Jane Juega Y Gana
- Автор: Гибсон Рэйчел
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Jane Juega Y Gana». Краткое содержание книги:
Luc tiene clara su opinión acerca de esos parásitos llamados periodistas, incluida Jane. Además, desde que tiene uso de razón se ha visto a sí mismo como un hombre soltero. Lo último que necesita es una reportera entrometida que escarbe en su pasado y se interponga en su camino.
– Luc -susurró Jane, después le cogió la cabeza e hizo que sus bocas volvieran a unirse. Recorrió sus hombros y el pecho con las manos, y lo besó como lo haría una mujer que desease meterse en la cama de inmediato. Un beso pleno, con la boca abierta. Él acarició su pezón con la palma de la mano y ella le rodeó la cintura con la pierna. Él restregó su erección contra el pubis de Jane. El calor de sus cuerpos casi le llevó a perder la cabeza. Se apretó a ella y olvidó la posibilidad de detenerse.
– Aquí no -dijo Luc cuando sus bocas se separaron-. Nos arrestarían. Créeme, sé de lo que hablo. -Respiró hondo y añadió-: Hay un motel Best Western o un Ramada a pocos kilómetros de aquí. Alquilaré una habitación mientras tú esperas en el coche.
– ¿Cómo? -Dios del cielo, la deseaba. Quería tumbarse encima de ella y permanecer allí durante un buen rato.
– Pasaremos la noche haciendo el amor -repuso él-. Y también media mañana. Y cuando pienses que ya no puedes más, volveremos a empezar. -Había pasado tanto tiempo desde la última vez que había querido hacer locuras que apenas podía pensar en otra cosa que quitarse los pantalones-. Te voy a follar de maravilla.
Ella no dijo nada y él la miró a los ojos. Jane separó la pierna de su cintura y puso el pie en el suelo.
– ¿En una habitación de motel?
– Sí. Podemos ir en mi coche.
– No.
– ¿Dónde, entonces?
Ella lo empujó, alejándolo de sí.
– En ningún sitio.
– ¿Y eso por qué? Estoy caliente, y no tengo que poner la mano en tu entrepierna para saber que tú estás húmeda.
– Me estás tratando como a una groupie -dijo Jane entre dientes.
Él no había pensado nunca en ella en esos términos. ¿O sí? No, no lo había hecho.
– ¿No te gusta la palabra «húmeda»? ¿Cómo lo definirías?
– De ninguna manera, y yo no follo. Yo hago el amor. Se folla con groupies.
– Cristo bendito -dijo Luc-, ¿a quién le importa eso? Una vez te pones, es lo mismo.
– No, no lo es, y a mí me importa. -Ella siguió empujándolo-. No soy una de ésas. ¡Soy periodista!
Luc no entendía a quién estaba intentando convencer, si a él o a sí misma
– Eres una estrecha -le espetó girando sobre sus talones.
Metió una de sus manos en el bolsillo de su cazadora y apretó las llaves en su puño hasta hacerse daño. Se arrepentía de haber conocido a Jane Se arrepentía de haber posado los ojos en ella, y todavía se arrepentía más de que ella lo excitase hasta el punto de besarla y tener que regresar a casa frustrado… una vez más.
Mientras caminaba hacia su coche, oyó que se ponía en marcha el Honda de Jane. Antes de que se pusiese al volante, ella ya se había ido, dejando tras de sí el brillo de las luces rojas traseras.
Eso y el dolor que Luc sentía en el bajo vientre y el latido en las sienes y la conciencia de que tendría que volver a verla tres días más tarde.
«Yo hago el amor», le había dicho. La primera vez que se vieron, él supuso que ella era una de esas mujeres estiradas, una de esas mujeres siempre llevan años sin irse a la cama con un hombre. Y su intuición había sido cierta.
– «Hacer el amor» -dijo burlonamente para sí mientras encendía el motor.
Jane no quería hacer el amor. Él no había interpretado correctamente las señales. Una mujer que quiere «hacer el amor» no besa como una reina del porno. Una mujer que quiere «hacer el amor» se toma su tiempo. No rodea la cintura de un hombre con la pierna mientras éste la empuja contra una pared de hormigón.
Salió del aparcamiento y se dirigió a su casa. Alguien debería enseñar a aquella mojigata un par de cosas. Pero no iba a ser él. Jane Alcott era agua pasada.
Esta vez lo tenía claro.
11. Cómo engañar al rival
Tres días después del incidente en el aparcamiento, Jane estaba sentada en la cabina de prensa del Key Arena, mirando hacia la pista.
– ¿La comida y la bebida aquí son gratis? -le preguntó Caroline.
– Hay comida y bebida gratis en la sala de prensa. -Se había llevado a Caroline consigo para tener alguien con quien hablar. Alguien que le ayudase a mantener la mente alejada de los problemas con los hombres-. Yo no voy hasta un poco más tarde.
Caroline llevaba una camiseta de los Chinooks muy ceñida y unos vaqueros igualmente ceñidos. Ya había llamado la atención del operador de vídeo del estadio y había salido tres veces en la enorme pantalla del marcador.
Darby se reunió con ellas pocos minutos antes del espectáculo previo al partido. Llevaba el pelo engominado y la funda de plástico para los bolígrafos en el bolsillo de su camisa negra de seda. Jane le presentó a Caroline, y él abrió los ojos como platos y quedó boquiabierto cuando conoció a la hermosa amiga de Jane. A ésta no le sorprendió la reacción de Darby, pero sí le sorprendió que Caroline sacase a relucir todo su encanto y le diese cuerda.
Empezó el espectáculo previo al partido y Jane supo que en quince minutos tendría que bajar al vestuario y desear suerte a los jugadores. Tendría que volver ver a Luc, a quien no veía desde que se habían besado en el aparcamiento y ella había perdido los papeles. Afortunadamente, en el último minuto había recuperado el juicio y no se había ido con él a un motel. Eso habría sido muy malo en todos los sentidos.
No podía negar, sin embargo, que había perdido la chaveta por Luc. Estaba colada por él, como si fuese un gigantesco imán y ella un trozo de metal. Y al parecer no podía hacer nada al respecto.
Había pasado la semana anterior viajando por el país, evitándolo en la medida de lo posible. Evitando al hombre capaz de irritarla y enfadarla, y capaz de hacer también que se derritiese. Durante la mayor parte del tiempo había conseguido mantenerse ocupada. Entrevistó a Darby para la columna «Soltera en la ciudad», y escribió un artículo sobre los chicos buenos que acababan llevándose el gato al agua. Recomendaba a sus lectoras que evitasen a los tipos que hacen que a una le lata con fuerza el corazón y se lo pensaran dos veces antes de salir con los chicos buenos. Citó a Darby y le dio lustre a sus palabras y, a cambio, se suponía que él hablaría con los entrenadores, pues seguían sin quererla cerca.
Hizo caso de su propio consejo y lo llevó a la práctica con bastante eficacia, evitando al tipo que hacía latir con demasiada fuerza su corazón. Pero después él la había apoyado contra aquella pared y la había besado. Tendría que haberse sentido sorprendida y conmocionada, pero acercarse, con los párpados entornados y un brillo de lujuria en sus ojos azules, la había hecho sentir débil y excitada al mismo tiempo. En el momento en que sus labios la rozaron, sintió que las fuerzas la abandonaban y se dejó llevar por lo que con tanta desesperación deseaba: Luc.
A pesar de que sus sentimientos hacia él eran poco más que un caos, no podría ocultar por mucho tiempo la verdad. Deseaba a Luc. Deseaba estar con él, pero quería ser algo más que otra mujer a la que llevar a un hotel.
Algo más que una admiradora.
La había llamado «estrecha». No era una estrecha en absoluto. No le importaba que los hombres utilizasen palabras fuertes mientras hacían el amor. Era la autora de «Bomboncito de Miel», por amor de Dios, pero también una mujer decidida a conservar la dignidad, a luchar por ella. A luchar por no enamorarse como una colegiala de un tipo indeseable.
Si algún día él descubría que ella era Bomboncito de Miel, Jane suponía que no tendría que luchar nunca más. Lo más probable es que no volviese a hablarle, que la odiase incluso.
Después de presentarse en su habitación de hotel la semana anterior, en Denver, diciéndole que la había besado por culpa de aquel vestido rojo, ella envió el episodio que había escrito describiendo a un guapo portero de hockey de Seattle para el número de marzo. Había sentido tanta rabia, se había sentido tan herida, que apretó el botón de enviar y mandó lo que había escrito por el ciberespacio.