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La promesa [Promise me-es]

Электронная книга - «La promesa [Promise me-es]». Краткое содержание книги:

Han pasado seis años desde que el agente Myron Bolitar hizo de superhéroe. En seis años no ha dado ni un puñetazo. No ha tenido en la mano, y mucho menos disparado, una pistola. No ha llamado a su amigo Win, el hombre más temible que conoce, para que le ayude o para que le saque de algún lío. Todo eso está a punto de cambiar… debido a una promesa. El año académico está llegando al final. Las familias esperan con ansia noticias de las universidades. En esos últimos momentos de tensión del instituto, algunos chicos cometen el muy común y muy peligroso error de beber y conducir. Pero Myron está decidido a ayudar a los hijos de sus amigos a mantenerse a salvo, y hace que dos chicas del vecindario le hagan una promesa: si alguna vez están en un apuro pero temen llamar a sus padres, le llamarán a él. Unas noches después, recibe una llamada a las dos de la madrugada, y fiel a su palabra, Myron recoge a una de las chicas en el centro de Manhattan y la lleva a una apacible calle sin salida de Nueva Jersey donde ella dice que vive su amiga. Al día siguiente, los padres de la chica descubren que su hija ha desaparecido. Y que Myron fue la última persona que la vio. Desesperado por cumplir una promesa bien intencionada convertida en pesadilla, Myron se esfuerza por localizar a la chica antes de que desaparezca para siempre. Pero su pasado no es tan fácil de enterrar, porque los problemas siempre le han perseguido. Ahora Myron debe decidir de una vez por todas quien es y a que va a enfrentarse si quiere conservar la esperanza de salvar la vida de una jovencita.
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Jessica Culver, su antigua alma gemela, había vuelto.

27

Estaban abajo, en la cocina.

Jessica abrió la nevera.

– ¿No hay Yoo-hoo?

Myron negó con la cabeza. El chocolate Yoo-hoo había sido su bebida favorita. Cuando vivían juntos, lo tenían siempre en casa.

– ¿Ya no lo bebes?

– Casi nunca.

– Al menos uno de nosotros tenía que ser consciente de que todo cambia.

– ¿Cómo has entrado? -preguntó Myron.

– Todavía guardas la llave en el canalón. Como tu padre. Una vez la utilizamos. ¿Te acuerdas?

Se acordaba. Habían bajado sigilosamente al sótano, riendo, y habían hecho el amor.

Jessica le sonrió. Él pensó que los años se notaban. Tenía más patas de gallo. Llevaba los cabellos más cortos y sofisticados. Pero el efecto era el mismo.

Era apabullantemente hermosa.

– Me estás mirando -dijo Jessica.

Él no dijo nada.

– Es bueno saber que todavía llamo la atención.

– Sí, ese Stone Norman es un hombre con suerte.

– Ya -dijo ella-. Ya me imaginaba que dirías eso.

Myron no dijo nada.

– Te caería bien -dijo ella.

– Oh, estoy seguro.

– A todos les cae bien. Tiene muchos amigos.

– ¿Le llaman Stoner?

– Sólo los compañeros de fraternidad.

– Por supuesto.

Jessica le observó un momento. Esa mirada le hizo sentir calor en la cara.

– Estás espantoso, por cierto.

– Hoy he recibido una buena paliza.

– Hay cosas que no cambian. ¿Cómo está Win?

– Hablando de cosas que no cambian…

– Siento oírlo.

– ¿Vamos a seguir así -dijo Myron- o vas a decirme por qué has venido?

– ¿No podemos seguir así unos minutos más?

Myron se encogió de hombros como diciendo «tú verás».

– ¿Cómo están tus padres? -preguntó ella.

– Bien.

– Nunca les caí bien.

– No, no creo.

– ¿Y Esperanza? ¿Todavía me llama la Bruja Reina?

– Hace siete años que ni siquiera te menciona.

Eso la hizo sonreír.

– Como si fuera Voldemort. De los libros de Harry Potter.

– Sí, tú eres La-que-no-debe-nombrarse.

Myron se agitó en la silla. Apartó la mirada unos segundos. Era tan consagradamente hermosa. Era como mirar un eclipse. Tienes que apartar la mirada de vez en cuando.

– Ya sabes por qué estoy aquí -dijo.

– ¿Un último flirteo antes de casarte con Stoner?

– ¿Estarías dispuesto?

– No.

– Mentiroso.

Se preguntó si ella tendría razón, así que cogió la ruta más madura.

– ¿Te das cuenta de que «Stoner» * rima con «boner»?

– Te burlas del nombre de los demás -dijo Jessica- tú que te llamas Myron.

– Sí, lo sé.

Tenía los ojos rojos.

– ¿Has bebido?

– Estoy un poco alegre. He bebido lo suficiente para armarme de valor.

– Para entrar en mi casa.

– Sí.

– ¿Qué pasa, Jessica?

– Tú y yo -dijo ella-. No hemos terminado del todo.

Él no dijo nada.

– Yo finjo que hemos terminado, tú finges lo mismo. Pero los dos sabemos que no es así.

Jessica se volvió y tragó saliva. Él le miró el cuello. Vio que sus ojos estaban doloridos.

– ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando te enteraste de que iba a casarme?

– Os deseé lo mejor a ti y a Stoner.

Ella esperó.

– No sé lo que pensé -dijo Myron.

– ¿Te dolió?

– ¿Qué quieres que diga, Jess? Estuvimos juntos mucho tiempo. Por supuesto que sentí una punzada.

– Es como -se calló para pensar-, es como si, a pesar de no haber hablado en siete años, fuera sólo cuestión de tiempo que volviéramos a estar juntos. Como si esto formara parte del proceso. ¿Entiendes lo que digo?

Él no dijo nada, pero sintió que algo muy adentro empezaba a deshilacharse.

– Entonces, hoy he visto el anuncio de mi compromiso, el que yo escribí, y de repente ha sido como si «Un momento, esto es de verdad, Myron y yo no volveremos a estar juntos». -Meneó la cabeza-. No lo estoy diciendo bien.

– No hay nada que decir, Jessica.

– ¿Así de fácil?

– Tú sólo estás aquí por los nervios de la boda -dijo él.

– No seas condescendiente.

– ¿Qué quieres que diga?

– No lo sé.

Se quedaron un rato en silencio. Myron levantó una mano. Ella la cogió. Él sintió que algo le corría por dentro.

– Sé por qué estás aquí -dijo Myron-. Ni siquiera diré que me sorprende.

– Todavía hay algo entre nosotros, ¿no?

– No lo sé…

– Oigo un «pero».

– Cuando se pasa todo lo que nosotros pasamos: el amor, las rupturas, mis lesiones, todo ese dolor, todo el tiempo juntos, que yo quisiera casarme contigo…

– Eso puedo corregirlo, ¿vale?

– Un momento. Estoy inspirado.

Jessica sonrió.

– Perdona.

– Cuando has pasado todo eso, las vidas acaban entrelazándose una con otra. Y un buen día, se acaba, se corta de golpe con un machete. Pero estás tan entrelazado, que siguen quedando cosas.

– Nuestras vidas están enredadas -dijo ella.

– Enredadas -repitió él-. No suena muy bien.

– Pero es bastante preciso.

Él asintió.

– ¿Y qué hacemos ahora?

– Nada. Forma parte de la vida.

– ¿Sabes por qué no me casé contigo?

– Ya no importa, Jess.

– Yo creo que sí. Creo que tenemos que hablar de eso. Myron le soltó la mano y le hizo un gesto de «bueno, adelante». -La gente suele odiar la vida que ha llevado con sus padres. Se rebela. Pero tú querías ser como ellos. Querías la casa, los hijos…

– Y tú no -le interrumpió-. Ya lo sabemos.

– No es así. Yo podría haber deseado esa vida también.

– Pero no conmigo.

– Sabes que no es eso. Pero no estaba segura… -Ladeó la cabeza-. Tú querías esa vida. Pero yo no sabía si querías esa vida más que a mí.

– Esa es la mayor estupidez que he oído en mi vida -dijo Myron.

– Puede, pero era lo que sentía.

– Claro, no te quería bastante.

Ella le miró meneando la cabeza.

– Ningún hombre me ha amado como tú.

Silencio. Myron se tragó el comentario de «qué pasa con Stoner».

– Cuando te lesionaste la rodilla…

– No vuelvas con eso. Por favor.

Jessica siguió de todos modos.

– Cuando te lesionaste la rodilla, cambiaste. Te esforzaste tanto por superarlo…

– Habrías preferido que me autocompadeciera -dijo Myron.

– Eso podría haber sido mejor. Porque lo que tú hiciste, lo que acabaste haciendo, fue aterrorizarte. Te aferraste tan fuerte a todo lo que tenías que era sofocante. De repente eras mortal. No querías perder nada más y de repente…

– Todo esto está muy bien, Jess. Lo había olvidado. En Duke, hiciste clase de Introducción a la Psicología, ¿no? Tu profesor estaría orgullosísimo de ti ahora.

Jessica se limitó a mirarlo meneando la cabeza.

– ¿Qué? -dijo él.

– No te has casado todavía, ¿no, Myron?

– Tú tampoco -dijo él.

– Touché. Pero ¿has tenido muchas relaciones serias en los últimos siete años?

Él se encogió de hombros.

– Ahora mismo tengo una.

– ¿En serio?

– ¿Por qué te sorprende tanto?

– No tanto, pero piensa un poco. Tú que estás tan dispuesto a comprometerte, a tener una relación a largo plazo, ¿por qué tardas tanto en encontrar a una mujer?

– No me lo digas. -Levantó una mano-. ¿Después de ti ya no me gusta ninguna otra mujer?

– Bueno, eso sería comprensible. -Jessica arqueó una ceja-. Pero no, no lo creo.

– Bueno, soy todo oídos. ¿Por qué? ¿Por qué no estoy ya felizmente casado?

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* Stoner significa alguien que fuma hierba y boner alguien que mete la pata. (N. de la T.)

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