Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El Tercer Lado De Los Ojos
El Tercer Lado De Los Ojos - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Tercer Lado De Los Ojos

Электронная книга - «El Tercer Lado De Los Ojos». Краткое содержание книги:

Nombre: Jordan Marsalis Nombre: Maureen Martini Estatura: 1,86 Estatura: 1,72 Ojos: Azules Ojos: Negros Pelo: Canoso Pelo: Negro Edad: 37 años Edad: 29 años Dirección: 54 West 16th Dirección: Via della Polveriera 44 Cargo: Ex teniente de Cargo:Comisario de policía policía Ciudad: Nueva York Ciudad: Roma Las vidas de Jordan y Maureen, que no se conocen entre ellos, se ven sacudidas por el azote del crimen. En Roma, la mafia albanesa acaba atrozmente con la vida del amante de Maureen y ella queda sumida en una profunda ceguera. A miles de kilómetros, el extravagante hijo del alcalde de Nueva York y sobrino de Jordan aparece brutalmente asesinado en su estudio de la Gran Manzana. Se trata del primero de una serie de crímenes que van a sucederse vertiginosamente, puntuados por enigmáticos mensajes. ¿Cuál es la misteriosa pieza que enlaza estas muertes? Unidos por las circunstancias, Maureen y Jordan han de enfrentarse juntos a la mente perturbada de un despiadado asesino que se divierte caracterizando de forma extraña los cuerpos de sus víctimas, después de torturarlos. Las cálidas calles romanas contrastan con la elegancia sombría de Nueva York: dos escenarios en los que Giorgio Faletti confirma su capacidad para tejer apasionantes tramas de novela negra.
1 ... 36 37 38 39 40 41 42 43 44 ... 101
Перейти на страницу:

Abrió el grifo y se metió bajo la ducha. Se enjabonó la piel con la esperanza de arrancar aquel olor penetrante y dulzón de la cola y la pegajosa sensación de mugre que siempre sentía tras acudir al lugar de un crimen.

Comenzó su juego habitual con el regulador de la temperatura del agua.

Caliente. Fría.

«Gerald. Chandelle.»

Caliente. Fría.

«Linus. Lucy.»

Caliente. Fría.

«La manta. El piano.»

Y Lysa…

«Caliente. Fría.»

Con un gesto enfadado movió la palanca y cortó el chorro de agua. Salió goteando y se puso el albornoz. Se secó y se afeitó rápidamente. Poco después, el líquido de la loción para después del afeitado le trajo el habitual escozor placentero y reconfortante. Se puso unas gotas de colirio en los ojos enrojecidos por la falta de sueño y volvió a observar su imagen en el espejo. Durante un segundo se sorprendió tratando de mirarse con los ojos de Lysa. Pero al instante siguiente se sorprendió por ello, por lo que siempre había sido él y por lo que era ella.

El sonido del móvil lo devolvió a la realidad. Fue a coger el aparato, que había dejado sobre la cama, y contestó mientras empezaba a vestirse.

– Diga.

– Hola, Marsalis. Soy Stealer, el médico forense.

– Qué rapidez.

– Ya le había dicho qué pasaría. Quizá debería haber sido profeta en lugar de patólogo. En fin, la autopsia todavía no está terminada, pero creo que hay un par de cosas que le será útil saber.

– Lo escucho.

– Aparte de confirmarle que la causa de la muerte fue asfixia por estrangulación, debo decirle que la víctima tuvo una relación sexual. Y, por lo que se observa, la tuvo después de ser asesinada.

– ¿Quiere decir que el asesino primero la estranguló y después la violó?

– Exacto. Hemos encontrado rastros de lubricante de un preservativo. Espero que lo que voy a decirle se deba a una casualidad, porque de lo contrario me da miedo pensar hasta qué punto de burla y de locura puede llegar este individuo.

Jordan aguardó con calma la conclusión del patólogo.

– El profiláctico era de esos que tienen efecto retardante para el hombre y estimulante para la mujer.

– Dios santo, pero ¿con qué clase de loco perverso tenemos que vérnoslas?

– Pues con un loco perverso que ha tenido bastante mala suerte. Ha sucedido algo bastante lamentable… Para él, evidentemente. El preservativo era defectuoso.

– ¿Y entonces?

– En la vagina de Chandelle Stuart ha quedado una pequeña cantidad de líquido seminal. Pequeña pero suficiente para hacer el análisis de ADN. Ya lo he pedido.

Jordan sostuvo el teléfono con el hombro y se sentó en la cama para ponerse los calcetines.

– Perfecto.

– Así es. No es habitual que un asesino deje su tarjeta de visita.

– Ya. Lástima que no nos dé el nombre, el apellido y la dirección.

– Ese ya no es mi problema.

Jordan interpretó que Stealer no pretendía ser sarcástico; solo reconocía sus límites.

– Sí… ¿Marcas en el cuerpo?

– Rastros de cola en las muñecas. Probablemente se mezcló con el pegamento de la cinta adhesiva.

A Jordan no le sorprendió; en realidad lo daba por descontado. Del mismo modo que había dado por descontado que la cola empleada para pegar el cuerpo de Chandelle Stuart al piano era la misma con la que se había fijado la manta a la oreja de Gerald.

– ¿Otros detalles?

– Además de los cardenales del cuello, nada. A pesar de las apariencias, no hay señales de lucha. El único detalle curioso es que bajo las uñas hemos encontrado unos minúsculos fragmentos de fibra. La brigada científica ha comprobado que son iguales a las del vestido rasgado que encontramos en el suelo.

– Como si se lo hubiera arrancado ella misma.

– Exacto. Por lo demás, hay algunos cardenales aquí y allá, pero bastante anteriores a la fecha de la muerte.

Pensando en la declaración de Randall Haze, a Jordan no le costó imaginar cómo se los había hecho.

– Una última cosa, aunque no sé si servirá.

– A estas alturas, todo sirve. Dígame.

– En las ingles hay rastros de una pequeña intervención de cirugía plástica; creo que pudo haberse hecho para borrar un tatuaje. Por el momento es todo lo que puedo decirle.

– Me parece más que suficiente. Se lo agradezco, Stealer.

– Que tenga usted un buen día.

– Si llega a serlo, será gracias a usted.

Jordan colgó y echó el móvil sobre la cama. Abrió el armario y eligió una camisa limpia. Mientras terminaba de vestirse, en su interior crecía tímidamente cierto optimismo. Se puso el reloj y miró la hora. Eran casi las siete, y pese a la noche sin dormir se sentía despierto y activo. La adrenalina que le aportaban las nuevas pruebas había sustituido con eficacia las horas que habría pasado dando vueltas en la cama, persiguiendo una intuición que no se dejaba capturar.

Cogió el casco y la cazadora. Pensó que era un día perfecto para dar un paseo en moto. Hasta Poughkeepsie, tal vez. Quedaba más o menos a mitad de camino entre Nueva York y Albany, y con la Ducati llegaría en poco tiempo. Volvió a la sala. Mientras tanto, Lysa también se había cambiado y estaba de pie frente a la ventana. Por encima de los tejados, el sol había dejado de ser una promesa y ahora era una realidad luminosa en un cielo azul y límpido de comienzos de verano.

Cuando oyó sus pasos en el suelo de madera, se volvió hacia él. Lo que dijo al verlo entrar en la habitación parecía en realidad un pensamiento en voz alta.

– Tienes los ojos del mismo color.

– ¿De qué?

– Del cielo.

– En este momento es lo único que tenemos en común.

Se quedaron un instante en silencio. Luego la mirada de Lysa se detuvo en el casco y la cazadora que él sostenía en la mano.

– ¿Sales?

– Sí. Tengo algo que hacer.

A Jordan le gustó ese cambio de tema; siempre se sentía incómodo ante los comentarios sobre su aspecto físico. Lysa seguía mirando el casco, fascinada.

– ¿Cómo es ir en moto?

– Es peligroso, siempre. Y veloz, si quieres. Pero la recompensa es que puedes encontrar la libertad.

Lysa lo miró en silencio. Jordan empezaba a conocer esos momentos en los que una sonrisa irónica se deslizaba por la comisura de su boca y sus ojos adoptaban una expresión socarrona.

Cuando habló, sus palabras eran una provocación disfrazada de inocencia.

– ¿Crees que yo la encontraría?

Jordan respondió sin pensar.

– Solo hay un modo de averiguarlo. Debo ir a un lugar cerca de aquí. ¿Te gustaría venir conmigo?

Cuando se dio cuenta de lo que acababa de decir, las palabras ya habían salido y era imposible echarse atrás.

– No tengo casco.

Jordan se encontró en la situación del jugador que está obligado a volver a tirar para tratar de recuperarse. Por otra parte, era él quien había hecho girar la rueda y había lanzado la bola. Ahora no tenía otro remedio que esperar y ver qué número saldría.

– No hay problema. Al otro lado de la calle, en la Sexta, hay una tienda donde suelo comprar cosas para la moto. Podemos pasar por allí y comprarte uno.

– A esta hora estará cerrada.

– El dueño es amigo mío y duerme en la trastienda. No se pondrá contento, pero se despertará.

– De acuerdo. Dame un segundo.

Lysa desapareció por el pasillo; volvió poco después, vestida con unos vaqueros, una chaqueta de piel y botas de estilo vagamente country. Se había recogido el pelo en una cola de caballo. Para Jordan, estaba más luminosa que el día que los esperaba fuera.

– Lista.

Jordan no estaba totalmente seguro de poder decir lo mismo. Pero como no era más que un hombre, en ese momento hizo lo único que podía hacer: mentir.

– También yo lo estoy.

1 ... 36 37 38 39 40 41 42 43 44 ... 101
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)