La Venganza De Moriarty
- Автор: Гарднер Джон Эдмунд
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «La Venganza De Moriarty». Краткое содержание книги:
Crow escuchó la exposición de todo el relato, sobre una redada policial mientras pasaban los transeúntes; dispararon a un policía y se llevaron a unos cuantos hombres dentro de un furgón policial. Su número variaba según los testigos, algunos decían seis o siete, otros afirmaban que eran tres y en muchos casos declaraban que su número era superior a diez.
Los vecinos servían de poca ayuda.
– Siempre evitaban tener contacto con los demás vecinos -dijo a Crow la señora de la casa vecina-. Yo estaba orgullosa por todo esto. Me parecían personas sin educación. La mayoría extranjeros.
– ¿Qué quiere decir con la mayoría?
– Bien -no estaba seguro de ello-. Les oí hablar en inglés, pero sobre todo escuché un idioma extranjero. Alemán, creo que me dijo mi esposo.
Crow entró en la casa con Tanner a sus talones. Había muestras de que allí abajo se había producido una pelea y una mesa aparecía volcada en el primer piso, enfrente del dormitorio. Crow tomó notas y volvió a Scotland Yard, preocupado, con varias hipótesis que sólo eran briznas en el viento, y ninguna tomaba forma. El Comisario quería verle en cuanto volviera a su oficina. Crow le encontró envalentonado y muy poco agradable.
– Personas disfrazadas de oficiales de la policía, Crow. Es lo último, aunque fueran camuflados bajo uniformes de la Policía Metropolitana. O llega al fondo de todo esto o volveré a verle hacer la ronda.
Era una afrenta al orgullo de Crow, sobre todo porque tendría que cenar con él esa misma noche. Se puso colorado.
– ¿De qué pistas dispone? -le dijo el Comisario de sopetón-. ¿Qué indicios?
– Sólo una o dos posibles ideas. Estas cosas llevan algo de tiempo, señor, usted lo sabe bien.
– Se ha producido una protesta general. Ya he informado a los periódicos de que usted está al mando y no me sorprendería si ponen el grito en el cielo en las ediciones de última hora. Sin ninguna duda, el Times tratará el asunto.
– Bien, señor, quizá lo mejor es que siga con mis investigaciones.
– Sí. Desde luego, Crow. No era mi intención ser duro con usted, pero va a haber un gran escándalo con todo esto.
Crow se desahogó riñendo a Tanner, diciéndole que debería tener todas las declaraciones de Edmonton en su poder a última hora de la tarde. El Comisario estaba exigiendo un arresto inmediato. Más tarde, se sentó para pensar en alguna explicación lógica. Era obvio que existía alguna relación entre el robo y el asunto de la policía, a no ser que fuera una desafortunada coincidencia: puesto que él sabía, por Clowes, que había aparecido un mítico policía haciendo la ronda Cornhill- Bishopsgate a primeras horas de la mañana.
En caso de que existiera esa conexión, sería de enorme importancia. ¿No le había dicho Bolton que Ember había hablado con un ladrón alemán? Después de comer se pasaría por St. John's Wood y hablaría con Bolton. Quizá con la noticia de que sus herramientas se habían utilizado en un robo, el viejo soltaría alguna afirmación imprudente.
Cuando salió de Scotland Yard para ir a comer, había cuatro hombres de la prensa esperando a Crow. Respondió a sus preguntas con educación y les dijo, de modo bastante creíble, que estaba siguiendo una particular línea de investigación. Esto pareció agradarles, y más tarde el detective reflexionó sobre el asunto mientras tomaba una pinta de cerveza y una empanada de cerdo en el bar de un mesón cercano.
Era un caso para Holmes, decidió. ¿Cómo lo habría llamado Watson? ¿La Aventura del Falso Policía? Crow acabó su empanada y salió: primero a enviar una nota a Holmes mediante un mensajero de la oficina de correos; luego cogería un cabriolé hasta St. John's Wood, donde se bajaría, como solía ser habitual, a unas cien yardas de la residencia del viejo Tom Bolton.
Ya era media tarde y empezaba a hacer mucho frío, mientras el humo de las chimeneas ofrecía un aspecto nuboso sobre los tejados. Había algo de brisa y le dolía un poco la cabeza, ya que el frío penetraba por su nariz y sus oídos. Nieve, pensó, nieve en el aire.
No hubo respuesta a su doble llamada; ningún sonido. Volvió a llamar. Más fuerte, el sonido parecía retumbar por la calle. Pasó una mujer con un niño pequeño colgado de la mano. En el otro lado de la carretera, un pilluelo andrajoso chapoteaba en los canales llenos de agua como si estuviera buscando un tesoro entre el lodo y las hojas. Pasaron de largo un par de cabriolés. Seguía sin haber ningún ruido dentro de la casa.
Repentinamente, Crow notó que se le erizaban los pelos del cuello y le sacudió un súbito presentimiento. Dejó la puerta delantera y dio la vuelta a la casa hasta la entrada trasera, la de la cocina. Empujó la puerta y cedió inmediatamente. Todo parecía muy acogedor, como siempre.
– Tom -dijo Crow, pero el silencio era todavía más intenso que antes. Atravesó la habitación y abrió la puerta que daba al recibidor delantero.
El viejo Tom Bolton yacía de espaldas en medio del recibidor. Una de sus muletas estaba a cierta distancia del cuerpo, mientras que la otra todavía seguía en su mano. La parte delantera de la camisa estaba empapada de sangre. Crow se arrodilló para examinar el cadáver, no necesitaba la evidencia médica para saber que estaba muerto, ya que había tenido oportunidad de ver muchos cadáveres. Este todavía estaba caliente y el cuchillo que había hecho el trabajo aún sobresalía por la tráquea de Bolton.
De esta forma, Angus Crow comenzó una nueva investigación de asesinato, además del disparo y del extraño asunto de Edmonton. Todo en un solo día.
Había llegado tarde y se encontraba nervioso y cansado cuando regresó a King Street, donde todo era agitación para la inminente cena. Apenas puso un pie en el interior Sylvia empezó a parlotear: le dijo que llegaba tarde, que tendría que darse prisa para estar preparado a tiempo, que había mucho ajetreo en la cocina, que el carnicero había mandado la carne equivocada, que sólo tenía dos botellas de vino de sobra y no sabía si sería suficiente, que si su crespón amarillo era el adecuado para el vestido o si la seda azul iría más con la ocasión.
Crow dejó que siguiera hablando durante un momento y luego levantó la mano para pedir silencio.
– Sylvia -dijo con una firmeza que sólo demostraba cuando estaba frente a sus subordinados-, hoy me ha tocado investigar sobre dos desdichadas criaturas, ambas con una muerte violente y repentina. No deseo enfrentarme a una tercera.
La tarde fue pasando con algunas dificultades. Cierto, Crow estaba preocupado con lo sucedido durante el día y estaba esperando que llamaran a la puerta, pues había pedido a Holmes que le enviara una nota a su casa. Pero no llegó ningún mensaje. El Comisario fue algo más afable, diciendo que cenar con los Crow había sido una excelente idea, ya que le permitía ver cómo vivían sus oficiales. Sylvia se irritó un poco cuando la esposa del Comisario se refirió a su hogar como «vuestra pequeña y curiosa casa». Pero la irritación fue muy pequeña.
La comida, sin embargo, fue de las mejores de Sylvia -sopa juliana, tajadas de bacalao en salsa alemana, cuarto trasero de cordero, tarta de manzana- y cuando las mujeres se retiraron, dejando solos a los caballeros, el Comisario retomó la conversación sobre los sucesos de aquel día.
Crow sólo le habló de los hechos -cómo el asesinato de Tom Bolton estaba relacionado con el robo de la joyería-, alejando todas las oscuras sospechas que tenía en su mente. Algo después de que volvieran las mujeres, Lottie, que durante toda la tarde se las había arreglado para no tirar nada, anunció que el señor Tanner estaba en la puerta con un mensaje para Crow.
El detective se excusó, deseando la respuesta de Holmes. En vez de eso, Tanner, que había estado trabajando durante todo este tiempo, ya tenía la identificación definitiva del hombre que murió por disparo en Edmonton.