Callejón sin salida
- Автор: Джоансен Айрис
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Callejón sin salida». Краткое содержание книги:
A pesar del cariño y los cuidados de Eve y Joe, Jane no ha tenido una infancia como las demás. Siempre ha sido más inteligente y madura que muchos de los adultos que la rodean. Por eso, cuando comienzan los sueños, reacciona con cautela. Sabe que las pesadillas la conectan con alguien que vivió hace mucho tiempo, una joven que sufrió y murió pero que de alguna manera sigue viva en ella. Y pronto descubre que no es la única, que existe otra persona que vive obsesionada con aquellos remotos sucesos: un cazador de mujeres para el que Jane representa la presa definitiva. Ni la policía, ni sus queridos padres adoptivos, pueden protegerla. Quizá ni siquiera Trevor, el misterioso extraño que se cuela en su vida en el momento más peligroso, provocando en ella sentimientos a los que creía ser inmune.
… Pero se había convertido en el cebo perfecto.
Brillante como un científico, seductor como una estrella de cine, y letal como el más curtido mercenario, Trevor ha empeñado toda su vida en la captura de un hombre que destrozó sus sueños y que siembra el terror allí donde va. Hasta el momento, el asesino ha ido siempre un paso por delante suyo, pero ahora Trevor ha encontrado la presa perfecta. Un cebo al que el cazador no puede dar la espalda, pero que amenaza con trastocar el bien trazado plan. Porque Jane es una muchacha excepcional, alguien a quien Trevor no puede limitarse a utilizar. Alguien con quien siente, al igual que el asesino, una extraña conexión que se remonta a un pasado lejano. Pero para profundizar en ella y explorar sus sentimientos en el futuro, primero tiene que conseguir que Jane sobreviva al presente…
Sacudió la cabeza negativamente.
– He de pensar en ello e investigar un poco.
– Y has de recuperarte del asalto verbal de Aldo.
– Ya lo estoy haciendo. -Era cierto. La distracción había diluido el impacto emocional del veneno de Aldo-. Ha sido absurdo ponerme de ese modo. Al fin y al cabo, su llamada ha sido una victoria y me ha aclarado su actitud y sus intenciones.
– Y por lo que veo también ha aclarado tu actitud y reforzado tu determinación de avanzar a la velocidad de la luz.
– No necesitaba mucho refuerzo.
– No, vas a toda máquina. -Trevor levantó las cejas-. No puedo esperar a saber adonde vas a ir con todo eso.
– Ni yo tampoco -dijo ella cortante-. Sólo espero que no sea a un callejón sin salida.
– Entonces, suele haber un camino sobre el que retroceder para encontrar la salida.
Calor. Noche asfixiante.
Corre. Rocas que caen. Dolor.
– No quiero dar marcha atrás. -Apretó los labios-. He de ir directa hacia la salida y pasar por encima de ese bastardo si se interpone en mi camino.
Trevor dio un pequeño silbido.
– Voto por eso. -Empezó a bajar los peldaños-. Y yo te proporcionaré la apisonadora para hacerlo. Sólo tienes que abrir la boca.
Jane no respondió, volvió a mirar la lista.
Trevor movió la cabeza con arrepentimiento mientras caminaba por el sendero para encontrarse con Bartlett. Era muy obstinada; había liquidado el tema de la llamada de Aldo y probablemente hasta se había olvidado de él. No era bueno para el ego masculino.
¡Qué demonios! No podía esperar ninguna regla habitual entre hombre y mujer para su relación con Jane.
Mejor que no.
– Está absorta. -Bartlett tenía la mirada fija en ella-. Parece como si le hubieras hecho un regalo.
– En cierto modo así es. No ha sido una caja de bombones ni un ramo de flores, sino una lista de las webs que solía frecuentar Aldo.
– Ya veo. -Bartlett asintió con expresión de gravedad-. Mucho más valioso que una caja de bombones y ella no es de las que aprecian la dulzura.
– Quizá no haya tenido la oportunidad de probarla.
Jane inclinaba la cabeza sobre la lista y él observaba la tensión, la tersura y la delgada elegancia de su cuerpo mientras cogía su ordenador. Lo hacía todo con una gracia natural e inconsciente que era una delicia observar. Había juventud sin la torpeza de la misma. Gracia y fuego. Ardía como una vela en la…
– No, Trevor.
Miró a Bartlett.
– ¿Qué?
Bartlett estaba moviendo la cabeza, con cara de preocupación.
– Es demasiado joven.
– ¿Crees que no lo sé? -Intentó apartar la mirada de ella. Dios, qué difícil le resultaba-. Mirar no hace daño.
– Podría. Ella no es una estatua y tampoco es Cira.
– ¿No? -retorció los labios-. Eso díselo a Aldo.
– Te lo digo a ti. -Bartlett frunció el entrecejo-. Y no debería habértelo tenido que decir. Podrías hacerle daño.
Trevor sonrió inquieto.
– Ella lo negaría; diría que es mucho más probable que ella me hiriera a mí.
– Pero tú sabes que eso no es cierto. La experiencia cuenta y ella sólo tiene diecisiete.
Se giró para marcharse.
– ¿Por qué estamos tan siquiera hablando de esto? Te he dicho que no iba a hacer nada más que mirar.
– Eso espero.
– Cuenta con ello. -Se fue por el sendero-. Volveré para relevarte dentro de una hora. Se ha pasado toda la tarde provocando a Aldo y ahora está rabioso. Quiero estar por aquí por si decide aparecer.
Capítulo 13
– Me has estado observando toda la tarde. Me siento como un insecto en un microscopio. -Eve se apartó de la reconstrucción antes de mirar a Jane-. ¿Pasa algo? ¿Todavía estás alterada por la llamada de Aldo?
– Un poco. -Hizo una mueca-. Puedes comprender que se me haya quedado grabado en la mente.
– De eso no me cabe la menor duda. No ha dejado de preocuparme desde que me lo contaste.
– Pero puedes olvidarlo cuando te abstraes por completo en tu trabajo. Eso es una bendición, ¿verdad?
– El trabajo siempre es una gran terapia. -Eve frunció el ceño-. ¿Estabas preocupada por venir a verme mientras trabajo?
Jane movió la cabeza.
– Sólo me preguntaba si ya te falta poco.
– Mañana. La podía haber terminado esta noche si no me hubieras arrastrado a salir este mediodía.
– No pusiste ninguna objeción.
– Ni la pondré. Mantenerte viva es más importante que identificar a esta pobre chica muerta.
– ¿Qué nombre le has puesto?
– Lucy. -Sus manos se desplazaban por el cráneo, midiendo cuidadosamente el espacio entre los ojos-. La policía de Chicago piensa que puede ser una niña que lleva desaparecida más de quince años. Sus padres deben haber vivido un infierno.
– Como tú.
Eve no lo negó.
– Al menos podré devolver la hija a otros padres. Supongo que es una forma de poner fin a una situación.
– Bobadas. Es muy noble pero no te evita el sufrimiento.
– No. -Eve sonrió un poco-. ¿Se puede saber por qué estás tan interesada en mi trabajo esta noche?
– Siempre lo he estado. Es un poco repugnante, pero forma parte de ti.
– La parte repugnante.
– Has sido tú quien lo ha dicho. -Jane sonrió-. Jamás me atrevería. ¿De modo que Lucy regresa mañana a Chicago?
– Probablemente. -Eve levantó las cejas-. ¿Es importante que la termine rápido?
– Quizás. He estado sentada pensando… -Su mirada se fijó reflexivamente sobre el busto-. ¿Qué sensación… te produce?
– ¿Tocar su cara? -Se quedó en silencio, pensando-. No me da asco. Hace tanto tiempo que lo hago que es difícil de decir.
– ¿Lastima?
– Sí, y rabia y tristeza. -Acarició con dulzura la mejilla de Lucy-. Y una gran urgencia por devolverla a su hogar. El hogar siempre ha sido muy importante para mí. Hay tantos seres perdidos por ahí.
– Ya te he oído decir eso antes. ¿Realmente crees que su alma anda por ahí perdida y que le importa regresar a casa?
– No lo sé. Quizá. Pero no me importa. -Eve allanó la arcilla por la frente de Lucy-. Ahora vete a dormir y déjame trabajar o no terminaré nunca.
– Muy bien. -Jane se levantó-. Sólo era curiosidad.
– Jane.
Jane la miró por encima de su hombro.
– ¿Por qué ahora? -preguntó Eve-. Nunca te ha interesado mi trabajo antes.
Jane se giró para mirarla de frente.
– Nunca había visto tan de cerca la posibilidad de mi muerte. Esto hace que te preguntes qué es lo que nos espera allí fuera.
– En estos momentos lo único que te espera a ti es una vida larga y feliz.
– No te preocupes. No es que me esté deprimiendo o que sea pesimista. Todo esto ha surgido de repente sin venir a cuento. Estaba aquí sentada observándote y pensando en algo completamente distinto, cuando de pronto se me ocurrió que… -Hizo una pausa-. Cira es uno de esos seres perdidos. Según parece nadie sabe lo que le sucedió. Probablemente muriera en esa erupción.
– Hace dos mil años, Jane.
– ¿Qué importancia tiene el tiempo? Perdido es perdido.
– No, creo que no. Pero elimina el factor personal, el factor familiar.
– No, no estoy de acuerdo. -Se puso la mano en su mejilla y se la tocó siguiendo su trayectoria hasta la sien-. Esto para mí es muy personal. Ella tenía mi cara.
– ¿Y te preocupa que ella sea uno de esos seres perdidos?
– No lo sé. Quizá no se perdió. Quizá no murió. A lo mejor vivió hasta los cien años y vio a sus biznietos.
– Puede ser.
– Sí, pero me lo he estado preguntando, ¿y si tienes razón y las almas perdidas anhelan regresar a casa? ¿Y si los sueños que he estado teniendo fueran su forma de decirme que necesita que la encuentren y que la lleven a su lugar de descanso final?