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Ender el Xenocida [Xenocide - es]

Электронная книга - «Ender el Xenocida [Xenocide - es]». Краткое содержание книги:

Lusitania es único en la galaxia. Un planeta donde coexisten tres especies inteligentes: los cerdis, que evolucionaron en el mismo planeta; los humanos que llegaron como colonizadores; y la reina colmena y sus insectores, llevados por el joven Ender unos años atrás. El planeta ha sido condenado por el Consejo Estelar a causa de la descolada, el virus letal para los humanos e imprescindible para la biología de los cerdis. Jane, la inteligencia artificial aliada de Ender y nacida del nexo de ansibles que comunican la galaxia, ha salvado Lusitania interfiriendo con la Flota Estelar y creando un insondable misterio a escala galáctica. En el planeta Sendero, con una cultura derivada de la antigua China, la niña Qing-jao tiene el encargo de descubrir la causa de la desaparición de la flota estelar. Su prodigiosa inteligencia le ha de permitir lograrlo, y ello pone en peligro la existencia de Jane y la supervivencia de las tres especies inteligentes conocidas. La intervención de Ender se hace de nuevo imprescindible.

Nominado a los Premios Hugo y Locus, 1992.
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fluido siguiéndolo como baba, por todo el agujero.

Resultaba grotesco y aterrador que una criatura tan grande actuara de forma tan parecida a un insecto, pero aquello no preparó a Valentine para lo que sucedió a continuación. Pues en vez de hundir simplemente el oviscapto en otro agujero, la reina se volvió y agarró a una de las obreras cercanas. Sujetando al tembloroso insector entre sus largas patas delanteras, lo atrajo hacia sí y le arrancó las patas, una a una. Mientras cada pata era arrancada, los restantes miembros gesticulaban cada vez más salvajemente, como en un grito silencioso. Valentine se sintió aliviada cuando la última pata quedó arrancada y el grito desapareció por fin de su vista.

Entonces la reina colmena empujó a la obrera sin patas hacia el siguiente agujero, de cabeza. Sólo entonces colocó su oviscapto sobre el agujero. Mientras Valentine seguía observando, el fluido en la punta del oviscapto pareció espesarse y convertirse en una pelota. Pero no era fluido después de todo, no enteramente. Dentro de la gran gota había un huevo blando, como gelatina. La reina colmena se movió para que su cara recibiera directamente la luz del sol, y sus ojos multifacetados brillaron como cientos de estrellas esmeralda. Entonces el oviscapto se hundió. Cuando salió, el huevo todavía se aferraba al extremo, pero en la siguiente emergencia desapareció. Varias veces más el abdomen se precipitó hacia abajo, y cada vez surgió con más cadenas de fluido confluyendo hacia la punta.

—Nossa Senhora —susurró Miro.

Valentine reconoció las palabras por su equivalente españoclass="underline" Nuestra Señora. Por lo general era una expresión casi carente de significado, pero ahora se convertía en una repulsiva ironía. En esta profunda caverna no estaba la Santa Virgen. La reina colmena era Nuestra Señora de la Oscuridad. Ponía huevos sobre los cadáveres de las obreras, para alimentar a las larvas cuando maduraran.

—No puede ser siempre así —casi rogó Plikt.

Durante un momento, Valentine simplemente se sorprendió de oír su voz. Entonces advirtió lo que Plikt decía, y que tenía razón. Si una obrera viva tenía que ser sacrificada por cada insector que salía del huevo, sería imposible que la población aumentara. De hecho, habría sido imposible que esta colmena llegara a existir en primer lugar, ya que la reina tuvo que dar vida a sus primeros huevos sin el beneficio de ninguna obrera mutilada para alimentarlos.

‹Sólo una nueva reina›

Aquello apareció en la mente de Valentine como si fuera una idea propia. La reina colmena sólo tenía que colocar el cuerpo de una obrera viva en el huevo cuando éste fuera a convertirse en una nueva reina. Pero la idea no pertenecía a Valentine: había demasiada certeza para serlo. No había ninguna forma en que ella pudiera conocer esta información, y sin embargo la idea le había llegado clara, incuestionable, de repente. Como Valentine había imaginado siempre que oían la voz de Dios los antiguos profetas y místicos.

—¿La habéis oído? ¿Todos? —preguntó Ender.

—Sí —respondió Plikt.

—Eso creo —asintió Valentine.

—¿Oír qué? —preguntó Miro.

—A la reina colmena —dijo Ender—. Ha explicado que sólo tiene que colocar una obrera en el huevo cuando se trata de una nueva reina colmena. Va a poner cinco… y dos ya están listas. Nos invitó a venir para que viéramos esto. Es su manera de decirnos que va a lanzar al espacio una nave colonial. Pone cinco huevos de reina, y luego espera a ver cuál es el más fuerte. Enviará ése.

—¿Qué sucederá con las demás? —quiso saber Valentine.

—Si alguna merece la pena, meterá la larva en una crisálida. Eso es lo que hicieron con ella. A las demás, las matará y se las comerá. Tiene que hacerlo: si algún rastro del cuerpo de una reina rival tocara a uno de los zánganos que todavía no se ha apareado con esta reina colmena, se volvería loco e intentaría matarla. Los zánganos son compañeros muy fieles.

—¿Todos lo habéis oído? —se extrañó Miro.

Parecía decepcionado. La reina colmena no era capaz de hablarle.

—Sí —dijo Plikt.

—Vacía tu mente todo lo que puedas —aconsejó Ender—. Tararea mentalmente alguna tonada. Eso ayuda.

Mientras tanto, la reina colmena casi acabó con la siguiente tanda de amputaciones. Valentine imaginó que pisaba la creciente pila de patas alrededor de la reina; en su mente, se quebraban como ramitas con horribles chasquidos.

‹Muy suaves. Las patas no se rompen. Se doblan.›

La reina respondía a sus pensamientos.

‹Tú formas parte de Ender. Puedes oírme.›

Los pensamientos en su mente cobraron nitidez. Ahora no eran tan intrusivos, sino más controlados. Valentine podía establecer la diferencia entre las comunicaciones de Ja reina colmena y sus propios pensamientos.

—Ouvi —susurró Miró. Había oído algo por fin—. Fala mais, escuto. (Habla más, escucho.)

‹Conexiones filóticas. Estáis unidos a Ender. Cuando le hablo a través del enlace filótico, vosotros oís. Ecos. Reverberaciones›

Valentine intentó concebir cómo conseguía la reina hablar stark en su mente. Entonces advirtió que seguramente no lo hacía: Miro la oía en su lengua materna, el portugués; y la propia Valentine no oía stark en realidad, sino el inglés en el que estaba basado, el inglés americano con el que había crecido. La reina colmena no les enviaba lenguaje, sino pensamiento, y sus cerebros lo expresaban en el lenguaje que más profundamente enraizado estuviera en su mente. Cuando Valentine oyó Ja palabra ecos seguida de reverberaciones no era la reina colmena esforzándose por hallar la expresión adecuada, sino la propia mente de Valentine buscando palabras que encajaran con el significado.

‹Unidos a él. Como mi pueblo. Sólo que vosotros tenéis libre albedrío. Filote independiente. Pueblo díscolo, todos vosotros›

—Está haciendo un chiste —susurró Ender—. No es un juicio de valor.

Valentine agradeció su interpretación. La imagen visual que acompañó a la frase «pueblo díscolo» fue la de un elefante[1] aplastando a un hombre. Era una imagen de su infancia, la historia donde había aprendido la palabra «díscolo». La imagen la asustó, como la había asustado cuando era niña. Ya odiaba la presencia de la reina colmena en su mente. Odiaba la forma en que podía conjurar pesadillas olvidadas. Todo en la reina colmena parecía una pesadilla. ¿Cómo podía Valentine haber imaginado alguna vez que este ser era raman? Sí, había comunicación. Demasiada. Comunicación como enfermedad mental.

Y lo que decía: que la percibían tan bien porque estaban conectados filóticamente a Ender. Valentine pensó en lo que Miro y Jane habían discutido durante el viaje: ¿era posible que su hilo filótico, estuviera entrelazado con el de Ender y a través de él a la reina colmena? ¿Cómo podía Ender haberse conectado con la reina?

‹Lo buscamos. Era nuestro enemigo. Intentaba destruirnos. Quisimos domarlo. Como a un elefante díscolo.›

Entonces la comprensión llegó de repente, como una puerta que se abre de golpe. Los insectores no nacían todos siendo dóciles. Podían tener su propia identidad. O al menos una liberación del control. Y por eso las reinas habían desarrollado una forma de capturarlos, de envolverlos filóticamente para tenerlos bajo control.

‹Lo encontramos. No pudimos doblegarlo. Demasiado fuerte.›

Y nadie supuso el peligro en que estaba Ender. La reina colmena esperaba capturarlo, convertirlo en el mismo tipo de herramienta sin mente que cualquier insector.

‹Preparamos una telaraña para él. Encontramos lo que ansiaba. Pensamos. La conseguimos. Le dimos un núcleo filótico. La unimos a él. Pero no fue suficiente. Ahora tú. Tú.›

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1

En inglés, rogue people. La palabra rogue (pícaro, bribón) define también al elefante feroz y peligroso. De ahí la asociación de ideas de Valentine. (N. del T.)

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