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La torre de la golondrina

Электронная книга - «La torre de la golondrina». Краткое содержание книги:

Tras una larga espera por fin ha llegado esta Torre de la golondrina de Sapkowski, perteneciente a la mal llamada saga de Geralt de Rivia, ya que el protagonismo del brujo se va diluyendo conforme avanza la saga para dejar paso a la verdadera protagonista de la serie, la joven Ciri de Cintra, pieza central de todo lo que pasa en el mundo que la rodea. Esto se hace aun más evidente en esta entrega en la que Geralt aparece solo un par de capítulos en los que continua su marcha en busca de Ciri en compañía de Jaskier y el grupo que se reunión en la anterior entrega de la serie.
La acción comienza con Ciri llegando a una cabaña de un ermitaño al que va contando su historia, y así en un enorme flashback nos pone al día de sus andanzas. A lo largo de los recuerdos de Ciri tendremos momentos llenos de acción, de crueldad, Ciri lo pasa mal, muy mal, de ternura, de humor. Todo esto esta narrado, no solo por Ciri, sino por los numerosos personajes que van apareciendo en sus andanzas, conformando un complejo puzle, que a veces es difícil de seguir, pero que consigue recrear un fresco de las aventuras de la joven en el que una vez que todo encaja asistimos a un final tan climático y abierto que nos dejará ansiosos por comenzar a leer La dama del lago, última entrega de la serie, donde suponemos que asistiremos a un final a la altura de las novelas, en realidad una sola, que conforman la serie.
Como en todas las entregas anteriores destaca la habilidad de Sapkowski para dotar de voces personales a todos y cada uno de los personajes que aparecen, tanto a los viejos amigos como a los nuevos que se incorporan en esta entrega, como el ermitaño o algunos de los bandidos,merito compartido con la excelente traducción, entrelazar una estructura narrativa alambicada en la que las distintas lineas de acción van concordando con la precisión de un reloj, aunque en esta ocasión flojean un tanto las historias de Geralt y Yennefer, mas que nada por lo poco que aportan al destino final de la serie, en comparación con la importancia del personaje de Ciri, lo que lastra el resultado final de esta entrega, que aun así es sin duda uno de los títulos imprescindibles de la fantasía.
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Angouléme se retorció en la silla, señalando a Geralt con un movimiento que se diría de todo su delgado cuerpo.

– ¿Y esto -gritó- qué es? ¿No es verdad? ¡Que niegue que no es brujo y que no es Geralt! ¡Me van a decir aquí que no soy creíble! ¡Pues que se vaya a Belhaven, y tendrá mejor prueba de que no miento! Su cadáver lo hallarán a la mañana en las canales. ¡Sólo que entonces diréis que no previne el delito y que de benevolencia nada! ¿No? ¡Fulleros, su puta madre, es lo que sois! ¡Fulleros y eso es todo!

– No la golpeéis -dijo Geralt-. Por favor.

En su voz había algo que detuvo a mitad de camino las manos alzadas del prefecto y del guardia. Angouléme se sorbió las narices, mirándolo penetrantemente.

– Gracias, abuelete -dijo-. Pero pegar no es nada, si quieren que peguen. A mí me pegaban desde pequeña, estoy acostumbrada. Si quieres hacerme bien, confirma entonces que digo la verdad. Que mantengan su palabra. Que me cuelguen, su puta madre.

– Lleváosla -ordenó Fulko, intentando acallar con un gesto las protestas de Geralt-. No nos es ya necesaria -aclaró, cuando se quedaron solos-. Ya sé todo y os lo aclararé. Y luego os pediré reciprocidad.

– Primero -la voz del brujo era fría- aclaradme de qué iba este ruidoso final, terminado con una extraña petición de ahorcamiento. Al fin y al cabo la muchacha, como testigo de la corona, ya ha hecho lo suyo.

– Todavía no.

– ¿Cómo que no?

– Homer Straggen, llamado Ruiseñor, es un truhán extraordinariamente peligroso. Cruel y desvergonzado, astuto e inteligente, y para colmo con suerte. Su impunidad estimula a otros. Tengo que acabar con esto. Por eso he hecho un trato con Angouléme. Le prometí que si como resultado de su declaración, Ruiseñor es atrapado y su cuadrilla deshecha, Angouléme será ahorcada.

– ¿Cómo? -El asombro del brujo no era fingido-. ¿Ésta es la institución del testigo de la corona? ¿A cambio de colaborar con las autoridades, la soga? Y por negarse a colaborar, ¿qué?

– El palo. Precedido de sacarle los ojos y arrancarle los pechos con tenazas al rojo.

El brujo no dijo ni una palabra.

– Esto se llama ejemplo por el miedo -siguió al cabo, Fulko Artevelde-. Una cosa muy necesaria en la lucha contra el bandolerismo. ¿Por qué apretáis tanto los puños que hasta casi se oyen crujir vuestros pulgares? ¿Acaso sois partidario de matar humanitariamente? Pero vos os podéis permitir ese lujo, al fin y al cabo combatís principalmente a seres que, por muy ridículo que pueda sonar, también matan humanitariamente. Yo no puedo permitirme el lujo. Yo he visto caravanas de mercaderes y casas asaltadas por el Ruiseñor y otros parecidos. He visto lo que le hicieron a la gente para que señalaran escondrijos o dijeran las consignas mágicas de cajas y cofres. He visto mujeres después de que el Ruiseñor hubiera comprobado con un cuchillo si no escondían bienes preciados. He visto a personas a las que se les hicieron cosas todavía peores para simple diversión bandoleril. Angouléme, cuyo destino tanto os preocupa, tomó parte en tales diversiones, eso es seguro. Estuvo el tiempo suficiente en la banda. Y si no fuera por el mero azar, por el hecho de que huyera de la banda, la hubierais conocido de otra forma. Puede que fuera ella quien os hubiera disparado en la espalda con la ballesta.

– No me gustan los «y si». ¿Sabéis el motivo por el que escapó de la cuadrilla?

– Sus declaraciones fueron escasas en este sentido, y mis gentes no quisieron divulgarlo. Pero todos saben que Ruiseñor es del tipo de hombre que gusta de poner a las mujeres en su papel diríamos natural. Si no resulta de otro modo, les impone ese papel por la fuerza. A esto se añadió seguramente un conflicto generacional. Ruiseñor es un hombre maduro y la última compaña de Angouléme eran unos crios igual que ella. Pero esto son especulaciones, en realidad todo ello no me incumbe. Y a vos, me permito preguntar, ¿por qué os importa tanto? ¿Por qué desde el primer momento que la visteis os produce Angouléme tan vivas emociones?

– Extraña pregunta. La muchacha denuncia un ataque contra mí que al parecer preparan sus antiguos camaradas por encargo de algún medioelfo. Cosa en sí bastante extraordinaria porque no tengo ninguna cuenta pendiente con ningún medioelfo. Aparte de ello, la muchacha sabe en qué compañía viajo. Con tales detalles como que el trovador se llama Jaskier y la mujer se ha cortado la coleta. Precisamente esa coleta hace que sospeche que todo esto no es más que mentira o provocación. No sería muy difícil atrapar y preguntar a uno de los colmeneros del bosque con los que viajé la semana pasada. Y montar rápidamente una comedia…

– ¡Basta! -Artevelde golpeó con el puño en la mesa-. Un poco demasiado os aceleráis, señor mío. ¿Quiere decir esto que yo estoy montando una comedia? ¿Y con qué objetivo? ¿Para engañaros, embaucaros? ¿Y quién sois vos para temer tales provocaciones y engaños? ¡Quien se pica ajos come, señor brujo! ¡Ajos come!

– Dadme otra explicación.

– No, ¡dádmela vos!

– Lo siento. No tengo otra.

– Podría decir algo más. -El prefecto sonrió con malignidad-. Pero, ¿por qué? Dejemos las cosas claras. A mí no me interesa saber quién os quiere ver muerto y por qué. No me importa de dónde ha sacado ese alguien tan estupenda información sobre vos, incluyendo hasta el color y la longitud de vuestros cabellos. Aún más: yo hasta podría incluso no haberos informado de este atentado, brujo. Podría haber tratado a vuestra compaña como a un cebo involuntario para el Ruiseñor. Seguir, esperar hasta que Ruiseñor pique el anzuelo, el sedal, el plomo y el corcho. Y entonces atraparlo como a un lucio. Porque él es el que me interesa, el que quiero. ¿Y que para entonces a vosotros se os estuviera comiendo ya la tierra? ¡Ja, mal necesario, a costes propios!

Se calló. Geralt no hizo ningún comentario.

– Sabéis, mi señor brujo -siguió al cabo el prefecto-, yo me juré a mí mismo que la ley va a reinar en estos terrenos. A cualquier precio y por cualquier medio, per fas et nefas. Porque la ley no es la jurisprudencia, no es un grueso libro lleno de parágrafos, no son tratados filosóficos, no son exageradas habladurías sobre la justicia, no son gastadas frases sobre moralidad o ética. La ley son caminos y carreteras seguros. Son callejas de ciudad por las que se puede pasear incluso después de la puesta de sol. Son posadas y tabernas de las que se puede salir al retrete dejando la bolsa sobre la mesa y a la mujer a la mesa. ¡La ley es el sueño tranquilo de las gentes que están seguras de que las despertará el canto del gallo y no el gallo rojo de las llamas! ¡Y para los que violan la ley: la soga, el hacha, el palo y el hierro al rojo! Un castigo que atemorice a otros. Los que violan la ley se merecen ser capturados y castigados. Por todos los medios y formas posibles. ¡Eh, brujo! ¿Acaso esa desaprobación que se pinta en tu rostro se refiere al objetivo o a los métodos? ¡Supongo que a los métodos! Porque es fácil criticar los métodos, pero a todos nos gustaría vivir en un mundo seguro, ¿no? ¡Venga, responde!

– No hay mucho de qué hablar.

– Pues yo pienso que sí.

– A mí, don Fulko -dijo sereno Geralt- hasta me gusta ese mundo de tu visión y tu idea.

– ¿De verdad? Tu gesto dice lo contrario.

– Tu mundo ideal es un mundo perfecto para mí. Nunca le faltará trabajo en él a un brujo. En vez de códigos, parágrafos y frases exageradas acerca de la justicia, tu idea produce ilegalidad, anarquía, arbitrariedad y búsqueda del interés propio por parte de los reyes y reyezuelos, el exceso de celo de carreristas que quieren complacer a sus superiores, la venganza ciega de los fanáticos, la crueldad de los esbirros, la revancha y el desquite sádico. Tu visión es un mundo de terror, no de miedo ante los bandidos sino ante los guardianes de la ley, porque siempre y en todo lugar el efecto de las grandes cacerías de bandoleros ha sido que los bandoleros ingresen en masa en las filas de los guardianes de la ley. Tu visión es un mundo de sobornos, chantaje y provocación, un mundo de testigos de la corona y de falsos testigos. Un mundo de espías y confesiones forzadas. E inevitablemente llegará el día en que en tu mundo las tenazas arrancarán los pechos a la persona equivocada, en que se colgará o empalará a un inocente. Y entonces será ya un mundo criminal.

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