Электронная книга - «Asesinato En Paris». Краткое содержание книги:
Un misterioso rabino se acerca a Aimeé Leduc, detective parisina medio francesa y medio americana, y le pide que descifre una fotografía codificada de cincuenta años de antigüedad y se la haga llegar a una mujer en el Marais, el viejo barrio judío. Cuando lo hace, se encuentra con un cadáver en cuya frente alguien ha grabado una esvástica. Con la ayuda de su socio, un enano de extraordinarias habilidades informáticas, se decide a resolver este horrendo asesinato y se encuentra en el centro de un peligroso juego de política actual y viejos crímenes de guerra. Aimée recorre tejados y cloacas, los órganos del poder y los bajos fondos de París, para descubrir la historia de la ciudad que conforma su presente.
Durante un rato el único sonido entre ellos fue el de los trozos de pan al mojarlos en la sopa
– Quiero los informes de un asesinato de 1943-dijo ella
Georges estaba de pie junto al mostrador con un trapo de cuadros azules y blancos sobre el brazo. Ella le hizo un gesto con la cabeza
– Café solo
El le guiñó un ojo por toda respuesta
Morbier se encogió de hombros
– ¿Podría tener este asesinato alguna relación?
– Un inspector llamado Lartigue lo investigó en 1943.-Aimée dejó caer un terrón de azúcar moreno en su café-. La víctima se llamaba Arlette Mazenc
– Antes de mi época. ¿Qué tiene eso que ver?-preguntó él
Tenía que tener cuidado con lo que le contaba, ya que sus sospechas se derivaban de información obtenida ilegalmente de su ordenador. Demasiado ilegal como para contárselo a Morbier
– Tengo otra teoría-contestó ella
– En 1943 mucha gente desapareció y no se realizaron lo que se dice investigaciones detalladas-dijo Morbier
– Ella no desapareció, Morbier. La asesinaron. Dame ese gusto, compruébalo-dijo ella
Su vos cambió
– ¿Por qué?
Ella hizo un geto a Georges para pedirle la cuenta
– Porque me pediste ayuda, ¿te acuerdas? Es terriblemente extraño que otra mujer muriera a palos en el mismo edificio que Lili. De alguna manera está relacionado
Morbier resopló
– ¿Relacionado? Ni siquiera es una coincidencia, Leduc. Si existe alguna conexión, es solo en tu mente
– A esta mujer, a Arlette, la sesinaron bajo la ventana de Lili…
Morbier la interrumpió
– Y cincuenta años más tarde un nazi se carga a Lili. ¿Dónde está la relación?
– Los forenses tendrían que decirlo
Georges les trajo a cada uno de ellos, junto con el cambio de Aimée, un chupito de un líquido ambarino.
– Calvados de mi hermano. Casero-dijo orgulloso
Aimée lo bebió de un trago y sintió que el áspero y fuerte sabor del licor de manzana le quemaba la garganta
– No me extraña que nunca veamos a tu hermano, Georges.-Aimée sonrió abiertamente. El ácido ardor se convirtió poco a poco en un cálido regusto
Morbier continúo
– Olvídalo. Estoy fuera del caso
– Pero tienes autoridad para conseguir viejos archivos. Morbier: todavía no puedo probar nada; necesito explorar las posibilidades
– Todavía no me has explicado la posible relación-dijo él levantando la vista. Dejó caer la ceniza en el mantel blanco de papel, salpicado de migas de pan
– Creo que Lili vio quién mató a Arlette-dijo ella
– ¿Y qué? Eso no explica lo de la esvástica
– No explica nada, Morbier, pero tengo que comenzar por algún sitio. Consígueme la ficha, déjame demostrar que el asesinato de Lili…
El la hizo callar
– Estoy fuera del caso, ¿te acuerdas? Leduc, limítate a los ordenadores. Aquí estás completamente fuera de onda
Ella puso los codos sobre la mesa y juntó los dedos mientras comenzaba a hablar
– Morbier: nunca has oído esto de mí y si dices algo, yo lo negaré todo
El se inclinó hacia adelante
– Pero tengo una idea. Es algo muy básico, pero quizá nos diga algo-dijo ella- Necesito Luminos para demostrar una teoría sobre los restos de sangre del tragaluz de Lili. Alguno de esos restos podría conducirnos al asesino
Al final se mostró de acuerdo
Más tarde, mientras se despedían de Georges, ella se dio cuenta de que Morbier se encontraba muy callado
– Quizá tendría que jubilarme-dijo, metiendo las manos en los bolsillos
Una vez fuera, en la rue du Borg Tibourg, ella buscó el pase del metro dentro de su bolso.
– ¿Qué pasa, Morbier?-preguntó distraídamente-. Lo que ocurre es que has bebido demasiado esta noche.- Entonces se fijó en su expresión de desamparo
– Nunca antes me habían expulsado de un caso-dijo él
– ¿Quién te echó exactamente?-preguntó ella
Se encogió de hombros
– Me informó mi superintendente cuando se marchaba
– ¿Se marchaba? ¿Lo han retirado del puesto?-Miró directamente a Morbier
– Lo han ascendido. Ahora informo directamente al jefe de la unidad antiterrorista. En la comisaría, en lugar de hablar de si ir hacia adelante o hacia arriba, hablamos de caprichos o de cuántos francos. Lo entiendes, ¿verdad?
– ¿Me estás hablando de sobornos?-inclinó la cabeza hacia un lado incrédula-. ¿El superintendente general de todo París?
Morbier volvió a encogerse de hombros
– Bueno, a decir verdad, de todos modos estaba en la lista de los ascensos para dentro de unos pocos meses. Solo ha ocurrido antes de lo esperado
– Entonces, ¿qué es lo que me estás diciendo, Morbier?
– Que podría ser una coincidencia o…- Miró la luminosa luna, en forma de uña, que permanecía suspendida en el frío cielo-. Caprichos de la naturaleza debidos a los ciclos de la luna. No lo sé
– ¿Por qué tendría que pasar por encima de ti alguien de la oficina antiterrorista?-preguntó ella
– Ciertas cosas ocurren y se trata de “o lo tomas o lo dejas”. Eso es todo. Vamos a dar un paseo
Ella se agarró de su brazo y comenzaron a caminar. Caminaron en silencio durante un tiempo. Como solía hacerlo con su padre. París era una ciudad para pasear cuando las palabras nos fallaban
Pasaron junto al Hôtel de Ville con las banderas tricolores ondeando en sus balcones, cruzaron el pont d’Arcole en dirección a la iluminada Notre Dame, camuflada por andamios cubiertos por una tela y puesto que le estaban lavando la cara, bajaron por la île de la Cité hasta el pont Neiuf junto al Louvre envuelto en las sombras y por su oscura oficina, y cruzaron el Sena por el pont Royal hasta la orilla izquierda.
Caminaron con brío por la elegante rue du Bac, así como por el abarrotado Boulevard Saint Germain, en el cual las terrazas estaban llenas de clientes fumando y bebiendo, haciendo gestos y riéndose, y de gente que los contemplaba. Modelos, estudiantes, turistas y grupos pegados al teléfono móvil.
En la rue St. Lous, a la vuelta de su apartamento, se detuvieron a tomar un sorbette en Berthillon, famoso por ser el mejor helado de París. Aimée escogió uno de mango y lima, y Morbier de vainilla. Finalmente se detuvieron delante de su oscuro edificio.
Lo besó en las mejillas. Morbier le apretó los brazos reteniéndola. Ella trató de retirarse, incómoda
– ¿No me invitas a subir?-le susurró al oído
– Tenemos una bonita amistad, Morbier, dejémoslo así. No te olvides de nuestro plan-dijo ella. Cruzó la puerta antes de que él pudiera realizar otro intento del que pudiera sentirse avergonzado por la mañana
Miles Davis la saludó en la puerta con entusiasmo. Ella se rió y lo tomó en los brazos
Cogió el teléfono en cuanto lo oyó sonar
– ¿Luna?-Era la voz de Yves
Aimée se quedó sin aire antes de por responder
– Te marchaste sin despedirte
¿Qué hago?
Como si leyera sus pensamientos, Yves habló de nuevo
– Vuelve. La contraseña de entrada es 2223. Te espero- Y colgó
Parecía tan seguro de sí mismo que eso hizo que se enfadara. Bueno, no iría. ¿Cómo iba a querer acostarse voluntariamente con un miembro de un grupo a favor de la supremacía de la raza aria, una mujer coherente y racional?