos de mi reinado. Uno a uno llegaron en las astronaves que acudían a Xamur desde todas partes de la galaxia. Mi gabinete, el círculo interno de mi corte en los días en que tenía una corte. Y además otros dos, dos huéspedes inesperados.

Jacinto y Ammagante llegaron juntos, de Galgala. Viajaban siempre juntos, aunque difícilmente hubieran podido ser más distintos: Jacinto pequeño y arrugado, como una nuez oscura y vieja que era imposible partir, y Ammagante alta, de grandes huesos, con el abierto rostro de un niño de alma generosa. En mi reinado, Jacinto había sido el hombre del dinero, el estudioso de las tendencias y el manipulador de las fuerzas, el que controlaba nuestras inversiones, tejiendo pacientemente la red de las propiedades roms que se extienden de mundo en mundo y en mundo. Ammagante era su maga de las comunicaciones, y de sus largos brazos fluían los impulsos instantáneos que proporcionaban a Jacinto la información que necesitaba. Había un extraño poder en aquella mujer. Hablaba muchos idiomas. En su infinita sabiduría mi hijo Shandor los había echado a los dos, y —eso me hizo saber Polarca—, Jacinto y Ammagante seguían trabajando de forma independiente, ganando unos cerces aquí y otros allá, asegurándose su subsistencia. Podía imaginar qué tipo de subsistencia, conociéndoles como les conocía.

La misma nave que los trajo de Galgala trajo también a aquella taimada vieja, Bibi Savina. Nuestra phuri dai, la madre de la tribu. Que seguramente hubiera sido reina entre nosotros, si las cosas hubieran sido de otro modo. (No podemos nombrar reinas a las mujeres —no se ha hecho nunca, no se hará nunca—, pero a su manera la phuri dai es tan importante como el rey. Y algunas veces incluso más. Malhadado el rey que ignore su consejo o le deniegue su alta posición. Ha habido algunos que lo han intentado, y todos lo han lamentado.)

Pienso en Bibi Savina como en una mujer increíblemente vieja, más allá de toda medida. Eso se debe a las visitas que me hizo cuando yo era un niño que aún me meaba en los calzones y ella un espectro, hace años y años. Pero de hecho es unos treinta años o así más joven que yo, aunque elige parecer una vieja arpía. La saludé con profundo respeto, incluso con cierto temor reverente: ¡yo, temor! Pero se lo merece. Es una fuente de poder y sagacidad. Por supuesto, el cambio de gobierno en Galgala no ha afectado su autoridad: la phuri dai es elegida no por el rey sino por la voluntad de la propia tribu, y una vez ocupa su cargo ningún rey puede apartarla de su lado. Incluso el impulsivo Shandor tenía el suficiente sentido común como para no meterse con Bibi Savina. Pero el hecho de que ella hubiera acudido a Xamur a mi llamada me indicaba dónde estaban lealtades.

Biznaga llegó después: mi enviado a la corte imperial, mi enlace con el gobierno galáctico. Era elegante y obsequioso, con la gracia y la apostura de un diplomático, y el elegante guardarropa de un diplomático también: nunca he conocido a nadie que vistiera tan espléndidamente como Biznaga. Vino de la Capital, donde había estado viviendo su retiro. Shandor también lo había jubilado. No debía confiar en nadie de mi gente. Me pregunto por qué.

De Marajo, donde había ido a cuidar de sus propios intereses tras su viaje a mi nevado mundo del exilio, acudió mi primo Damiano. Con él, para mi sorpresa, estaba el joven Chorian…, el primero de mis dos huéspedes no invitados.

A Polarca no le gustó aquello en absoluto. Nos llevó a Damiano y a mí a un aparte y dijo:

—¿Qué está haciendo él aquí, en nombre de Mahoma?

—Pensé que podía ser útil —dijo Damiano —. Ve las cosas con ojos claros y posee el auténtico fuego rom. Y me ha servido bien en más de una ocasión.

Polarca no se sintió impresionado por aquello.

—Es el hombre de Sunteil, ¿no? ¿Quieres que todo lo que se diga aquí le sea retransmitido inmediatamente a Sunteil?

—El mismo sol se alzará dos veces en un mismo día antes de que eso ocurra —respondió Damiano, lanzándole a Polarca aquella tensa mirada suya —. Quizá reciba su paga de Sunteil, pero su corazón está con nosotros. Que todos mis hijos mueran en este mismo momento si te he dicho algo que no sea la verdad.

Damiano te enterrará debajo de su dignidad rom y su retórica rom, cuando desea ganar en una discusión. Polarca alzó las manos desesperado. Pero esta vez yo estaba con Damiano. Di unos ligeros golpes a Polarca en el hombro. Desde una cierta distancia, Chorian me miraba con aquella adoración de cachorro que tanto detestaba y tan bien comprendía. Creo que Polarca se sentía celoso de ello. También es humano, hasta el punto que cualquiera de nosotros puede llamarse humano; no deseaba que hubiera allí nadie que me adorase más intensamente que él. Pero, por supuesto, Polarca exhibe su adoración de una forma muy especial.

—No veo ningún riesgo en que Chorian esté aquí —le dije suavemente —. Ese muchacho es uno de nosotros. Llegué a conocerle muy bien cuando estuvo en Mulano conmigo.

—Pero es el rom particular de Sunteil…

—No es de Sunteil. Sólo deja que Sunteil lo crea así.

—Quizá sólo deje que tú y Damiano penséis que no lo es.

—Polarca —dije, sonriendo suavemente, masajeando su brazo —. Ah, Polarca. Esto no es más que una mierda paranoide, y tú lo sabes.

—Yakoub, te digo que…

—Polarca —dije, un poco menos suavemente.

Pese a todo, hubo otra ronda o dos de gruñidos al respecto. Pero al final sabía que tendría que ceder, y eso hizo. Chorian se sintió rebosante de alivio y gratitud: sabía que la discusión había estado centrada en él y en decidir si podía quedarse. Y prácticamente espumaba de alegría ante el hecho de verme de nuevo. Sin embargo, pese a todo su ímpetu juvenil, parecía ahora menos ingenuo, de alguna forma más maduro, que cuando había estado en Mulano. Estaba empezando a sentir confianza en sí mismo. De todos modos, parte de aquella ingenuidad no había sido probablemente más que camuflaje: pero no cabía ninguna duda de que estaba ganando rápidamente confianza en estos días, y debía sentir menos necesidad de ocultarse detrás de su juventud. Iba a resultar útil. Damiano había hecho bien trayéndole. De tanto en tanto, durante las conferencias de los días siguientes, vi a Polarca meditando aún, como si todavía estuviera absolutamente seguro de que habíamos invitado a un espía del Imperio entre nosotros; pero incluso él dejó de preocuparse por Chorian al cabo de un tiempo.

A su debido momento apareció Valerian. O más bien el espectro de Valerian, debería decir: Valerian no se atrevía a poner el pie en ningún mundo del Imperio, no con la recompensa de diez mil cerces puesta por su cabeza. Incluso un toro se hubiera sentido tentado por aquello. Valerian tenía muchos enemigos entre nosotros, después de todo; los gaje no son las únicas víctimas de su piratería. Pero Valerian o espectro de Valerian, eso no tenía mucha importancia, porque el espectro de Valerian tenía tanto vigor que no resultaba fácil distinguirlo del auténtico Valerian. Excepto que el espectro, como la mayoría de los espectros, tenía una forma de derivar un poco por encima del suelo, y emitir una cierta crepitación eléctrica de tanto en tanto.

1 ... 46 47 48 49 50 51 52 53 54 ... 117
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)