El dios de piedra despierta [The Stone God Awakens - es]
- Автор: Фармер Филип Хосе
- Язык: испанский
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El dios de piedra despierta [The Stone God Awakens - es]». Краткое содержание книги:
Había tres sacerdotes estacionados como centinelas, formando cada uno de ellos el vértice de un triángulo en cuyo centro estaba la estatua.
Zhishbroom condujo a Ulises ante el primer sacerdote y se detuvo. Presionó un pequeño bloque de piedra, y se hundió ante él un gran bloque de la pared de granito. Condujo a Ulises por una empinada escalera de escalones de granito que descendía iluminada por la fría luz vegetal. El bloque de granito se cerró tras ellos, y quedaron sepultados.
No había sospechado que hubiese otra ciudad subterránea.
Tenía unos seis kilómetros cuadrados de superficie y cuatro niveles. No habla sido construida por los neshgais. No tardó mucho en descubrirlo, aunque los sacerdotes no se lo dijesen. Ulises comprendió que estaba dentro de una especie de museo muy antiguo.
– ¿Quién construyó esta ciudad? -preguntó.
– No lo sabemos -contestó el sacerdote-. Hay pruebas de que estuvo habitada en otros tiempos por gentes que descendían de perros o algún tipo de cánidos. Pero no creemos que ellos construyeran esto. Ellos lo encontraron y se pusieron a vivir aquí, sin alterar los objetos que ves. Y luego desaparecieron. Debieron matarlos o irse por algún motivo. Hay gente de la que vive con el Árbol que se parece a estos pueblos antiguos. Quizás sean descendientes suyos.
»En cualquier caso, nosotros los neshgais éramos una tribu pequeña y primitiva que vagábamos por aquí; según algunos como refugiados, huidos del Árbol. Aquí encontramos muchas cosas que pudimos utilizar. Los circuitos vegetales, las baterías y los motores, por ejemplo, crecieron de semillas que encontramos conservadas en unos recipientes. Había también muchos objetos cuyo fin nunca hemos logrado descubrir. Si pudiésemos hacerlo quizás consiguiésemos destruir el Árbol. Quizás por eso intente el Árbol destruirnos. Quiere matarnos antes de que descubramos cómo matarle.
Hizo una pausa y luego añadió:
– Y allí está el Libro de Tiznak.
– ¿Tiznak? -dijo Ulises.
– Fue el más grande de nuestros sacerdotes, un anciano que descubrió cómo se leía el Libro. Sígueme. Te llevaré al Libro, según me han ordenado. Y a Kuushmurzh, el sumo sacerdote.
Kuushmurzh era un neshgai muy viejo y muy arrugado, de gruesas gafas y manos temblorosas. Bendijo a Ulises sin levantarse de su inmensa y almohadillada silla y dijo que le vería después de que hubiese leído el Libro. Es decir, si sabía leerlo.
Ulises siguió al joven sacerdote pasando ante un anaquel tras otro, todos protegidos por paredes transparentes de un material desconocido. Y luego entró en un cubículo que estaba vacío salvo por una placa de metal fijada en la base de una plataforma de metal. Se detuvo ante ella y dijo:
– Esto es muy extraño. ¿Qué había aquí?
– Creo que estabas tú -contestó Zhishbroom-. Al menos, ésa es la leyenda. La plataforma estaba vacía cuando los neshgais encontraron este lugar.
El corazón de Ulises latió más rápido, y sintió que su piel se convertía en un líquido frío y pegajoso. Se inclinó para contemplar las letras negras que había sobre el metal amarillo. La habitación estaba tan silenciosa que podía oír la sangre zumbar en sus oídos. La luz sin fuente era tan intensa como la cubierta de la Tumba de los Tiempos.
Las letras daban la sensación de poder proceder del alfabeto latino. O del alfabeto fonético internacional, que se basaba en una serie de alfabetos. Estudió las letras mientras el sacerdote permanecía tras él con la misma paciencia que uno de sus parientes elefantinos. Si aceptaba la similitud de las letras con las del alfabeto fonético internacional, podría descifrarlo. Había treinta líneas, y sin duda podría descifrar algunas palabras de vez en cuando, por mucho que hubiese cambiado el idioma.
Por supuesto, se dijo que el idioma podía no ser una forma de inglés. No tenía base para creer que estuviese aún en una porción del continente norteamericano. Podía encontrarse en Eurasia o en África. Y aquel idioma podía proceder de cualquiera del millar que existía en su época.
Aun así, los números arábigos no deberían haber cambiado. Y no aparecían por ninguna parte, salvo por unos símbolos que parecían eles. Quizás los números se deletreasen, por alguna razón.
Cuziz Zine Nea. Estas eran las únicas palabras escritas con mayúscula. ¿Significarían Ulises Singing Bear? El fonema inicial de Ulises se había africado por alguna razón, quizás porque le precediese una palabra final africada… quizás, en algunos casos, el sonido final de palabra inmediatamente anterior al sonido inicial de palabra de la siguiente influyese, al ser de una determinada clase. Lo mismo que Zine podía haber sido Singing antes, y la s hacerse z por ir precedida de un sonido fuerte. El ing se habría convertido en en, y luego la n en una nasalización de la s, pero durante la evolución del lenguaje había influido a todas las palabras que, siguiéndola, comenzaban con una fonema milabial o labiodental. Así pues, aunque la n final de Zine hubiese desaparecido, Bear (primero Ber luego Be fue Ne cuando seguía a cualquier palabra que hubiese tenido alguna vez una m o n final.
Si seguía adelante con esta teoría… silbó y murmuró luego:
– ¡Creo que lo tengo!
Aquellas palabras cobraban sentido. Las letras procedían del alfabeto fonético internacional o de algo parecido. El lenguaje había sido inglés, pero había pasado a tener una estructura análoga a la de las lenguas celtas de su tiempo. Había palabras que no podía traducir o cuyo significado sólo podía sospechar. En realidad, cada idioma admite palabras nuevas constantemente, y algunas de ellas se hacen más o menos permanentes. Y había que tener en cuenta posibles elisiones e intrusiones.
Pero no cabía duda. Aquí… ULISES SINGING BEAR; FAMOSO HOMBRE PETRIFICADO, ACCIDENTALMENTE… ESTASIS MOLECULAR DURANTE EXPERIMENTOS CIENTÍFICOS EN SIRACUSA, NUEVA YORK, LA ANTIGUA NACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA. ESTADO «PETRIFICADO» DESDE…
La fecha era ininteligible. No se utilizaban, por alguna razón, los números árabes. Pero la fecha tenía que ser el equivalente al 1985 después de Cristo. La fecha de la erección del monumento era también ilegible.
No importaba que fuese el 6985 después de Cristo o el 50.000 después de Cristo, aunque era más probable que la primera fecha estuviese más cerca de la realidad que la segunda. En cincuenta mil años el idioma se habría hecho totalmente irreconocible.
No importaba. Lo que importaba era que había estado en otro tiempo sentado allí sobre aquella plataforma de metal o plástico con aquella placa y que muchos visitantes, quizás millones, habían desfilado ante él y leído aquellas palabras (en diversas formas según los cambios del lenguaje) y contemplado sus inmóviles rasgos con asombro. Y también divertidos, pues los humanos no podían evitar los pensamientos irónicos ni siquiera en presencia de la muerte. Le contemplarían también con envidia, si hubiesen sabido que volvería a vivir después de que ellos fuesen polvo, muchos siglos después.
Se preguntó qué podría haberle sucedido. ¿Le habrían robado? O, más probable, ¿habrían sido localizados él y la plataforma en otro lugar y luego llevados allí? ¿Le habrían separado de la plataforma en el camino? ¡Quién podía saber lo sucedido!… Había sucedido además hacía tanto tiempo que siempre sería un misterio.
Alzó la cabeza, y Zhishbroom echó a andar delante de él. Bajaron varios pasillos y al final el neshgai se detuvo ante una pared encalada. Pronunció una palabra, y la pared pareció fundirse y luego se hizo borrosa, y luego se convirtió en un paso abierto. Ulises siguió al gigante a una pequeña habitación que parecía el interior de una pelota. Una sustancia reflectora y plateada cubría el interior en cuyo centro colgaba en el aire un inmenso disco plateado. Zhishbroom cogió a Ulises de una mano y le guió frente al disco. El disco colgaba vertical ante él y reflejaba su imagen.