Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » La Venganza De Moriarty
La Venganza De Moriarty - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Venganza De Moriarty

Электронная книга - «La Venganza De Moriarty». Краткое содержание книги:

El Profesor James Moriarty, el Napoleón del crimen, el ilustre archienemigo de Sherlock Holmes, regresa de los Estados Unidos con una fortuna conseguida a fuerza de estafas, fraudes y todo tipo de pillajes. También trae un minucioso y diabólico plan de venganza para quitarse de en medio a sus enemigos, los líderes de los bajos fondos de Europa: Wilhelm Schleifstein, de Berlín; Jean Grisombre, de París; Luigi Sanzionare, de Roma, y Esteban Segorbe, de Madrid. La venganza ha de alcanzar también al inspector Crow, de Scotland Yard, y, sobre todo, al más odioso de sus enemigos: el señor Sherlock Holmes, de Baker Street.
1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 82
Перейти на страницу:

– Pug Parsons -anunció, como si fuera un nombre que apenas sale en los periódicos-. Le hemos atrapado en varias ocasiones, señor. Hace algunos años era un conocido guardaespaldas de las prostitutas de Haymarket: se ocupaba del dinero de alguna de las chicas de Sal Hodges.

El rostro de Crow se iluminó.

– Por tanto, por asociación, tiene relación con el amigo Moriarty.

– Así lo parece. Todavía hay más si desea oírlo. Creo entender que Sal Hodges ha vuelto muy fuerte al negocio, con dos casas nuevas, al menos se la ha visto en dos lugares recientemente abiertos.

– Entonces, es probable que el dinero sisado por Madis y Meunier ya esté moviéndose por Londres.

– Otro punto de gran interés. El cuchillo que mató al viejo Bolton.

– Sí.

– De origen chino, no se vende en este país, pero puede conseguirse en muchos establecimientos de San Francisco.

– Ember, Lee Chow y Spear -susurró Crow para sus adentros, completamente seguro de que existía una pauta perfectamente distinguible detrás de todo lo que estaba sucediendo.

– Apostaría a que el alemán, Schleifstein, se encontraba en la casa de Edmonton -dijo en voz alta-. Tiene sentido. Todo tiene sentido. Si Moriarty fue rechazado por sus amigos extranjeros, después del asunto Sandringham, quizá ahora esté preparando una gran venganza. Demos por supuesto, Tanner, que

Schleifstein estaba involucrado, no puedo asegurarlo todavía: en ese caso es muy probable que surjan más intrigas en relación a los otros tres. ¿Cuáles son sus nombres? Sanzionare, el francés Grisombre y Segorbe. ¿Cuál será el siguiente?, me pregunto.

– Señor, si es una venganza, entonces es posible añadir otro nombre.

– ¿Quién? -preguntó Crow de forma cortante.

– ¿Por qué no usted mismo, señor Crow? Usted también podría estar en la lista.

Casi en el mismo instante en que se estaba llevando a cabo esta conversación, James Moriarty estaba pasando las páginas de uno de los libros encuadernados en piel de su diario codificado.

Estaba incorporado, apoyado sobre almohadones, en su cama y con el libro abierto sobre sus rodillas. Sal Hodges estaba en el tocador completando su aseo.

El Profesor fue a la parte final del libro, a las anotaciones codificadas que tenía sobre las seis personas a las que tenía pensado infligir un astuto castigo. Cogiendo su estilográfica, Moriarty trazó una débil línea diagonal sobre las páginas que había dedicado a Wilhelm Schleifstein.

Cerró el diario y miró hacia arriba mientras su rostro se retorcía con una malvada sonrisa. Sal Hodges estaba luchando con su corsé.

– Sal -dijo el Profesor-. Dentro de unas semanas pasaré una temporada en París. ¿No te enfadarás si no te invito a venir conmigo?

LONDRES Y PARÍS

Sábado 28 de noviembre de 1896 – Lunes 8 de marzo de 1897
(El robo de la obra de arte)

El último sábado de noviembre fue un día de mucho movimiento para los tenderos de Oxford Street y sus alrededores. No sólo tenían que tener contentos a sus clientes ese día, sino que además tenían que encargar todos los suministros para cubrir las próximas semanas. Siempre era igual cuando se acercaban las Navidades.

– Parece que las compras empiezan antes cada año -se decían unos a otros.

No es que se quejaran, sino que, sin ningún respeto por la gran celebración navideña, algunos adoptaban expresiones irónicas y expresaban sus maravillas como si se tratara de un festival, que cada vez se convertía más en una excusa para la glotonería y embriaguez, por no mencionar la completa extravagancia que lo precedía.

Incluso en Orchard Street, Charles Bignall, el farmacéutico, afirmó estar bien equipado con esas pequeñas cosas extra que se demandaban mucho más durante las semanas anteriores a la festividad cristiana del solsticio de invierno.

Estaba muy ocupado revisando sus pedidos: píldoras antibiliares, dosis Blue & Black, píldoras hepáticas, Cáscara Sagrada, cuando entró la dama en la tienda para realizar una pequeña compra: una simple botella de dos onzas de Jarabe de Buey.

Era una mujer atractiva, cliente habitual, y hasta que se marchó Bignall no se dio cuenta de que había otro cliente; el chino que vestía tan bien, casi como un hombre de negocios y no como algunos de los rufianes de su raza que a veces se veían en el West End.

– No dispongo de mucho tiempo -dijo Bignall secamente.

– Entonces tendrá que buscarlo, señor Bignall -los ojos del chino eran severos y relucían como cristal-. ¿Todavía suministra al caballero de Baker Street? -preguntó.

– Sabe que sí. Y a los demás que usted me envió.

– Bien, señor Bignall. Tendrá una recompensa. Estamos muy agradecidos con usted. Paga a tiempo y dudo que no esté contento con los beneficios que obtiene de nuestras transacciones.

– Habrá otros clientes dentro de poco. Por favor, atienda sus negocios.

– Sólo un pequeño aviso. Sólo cuando esté preparado.

– ¿Y entonces?

– Dentro de algún tiempo -parecía que el chino escogía con cuidado sus palabras-. Dentro de algún tiempo. Quizá pronto, quizá dentro de pocas semanas o meses, le daremos instrucciones.

– ¿Y?

– Instrucciones para dejar de suministrar a nuestro mutuo amigo de Baker Street.

Bignall mostró su malestar con un ligero tic bajo su ojo izquierdo.

– Pero es su medicina. Puede ponerse muy enfermo si…

– Si se le niega su medicina, se pone extremadamente nervioso. Se vuelve depresivo. Con mal genio. Suda mucho. Estará dispuesto a hacer todo lo que le pidamos a cambio de su medicina.

La cara de Bignall mostraba de forma patente su repugnancia.

– No se preocupe, señor Bignall. Recibirá un buen dinero. Haga lo que se le dice, o de otra forma… de otra forma… -el chino hizo una pantomima gráfica que indicaba una desagradable y decisiva solución a todos los problemas que Charles Bignall tuviera en la tierra-. No se preocupe, señor Bignall -repitió-. Ya se ha hecho antes. Ya se le ha hecho antes a ese hombre. Es un hombre muy listo, pero todos los hombres tienen un precio. Su precio es el polvo blanco. Por tanto, cuando reciba el mensaje, haga lo que se le ha dicho.

Bignall asintió con la cabeza para dar su conformidad, un gesto realizado de mala gana, pero inevitable, de todo su cuerpo. Moriarty había realizado otro movimiento en el mortal juego.

Ember fue llevado desde Bermondsey a Albert Square por la noche, la misma noche que convocaron en la casa a Bob el Nob, con el brazo todavía dolorido y en cabestrillo.

Ambos hombres permanecieron treinta y seis horas, la mayor parte del tiempo con Moriarty en su estudio, antes de salir hacia el continente, a orillas del lago Annecy. Su marcha mataba dos pájaros de un tiro: la conveniencia para Moriarty de que estos dos hombres estuvieran fuera del país y al mismo tiempo utilizarlos de forma que sirvieran para sus fines últimos. A partir de este momento, la mujer,

Irene Adler, estaría vigilada de cerca, su rutina diaria se exploraría con cuidado, se anotaría con detalle y se informaría al Profesor cada tres o cuatro días.

Gran parte del disgusto de Sal Hodges era que la chica italiana, Carlotta, estaba ahora instalada en Albert Square y, aunque Sal estaba más a menudo que nunca en compañía del Profesor en su dormitorio, ella también fue requerida para instruir a la «Tigresa latina» -como la llamaba Moriarty- en materia de etiqueta, comportamiento y moda.

Respecto a otros asuntos, no había nada encubierto en relación a Crow, cuya vida parecía haber sido completamente intachable y sin rastro de soborno o corrupción en su carrera dentro del cuerpo de policía.

Polly Pearson todavía suspiraba por Harry Alien, Bridget Spear engordaba a diario a medida que el niño iba creciendo dentro de ella. Spear se encargó del control diario del rejuvenecido imperio del crimen, informando con regularidad al Profesor; poseía una habilidad especial y era capaz de dirigir su Departamento de Personal -ya que Spear había llegado a eso- con infalible criterio. Schleifstein y su banda estaban retenidos, con razonable comodidad, incomunicados en Bermondsey. Por la noche, durante sus horas libres, Moriarty ensayaba los trucos y juegos de manos entresacados de la Magia Moderna del profesor Hoffman; y durante una hora cada noche, antes de retirarse, se sentaba frente a su tocador con los materiales de disfraz, perfeccionando una nueva imagen que utilizaría dentro de pocos meses.

1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 82
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)