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Электронная книга - «Noches Reales». Краткое содержание книги:

¿Seria una corona suficiente pago por todo lo que ella había hecho por él?
El príncipe Damián de Nabotavia era un Play boy que, aburrido de todo, claudicó ante las presiones de su familia y accedió a buscarse una mujer “adecuada” con la que contraer matrimonio… Y entonces un accidente lo cambió todo, dejándolo indefenso. Pero ¿realmente había sido un accidente o quizá alguien había querido poner en peligro su vida?
La única persona en la que podía confiar era su nueva terapeuta, la sensible Sara Joplin, que con su amabilidad y la dulzura de su voz había conseguido que volviera a sentirse vivo. Damián no tardó en confiar tanto en Sara como para contarle sus temores y, en su búsqueda de la verdad encontraron el peligro… y se descubrieron el uno al otro.
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Damián rió a carcajadas y le tomó la cara con las dos manos.

– Supongo que en tal caso te sorprenderá saber que Annie y Boris se han casado esta tarde en Las Vegas.

Por fin, Sara abrió los ojos.

– ¡Dios! Sí que es una sorpresa.

– Entonces, ¿qué dices ahora de mi propuesta?

Ella frunció el ceño y, tras pensarlo un momento, lo miró con una sonrisa cómplice y comenzó a quitarse el camisón.

– Vamos, hagamos el amor -aventuró-. Y si después de eso sigues queriendo que me case contigo, te creeré.

Damián soltó una nueva carcajada, comenzó a desvestirse y, una vez desnudo, la abrazó.

– Eres tan bella -dijo.

Mientras tanto, el príncipe se extasiaba con la visión de los senos de Sara y le apartaba el pelo de la cara para poder besarla.

– Me enamoré de ti estando ciego. Pero ahora que puedo verte, te amo mil veces más.

A ella se le llenaron los ojos de lágrimas. -Damián, haces que mi vida valga la pena. El le besó los ojos para borrar la humedad. – ¿Recuerdas el primer día? En cuanto te acercaste a mí, te dije que no te necesitaba. Sara asintió. -Claro que sí. -Estaba ciego. Ella rió.

– Sí, lo sé. ¿Recuerdas que entonces te dije que sólo estaría contigo por un tiempo y luego me marcharía?

– Perfectamente.

– También estaba ciega.

El príncipe sonrió con ternura.

– Dime, Sara, ¿quieres casarte conmigo?

Ella se puso seria y habló con pretendida gravedad.

– No hasta que sacies tu deseo por mi cuerpo, mi querido príncipe. Sólo entonces podré saber si tu aprecio por mí es sincero.

– De acuerdo, encantado de complacerte, mi querida dama.

Damián comenzó a besarla por todo el cuerpo, pero se detuvo al llegar al ombligo.

– Una de las primeras cosas que quiero hacer es contactar con tus padres -dijo, levantando la cabeza para poder verle la cara.

Ella lo miró desconcertada.

– ¿No me digas que quieres pedirle permiso para cortejarme?

– No. El cortejo seguirá su paso, cueste lo que cueste -aseguró-. Quiero ofrecerles un trato. Les daré los derechos exclusivos para comercializar el turismo en la nueva Nabotavia, sólo que con una condición.

– ¿Cuál?

– Quiero verlos en la sala de espera cuando nazca el bebé de Mandy.

Sara rió y lo rodeó con sus brazos.

– Te amo, Damián Roseanova, príncipe de Nabotavia.

– ¿Pero te casarás conmigo?

– ¡Todavía no!

Él comenzó a acariciarla lentamente. Su propio cuerpo estaba tenso y listo para penetrarla y dejarse arrastrar por el deseo y la pasión. Sin embargo, prefirió esperar. Quería aprender a comprenderla en su totalidad y disfrutar del brillo de su piel, del temblor de sus muslos y del sonido de sus gemidos de placer. Y cuando terminó de hacerlo, entró en ella. Después, se estremecieron y disfrutaron en una danza acompasada y llena de rituales mucho más antiguos y fundamentales que los de la realeza de Nabotavia. Aunque por muy primitivos que fueran, Damián no estaba dispuesto a cambiarlos por nada del mundo.

Por fin, cuando estaban a punto de alcanzar el éxtasis, el príncipe le susurró al oído:

– ¿Quieres casarte conmigo?

Ella echó la cabeza hacia atrás y lo miró a los ojos.

– Sí, Damián -respondió, alto y claro-. Me casaré contigo.

La declaración de Sara fue una esperanza y una promesa. Y lo dijo con todo su corazón.

Morgan Raye

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