Nadie Es Inocente
- Автор: Abasolo Jose Javier
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Nadie Es Inocente». Краткое содержание книги:
– Entiendo, así que era homosexual.
– La expresión es un tanto brutal pero acertada -contestó el mayordomo.
– ¿Su familia lo sabía?
– Así es, por eso admitieron su matrimonio con esa mujer, pese a que nadie conociera sus orígenes ni sus antecedentes familiares. Sabían que no tendría descendencia, lo pactaron con ella según tengo entendido, y ante terceras personas estaban casados y hacían una vida normal.
– Todo un catálogo de hipocresía -dijo el inspector.
– Yo más bien lo llamaría buenas maneras -protestó suavemente el mayordomo-, pero supongo que cada uno puede usar la palabra que considere más ajustada al caso.
– Me imagino que siendo un hombre religioso, de fe católica, sufriría internamente ante ese desgarro de su personalidad. Actualmente se es más tolerante pero hace años ser homosexual no estaba bien visto por la sociedad y la Iglesia lo consideraba pecado mortal -habló por primera vez el padre Vázquez.
– Siento contradecirle -respondió sonriendo el mayordomo-, pero el señor era ateo. Se había alejado de la religión en su juventud, quizá como rechazo a la intolerancia eclesial en ese aspecto, eso es posible, pero nunca volvió al redil, como suelen decir ustedes.
– Tal vez en sus últimos momentos, presintiendo la cercanía de su muerte, volviera sus ojos a Dios. Recuerde que donó cien millones al colegio en el que había estudiado.
– Sobre esa donación no puedo decir nada, sus motivos tendría y a los demás sólo nos cabe respetar su voluntad, pero respecto al otro asunto puedo asegurarles rotundamente que en ningún momento volvió al seno de la Santa Madre Iglesia, sino que falleció jurando y perjurando contra un dios cruel que permitía que la gente muriera a causa del amor.
– No entiendo -dijo el padre Vázquez.
– El señor tenía el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, ya saben, el sida, y murió como consecuencia de ello, sin arrepentirse de nada. Lo sé porque murió en brazos de la única persona que siempre le había amado de verdad -finalizó el mayordomo sin poder evitar que sus ojos se abrieran en un torrente de lágrimas.
Capítulo veintitrés
Cuando el inspector y el sacerdote salieron de la mansión el joven agente de la OTA aún continuaba junto al vehículo del policía, en actitud vigilante y expectante pensando quizá, paradojas de la vida, que esa actitud estática e inmóvil rompía la rutina de su trabajo cotidiano. Si durante aquel lapso de tiempo algún otro automóvil hubiera aparcado sin su correspondiente tarjeta o se hubiera pasado de tiempo, habría estado de suerte, ya que la inevitable multa no se habría materializado.
– Todo en orden, jefe -dijo alegremente cuando les vio llegar, antes de alejarse para reanudar su interrumpida ronda en busca de infractores.
– Podríamos echar un vistazo a ese apartamento -dijeron simultáneamente el inspector Rojas y el padre Vázquez al ocupar sus asientos, lanzando sendas carcajadas al advertir la coincidencia.
– Eso está bien que lo diga yo -dijo el policía-, pero en tu caso parece que le estás encontrando cierto gustillo al tema.
– Como dice el refrán, quien tuvo retuvo y guardó para la vejez. La verdad es que no me apetecía nada volver a mi antiguo trabajo pero una vez que estoy metido en él no puedo negar que siento una fuerte excitación que me impele a continuar hacia adelante. Además, le he prometido al comisario Ansúrez que os echaría una mano.
– Lo sé, pero esa promesa no incluía la posibilidad de registros ilegales.
– En realidad no es estrictamente un registro ilegal porque las llaves nos las ha proporcionado voluntariamente alguien que tenía acceso a ellas, pero olvidándonos de tecnicismos legales, ¿quieres que te acompañe o no?
– Estaría encantado -contestó Rojas, que empezaba a simpatizar con ese antiguo policía reconvertido extrañamente en sacerdote.
El apartamento estaba situado en la avenida de Zugazarte, en Las Arenas, y con el producto de su venta, calculó Vázquez, se podría mantener el colegio más de un año; sin embargo, cuando estuvieron en su interior comprobaron que era una vivienda sin alma. Su lujosa y elegante decoración invitaba a hacer un bello reportaje en una revista de decoración pero no invitaba a vivir. Estaba claro para qué lo usaba, como demostraba la colección de vídeos pornográficos que se apilaban en una estantería junto a un inmenso televisor. No había nada que le diera un toque íntimo o personal. Ni una fotografía, ni un objeto antiguo, ni siquiera ropa de diario. Los únicos vestidos que aparecieron al abrir los armarios habrían sido adquiridos, posiblemente, por correspondencia a un catálogo de los que aparecen en las publicaciones eróticas. Por lo demás, no había nada que indicara quién era la propietaria o usuaria del piso. Ni siquiera las inevitables cartas de los bancos. El piso estaba completamente limpio, sin una mota de polvo, pero excepto por ese detalle, parecía como si nadie lo hubiera pisado en años. Los ceniceros aparecían impolutos, sin rastro de colillas o cenizas y los dos cuartos de baño relucían impecables, casi daba penar pensar que en un momento u otro habría que utilizarlos. Los dos visitantes escudriñaron a fondo hasta el último rincón pero todo fue en vano. Ningún indicio de la identidad de la propietaria y mucho menos de la de alguno de sus esporádicos o habituales huéspedes.
Salieron con una extraña sensación en el cuerpo, como si hubieran registrado una casa prefabricada ex profeso para despistarles. Nadie podía ser tan perfecto que no dejara huella alguna de su paso pero, según saltaba a la vista, la asesinada lo había conseguido. Quizá si no hubiera sido tan cuidadosa, comentó resentido Rojas, habría facilitado la captura de su asesino, pero las cosas ya no tenían remedio y habría que seguir investigando por otro lado.
– ¿Te acerco al colegio o vas a algún otro sitio? -preguntó Rojas a su inusual compañero cuando regresaron al coche.
– En realidad no tengo que ir a ningún sitio especial y tampoco tengo mucha prisa por volver al colegio -contestó el sacerdote-, si quieres puedes dar una vuelta por donde quieras y, mientras tanto, me explicas qué quería decir Ansúrez al comentarme que podíais proporcionarme novedades sobre mi investigación.
– Te refieres al sacerdote que se fugó después de haber cobrado un sustancioso talón -dijo el inspector Rojas mientras accionaba la palanca de cambios y ponía el vehículo en marcha.
– En efecto, a eso mismo me refiero.
– Bueno, no es mucho lo que hemos averiguado pero sí creo que podemos proporcionarte algunos datos nuevos de cierto interés. Se ve que el comisario Ansúrez te aprecia, cosa rara en él, así que nos puso a trabajar en horas libres sobre el tema, concretamente sobre la misteriosa mujer que, según parece, acompañaba a tu desaparecido colega.
»Había un dato que nos parecía sumamente extraño. Si la tipa en cuestión se había dedicado a la prostitución, cosa que por lo que sé tú mismo confirmaste in situ, ¿cómo era posible que no hubiera nada sobre ella en los archivos de Jefatura? Si no hubiera sido por la memoria visual de un compañero de la Brigada quizá nunca habría sabido nada sobre su pasada actividad, y eso no nos gustaba.
«Supongo que lo entenderás porque has sido cocinero antes que fraile, no me negarás que en tu caso la frase es de lo más apropiada, pero nos importa un bledo la moralidad pública. Si una mujer, o un hombre, desean acostarse con un hombre, o una mujer, por dinero, allá ellos y lo que quieran, sepan o puedan aguantar al respecto. Nuestra constitución ampara la libre empresa y no somos nosotros quienes vamos a enmendarle la plana, tan sólo cuando hay indicios de clara explotación o a su alrededor se mueven otro tipo de delitos, como el tráfico de drogas o la compraventa de objetos robados, intervenimos directamente. Es cierto que en algunas ocasiones, generalmente coincidentes con encuentros producidos entre el jefe superior y el señor obispo en alguna recepción ofrecida por el gobernador civil o el alcalde, se produce alguna redada, pero sin más trascendencia que la meramente publicitaria. Aun así, y aunque no perseguimos directamente la prostitución, nos gusta y conviene tener el máximo de información posible. Al fin y al cabo, la posibilidad que ya he apuntado anteriormente de que a su alrededor se generen otro tipo de actividades delictivas no es esporádica sino habitual.