Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » Vestido para la muerte
Vestido para la muerte - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Vestido para la muerte

Электронная книга - «Vestido para la muerte». Краткое содержание книги:

Un travesti ha sido asesinado y su cuerpo aparece con el rostro desfigurado. Quizá otra víctima anónima para el registro de crímenes sin resolver. Pero el comisario veneciano Guido Brunetti, obedeciendo a su infalible instinto, descubre que ese hombre vestido de mujer es Leonardo Mascari, director del Banco de Verona y respetable ciudadano en Venecia. Podría ser un simple caso de doble vida, pero los indicios delatan que hay algo más en esta nueva e intrigante historia de Donna Leon. Su personaje, el comisario Brunetti, considerado por la crítica como «el heredero del Maigret de Simenon» y «el comisario con mayor carisma» de este género literario, encuentra a un abogado del Vaticano y activo miembro de la Lega della Moralità -asociación destinada a perpetuar la fe, la familia y las virtudes morales- en el apartamento de un chapero llamado Crespo. Y poco a poco se enfrenta a una trama en la que están implicados los niveles más altos del mundo financiero, gubernamental y eclesiástico.
1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 ... 62
Перейти на страницу:

– ¿Quería hablar conmigo, professore?. -preguntó Brunetti levantándose pero sin extender la mano,

– En efecto -dijo Ratti indicando a su mujer que se sentara en la silla que estaba frente a la mesa de Brunetti y acercando otra de la pared, sin pedir permiso. Cuando los dos estuvieron instalados, prosiguió-: He venido para decirle lo mucho que me desagrada que la policía invada la intimidad de mi hogar. Más aún, deseo formular una queja por las insinuaciones que se me han hecho-. Ratti, como tantos milaneses, se comía las erres, con lo que producía un sonido que Brunetti asociaba inconscientemente al de ciertas actrices de las más exuberantes.

– ¿Y qué insinuaciones son ésas, professore? -preguntó Brunetti, volviendo a sentarse e indicando a Vianello con una seña que se quedara donde estaba, al lado de la puerta.

– Que existen irregularidades en el arriendo de mi apartamento.

Brunetti miró a Vianello y vio que el sargento alzaba la mirada al techo. No sólo acento milanés sino también un lenguaje relamido.

– ¿Qué le hace pensar que se haya hecho tal insinuación? -preguntó Brunetti.

– Bien, ¿por qué si no iba su policía a irrumpir en mi apartamento exigiendo que le enseñe los recibos del alquiler?

Mientras el profesor hablaba, su esposa examinaba el despacho.

– ¿«Irrumpir», professore?-preguntó Brunetti en tono afable-. ¿«Exigir»? -Y a Vianello-: Sargento, ¿cómo entró en la propiedad que el profesor tiene… en arriendo?

– Me abrieron la puerta.

– ¿Y qué dijo usted a la persona que le abrió la puerta?

– Que deseaba hablar con el professore Ratti.

– Comprendo -dijo Brunetti y se volvió de nuevo hacia Ratti-. ¿Y cómo se le formuló la «exigencia», professore?

– Su sargento me pidió que le enseñara los recibos del alquiler. Como si yo fuera a guardar eso.

– ¿Usted no acostumbra guardar recibos, professore?

Ratti agitó una mano y su esposa lanzó a Brunetti una mirada de estudiada sorpresa, dando a entender que consideraba una pérdida de tiempo guardar comprobantes de sumas tan pequeñas.

– ¿Y qué haría si un día el propietario del apartamento dijera que no había pagado el alquiler? ¿Qué pruebas podría presentar usted? -preguntó Brunetti.

Ahora el ademán de Ratti indicaba que había que descartar semejante posibilidad, mientras la mirada de la esposa daba a entender que nadie podría pensar siquiera en dudar de la palabra de su marido.

– ¿Puede decirme cómo paga el alquiler, professore?

– No creo que eso sea asunto de la policía -dijo Ratti, combativo-. No estoy acostumbrado a que se me trate de este modo.

– ¿De qué modo, professore? -preguntó Brunetti con auténtica curiosidad.

– Como se trata a un sospechoso.

– ¿Le han tratado como a un sospechoso antes de ahora otros policías, para que esté familiarizado con ese trato?

Ratti se levantó a medias mirando a su mujer.

– No tengo por qué aguantar esto. Tengo un amigo que es concejal de la ciudad.

La mujer hizo un ligero ademán y él volvió a sentarse lentamente.

– ¿Podría decirme cómo paga el alquiler, professore Ratti?

Ratti lo miró de frente.

– Lo ingreso en la Banca di Verona.

– ¿En San Bartolomeo?

– Sí.

– ¿Y a cuánto asciende el alquiler, professore?

– No es nada -dijo el profesor con displicencia.

– ¿Son doscientas veinte mil liras?

– Sí.

Brunetti asintió.

– Y el apartamento, ¿cuántos metros cuadrados tiene?

Ahora intervino la signora Ratti, como si ya no pudiera seguir soportando tanta idiotez.

– No tenemos ni idea. Lo suficiente para nuestras necesidades.

Brunetti se acercó la lista de los apartamentos administrados por la Liga, buscó la tercera página y deslizó el índice por la columna de nombres hasta llegar al de Ratti.

– Me parece que son trescientos doce metros cuadrados -dijo-. Repartidos entre seis habitaciones. Sí, imagino que eso será suficiente para las necesidades de cualquiera.

La signora Ratti saltó:

– ¿Qué quiere decir?

Brunetti la miró fríamente.

– Lo que he dicho, signora, ni más ni menos. Que seis habitaciones han de ser suficientes para dos personas, porque son dos, ¿verdad?

– Y la criada.

– Tres -concedió Brunetti-. Pero siguen siendo suficientes. -Desvió la mirada hacia el marido, con la cara impasible-. ¿Cómo consiguió un apartamento de la Liga, professore?

– Muy sencillo -empezó a decir Ratti, pero a Brunetti le pareció que estaba nervioso y trataba de disimularlo dando énfasis a sus palabras-. Lo solicité por el procedimiento habitual y me fue concedido.

– ¿A quién lo solicitó?

– A la Lega della Moralità, por supuesto.

– ¿Y cómo sabía que la Liga alquilaba apartamentos?

– Es de dominio público en la ciudad, ¿no, comisario?

– Si aún no lo es, no tardará en serlo, professore.

Los Ratti no contestaron a esto, pero la signora Ratti miró rápidamente a su marido y después a Brunetti.

– ¿Recuerdan si alguien en particular les habló de los apartamentos?

Los dos respondieron instantáneamente.

– No.

Brunetti se permitió una sonrisa levemente sardónica.

– Parecen muy seguros. -Hizo un garabato en la lista al lado de sus nombres-. ¿Les hicieron una entrevista antes de concederles el apartamento?

– No -dijo Ratti-, rellenamos el formulario y lo enviamos. Luego nos dijeron que habíamos sido seleccionados.

– ¿Se lo comunicaron por carta o por teléfono?

– Hace tanto tiempo que ya no lo recuerdo -dijo Ratti, miró a su mujer buscando confirmación y ella movió la cabeza negativamente.

– ¿Y hace dos años que tienen el apartamento?

Ratti asintió.

– ¿Y no guarda ningún recibo del alquiler?

Esta vez también tocó a la mujer negar con la cabeza.

– Dígame, professore, ¿cuánto tiempo pasa al año en el apartamento?

Él reflexionó un momento.

– Venimos para el Carnevale.

Su esposa remachó la frase con un firme:

– Desde luego.

El marido prosiguió:

– También venimos en septiembre y, a veces, en Navidad.

La esposa intervino para agregar:

– Y algún que otro fin de semana durante el resto del año, desde luego.

– Desde luego -repitió Brunetti-. ¿Y la criada?

– Viene de Milán con nosotros.

– Desde luego -convino Brunetti, agregando otro garabato a la lista.

– ¿Podría decirme, professore, si conoce los fines de la Liga, sus objetivos?

– Sé que pretende defender y fomentar la moralidad -respondió el profesor en un tono que indicaba que, en su opinión, por mucho que se hiciera con este propósito, siempre sería poco.

– Sí, claro -dijo Brunetti-. Pero, aparte de eso, ¿sabe la finalidad que persigue mediante el alquiler de apartamentos?

Ahora fue Ratti el que miró a su mujer.

– Creo que su finalidad es la de conceder los apartamentos a las personas que, según su criterio, reúnan las condiciones exigidas.

– Y sabiendo eso, professore -prosiguió Brunetti-, ¿no le pareció extraño que la Liga, una organización veneciana, diera uno de los apartamentos que administra a una persona de Milán, y una persona, además, que sólo lo utilizaría unos meses al año? -Como Ratti no respondiera, Brunetti insistió-: Porque usted debe de saber lo difícil que es encontrar un apartamento en esta ciudad, ¿no?

1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 ... 62
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)