Jane Juega Y Gana
- Автор: Гибсон Рэйчел
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Jane Juega Y Gana». Краткое содержание книги:
Luc tiene clara su opinión acerca de esos parásitos llamados periodistas, incluida Jane. Además, desde que tiene uso de razón se ha visto a sí mismo como un hombre soltero. Lo último que necesita es una reportera entrometida que escarbe en su pasado y se interponga en su camino.
Si Luc topaba con la columna de marzo y la leía, sabría que había sido la última víctima de Bomboncito de Miel. Se dijo que debería de sentirse halagado. Que quizá se sintiese halagado. No todos los hombres de Estados Unidos tenían el honor de entrar en coma a manos de Bomboncito de Miel. Pero, a decir verdad, no creía que Luc fuese a sentirse un privilegiado, y eso hacía que se sintiese un poco culpable. Por descontado, no había modo de que él la relacionase con la autora de «Bomboncito». Nunca sabría que era ella la que escribía esas historias. Aun así se sentía culpable.
Darby rió debido a algo que Caroline le dijo, sacando a Jane de sus elucubraciones. Por unos segundos Jane sopesó la posibilidad de decirle a Darby que no era la clase de chico que le gustaba a su amiga, que con toda probabilidad ella le daría calabazas, pero Darby parecía muy feliz de sentirse capturado por la sonrisa de Caroline. En lugar de advertirle, Jane dejó que llegase a suponerlo por su cuenta. Colocó su maletín cerca de su silla y se obligó a ir hacia el ascensor para descender a la planta baja.
Estudió la americana color azul marino que llevaba puesta sobre el jersey de cuello de cisne blanco. Se abotonó la americana para asegurarse de que sus pechos quedaban a cubierto. Antes de que Luc le dijese que sus pezones siempre estaban erectos, ella nunca se había parado a pensarlo. Nunca le había prestado demasiada atención a sus pechos. Eran tan pequeños que siempre había dado por hecho que nadie los tenía en cuenta.
Nadie a excepción de Luc.
Aminoró la marcha a medida que se aproximaba al vestuario, y se detuvo ante la puerta a escuchar el inspirador discurso del entrenador Nystrom. Cuando terminó, alzó los hombros y entró en el vestuario. Evitó mirar a Luc, pero no necesitaba verlo para saber que estaba allí. Podía sentir su mirada. Y no le transmitía buenas vibraciones.
– Hola, Tiburoncito -le dijo Bruce.
– Cómo va, Fishy -repuso ella volviéndose hacia el resto del equipo. Ocupó su lugar en el centro de la estancia y comenzó con su ritual.
– Dejaos los calzoncillos puestos, tengo algo que deciros y sólo me tomará un minuto y no quiero que sincronicéis la bajada de vuestros calzoncillos. -O algo así-.Viajar con vosotros, muchachos, ha sido una experiencia que jamás olvidaré. Espero que este año ganéis la liga. -Se dirigió hacia el capitán, que en esos momentos estaba poniéndose la camiseta-. Buena suerte con el partido, Asesino.
Él le dio un apretón de manos. Aunque el corte de su labio sin duda dolía, sonrió.
– Gracias, Jane.
– De nada.
Rob se había recuperado y podría jugar esa noche, por lo que Jane hasta su taquilla.
– ¿Cómo te sientes, Martillo?
– De puta madre. -Se puso en pie y se alzó por encima de Jane con sus patines-. Es bueno estar de vuelta.
– Me gusta ver que es así. -Se volvió y caminó hacia Luc. Estaba sentado con el casco sobre una de sus rodillas, unos cuantos mechones rubios le caían por la frente. La observó acercarse con expresión gélida. Con cada paso, a Jane le crecía el nudo que se había formado en su estómago. Casi prefería verlo furioso. Se detuvo frente a él y tomó aliento.
– Pedazo de tonto.
– Gracias -dijo Luc con voz neutra.
– De nada. -Jane pensó que tenía que irse, pero no se pudo mover-. Entrevisté a Dion la semana pasada.
– ¿Y qué? ¿No te dijeron que no me molestases antes de los partidos?
De acuerdo. Al parecer no se había librado de todos sus sentimientos. Obviamente, estaba enfadado. Bien. Enfadado era mejor que indiferente.
– Sí. Y también me dijiste que tampoco te molestase después de los partidos.
– Entonces, ¿por qué sigues aquí?
– Lo tengo todo preparado para tu entrevista.
– Peor para ti.
Era el momento de mostrarse dura con él.
– Hicimos un trato, Martineau. Si no lo cumples, no volveré a llamarte pedazo de tonto nunca más. -Se puso en pie y la miró inclinando la cabeza hacia abajo.
– Vale. Mañana, cuando vuelvas a casa de acompañar a Marie a hacer compras, trae el cuestionario.
Ella sonrió.
– Estupendo.
Jane se marchó antes de que Luc cambiase de opinión. Cuando regresó a la cabina de prensa, Darby y Caroline parecían enfrascados en una profunda charla sobre el traje de Hermes que llevaba él.
Se dirigió a su asiento y retiró el maletín. Hurgó en su interior y sacó la agenda y un taco de notas adhesivas. «Entrevista a Luc», escribió en una de ellas y la pegó a la página correspondiente al día siguiente. Como si fuese a olvidarlo.
Durante el segundo periodo, Caroline se inclinó hacia ella y le susurró al oído:
– Nunca había visto tanta testosterona junta.
Jane sonrió.
Los Chinooks perdieron contra los Panters de Florida en los últimos cuatro segundos del partido, cuando uno de los jugadores contrarios lanzó desde la línea azul. Luc se puso de rodillas, pero el disco se le coló por debajo. Volvió la cabeza hacia la portería y lanzó el stick contra el poste justo en el mismo momento que sonaba la bocina.
Cuando Jane volvió a entrar en el vestuario, mantuvo la cabeza alta y se acercó a Vlad Fetisov y su nariz rota. No sabía decir qué era peor, si mirarle por encima de los hombros o por debajo de la cintura.
Mientras interrogaba a Vlad sobre su lesión, echó una mirada subrepticia a unas cuantas taquillas de distancia. Luc le daba la espalda mientras se quitaba las protecciones hasta quedar completamente desnudo de cintura para arriba. Bajó la mirada por su espalda hasta llegar a su trasero. Él se volvió y a ella se le hizo un nudo en la garganta. Por encima de sus calzoncillos apareció, como si de una invitación al pecado se tratase, el tatuaje de la herradura. No le cupo la menor duda de que estaba colada por él. Fuera como fuese, aquel hombre era un bombón. Recordó cómo había perdido la cabeza cuando él la tocó. No había estado con nadie desde Vinny, al cual había despachado haría cosa de un año.
– … Son cosas del juego -acabó Vlad, y ella se alegró de haber grabado su respuesta porque no había oído una sola palabra de lo que había dicho.
– Gracias, Vlad.
Tal vez fuese el momento de encontrar pareja. Alguien que le ayudase a quitarse de la cabeza a Luc y su tatuaje.
A la mañana siguiente, una niebla grisácea pendía sobre Seattle cuando Jane pasó a recoger a Caroline y condujo hasta Bell Town. Debido a la entrevista que tenía que hacerle horas más tarde a Luc, Jane se había puesto unos pantalones de lana grises y una blusa blanca. Caroline llevaba unos pantalones de ante color rosa y un body rojo y rosa. Parecía estar preparada para acudir a la audición de un programa infantil con treinta y cinco años de retraso. En cualquier otra persona, aquel vestuario habría parecido totalmente inadecuado, pero a Caroline, de algún modo, le sentaba bien.
Recogieron a Marie en la puerta del edificio de Luc, justo a tiempo para llegar a la peluquería a la hora indicada. Vonda le cortó el cabello a la altura de la mandíbula y la peinó. El corte era juvenil y vistoso, y hacía que Marie pareciese cuatro años mayor.
Después de eso, pasaron por las tiendas Gap, Bebe y Hot Topic, donde Marie compró un cinturón de piel con tachuelas plateadas y una camisa Care Bear. Caroline se compró un nuevo aro para el ombligo y un esmalte de uñas color fresa. Jane compró una camiseta de Batgirl. Hablaron de chicos y música y de las actrices de Hollywood que estaban empezando a despuntar. En cada ocasión Marie pagó con la tarjeta Visa de Luc.
En la tienda MAC de Nordstrom, la artista del maquillaje aplicó los cosméticos necesarios para destacar los grandes ojos azules de Marie y realzar su suave cutis. Marie escogió un color de pintalabios rojo intenso que le quedaba realmente bien, pero que le añadió otro año. Jane no pudo evitar preguntarse qué pensaría Luc de que su hermana pareciese mayor de lo que era. No tardaría en descubrirlo.