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Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]

Электронная книга - «Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]». Краткое содержание книги:

El agente deportivo Myron Bolitar está a punto de llegar a lo más alto. Lo mismo pude decirse de Christian Steele, un quarterback recién llegado a la liga profesional y su cliente más importante. Sin embargo, la llamada de una ex novia de Chistian, una chica a quien todo el mundo cree muerta, incluso la policía, pone en peligro la firma de un contrato. Myron, de pronto, se ve envuelto en una intriga relacionada con sexo y chantajes, y mientras trata de descubrir la verdad sobre una tragedia familiar, una mujer y las mentiras de un hombre se enfrenta al lado oscuro de su profesión.
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– Todavía estoy trabajando en ello.

– ¿Febrilmente?

Myron asintió.

– Y bien -dijo Win-, ¿qué descubriste en el estudio fotográfico?

Myron le contó todo acerca de su entrevista con Lucy.

– ¿Quién compró las fotos de los desnudos? -preguntó Win.

– Pues me viene a la cabeza cierta persona.

– ¿Quién?

– Adam Culver.

– ¿El padre de Kathy?

Myron asintió.

– Piénsalo. La persona que las compró tenía unos cincuenta y tantos. Quiso todas las copias y todos los negativos al momento. No quería correr riesgos.

– ¿El padre protegiendo a la hija?

– Tiene sentido, ¿no? -dijo Myron.

– Pero Kathy lleva más de un año desaparecida. ¿Cómo llegó Adam Culver a descubrir lo de las fotos?

– Quizá lo supiera desde el principio.

– ¿Y entonces por qué tardó tanto en comprarlas?

– Puede que lo sepamos mañana -dijo Myron encogiéndose de hombros-. Voy a decirle a Esperanza que vaya al estudio con una fotografía de Adam, a ver si Lucy lo reconoce.

Win picoteó un poco de ensalada y después dijo:

– Todo esto es un poco extraño.

– Sí.

– Pero… -Win se esperó a acabar de masticar-, hay otra cosa en la que quizá no hayas pensado. Si Adam Culver compró todas las fotos y los negativos para proteger a su hija, ¿por qué la fotografía salió en la revista?

Myron sí había pensado en eso, pero no tenía ninguna explicación.

La camarera les trajo la cuenta y Myron pagó. El total ascendía a ocho dólares con cincuenta. Un gran acto de generosidad por su parte. Luego fueron en coche hacia el norte de la ciudad. Win vivía en el edificio San Remo que dominaba la zona oeste de Central Parle. Cuando iban por la Calle 72 sonó el teléfono.

Myron miró el Swatch multicolor que llevaba en la muñeca, un regalo de Esperanza: era más de medianoche.

– Un poco tarde para que te llamen al coche -comentó Win.

Myron descolgó el auricular.

– ¿Diga?

– Señor Bolitar -contestó una voz entrecortada-. Soy Jake Courter. Vaya cagando leches al Hospital St. Barnabas, en Livingston.

– ¿Qué ha pasado?

– Limítese a ir hasta allí. Y rápido.

Capítulo 27

– Recibimos la llamada hacia las once treinta -dijo Jake mientras hacía pasar a Myron a la recepción del St. Barnabas.

Jake tenía aspecto cansado y los ojos rojos e hinchados. Pasaron a toda prisa por delante del mostrador circular de la recepción de visitas y esperaron el ascensor.

– ¿Cómo está Jessica? -inquirió Myron.

– Se pondrá bien -respondió Jake-. Ojalá pudiera decir lo mismo de Nancy Serat.

– ¿Qué ha pasado?

– La han estrangulado con un alambre. -Las puertas del ascensor se abrieron y Jake pulsó el botón de la quinta planta-. Llamó al timbre y, al no abrirle nadie, Jessica entró por la puerta trasera. El asesino debía seguir allí. Le dio un golpe en la cabeza y salió corriendo. Cuando Jessica volvió en sí, nos telefoneó. Diría que ha tenido mucha suerte de que el agresor no se la cargara.

El ascensor se abrió tras emitir un ¡ding!

– ¿En qué habitación está? -preguntó Myron.

– En la quinientos cincuenta.

Myron fue corriendo por el pasillo y dio la vuelta a la esquina. Jessica yacía en la cama con el rostro lívido. Junto a ella, un médico preparaba una inyección. Jake apareció detrás de Myron pero se quedó en la puerta.

– ¿Myron? -dijo Jessica con voz débil.

– Estoy aquí -contestó Myron cogiéndole la mano. Jessica tenía un aspecto menudo, frágil y solitario-. No voy a irme a ninguna parte.

El médico le puso la inyección y dijo:

– Necesita descansar.

– Estoy bien -insistió Jessica débilmente-. Quiero irme de aquí.

– Creemos que es mejor que se quede esta noche para tenerla en observación.

– Pero…

– Hazle caso, Jess -la interrumpió Myron-. Esta noche ya no podemos hacer nada.

La inyección empezó a hacerle efecto y Jessica puso los ojos en blanco.

– Nancy…

– No pasa nada -dijo Myron para tranquilizarla.

– Tenía la cara azul…

– Shhh.

Jessica se durmió. Acto seguido, Myron se dirigió al médico y le preguntó:

– ¿Se va a recuperar?

– Sí, no se preocupe. Creo que el choque producido por lo que ha visto ha sido peor que el golpe en la cabeza.

– Vamos, le invito a un café -dijo Jake poniéndole la mano en el hombro.

– Prefiero quedarme aquí -repuso Myron.

– Ya volverá más tarde. Tenemos que hablar.

Myron miró a Jessica. Parecía profundamente dormida.

– Estará inconsciente un buen rato -le aseguró el médico.

Jake y Myron salieron en silencio al pasillo y volvieron a la recepción en el ascensor. Aquel lugar tenía el típico olor a hospital, aquella extraordinaria combinación de antiséptico y comida hospitalaria. Win había ido a aparcar el coche y ahora se encontraba sentado en la zona de espera. Al verlos venir se levantó y fue hacia ellos.

– ¿Es éste su amigo Win? -preguntó Jake haciendo un gesto con la barbilla-. ¿El tipo del que me habló P. T.?

– Sí.

– Dígale que se espere aquí. Quiero hablar a solas con usted.

Myron le hizo una señal a Win. Éste asintió, se volvió a sentar, cogió un periódico y cruzó las piernas. Jake lo quedó mirándolo durante un minuto.

– ¿Está tan loco como dice P. T.?

– Bastante.

– Vamos.

Fueron a buscar un café y se sentaron a una mesa que había en un rincón.

– La unidad de criminología está examinando la casa de Nancy. Me enviarán un mensaje si descubren alguna cosa.

– ¿Qué ha averiguado hasta ahora? -inquirió Myron.

– No mucho. Nancy pasó los últimos días en Cancún; era un regalo de graduación de sus padres.

– ¿Ya lo saben?

– Iré a verles en cuanto terminemos de hablar -dijo Jake tras negar con la cabeza. Luego se produjo un largo silencio que Jake interrumpió finalmente al preguntar-: ¿Cómo acabó Jessica involucrada en este asunto?

– Me pidió que investigara la muerte de su padre. No cree que fuera asesinado en un atraco.

– Pensaba que el asesinato de su padre estaba relacionado con la desaparición de su hermana -dijo Jake.

– Sí.

– Yo también lo he pensado. Tengo el expediente en el coche.

– ¿El expediente del homicidio de Adam Culver? -preguntó Myron enderezándose en el asiento.

– Mire, yo no soy ningún idiota, señor Bolitar. Usted ha empezado a investigar después de dieciocho meses de su desaparición. ¿Por qué? Por el asesinato del padre. Usted vio algún tipo de conexión entre ambos sucesos. Aunque para serle sincero, yo no la veo. En ese expediente no hay nada que así lo certifique. Tal vez algunas inconsistencias, pero ninguna conexión.

– ¿Qué clase de inconsistencias? -preguntó Myron.

– Se supone que Adam Culver debía estar en Denver cuando fue asesinado. En una conferencia de médicos forenses en el Hyatt Regency, pero no asistió. No cogió el vuelo de esa mañana.

– ¿Y en el expediente se dice el porqué?

– Adam no se encontraba bien. Es un motivo razonable.

– ¿Quién les dijo eso?

– Su mujer.

– ¿Y qué más? -preguntó Myron tras una pausa.

– Nada más. La escena del crimen, una calle tranquila, no tenía nada de especial. Le clavaron un cuchillo en el corazón.

– ¿Y qué hacía allí?

– Su mujer nos dijo que había salido a comprar algunas cosas a la verdulería.

Myron se quedó pensando en ello un momento.

– Resulta un poco extraño para alguien que no se encontraba bien -dijo Myron.

– Sí, para nosotros es muy fácil decirlo ahora, pero la policía andaba tras un atracador. A nadie le importó una mierda el vuelo que no había cogido ni lo que eso pudiera significar.

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