Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El cirujano
El cirujano - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El cirujano

Электронная книга - «El cirujano». Краткое содержание книги:

Un asesino silencioso se desliza en las casas de las mujeres y entra en las habitaciones mientras ellas duermen. La precisi?n de las heridas que les inflige sugiere que es un experto en medicina, por lo que los diarios de Boston y los atemorizados lectores comienzan a llamarlo «el cirujano». La ?nica clave de que dispone la polic?a es la doctora Catherine Cordell, v?ctima hace dos a?os de un crimen muy parecido. Ahora ella esconde su temor al contacto con otras personas bajo un exterior fr?o y elegante, y una bien ganada reputaci?n como cirujana de primer nivel. Pero esta cuidadosa fachada est? a punto de caer ya que el nuevo asesino recrea, con escalofriante precisi?n, los detalles de la propia agon?a de Catherine. Con cada nuevo asesinato parece estar persigui?ndola y acercarse cada vez m?s…
1 ... 40 41 42 43 44 45 46 47 48 ... 74
Перейти на страницу:

– Sí.

– ¿Y entonces?

– No veo nada. La pantalla está negra.

«Es el Rohypnol. No tiene memoria de esta parte».

– Está bien -dijo Polochek-. Vamos a adelantar la parte en negro. Ubiquémonos en la siguiente parte de la película. En la siguiente imagen que ves en la pantalla.

La respiración de Catherine continuaba agitándose.

– ¿Qué es lo que ves?

– Yo… estoy sobre la cama. En mi cuarto. No puedo mover los brazos ni las piernas.

– ¿Por qué no?

– Estoy atada a la cama. No tengo ropa, y él está encima de mí. Está dentro de mí. Se mueve dentro de mí…

– ¿Andrew Capra?

– Sí. Sí… -Su respiración era ahora errática y el sonido del miedo se percibía en su garganta.

Moore apretaba los puños con fuerza y su propia respiración se aceleraba. Luchó contra el impulso de golpear la ventana y poner fin a los procedimientos. Apenas podía tolerar escuchar esto. No debían forzarla a revivir la violación.

Pero Polochek ya era consciente del peligro, y la guió rápidamente fuera del doloroso recuerdo de esta horrorosa experiencia.

– Sigues sentada en tu silla -dijo Polochek-. Estás segura en ese cuarto con la pantalla de cine. Es sólo una película, Catherine. Le está sucediendo a otra persona. Tú estás segura. A salvo. Con confianza.

Su respiración volvió a calmarse, bajando a un ritmo estable. Otro tanto sucedió con la de Moore.

– Está bien. Veamos la película. Presta atención a lo que tú haces. No a Andrew. Dime qué sucede a continuación.

– La pantalla ha vuelto a ponerse negra. No veo nada.

«Todavía sigue bajo el efecto del Rohypnol».

– Adelanta la película, pasa de largo la parte negra. Pasa a lo siguiente que ves. ¿De qué se trata?

– Luz. Veo luz…

Polochek hizo una pausa.

– Quiero que te alejes, Catherine. Quiero que des un paso atrás, que veas más de la habitación. ¿Qué hay en la pantalla?

– Cosas. Sobre la mesa de luz.

– ¿Qué cosas?

– Instrumentos. Un escalpelo. Veo un escalpelo.

– ¿Dónde está Andrew?

– No lo sé.

– ¿No está en la habitación?

– Se ha ido. Puedo escuchar agua que corre.

– ¿Qué sucede después?

Volvía a respirar rápido, con la voz agitada.

– Tiro de las cuerdas. Trato de liberarme. No puedo mover los pies. Pero mi mano derecha… la cuerda está floja alrededor de mi muñeca. Tiro. Sigo tirando y tirando. Mi muñeca sangra.

– ¿Andrew sigue fuera de la habitación?

– Sí. Lo escucho reír. Escucho su voz. Pero hay alguien más en la casa.

– ¿Qué pasa con la cuerda?

– Está cediendo. La sangre la hace más resbaladiza, y mi mano se desliza…

– ¿Qué haces a continuación?

– Tomo el escalpelo. Corto la cuerda de mi otra muñeca. Todo lleva mucho tiempo. Siento el estómago revuelto. Mis manos no funcionan correctamente. Están lentas, y la habitación sigue oscura y luminosa y oscura. Todavía puedo oír su voz, hablando. Me incorporo y libero mi tobillo izquierdo. Ahora escucho sus pasos. Trato de bajar de la cama, pero mi tobillo derecho sigue atado. Ruedo a un costado y caigo al piso. Sobre mi cara.

– ¿Y entonces?

– Andrew está allí, en el umbral. Parece sorprendido. Busco debajo de la cama. Y siento el revólver.

– ¿Hay un revólver debajo de tu cama?

– Sí. El revólver de mi padre. Pero mi mano está tan torpe que apenas puedo sostenerlo. Y las cosas comienzan a oscurecerse de nuevo.

– ¿Dónde está Andrew?

– Está caminando hacia mí…

– ¿Y qué ocurre, Catherine?

– Empuño el revólver. Y hay un sonido. Un sonido muy fuerte.

– ¿El revólver se disparó?

– Sí.

– ¿Tú lo disparaste?

– Sí.

– ¿Qué hace Andrew?

– Cae. Con las manos sobre el estómago. La sangre se derrama entre sus dedos.

– ¿Y qué sucede a continuación?

Una larga pausa.

– ¿Catherine? ¿Qué es lo que ves en la pantalla de cine?

– Negro. La pantalla se puso negra.

– ¿Y qué ves cuando aparece la siguiente imagen en esa pantalla?

– Gente. Mucha gente en la habitación.

– ¿Qué clase de gente?

– Policías…

Moore casi gruñó de desilusión. Se trataba de la laguna vital en su memoria. El Rohypnol, combinado con los efectos posteriores a su golpe en la cabeza, la habían arrastrado de vuelta a la inconsciencia. Catherine no recordaba haber disparado el segundo tiro. Todavía no sabían cómo Andrew Capra había terminado con una bala en el cerebro.

Polochek miraba por la ventana, con una pregunta en los ojos. ¿Estaban satisfechos?

Para sorpresa de Moore, Rizzoli abrió de golpe la puerta y le hizo a Polochek una seña para que pasara al otro cuarto. Él obedeció, dejando a Catherine a solas, y cerró la puerta.

– Haga que vuelva atrás, antes del disparo. Cuando todavía está en la cama -dijo Rizzoli-. Quiero que se concentre en lo que ella escucha en la otra habitación. El agua que corre. La risa de Capra. Quiero conocer cada sonido que escucha.

– ¿Por alguna razón en particular?

– Sólo hágalo.

Polochek asintió y volvió al consultorio. Catherine no se había movido; estaba absolutamente inmóvil, como si la ausencia de Polochek la hubiese dejado en animación suspendida.

– Catherine -dijo con amabilidad-, quiero que rebobines la película. Vamos a volver atrás, antes del disparo. Antes de que liberaras tus manos y cayeras rodando al piso. Estamos en un momento de la película en el que todavía yaces en la cama y Andrew no está en la habitación. Dijiste que escuchabas agua corriendo.

– Sí.

– Dime todo lo que escuchas.

– Agua. La escucho en las cañerías. El siseo. Y la escucho borboteando en el desagüe.

– ¿Está haciendo correr agua en un lavatorio?

– Sí.

– Y dijiste haber escuchado una risa.

– Andrew está riéndose.

– ¿Está hablando?

Una pausa.

– Sí.

– ¿Qué dice?

– No lo sé. Está muy lejos.

– ¿Estás segura de que se trata de Andrew? ¿No puede ser la televisión?

– No, es él. Es Andrew.

– Está bien. Pasa la película en cámara lenta. Segundo a segundo. Dime lo que escuchas.

– Agua, todavía sigue corriendo. Andrew dice «fácil». La palabra «fácil».

– ¿Eso es todo?

– Dice: «Ver, hacer. Enseñar».

– ¿«Ver, hacer, enseñar»? ¿Eso es lo que dice?

– Sí.

– ¿Y las otras palabras que escuchas?

– «Es mi turno, Capra».

Polochek se detuvo.

– ¿Puedes repetir eso?

– «Es mi turno, Capra».

– ¿Andrew dice eso?

– No. No es Andrew.

Moore se quedó helado, mirando fijo a la mujer inmóvil en la silla.

Polochek miró con agudeza a la ventana, con la cara transformada por el estupor. Se volvió hacia Catherine

– ¿Quién pronuncia esas palabras? -preguntó Polochek-. ¿Quién dice «es mi turno, Capra»?

– No lo sé. No conozco su voz.

Moore y Rizzoli se miraron

Había alguien más en la casa.

Quince

«Ahora está con ella», pensó.

Rizzoli movía el cuchillo con torpeza sobre la tabla, y los pedazos de cebolla cortada saltaban sobre la mesada y caían al piso. Desde el cuarto contiguo, donde estaban su padre y sus dos hermanos, le llegaba el bramido de la televisión. La televisión siempre bramaba en esta casa, lo que quería decir que todo el mundo debía vociferar por encima de ella. Si no gritabas en casa de Frank Rizzoli no eras comprendida, y algo tan normal como una conversación familiar sonaba como una discusión. Arrojó la cebolla cortada en un bol y comenzó con el ajo, los ojos ardiendo, su mente todavía envuelta alrededor de la perturbadora imagen de Moore y Catherine Cordell.

Tras la sesión con el doctor Polochek, Moore fue el encargado de llevar a Cordell a su casa. Rizzoli los observó alejarse caminando hacia el ascensor, vio cómo su brazo rodeaba el hombro de Cordell, en un gesto que se le antojó algo más que protector. Podía ver la forma en que miraba a Cordell, la expresión que acudía a su rostro, la chispa en sus ojos. Ya no era un policía protegiendo a un ciudadano; era un hombre enamorándose

1 ... 40 41 42 43 44 45 46 47 48 ... 74
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)